A 20 años del TLCAN, voces críticas en EU

Protesta de campesinos contra el TLC. Foto: Miguel Dimayuga
Protesta de campesinos contra el TLC.
Foto: Miguel Dimayuga

MÉXICO, D.F. (apro).- Precarización del trabajo e inmigración masiva, aumento de la desigualdad y problemas medioambientales son algunos de los efectos que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ha tenido en su principal promotor: Estados Unidos.

A 20 años de la entrada en vigor del tratado y en el contexto de la visita del presidente Barack Obama y Del primer ministro canadiense Stephen Harper a México el próximo 19 de febrero, activistas de medio ambiente, académicos y trabajadores estadunidenses señalan que los mandatarios pretenden profundizar el modelo de comercio del TLCAN que, aseveran, no tiene aceptación en la población de su país.

De acuerdo con una encuesta del 2012 de la agencia Angus Reid Public Opinion, 53% de los estadunidenses creen que su país debe hacer “lo que sea necesario” para “renegociar” o “dejar” el TLCAN. Sólo 15% opina que el país debía “seguir siendo miembro” de ese tratado.

“Nos habían dicho que el intercambio y el aumento de comercio iba a resultar en más trabajo en todos los países, pero eso no ha sido cierto”,  dice a Apro Robin Alexander, directora de asuntos internacionales del Sindicato de Trabajadores de Energía Eléctrica, Radio y Máquinas en Estados Unidos.

“Aunque se dijo que TLCAN tenía que ver con el comercio realmente tenía mucho más que ver con la inversión y también con el desmantelamiento de los reglamentos de protección laboral y medioambiental. En conjunto, la política neoliberal ha tenido el resultado de un aumento profundo de desigualdad”, afirma.

Por su parte, Melinda St. Louis, miembro de Public Citizen, una organización estadunidense dedicada a resguardar los intereses de los consumidores, expresa que lo que comenzó hace 20 años fue un “experimento sobre un nuevo modelo de supuesto libre comercio para expandir privilegios y protecciones a inversionistas”.

De acuerdo con St. Luis, el modelo del TLCAN sentó los precedentes para limitar la regulación de los efectos en el medio ambiente, las patentes de empresas farmacéuticas y los estándares de seguridad alimentaria.

El tratado “contenía todas esas otras cosas que realmente afectan la habilidad y capacidad de los gobiernos para establecer regulaciones en favor del interés público”, dice St. Louis.  “Esa era la preocupación de muchas organizaciones sociales  durante el debate sobre el TLCAN en 1993”.

 

Recolocación

El informe que Public Citizen publicó este enero titulado TLCAN a los veinte ofrece información sobre los efectos que del tratado en Estados Unidos. Sobre la seguridad alimentaria señala que, a pesar de que las importaciones de alimentos a Estados Unidos han crecido 188%, el precio nominal de los precios ha subido 65%.

En lo medioambiental, detalla que los contribuyentes de los tres países han pagado más de 360 millones de dólares por demandas que empresas privadas han presentado en tribunales internacionales contra los gobiernos por leyes de regulación de uso y protección de agua, tierra y bosques.

El informe también habla de la vulnerabilidad del campo mexicano debido a la competencia con el sector agrícola estadunidense. Señala que se destruyó el modo de vida de más de un millón de campesinos y de otro millón de trabajadores ligados a la agricultura.

“La migración desesperada de los desplazados de la economía rural en México bajaron los salarios en las maquiladoras fronterizas y contribuyeron a doblar el número de migrantes hacia Estados Unidos”, afirma el informe.

También explica buena parte de la contracción del mercado laboral en Estados Unidos se explica por la decisión de las compañías de establecerse en México, aprovechando los privilegios a la inversión que éste país ofrecía. Asegura que ocasionó que bajaran los salarios y que aumentara la inequidad en el ingreso, así como que trabajadores entrasen a la competencia en sectores como la limpieza y servicios de comida.

Con base en datos del Instituto de Política Económica, el informe dice que se perdieron más de un millón de empleos en Estados Unidos, en vez de los 170 mil trabajos que se prometieron por año cuando se promovió el TLCAN.

Kimerly Amadeo, economista estadunidense y columnista en distintos medios de comunicación en ese país, explica a Apro que el 80% de las pérdidas de empleo ocurridas a raíz del TLCAN se concentraron en el campo de las manufacturas (textiles, computadoras, electrónicos) de California, Nueva York, Michigan y Texas, cuyas empresas se movieron a México.

“En gran parte estos eran empleos bien pagados, con muchas prestaciones, sindicalizados”, cuenta Alexander, y señala que, a partir de que se trasladaron a maquiladoras en México, éstos perdieron esas ventajas; los trabajadores no contaron con prestaciones laborales, sindicatos y reglamentos.

“Lo peor fue que entre 1993 y 1995 la mitad de las compañías industriales usaban la amenaza de que se moverían a México para forzar la aceptación de salarios bajos. Para 1999 el 65% de las empresas utilizaban esa amenaza”, dice Amadeo.

“Las empresas en las negociaciones laborales llegó a amenazar a los sindicatos de que si no aceptaban lo que ofrecían iban a cerrar las plantas y buscar un lugar donde los sueldos fueran menos costosos”, recuerda Alexander. “Eso sirvió como una forma de presionar a los sindicatos que aceptamos menos en cuanto a sueldos y prestaciones. En realidad no iban a cerrar porque era muy costoso, pero tuvo su impacto”, relata.

Afirma que a partir de entonces se ha “precarizado” el trabajo en Estados Unidos, generando empleos mal pagados y el aumento de subcontratación sin sueldos fijos ni prestaciones.

En su discurso anual sobre el estado de la Unión, pronunciado El pasado 27 de enero, el presidente Barack Obama habló de la “dura y fría” situación de los trabajadores.

Obama llegó a la presidencia con un discurso que criticó en repetidas ocasiones a este modelo económico y al TLCAN y prometió “abrir una nueva época de política de comercio internacional”, dice Timothy Wise, director del Instituto de Desarrollo Global y Ambiental de la Universidad de Tufts.

“Al presidente Obama le tocó mencionar ese problema y decir que iba a tomar medidas para apoyar a la clase media, pero no va a tocar su política de comercio internacional”, comenta.  “Usó a su base laboral, medioambientalista, su base entre los latinos que tenían esperanzas, pero no cumplió con sus promesas”, afirma.

 

Desigualdades

Wise también opina que el modelo económico en el que descansa el TLCAN ha ayudado al crecimiento de las desigualdades en Estados Unidos.  Asevera que a pesar de las crisis financieras, los directores de las corporaciones ganan altos salarios, mientras que los trabajadores y el público en general no tienen empleo.

Alexander opina que estas disparidades generaron movimientos sociales como el Occupy Wall Street, integrado por jóvenes que ahora tienen muchos problemas para encontrar trabajo y buscan otras opciones.

Dice: “Ahora, trabajadores de comida rápida y bodegas se están organizando. Gente subcontratada que gana poco está yendo a huelga para exigir mejores sueldos y condiciones laborales. Estas luchas son en parte semilla del descontento capitalizado en Occupy Wall Street”.

“El 1% del que hablaba Ocuppy Wall Street se sigue beneficiando mucho; ha aumentado mucho el porcentaje de su ganancia”, secunda St. Louis.

Para Timothy Wise, el problema reside en que el modelo del TLCAN tenía como meta “ampliar el comercio y la inversión extranjera”, cuando en realidad “la meta debió ser mejorar la calidad de vida”.

–¿Qué pudo haber hecho que el presidente Obama cambiara sus bases de campaña?,

–Los grandes beneficiarios del TLCAN; es decir, las grandes empresas”, responde Wise.

 

“Detener el modelo”

Durante su encuentro en la ciudad de Toluca, los presidentes Peña Nieto Obama y Harper hablarán de “competitividad económica, liderazgo empresarial, comercio e inversiones”, según difundió la Casa Blanca.

Wise considera que durante ese encuentro Obama “no harán revisiones ni críticas al TLCAN. Más bien, los mandatarios profundizarán el modelo mediante el Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP)”.

El TPP se negocia desde 2005 para la liberalización del comercio entre Brunei, Chile, Nueva Zelanda, Singapur, Australia, Canadá, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Malasia, Vietnam, Estados Unidos y México.

Wise piensa que la población estadounidense ya no se pregunta sobre el TLCAN, más bien, ahora el debate se centra en qué actitud tomar ante el TPP. En este caso, explica, la oposición la siguen liderando los sectores laborales, populares, de medio ambiente, de migrantes y hasta de gobiernos locales que se niegan a presentarse en tribunales internacionales por ser demandados por empresas.

“Después de décadas de devastar el empleo, ataques contra leyes de medio ambiente y de salud y flujos de alimentos importados poco sanos bajo nuestros pasados tratados, América debe tomar un nuevo curso en su política de comercio”, dice una carta publicada el pasado 17 de enero por 550 organizaciones civiles en la que piden que Obama no obtenga por la vía rápida la facultad de aprobar el TPP sin consultar al Congreso.

“Lo que tenemos que hacer es parar el TPP primero. Si se puede contrarrestar la expansión del modelo sería un mensaje muy fuerte de que éste no es factible y por eso no se debe expandir. Debemos decir lo que hemos aprendido estos 20 años”, dice Wise.

“Hay republicanos y un buen grupo del Partido Demócrata opuestos (al TPP). Entonces en Estados Unidos la lucha se da en este contexto”, señala Robin. “Si Obama no puede obtener el derecho de someter el TPP por la vía rápida va a ser casi imposible que lo apruebe el Congreso y eso tendría como consecuencia que los demás países quiebren las negociaciones”, analiza.

Entrevistada en el foro NAFTA, 20 años, enough of free Trade. No TPP. –que se llevó a cabo del 28 al 31 de enero–, Alexander mantiene su escepticismo sobre el TLCAN: “Yo creo que sería mucho más difícil cambiar algo que ya está (TLCAN) que derrotar algo que todavía no existe (TPP), pero es cierto que debemos seguir luchando para cambiar lo que representa este tipo de política porque sigue teniendo un impacto tan desastroso. Por eso estamos aquí”.

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