El éxito de Derbez, por “abuso” del cine de denuncia

El éxito del marketing
El éxito del marketing

En dos semanas de proyección en México, la película No se aceptan devoluciones se convirtió en la más taquillera de la historia nacional, mismo rango que alcanzó en Estados Unidos como película hispana. El cómico y director de esta ópera prima, Eugenio Derbez, atribuye su éxito, entre otros, al marketing, a su calidad, a que es familiar, pero también a que hubo “un abuso” de cintas de denuncia, lo cual “limitaba” la oferta. En entrevista el actor enfrenta cuestionamientos, como el de que se oculte tras un manto idílico la realidad de Acapulco.

MÉXICO, D.F. (Proceso).- El éxito en las carteleras de Estados Unidos y de México de su ópera prima No se aceptan devoluciones, “es una sorpresa” para el comediante mexicano Eugenio Derbez, pero justifica que trabajó 12 años en la película, “por lo cual está bien cuidada en todos los aspectos”.

Se ha convertido en el largometraje hispano más taquillero en la Unión Americana, con una recaudación, hasta el pasado 30 de septiembre, de 38 millones 567 mil dólares. Le quitó el lugar a El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, que durante el tiempo que permaneció en las salas percibió 37 millones 600 mil dólares.

En México ya es el largometraje nacional más visto. Hasta el cierre de esta edición había recopilado 396 millones 986 mil pesos. Superó a Nosotros los nobles, de Gary Alazraki, que captó en total 322 millones de pesos.

Derbez no sólo dirige y actúa en No se aceptan devoluciones, también es productor, junto con Mónica Lozano (Amores perros, Voces inocentes y Colosio, el asesinato), y guionista, junto con Leticia López Margalli y Guillermo Ríos. El filme costó 5 millones de dólares.

Derbez, a quien ya le están ofreciendo proyectos en Estados Unidos, antes de partir a esa nación para ver de qué se trata, accede a una entrevista con Proceso.

–¿A qué le atribuye el éxito en Estados Unidos y en México?

–Nadie tienen la fórmula del éxito. Sin embargo puedo decir que la película estuvo muy bien planeada desde un principio para que viajara, para que no se quedara en México. Siempre se cuidó para que tuviera la mejor calidad. Todos los procesos se cuidaron, el marketing, la promoción y demás. Es una de las campañas más grandes que se ha hecho de una película en México y en Estados Unidos.

“Además, es un filme familiar, oferta que faltaba en el cine mexicano. En los últimos años todas las películas mexicanas han sido para adultos, con temas muy fuertes, de violencia, narcotráfico, drogas, en fin. A No se aceptan devoluciones se puede ir con la abuelita, los hijos, los papás. Y hay que sumar que el largometraje conecta muy bien con la gente. No porque yo sea el director pero, la verdad, nunca me había tocado ver que las personas salieran de una cinta tan emocionadas y tan conectadas con la historia. Sabíamos que iba a conectar, pero no a ese nivel, sí ha sido una sorpresa… Creo que tener una película que funciona, una buena promoción y una oferta de cine familiar, todo eso junto, hizo este fenómeno.”

Su comedia bilingüe se estrenó en Estados Unidos el 20 de agosto en 347 salas. Ese día ganó 38.5 millones de dólares. Y en México inició su corrida comercial el 20 de septiembre en mil 500 salas. Ese día obtuvo 31.3 millones de pesos.

Enseguida el hijo de la actriz Silvia Derbez se centra en Estados Unidos:

“Allí, el primer fin de semana, todos los latinos acudieron a los cines, pero de una manera espectacular, más que en México. Con sólo 347 salas hicieron lo que aquí hicimos con mil 500 cines. Nunca había pasado que una película en español captara tanta gente. La prensa de allá sacó varios artículos en los que señalaban que un largometraje con únicamente 347 cines hizo los números contra películas que tenían 3 mil 200, 3 mil 500 y hasta 3 mil 800 salas. Eso hizo que los estadunidenses al siguiente fin de semana fueran a ver de qué trataba la película, además de los latinos. Por eso hemos llegado a esas cantidades.

“De toda la cartelera estadunidense, primero pasamos del quinto lugar al tercero, luego al sexto y después al tercero. Estamos entre las diez películas más taquilleras en ese país. Es un sueño que nunca imaginé.”

En No se aceptan devoluciones, Valentín (Derbez), un soltero de Acapulco y sin compromiso alguno, recibe la visita de Julie (Jessica Lindsay), una casi olvidada conquista que le lleva a la hija de un año, Maggie, que tuvo de él. Julie le encarga la bebé mientras va a pagar el taxi, pero nunca vuelve.

La paternidad no estaba entre los planes de Valentín, quien intenta desesperadamente dar con el paradero de Julie para devolverle a Maggie. La única pista que tiene es una vieja fotografía donde Julie aparece dando clases de aerobics en un hotel de Los Ángeles, California.

Así Valentín, sin hablar inglés, sin visa ni dinero, se va a Estados Unidos. Allí encuentra a Frank (Daniel Raymont), productor de cine de Hollywood que le da trabajo como doble de cine para realizar escenas de peligro.

 

Filme internacional

 

Derbez es productor, director y protagonista de Al derecho y al Derbez, Derbez en cuando y XHDerbez, programas televisivos que han sido exportados a toda Latinoamérica y se repiten en el canal Comedy Central. Actuó en las películas La misma luna, de Patricia Rigen; No eres tú, soy yo, de Alejandro Springall, y Lack and Jill, junto a Adam Sandler, Al Pacino y Katies Holmes, entre otros.

Relata que siempre pensó que No se aceptan devoluciones sería una película internacional:

“Mi inspiración de alguna manera había sido La vida es bella, de Roberto Benigni. Era totalmente hablada en italiano y a pesar de eso ganó el Óscar como mejor película. Sabía que no iba a ser problema si No se aceptan devoluciones tuviera sólo un poco de español, siempre y cuando quedara bien. Mi tirada fue realizar una película y luego que me sirviera para dar el brinco a Estados Unidos.

“Siempre traté de que la historia fuera muy universal, que los chistes o que las situaciones graciosas fueran entendidas por cualquier tipo de audiencia, llámese estadunidense o latinoamericana o europea, y que tuviera, ¡claro!, ciertos regalitos para la audiencia latina, como los cameos y algunos chistes locales, pero si alguien no está conectado con ese humor, esa cultura, no le afecta para entender la cinta. Siempre me he manejado así cuando hago programas también para toda Latinoamérica.”

–¿Cómo se logró que fuera una película internacional?, ¿se hizo una investigación?

–Sí realizo investigación de algunas cosas. Pero en estos 12 años lo que hice básicamente fue analizar muy bien el guión. Por eso nos tardamos tantos años. Sobre todo en conseguir el dinero. Al mismo tiempo que lo conseguía, revisaba el guión.

–¿Por qué escogió una historia familiar, por qué no de denuncia u otro género?

–Denuncia no, y hablo como espectador y amante del cine mexicano. Estaba harto de ir a ver el mismo tema: pobreza, droga, narco, violencia, sexo, denuncia, en fin. Quería ver un cine diferente y creo que la gente también. Tan es así que le ha ido muy bien a Nosotros los nobles y a No sé si cortarme la venas o dejármelas largas, de Manolo Caro. Son filmes que sólo pretenden entretener. Para mí, hubo un abuso de las películas de denuncia, y no estoy diciendo que sean malas películas, en absoluto, porque han ganado muchos premios, simplemente que la oferta en México era muy limitada.

–Para los críticos, películas como Nosotros los nobles son comerciales, ligeras y frívolas, y están preocupados de que sean las más taquilleras.

–No soy experto, pero no creo que el cine sea para unos cuantos. El cine se hizo para ser visto. Yo estaba cansado de ver cine que sólo entienden los directores. No es el tipo de cine que me guste. Entonces, ¿quién va a decir qué está bien y qué está mal? Según yo, el público. Deberíamos tener un poco más de apertura y encontrar ese equilibrio entre no realizar una cinta demasiado sosa y tampoco una película demasiado profunda.

Sobre No se aceptan devoluciones, Luis Prados escribe en el portal de El País, de España:

“Cuenta con abundantes dosis de cursilería televisiva. El protagonista, interpretado por el propio Derbez, es un latin lover de Acapulco, que emigra a Los Ángeles en busca de la madre y allí encuentra empleo como doble de películas. Un héroe, de los ‘de antes’, es decir, un mexicano huevón, torpe, acomplejado y sentimental, para quien emigrar al norte no es sólo un paseo campestre, sino cosa de risa. Merece la pena detenerse en el Acapulco de Derbez. La ciudad turística es probablemente una de las más peligrosas en México, con mil muertes violentas en 2012, y atraviesa una grave crisis, pero nada de eso se ve en la película.”

Derbez manifiesta:

“Yo sé que están juzgando la película porque viene de mí, pero el guión estuvo escrito también por Guillermo Ríos y Leticia López Margalli, gente de cine y televisión muy seria. Esta cinta fue revisada durante 12 años por gente importantísima de la industria, Eugenio Caballero, Luis Mandoki, Gustavo Loza, productores y gente de la industria de Estados Unidos, de México, en fin, y me pasaron notas y 90% de éstas fueron incluidas.”

–¿No cree que su película está fuera de la realidad?

–No, no está fuera de la realidad. Ahora salgo a la calle y puedo comer en un restaurante y decir “qué bonita está la tarde”. No significa que no haya asaltantes a tres cuadras, pero estoy contando la historia de que estaba comiendo en el restaurante, vi una nube preciosa y entonces llegó una niña y me dio una flor. ¡Estoy contando una historia!, ¡estoy contando mi película!, mi historia es así, porque así se me ocurrió. Yo estudie cine, es mi carrera, y Rodrigo Prieto fue mi compañero de escuela. Antes de rodar el filme, me fui a Los Ángeles y a Nueva York a tomar cursos para refrescar otra vez todo. Estuve acudiendo con muchos directores a ver cómo dirigían, tomé clases en el Centro de Capacitación Cinematográfica, con su director actual, Henner Hoffman. No hice un trabajo improvisado.

–¿Cómo le hizo para crear ese marketing de la película?

–Con trabajo de años. Las cosas no son gratis. También me duele cuando dicen “¡Ah!, ¡claro!, ahí está Televisa detrás, cómo no”. Si me apellidara Azcárraga, lo entiendo. Chequen todos los filmes de Videocine, pueden ver los números, y todos tienen a Televisa detrás, y pregúntense: ¿por qué las otras no han tenido este apoyo? Por una sencilla razón, porque llevo 12 años haciéndola. Me apoyaron porque firmé contratos, fui a copas mundiales, en fin. Ha sido una labor de muchos años para conseguir esta promoción. Hice contratos con el Grupo Slim. Les hice cosas internas, comerciales. Todo lo hice yo. Escribir, dirigir, conseguir el dinero, no sabes lo desgastado que estoy. Fui con la gente de Cinépolis y les enseñé la película.

“Ha sido un trabajo obsesivo para colocarla donde está. Todos los apoyos yo los conseguí, no fue Televisa. Lo hice yo a base de mucho trabajo.”

Tanto en Estados Unidos como en México, lo que recaudó en un día de taquilla su cinta, lo donará a los damnificados de Acapulco. Son cerca de 40 millones de pesos.

Comentar este artículo