Yves Bonnefoy en 1957

Yves Bonnefoy, premio lenguas romances en le FIL Guadalajara. Foto: Xinhua / Alejandro Ayala
Yves Bonnefoy, premio lenguas romances en le FIL Guadalajara.
Foto: Xinhua / Alejandro Ayala

MÉXICO, D.F. (apro).- El poeta francés Yves Bonnefoy(Tours, 1923), quien el sábado 30 de noviembre recibió el Premio Internacional de Lenguas Romances (antiguo Juan Rulfo) en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, fue traducido en México desde 1957 por Tomás Segovia en la Revista Mexicana de Literatura, dirigida por Carlos Fuentes y Emannuele Carballo.

En su número de enero-febrero-marzo-abril (aparecido el 9 de enero), el también poeta (Valencia, 1927-D.F., 2011) y también ganador del galardón de la FIL (2005) publicó la versión al castellano de los poemas “Un verdadero nombre”, “Capilla Brancacci” y Amenazas del testigo”.

La revista dedicó tres páginas a mostrar la producción poética más reciente de la lengua galao, en un artículo firmado por la esposa de Bonnefoy, Geneviéve, “La joven poesía francesa”. En él dedicaba juicios críticos acerca de la obra de 10 poetas y hacía una selección de poemas (incluido Yves), “por fuerza, incompleta, que algunos no dejarán de juzgar parcial, así me haya propuesto la mayor objetividad”.

Ellos fueron: Aimé Cesaire, “el último gran surrealista”, y su paisano de Martinica  Edouard  Glissant; el argelino Kayeb Yacine; Pierre Oster; Jacques Charpier; André du Bouchet; Jacques Dupin; René Char; Paul Valet. De Bonnefoy escribió:

“La poesía, grave y retenida, de Yves Bonnefoy, esencialmente nocturna e impresa en una  meditación interior, se opone al lirismo solar.”

Los siguientes son los poemas que tradujo Segovia:

“Verdadero nombre “

Desierto nombraré al castillo que fuiste,

noche a esta voz, ausencia al rostro tuyo,

y cuando hayas caído sobre la tierra estéril

nombraré nada al rayo que te ha llevado.

 

Morir es un país que te gustaba.

vengo pero es eternamente por tus negros caminos.

destruyo tu deseo, tu forma, tu memoria

y tu enemigo soy que no tendrá piedad.

 

Guerra te nombraré, y tomaré

en ti las libertades de la guerra, y tendré

en mis manos tu oscuro y atravesado rostro

en mi alma ese país que alumbra la tormenta.

 

“Capilla Brancacci”

¡Veladora nocturna en enero en las losas,

cómo habíamos dicho que no ha de morir todo!

Oía más allá en una sombra igual

de cada noche un paso que desciende hacia el mar.

Lo que tengo apresado quizá es sólo una sombra,

pero has de distinguir en ella un rostro eterno.

Así habíamos tomado hacia frescos oscuros,

vana ruta, las calles impuras del invierno.

 

Amenazas del testigo

¿Qué querías alzar sobre esa mesa

si no era el doble juego de nuestra muerte?

Por miedo destruí en el mundo la mesa

parda y desnuda, en la que se declara el viento muerto.

 

Luego envejecí. Fuera la verdad de palabra

y la verdad de viento cesaron su combate.

¿Se ha retirado el fuego aquel que era mi iglesia?

Ya no tengo ni aún miedo, no estoy dormido.

Comentar este artículo