“El niño y la bruja”

Se acaba de estrenar en el Teatro Orientación del Centro Cultural del Bosque una obra de teatro para niños y para todos aquellos a quienes gustó la película francesa de dibujos animados titulada Kirikou, que se desarrolla en una aldea africana
La obra El niño y la bruja, dirigida y escrita por Luis Rodríguez Leal, es, en realidad, una adaptación teatral a esa película, y el director consigue en el montaje resoluciones escénicas atractivas y variadas para dar vida a la historia
Utiliza el baile y la música; las máscaras y el teatro de sombras; los muñecos manipulados a vistas, y los actores que se agigantan El resultado es un espectáculo festivo, sintético y visual, uno de los mejores que ha producido este director junto con la actriz Susana Ugalde
En un pueblo de mujeres –porque los hombres se han ido a tratar de vencer a la hechicera Bunyumᖠnace un niño fuera de lo común que se atreve a lanzarse a la aventura para derrotar a esta hechicera, y traer la paz a su pueblo Tarikú, quien decidió cuándo habría de nacer y él solo se dio su primer baño, está lleno de confianza e ingenio, y más que superar sus miedos, es de carácter atrevido y encuentra la forma de llegar a Bunyumá para vencerla
El mensaje es claro y reconfortante: no importa tu tamaño ni tu edad, sino el valor, la inteligencia y la seguridad que tengas para enfrentarte con cualquier misterio; las ganas de querer ayudar, de querer hacer algo por tu comunidad, de ser feliz en la acción misma y no en el reconocimiento
Las resoluciones escénicas de El niño y la bruja son creativas
Sucede en una tribu africana, que bien podría ser caribeña por sus formas de hablar, lo cual es un acierto de la puesta pues nos acerca este mundo primitivo a nuestro contexto La anécdota es pequeña y los bailes son muchos La coreógrafa y actriz Talina Hernández retoma danzas africanas, y ella junto con las actrices Susana Ugalde, Flor Sandoval y Alicia Lara realizan una buena interpretación, aunque hizo falta más rigor y más variedad en el movimiento Resalta la música con percusiones, compuesta por Omar Echeverría, quien toca en vivo junto con Marco Antonio Arqueta, que además representa al personaje del viejo sabio de la tribu que es abuelo de Tarikú
Muy eficaz que Tarikú sea una marioneta manipulada por una mujer acuclillada y con la cara cubierta, pues se integra a la iconografía, y es posible presentar a un niño desnudo y de tamaño pequeño
El teatro de sombras lo utilizan para ilustrar los peligros a los que Tarikú se enfrenta y dar idea del largo caminar que emprende para llegar a la hechicera Así, el cocodrilo o la serpiente de papel suben y bajan montañas persiguiendo al niño; igualmente un león (que no parece león en el teatro de sombras, al cual después vemos con un original disfraz tratando de librarse del niño/marioneta que lleva montado en su lomo
La aparición de la hechicera y su séquito llama la atención, aunque el exceso de humo dificulta la visibilidad y debilita el impacto Las máscaras africanas utilizadas por los antagonistas, el vestuario de la hechicera –junto con los bastones que la agrandan en su desdoblamiento– son bastante atractivos Desgraciadamente este mundo está poco desarrollado, lo cual hace que disminuya la tensión dramática (el obstáculo a vencer tiene poca presencia), y se desperdician personajes y recursos para hacer crecer la obra en este aspecto
El niño y la bruja es un espectáculo muy disfrutable para niños y adultos Los artistas plásticos Felipe Ugalde y Felipe Lara crean una armonía visual, apoyados por la escenografía de Paula Sabina Pérez y la iluminación de Patricia Gutiérrez Las actrices tienen chispa, el humor del autor le pone la pimienta, los músicos la sal y el director sazona este delicioso platillo, que después de comerlo muchos salen bailando

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