Óscar Chávez por los caminos de la cumbia “Macondo”

La 'gabomanía' en Aracataca, Colombia. Foto: AP
La 'gabomanía' en Aracataca, Colombia.
Foto: AP

MÉXICO, D.F. (apro).- A cuatro décadas de Cien años de soledad, Óscar Chávez intentaría ubicar para este reportero el año de su primer encuentro con Gabriel García Márquez, sin conseguir más que la referencia de “a mediados de la década de los sesenta en Radio UNAM, don Gabriel hacía unos programas llamados Literatura Colombiana, yo estuve unos diez años en la estación como locutor, yo era el mil usos allí”.

Hombre de teatro, Óscar Chávez saltó a la fama cuando protagonizó en 1966 a uno de los personajes centrales en Los caifanes, exitosa película de Juan Ibáñez al lado de Julissa y Enrique Álvarez Félix.

“Aunque nunca lo traté mucho entonces, lo cierto es que siempre me pareció un hombre muy educado, cordial, muy atento y coincidíamos, pues él andaba en la Zona Rosa, nos lo encontrábamos toda la flota de El Perro Andaluz en varias partes. Realmente no tuve gran contacto así, de platicar bastante, yo le sigo guardando gran respeto, lo saludaba frecuentemente… Siempre ha sido una persona te repito, educadísimo, cordial, nada solemne, con una bonhomía ejemplar, cosa que se le agradece.”

Óscar Chávez se escucha nervioso, con su representante Martha Desea de la disquera independiente Pentagrama ultimando preparativos para el concierto por 50 años de actividad musical en el Auditorio Nacional (edición especial número 21 de Proceso, mayo 2007). De pronto, una imagen ilumina su memoria:

“Yo había leído Cien años de soledad recién salidito en 1967 y eso lo sé por don Gabriel, pues tengo el primer tomo de la primerita edición que acababa de comprar en la Librería de Cristal que todavía está en Niza de la Zona Rosa y al dar a la vuelta a media cuadra, sobre Hamburgo, ‘¡Ah, qué coincidencia, qué casualidad, traigo su libro, don Gabriel… una dedicatoria!…’

“Afortunadamente y lo digo con mucho orgullo, ya conocía todo lo publicado a don Gabriel en México que fue de la Universidad Veracruzana y luego ya, llegaron ediciones de Colombia… Leí prácticamente cualquiera de sus libros anteriores a Cien años de soledad, que La hojarasca…”

El coronel

El coronel no tiene quien le escriba, una obra estupenda. Poseo todos los libros editados por la Universidad Veracruzana… Pero el éxito de Cien años de soledad es incuestionable. Un mínimo comentario mío no tendrá importancia frente a lo que han expresado personas más calificadas.

“Lo que sí, me pareció un libro maravilloso. Cien años de soledad es una novela que merece todo lo que ha sucedido.”

Macondo 1971

Entre las canciones que más solicitan a Óscar Chávez en cada concierto hallamos su bolero “Por ti”, el son “Hasta siempre comandante”, de Carlos Puebla. Pero la cumbia peruana “Macondo” corona su repertorio.

–En México se piensa que usted la escribió…

–No, no… para nada, es una canción que hizo un cineasta peruano llamado Daniel Camino Díez Canseco, al que alguna vez conocí muchos años después de haberla cantado, en un festival internacional de cine. Ya sabía de mi versión y le dio mucho gusto y a mí también, claro.

“Él me pasó una partitura que tengo extraviada de otra cumbia a La cándida Eréndira. Supe de “Macondo” porque el colombiano Iván Restrepo, gente de cine y periodista decano en Radio UNAM alguna vez me dijo, ‘Oye, por a’i anda circulando un disco muy interesante que no puedes dejar de escuchar, es para ti…’ Me hizo llegar esa grabación de un conjunto que francamente no recuerdo si colombiano, o venezolano; pero exponente de música así, tropicosa y sí, muy buena, la tomé, trabajé la pieza con Chamín Correa quien me hizo los arreglos por 1971.”

El guitarrista Chamín Correa integró en los años 50 el trío Los Tres Caballeros con Roberto Cantoral y Leonel Gálvez. Aquel arreglo fue definitivo en el éxito que disfruta hoy “Macondo” y al aparecer como “El Macondo” en 1972 para el LP Enjaulado. Óscar Chavez canta a Latinoamérica 2 (Polydor), la república mexicana movió el bote.

Chamín Correa por cierto no empleó guitarra, sino un instrumento griego que teníamos a la mano. Lo hicimos con un buzuki ejecutado por él, de entre las cosas que había en la Polydor, estaba ahí y lo usamos.”

–¿A qué atribuye el inmenso atractivo de “Macondo”?

–Todo. Me parece un homenaje sensacional a Cien años de soledad y a su autor. Yo la tocaba tal cual. Es cumbia. Y la letra está muy bien hecha, es un homenaje muy ingenioso, muy rico, con lenguaje lleno en metáforas usando a su vez las del libro, y de existir algún mérito obvio de “Macondo” consiste en promover la lectura de esta novela y por lo mismo, es su logro mayor. La he grabado cualquier cantidad de veces en vivo.”

La amistad de Óscar Chávez y García Márquez renovaría bríos.

“Lo saludaba frecuentemente y cuando tuve la oportunidad de tratarlo mejor fue en 1999, creo; la amistad se dio a partir de que fuimos jurado don Gabriel, el compositor Mario Kuri-Aldana y yo del Premio Fundación Lya Kostakowsky, cuando se hizo la convocatoria para ensayo sobre música que ganó Jorge Velasco con su libro La Tribu…”

El cantor nacido hace 79 en la Ciudad de México hacía referencia de la investigación elaborada por el bajista defeño Jorge Héctor Velasco García (0720 Aleación, Real de Catorce, Lupita Pineda, Nina Galindo, Betsy Pecannins) que obtuvo el IX Premio de Ensayo Literario Hispanoamericano Lya Kostakowsky otorgado por la Fundación Cultural Lya y Luis Cardoza y Aragón el 11 de noviembre de 2003, El canto de la tribu (prólogo de Carlos Monsiváis, Culturas Populares/Conaculta. México, 2004. 205 págs.).

–Por tratarse de un premio a la música popular, ¿no se dieron discusiones o agarrones usted y Gabo?

–Claro, al ventilar todos los trabajos… Porque don Gabriel sabe bastante de música, un gran melómano de todo tipo de géneros y hablamos de la cumbia, ritmos, bailes y boleros y danzones, mil cosas más que disfruta, conoce bien, ha escrito mucho y motivó a que los Premios Grammy reconocieran al vallenato como una categoría per se, ¿no?

Kuri-Aldana falleció el 15 de enero de 2013. García Márquez, el pasado jueves 17 de abril.

Una cumbia clásica

La literatura de Gabriel García Márquez ha sido fuente de inspiración musical para artistas en varios países.

En 1987, el salsero panameño Rubén Blades compuso ocho canciones para su grabación Agua de luna que abre “Isabel” (protagonista de Isabel viendo llover en Macondo). Bill Frisell, reconocido jazzista estadounidense intituló una melodía “Remedios la bella” y el venezolano Juan Vicente Torrealba, un merengue como “Cien años de soledad”.

Hacia 1996, el compositor mexicano Daniel Catán creó Florencia en el Amazonas cuyo libreto en dos actos de Marcela Fuentes-Beráin constituye “un homenaje al realismo mágico de García Márquez” (Proceso 1177) y para 1997, el álbum Terra e libertà del conjunto italiano Modena City Ramblers basó varias piezas en obras del colombiano, en tanto que otros artistas las citan vagamente (Banana company, del grupo de rock Radiohead; El amor en tiempos del cólera, de Moxy Früvous, conjunto pop canadiense, así como el hispano Joaquín Sabina con “Más de cien mentiras” en Esta boca es mía, de 1994, y “Extravagario”).

Shakira contribuyó con tres canciones a la versión fílmica de El amor en los tiempos del cólera por solicitud de su amigo y compatriota Gabo, siendo “Hay amores” la “pieza más representativa” según Music Times (http://www.musictimes.com/articles/5564/20140418/10-musical-compositions-inspired-by-gabriel-garc%C3%ADa-m%C3%A1rquez-radiohead-shakira-and-more.htm). Ahí asimismo se citan “San Petersburgo”, de Silvio Rodríguez, y “Del amor y otros demonios” de Peter Eötvös para una ópera con el mismo nombre de esa novela, por el húngaro Kornél Hanvai.

Sin embargo, ninguna canción goza de tanta gloria como “Macondo”, cumbia del peruano Daniel Camino Díez alias Canseco grabada a granel en Colombia y con la que Luisín Landaez  triunfó en Chile, país donde la banda Sexual Democracia le añadió aires pop para Sudamérica suda (1993), y otras frases de Gabo en el tema de éste disco.

Tras de Óscar Chávez dar a conocer “Macondo” en México hacia 1972, al paso del tiempo surgirían las interpretaciones del acordeonista regiomontano Celso Piña y Ronda Bogotá (Una aventura más, 1999), o la fusión cumbia y rock del cantor Julián Vázquez (Mazatlán, 1962) y la banda Somos, desde 1990 éxito radiofónico en Baja California Sur para el CD Las Varitas II, producido por su hermano el prestigiado restaurantero sinaloense Poncho Varitas (http://www.proceso.com.mx/?p=208992).

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