El amor si existe… requiere dopamina, feniletilamina, estrógenos, testosterona…

Una pareja se besa en el Monumento a la Revolución. Foto: Omar López
Una pareja se besa en el Monumento a la Revolución.
Foto: Omar López

MÉXICO, D.F. (apro).- El final de cuento de hadas “…y vivieron felices por siempre” existe y es posible alcanzarlo si las parejas trabajan por él.

Sólo es necesario garantizar la producción necesaria de dopamina, feniletilamina, norepinefrina, testosterona, estrógenos, oxitocina en la mujer y vasopresina en el hombre, sustancias químicas que funcionan como neurotransmisores y producen sensación de enamoramiento.

Georgina Montemayor, académica de la Facultad de Medicina de la UNAM, asegura que el amor verdadero sí existe y puede ser para siempre, aunque aclara que hay que trabajar por él.

El amor, dice, es la expresión cultural de uno de los requerimientos básicos de la vida: la sobrevivencia de la especie.

Los seres humanos, abunda, tienen “una enorme necesidad de establecer vínculos amorosos” y para consolidarlos se requiere de trabajo de largo plazo, a fin de construir un vínculo de pareja en el que ambos encuentren apoyo y comprensión más allá de la etapa fugaz del enamoramiento que sólo dura unos tres meses.

En esa fase de “locura pasajera”, explica la divulgadora científica, se libera un coctel de dopamina, feniletilamina, norepinefrina, testosterona, estrógenos, oxitocina en la mujer y vasopresina en el hombre, “sentimos mariposas en el estómago” por esa activación de sustancias químicas que ocupan todas las neuronas.

Si se quiere saber si realmente se está enamorado, prosigue, sólo es necesario preguntarse cuánto del tiempo que se está despierto se piensa en el otro.

La dopamina está relacionada con la novedad, la motivación y el aprendizaje, por eso al principio la persona nos parece “maravillosa, interesante y queremos conocer su vida a detalle”.

Al terminar esa etapa, los neurotransmisores ya no se liberan en la misma cantidad, el cerebro y el organismo no resisten más allá de 48 meses esa “locura” de enamoramiento, por el desgaste.

Montemayor Flores asegura que si una pareja se mantiene unida después de esa “demencia temporal” tiene posibilidades de pasar al siguiente nivel: el amor verdadero.

La mayoría, subraya en ocasión del Día del Amor y la Amistad, fracasa en su intento para lograrlo porque no van más allá de la idealización del otro, sin mostrarse con defectos y cualidades.

Para superar la etapa fugaz del enamoramiento, las parejas deben realizar actividades en pareja que ayuden a producir los neurotransmisores mermados, como viajar, practicar deportes, charlas mirándose siempre a los ojos, tomarse de las manos y, lo más importante, construir un plan de vida en común.

También ayuda, dice, rememorar los primeros encuentros con la persona amada, “la amígdala cerebral vuelve a liberar los neurotransmisores que nos producen bienestar y placer”.

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