In Memoriam “Tante Pina”

Josefina Álvarez Ierena (DF 1926-2014), conocida cariñosamente como Tante Pina (la tía Pina) murió el pasado 5 de enero cercana a los 88 años, víctima de un padecimiento del nervio trigémino, no del todo remediado por la cirugía, lo cual aunado a su avanzada edad y al excesivo uso de analgésicos ocasionó un fallo cardiaco.

La maestra Pina se recibió en 1953 como pianista en la Escuela de Música de la UNAM. En 1957 fue la primera mujer que en Alemania recibió el título de Directora Orquestal y Coral y la primera mexicana en obtener dicha titulación. Impulsada en un principio por Sergiu Celibidache (1912-1996), quien le aconsejó que estudiara en Freiburg, la figura de Pina Álvarez aún debe ser valorada en México en su justa dimensión. No sólo dio batalla al machismo imperante en su época, sino que a ella se deben estrenos aquí de obras como el Te Deum de Berlioz, Noche de Walpurgis de Mendelssohn, Israel en Egipto y El Mesias (versión completa) de Händel, entre otras.

Pina fue fuente de inspiración para cientos de otras mujeres. Embajadora de la cultura alemana en nuestro país y sobre todo embajadora de la cultura mexicana en el mundo, con su Coro Juvenil Mexicano viajó a decenas de países para promocionar los Juegos Olímpicos.

Tante Pina fue alumna del musicólogo mexicano Vicente T. Mendoza, quien en las comunidades rurales de país recopiló la música folclórica que de otra manera se hubiera perdido; después, otros como Alan Lomax (EU), continuaron esa labor. Arregló para coro mucha de esa música, labor merecedora de un premio nacional nunca recibido. Fundó y estuvo al frente del Coro del Colegio Alemán durante más de 50 años, cantaron en todo el mundo y con sus integrantes grabó e interpretó no sólo esos arreglos de folclor nacional sino también música contemporánea como Fuge aus der Geographie de Ernst Toch, obras de Rodolfo Halffter, o To Saint Cecilia de Norman Dello Joio, entre otros.

El crítico musical José Antonio Alcaraz, con motivo del estreno del Requiem de Berlioz, escribió en noviembre de 1977 (Proceso, 56):

“Las virtudes del trabajo de Josefina Álvarez Ierena y su Coro son numerosas y brillantes pero no todas forman parte de sus capacidades musicales. La organización, disciplina, y respeto (que en ellos parece con frecuencia ser substituto de entrega emotiva) y constancia, resultan ejemplares, además, al encontrarse alejados de la adscripción a la estructura determinada por el poderoso en turno, así como de la envidia que suele marcar con fuerza a nuestros ambientes musicales, a sus participantes y sus protagonistas. Claridad de enunciación, compacta coherencia, afinación más allá de los límites de lo meramente satisfactorio, son algunas de las cualidades más notorias del conjunto coral. Elogio último y cita obligada: La primera intervención de las voces infantiles fue de escalofriante belleza. Este sector, fue el mejor del organismo coral en esta ejecución.”

De los muchos músicos mexicanos que hoy día sobresalen en el mundo y fueron discípulos de Tante Pina, bastaría mencionar sólo uno: Rolando Villazón.

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