Argelia, entre el trauma de la guerra y el fraude electoral

Abdelaziz Bouteflika, presidente de Argelia. Foto: AP
Abdelaziz Bouteflika, presidente de Argelia.
Foto: AP

MÉXICO, D.F. (apro).- Abdelaziz Bouteflika será presidente de Argelia por cuarta vez. Y aunque en las dos últimas elecciones distintos sectores le acusan de orquestar fraudes electorales, favorecer sólo a ciertos sectores potentados, encubrir al Ejército y no poder gobernar por su edad y enfermedad, pocos se atreven a manifestarse en contra de su victoria.

Con 77 años, Bouteflika –quien fue ministro de Relaciones Exteriores de Argelia de 1963 a 1979– no apareció una sola vez para hacer discursos públicos en su campaña. Si bien obtuvo 81.53% de los votos en las elecciones del jueves 17 de abril, casi 50% de la población se abstuvo de votar (25% más de abstencionismo que durante las elecciones de 2009).

Para Zidane Zeraoui, argelino que imparte cátedra en el Tecnológico de Monterrey, campus Monterrey, es imposible que un hombre que no apareció ni dio un discurso público gane con ese porcentaje mayoritario de votos.

Ali Benfli, principal opositor de Bouteflika y quien advirtió que contaba con 60 mil seguidores para vigilar las elecciones, tildó el resultado como un “fraude a escala industrial”.

En el editorial que lanzó al día siguiente de la elección el diario Al-Watan describió la jornada electoral como un “chantaje a través del miedo” y pronosticó que quedará inscrita en el futuro como la “votación del absurdo”.

En entrevista con Apro, a Zeraoui se le pregunta si hubo compra de votos o relleno de urnas.

Explica: “En Argelia no necesitan recurrir a estos esquemas. Simplemente se requiere dar un número al final y es el que queda registrado. No hay mecanismos para un recuento de votos”.

En Argelia no existe ningún instituto electoral que revise la votación. El gobierno es el que emite los resultados mediante el Ministerio de Interior y luego son confirmados por el Consejo Constitucional, el cual ya validó las elecciones el pasado 23 de abril.

Lo mismo ocurrió en 2009, año en el que Wikileaks difundió los cables 09ALGIERS147, 09ALGIERS331 y 09ALGIERS337 en los que denunció una elección “controlada” y en la que monitores y observadores de la Organización de las Naciones Unidas decidieron no dar declaraciones.

En ese entonces, la candidata del Partido de los Trabajadores, Louisa Hanoune, quien ya se había postulado en 2006 y estuvo encarcelada en distintas ocasiones, fue el segundo lugar con sólo 4% en un país donde supuestamente votó 80% de los electorales, a pesar de sus “serios problemas de comunicación”, dice Zeraoui.

Otro cable de Wikileaks citado por los diarios españoles ABC y El País un día después de la elección de 2009 revela que funcionarios de la embajada estadunidense en Argelia sospechan que la votación de este 2014 en realidad no pasó de 30%.

Ante las acusaciones por fraude, el director de la oficina de la presidencia, Ahmed Ouyahia, advirtió inmediatamente que poner en cuestión las elecciones abriría “las puertas del infierno”.

“A pesar de que todo mundo está convencido del fraude, pocas personas salen a protestar en contra de ello y se debe a varios factores”, dice Zeraoui. “El principal es el temor a revivir la época de la Guerra Civil, la cual ha marcado profundamente a los argelinos. Así, se acepta un sistema autoritario con tal de no regresar a la guerra”.

Trauma

Todavía no hay un consenso sobre el número de víctimas que dejó la Guerra Civil de Argelia en la década de los noventas, aunque se estiman entre 150 mil y 200 mil.

Librada entre las fuerzas de seguridad y combatientes del Frente Islámico de Salvación (FIS), en dicha guerra se cometieron masacres “por ambos bandos”, señala Zeraoui.

El FIS nació durante las protestas estudiantiles de octubre de 1988. Posteriormente ganó la primera vuelta de las primeras elecciones multipartidistas de Argelia en 1991 convocadas por el presidente Chadli Bendjedid, quien después canceló el resultado.

El 11 de enero de 1992 los militares dieron un golpe de Estado contra Bendjedid y, junto con el FLN, crearon un Alto Consejo de Estado. Los dirigentes del FIS fueron encarcelados y sus remanentes comenzaron una guerra de guerrillas en distintos puntos del país.

Así, más de 60 periodistas fueron asesinados de 1992 a 1999 en Argelia, dice la página del Comité para la Protección de Periodistas.

La guerra civil estuvo muy enfocada contra intelectuales y periodistas en general, cuenta Zeraoui, “Fue un sector muy golpeado a partir de los noventas y sobre todo después de que el fraude electoral se hizo más sistemático”.

“La gran masa prefiere tener un gobierno estable que regresar a una situación turbulenta como la vivida en los noventa”, cuenta el catedrático. “Si no se entiende este trauma del argelino no se entiende por qué aceptan que Bouteflika siga un cuarto mandato a sabiendas de que no es el que gobierna”.

Sin embargo, la llamada Primavera Árabe, que comenzó en 2010 en Túnez, Egipto y Bahrein, también tuvo su repercusión en Argelia.

“Cuando empezó la Primavera Árabe, al inicio hubo muchos que salieron a la calle, decenas de miles de personas. Eso fue en enero de 2011”, cuenta Zeraoui.

Sin embargo, a juicio del catedrático, los pueblos bereberes, que habitan desde hace 10 mil años Argelia y conforman de 20 a 25% de la población, terminaron usando las manifestaciones para sus exigencias nacionalistas. “Muy a menudo terminan en una reivindicación que no fue la que originó la manifestación”, acusa.

Contra los propios bereberes se ha usado la represión de forma continua. En abril y mayo de 2001—Bouteflika ya estaba en el poder— la ciudad de Tizi Ouzou se inundó con manifestaciones que adquirieron el nombre de La primavera negra. La del 21 de mayo alcanzó 500 mil personas que protestaban por la muerte del estudiante Guermah Massinissa. Durante las manifestaciones las fuerzas de seguridad asesinaron a más de 125 personas. El pasado 20 de abril los bereberes de Tizi Ouzou volvieron a salir a la calle y fueron nuevamente reprimidos.

En Argel, la capital, existe una prohibición desde 2001 para realizar manifestaciones. A pesar de ello, cuando Bouteflika anunció que se postularía por un cuarto periodo presidencial surgió el movimiento Barakat!, o “Ya basta”, convocado en Facebook bajo el hashtag #DZ2014. Este movimiento convocó a la marcha que se realizó el 1 de marzo, la cual fue reprimida por la policía.

El gobierno de Bouteflika ha cerrado varios periódicos, como Liberté y Le Matin, cuyo director, Mohammed Benchicou, fue detenido en junio de 2004, dos meses después de publicar el libro Bouteflika: una impostura argelina.

El martes 15 de abril Reporteros sin Fronteras pidió a las autoridades que permitan a la prensa cubrir con libertad las elecciones presidenciales. Un día antes la policía había detenido a periodistas que cubrían las manifestaciones. Por su parte Amnistía Internacional (AI) lanzó un informe donde acusó al gobierno argelino de “no tolerar ninguna crítica pública”.

“Toda la población argelina ya no cree que gobierna”, afirma Zeraoui. “Hay un consenso y es vox pópuli que ya no gobierna el presidente. Es una figura manipulada por fuerzas que están detrás”.

Desde la separación de Francia en 1962, el Frente de Liberación Nacional (FLN) se ha mantenido en la presidencia del país con distintas figuras, la mayoría militares de la justa independentista. Bouteflika participó en la lucha por la independencia de Francia, a la cual Argelia pertenecía como “departamento”.

Después de que fue canciller de Argelia –en cuya gestión promovió el llamado bloque de los “no alienados” en la Guerra Fría–, Bouteflika estuvo fuera de la vida pública de su país durante dos décadas. Regresó en 1989 “con una imagen positiva que inspiraba confianza”, recuerda Zeraoui, quien señala que Bouteflika puso fin a la Guerra Civil de los noventa mediante medidas controversiales como Ley de la Concordia Civil y la Carta de la Paz y la Reconciliación Nacional, que se proponían otorgar amnistía y reintegrar a los combatientes a la vida civil.

“El Poder”

De acuerdo con el artículo “De pie, en un sentido” publicado por The Economist el 1 de marzo, existe en Argelia una élite llamada Le Pouvoir (El Poder), formado por jefes de seguridad, burócratas de alto rango, amigos y empresarios.

En una nota difundida el 18 de abril, en la que informa sobre la reelección de Bouteflika, Reuter señala que los integrantes de este grupo –también llamado “El Clan Bouteflika”– se consideran los “guardianes de la estabilidad”.

“El hecho de que sea un civil la cabeza del Estado permite al Ejército estar detrás, en la sombra”, dice Zeraoui. “Un civil como pantalla es bastante cómodo”.

Argelia es el quinceavo país productor de hidrocarburos en el mundo. El 50% del Producto Interior Bruto (PIB) de Argelia y 98% de sus exportaciones dependen de los hidrocarburos, cuya producción comenzará a bajar entre 2016 y 2024 de acuerdo con la nota de El País titulada La zozobra de invertir en Argelia publicada el pasado 19 de abril.

La nota detalla que entre 2003 y 2013 se construyó más infraestructura que en los 40 años anteriores. Aun así, 70% de sus alimentos son importados y 23% de la población vive en la pobreza.

“El presidente no logró redistribuir la riqueza del país. Las diferencias sociales son enormes. La población del desierto está en las peores condiciones”, cuenta Zeraoui

En plena primavera árabe (2011-2012) Bouteflika, quien promoviera cambios constitucionales en 2008 para reelegirse indefinidamente, prometió un relevo generacional. Sin embargo, en la cúpula de Le Pouvoir poco se ha movido, aunque podría surgir una disputa si muere Bouteflika en este periodo presidencial, opina Zeraoui.

Un reportaje de Algérie Focus titulado Los diez hombres más poderosos de Argelia, publicado el 19 de diciembre anterior, enlista a las personas que “ocupan los puestos estratégicos y son más mediáticos”.

La lista integrada por Ahmed Gaid Salah, viceministro de Defensa; el general Mohamed Mediene, jefe de los servicios secretos de seguridad; Said Bouteflika, hijo del presidente; el primer ministro Abdelmalek Sellal, y el director de la Seguridad Nacional, Abdelghani Hamel.

La mayoría de estos hombres rebasa los 60 años de edad en un país donde 72% de la población tiene menos de 30 años y donde existe un desempleo juvenil de más de 20%.

“El gran drama de Argelia y de muchos países de la región es que muchos jóvenes estudiaron pero no tienen a posibilidad de trabajar”, cuenta Zeraoui.

El diario El País publicó el 16 de abril una serie de entrevistas con jóvenes argelinos titulada Los jóvenes se hartan de Bouteflika . La mayoría expresa su desconfianza en los políticos del país. Los más activos y que participan en movimientos, como Barakat, han comenzado a denunciar detenciones y hostigamiento policial, así como de “campañas de difamación” en su contra, según reportó el 24 de abril Global Voices. Así, denuncian que han comenzado a surgir páginas de Facebook con imágenes de la primavera árabe. En medio de las fotografías de enfrentamientos, los difamadores ponen una etiqueta sobre los manifestantes con el letrero siguiente: “Enemigos de Argelia”.

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