Vindicación del artista zapotleco

Con la exposición José Clemente Orozco, pintura y verdad, las autoridades jaliscienses saldan una añeja deuda con el artista zapotleco, asegura la museógrafa Alicia Lozano, quien coordinó la muestra que durante cuatro meses permanecerá abierta al público en las instalaciones del Instituto Cultural Cabañas. Tras dos años de investigación no exenta de vicisitudes logró reunir gran parte de la obra de Orozco, que la sorprende aún por “lo aplastante del discurso” del artista. “La compasión, el horror, los personajes cargados de una historia, de una vida. No hay nada que pueda suplir la experiencia de ver una obra de arte en directo”, expone a Proceso Jalisco.

El Instituto Cultural Cabañas (ICC) y el estado de Jalisco en general tenían la añeja deuda de presentar al público el discurso plástico orozquista de la manera más amplia posible.

Varias son las razones: el inmueble, declarado como patrimonio de la humanidad, alberga los murales más famosos de José Clemente Orozco, así como una gran colección del pintor; además, desde que fue inaugurado como centro cultural tiene como vocación la preservación, investigación y divulgación de la obra del artista jalisciense.

Para reivindicarse, el 24 de marzo último el ICC inauguró la exposición José Clemente Orozco, pintura y verdad, que reúne 345 obras de caballete, gouaches, temples, tintas, gráfica y bocetos preparatorios de sus murales, además de reproducciones fotográficas de los murales realizados por el homenajeado tanto en México como en Estados Unidos.

La curadora y museógrafa Alicia Lozano, coordinadora general de la magna exposición, comenta a Proceso que pidió al especialista en arte jalisciense Miguel Cervantes hacerse cargo de la curaduría y la investigación de la muestra, mientras que el poeta Ernesto Lumbreras se encargó de organizar la antología crítica sobre el artista, que publicó el Fondo de Cultura Económica bajo el título La zarza rediviva: Orozco a contraluz.

A Miguel Cervantes se le invitó porque “es un gran gestor, es independiente, conoce puntos clave de coleccionistas y sabe cómo se mueven las instituciones, además de ser una persona que da confianza por los proyectos que ha realizado”, entre ellos la exposición Jalisco, genio y maestría, explica Lozano.

Durante la investigación, que duró dos años, se registraron y documentaron mil 600 obras de Orozco. Respecto a la antología, agrega, comprende 60 textos sobre Orozco de diversos autores y es el documento más completo sobre el artista nacido en Zapotlán. Incluye la reproducción de los murales completos en orden cronológico, “con un plano de la arquitectura donde se encuentran y una vista general (de los mismos), así como los bocetos preparatorios de cada mural y la obra de caballete que en ese momento Orozco estaba haciendo”, apunta.

La museógrafa explica, a grandes rasgos, el contenido de la exposición: “En la primera sala hay retratos, autorretratos y fotografías que le hicieron a Orozco; luego arrancamos con la caricatura; sigue el primer periodo de la Escuela Nacional Preparatoria; continuamos con Orizaba, después con el segundo periodo de la Escuela Nacional Preparatoria y así hasta el último de los murales, que es el de la (antigua) Cámara del Palacio de Gobierno. Éste se expone casi en su totalidad en la Casa-Museo-Taller J.C. Orozco, hasta donde se extiende la exposición”.

La muestra del ICC ocupa aproximadamente mil 600 metros cuadrados, repartidos en 19 salas.

 

Las dificultades

 

Los organizadores de la muestra comentan que algunas obras del artista ya estaban comprometidas para otras exposiciones debido a que 2010 es un año de conmemoraciones. Es el caso, dicen, de las que se encuentran en Estados Unidos, donde también se están revisando centenarios y bicentenarios, comenta Alicia Lozano.

Además, en la Ciudad de México, en el Museo Carrillo Gil, donde se encuentra una de las mayores colecciones de obras de Orozco, se prepara ya la exposición Tiempos violentos, que incluirá un gran número de piezas, de las cuales no se pudo disponer en esta ocasión en Guadalajara. También tuvimos dificultades con algunos coleccionistas privados que poseen piezas del artista que les heredaron sus familiares, pues se negaban a prestarlas para la exposición, comenta Lozano.

“Aunque no tenemos cubiertos todos los núcleos temáticos como hubiéramos querido –sobre todo el de La casa del llanto, en la que nos hubiera gustado tener muchas piezas más–, consideramos que todos los momentos de Orozco están representados. En ese sentido sí fue una exposición difícil”, acepta la curadora. Respecto de la bibliografía de José Clemente Orozco, localizable sólo en las librerías de viejo, primero se tuvieron que localizar las publicaciones y luego negociar con los herederos de los derechos de autor, pues hay textos que datan de 1913, entre ellos los de Anita Brenner y Jean Charlot.

Alicia Lozano refiere que cuadros como Barricada y Los zapatistas, pertenecientes al Museum of Modern Art de Nueva York (MOMA), no fueron facilitados por esa institución, pero sí prestó los seis bocetos del mural Dive Bomber and Tank, realizado por Orozco en 1940.

Esta magna exposición del ICC costó alrededor de 11 millones de pesos, que en su mayoría fueron aportados por el gobierno del estado por medio de la Secretaría de Cultura, así como por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

Asimismo, aun cuando la entrevistada no mencionó el asunto, los promotores de la exposición José Clemente Orozco, pintura y verdad tuvieron diferencias con el hijo del genio zapotlense, Clemente Orozco Valladares, quien se negó a facilitar algunas de las obras de su padre que aún posee (alrededor de 200). Él les dijo que sólo lo haría si le pagaban por “derechos de autor”.

Y aun cuando no fue invitado de manera oficial, Orozco Valladares asistió a la inauguración del evento. Por la noche de ese 24 de marzo se quejó porque, dijo, “me marginaron completamente”. Pero una sobrina suya y nieta del homenajeado, Ana Marcela Orozco, lo desmintió: “Mi tío no participó porque no quiso. Él se opuso a muchas cosas y puso muchas trabas. Quiso cobrar muchos derechos que no le correspondían”, según informó Público en su edición del 29 de marzo.

 

Un pintor contemporáneo

 

Para quienes visiten el ICC a ver la exposición, que estará abierta al público hasta el 31 de julio, antes que nada observarán “al gran pintor que fue José Clemente Orozco; la vigencia de la pintura como forma y como discurso, porque es de una elocuencia brutal; no hay nada que la pueda suplir, definitivamente, dice la coordinadora general del evento, la museógrafa Alicia Lozano.

Y explica: “La pintura de Orozco tiene una pertinencia que parece que el artista está leyendo los momentos actuales; pareciera que está haciendo un retrato de la nación que estamos viviendo en estos momentos. Es impresionante cómo Orozco aborda estas situaciones como el despojo, la injusticia, y cómo el poder es ejercido desde diversas investiduras de manera brutal.

“De esta suerte, en el mural de la Suprema Corte de Justicia encontramos cuerpos desmembrados, orejas en el piso, descabezados. Pareciera que está haciendo una crónica del México actual.”

Además, según Lozano, en la exposición se podrá ver que “Orozco no se avergüenza de nuestro pasado amerindio: lo pinta tal cual es. Pinta, por ejemplo, a un personaje con un cuchillo de pedernal en la mano, abriendo el pecho y sacando el corazón todavía sangrante de otro personaje. Orozco no juzga, sino muestra. Es un gran cronista. Y por otro lado, encontramos que es un gran preocupado por la condición de la naturaleza humana. Realmente Orozco no deja títere con cabeza”.

Para Alicia Lozano, quien recientemente fue nombrada directora del Museo de Arte de Zapopan, algunas piezas de Orozco tienen una composición tan compleja que a primera vista parece que lo dicen todo, pero no es cierto. “Hay una gran complejidad en la estructura y en la forma, en el color y en el trazo que es, por momentos, casi abstracto. Creo que es un pintor sumamente contemporáneo”, sostiene.

Por último, reconoce que el proyecto no hubiera sido posible sin la participación y el apoyo de Alicia González, viuda del artista, y algunos de sus hijos, como Lucrecia Orozco Valladares y sus vástagos:

“Ellas y ellos nos ayudaron a revisar todos los textos; nos corrigieron una y otra vez la cronología de Orozco; revisaron una y otra vez las cédulas. Como se sabe, él no ponía títulos a sus obras, los ponía Justino Fernández. Fue un trabajo muy complicado, porque, además, muchas cosas estaban mal fechadas, como ya lo había advertido Jean Charlot.”

Para Alicia Lozano, tener prácticamente a la mano la obra de Orozco fue una experiencia única. “Ver lo aplastante del discurso de Orozco: la compasión, el horror, los personajes cargados de una historia, de una vida. No hay nada que pueda suplir la experiencia de ver una obra de arte en directo”, confiesa a Proceso Jalisco.  

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