Venus

En medio de la avalancha de películas navideñas, sobresale esta impecable tragicomedia escrita por Hanif Kureishi (Intimidad, My Beautiful Laundrette) y dirigida por Roger Michell (Notting Hill); Venus (Reino Unido, 2006) es un estudio sobre la dificultad de aprender el arte de envejecer, la tiranía del tiempo –la edad– que impone sus propias reglas, y la inagotable fuerza del deseo
Peter O’Toole, deteriorado por el alcoholismo y la enfermedad, aun para el papel de un hombre de setenta y pico de años (Maurice), se entrega en esta actuación con toda la fuerza del león en invierno y la experiencia adquiridas al lado de realizadores como David Lean (Lawrence de Arabia) o Richard Benjamín (Mi año favorito)
Maurice, viejo actor y famoso en su momento, continúa trabajando en pequeños roles que incluyen personajes decrépitos o moribundos; enfermo de la próstata, se reúne frecuentemente con Ian (Leslie Phillips), su mejor amigo, quien vive quejándose de sus propios achaques; juntos rememoran sus mejores días en el teatro; Vanessa Redgrave es la complaciente exesposa del mujeriego Maurice Entra en escena Jessie (Jodie Whittaker), sobrina nieta de Ian, a quien la familia recién le endilgó para hacerse cargo de ella; fascinado por la juventud, el desparpajo y la insolencia de la chica, el comedido Maurice emprende una campaña para seducirla bajo el pretexto de educarla Y no es fácil prever el giro de esta historia
Los referentes oscilan entre Educando a Rita, Pygmalion o Lolita, y hasta Servidumbre humana, sin lugar a dudas; pero los monólogos shakesperianos de Maurice, las visitas al teatro o a los recorridos por galerías de arte muestran poca vocación de mentor y mucha más necesidad de impresionar a Jessie, y en el fondo la mera lujuria de un hombre que escucha los pasos de la muerte y se aferra al deseo del deseo; como cuando Maurice hace el inventario de las partes anatómicas de Jessie en las que pensaba durante unos días en una cama de hospital
Decadencia y vanidad, donjuanismo y abyección, mucho de fábula moral encierra este trabajo realizado por el equipo, quizá demasiado pensante, formado por Michell y Kureishi, educados, uno en Cambridge y el otro en filosofía en la Universidad de Londres; Venus es el apodo que Maurice usa con Jessie en relación a La Venus de Velásquez, referencia fácil que personifica el deseo y el particular voyeurismo del actor Maurice Con todo, la metáfora, en sí un poco sobrada, da una vuelta de tuerca cuando se torna evidente que la verdadera Venus es el narcisismo de Maurice, y Jessie, su espejo
Que no quepa la menor duda, Jessie y Maurice tendrán que aprender juntos una dura lección; Venus no es una comedia agridulce a la americana, si acaso una parodia Aunque salta a la vista que tanto el guión de Kureishi como Peter O’Toole danzan la danza del Oscar –Roger Michell se aplica en señalar constantemente la “gran actuación” del intérprete de Lawrence de Arabia dentro de marcos como la National Gallery o el Actor’s Church en Covent Garden, verdaderos mausoleos del actor–, la autoparodia del actor inglés anula cualquier rastro de solemnidad
La metáfora del retrato se extiende en términos prácticos: Jessie desearía ser modelo; Maurice, que aún conserva algo de influencia en los medios artísticos, le consigue trabajo (la escena lo muestra espiándola desnuda) Las consecuencias, irrisorias, son apenas soportables gracias a la dignidad de O’Toole
La Venus exige la sumisión del espejo, la motivación de Maurice se delata como envidia de la juventud de Jessie, deseo de absorber su esencia a toda costa; y como ni el experimentado seductor ni la ruda jovencita están dispuestos a perder en esta relación de poder, cada uno es el espejo del otro l

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