Imágenes del asombro

Representaciones populares de la leyenda de Iztaccíhuatl y Popocatépetl, imágenes casi mitológicas de la lucha libre, registros de la vida cotidiana de un país que, sacudido poruna revolución, se adentra en el siglo XX; escenas sugerentes del mundo de los huicholes, cuerpos y rostros de ciegos en los que se percibe el desamparo, el desasosiego y la soledad En el Pabellón Popular de la ciudad de Montpellier, en el sur de Francia, cinco fotógrafos exponen imágenes de un México múltiple que, lejos de los clichés, lo revela como un país “inédito y sorprendente”
MONTPELLIER- Hace más de 20 años Roland Laboye compró un libro sobre fotógrafos mexicanos publicado por una editorial inglesa Muchos artistas le interesaron, pero uno lo fascinó Se llamaba Pablo Ortiz Monasterio
Una década más tarde, en 1994, Laboye logró contactar al fotógrafo Viajó a México para conocerlo y surgió una amistad a primera vista
“Descubrí la obra de Ortiz Monasterio y con él pude asomarme al universo inagotable y polifacético de la fotografía mexicana Desde entonces no he dejado de montar muestras fotográficas mexicanas México múltiple, que se inauguró el pasado 15 de febrero, es la cuarta” 
Laboye, fotógrafo galardonado en Francia en 1977 por el prestigiado premio Niepce, es director artístico del Centro de la Imagen de Montpellier, cuya sede, el Pabellón Popular, fue construido a finales del siglo XVIII y es una de las joyas arquitectónicas de esta dinámica ciudad del sur de Francia
Fundador de la asociación Montpellier Photo Visions, Laboye lleva 20 años promoviendo el arte fotográfico en el marco de las actividades culturales de la ciudad, pero la fama de sus muestras rebasa ampliamente el ámbito regional
Prueba de ello es el éxito de su primera exposición sobre México, presentada en Montpellier en 1996 y dedicada a Chiapas, con obras de Marco Antonio Cruz –actual coordinador del Departamento de Fotografía de Proceso–, Ángeles Torrejón y Antonio Turok La muestra fue solicitada por distintas ciudades de Francia y Bélgica Su segunda exposición mexicana, Última ciudad –con fotografías de Pablo Ortiz Monasterio–, se exhibió en 2000 y fue llevada a Francia y Grecia
Le resultó mucho más difícil organizar la muestra dedicada a Manuel Álvarez Bravo, que se inauguró en 2004: “Conaculta complicó todo El público quedó fascinado, pero yo tuve pesadillas y me tocó viajar a México para resolver problemas ocasionados por las autoridades culturales mexicanas”, recuerda Laboye
Explica que México múltiple es la más compleja de las cuatro exposiciones:
“Las anteriores eran monotemáticas En cambio, con México múltiple decidí presentar simultáneamente cinco mundos fotográficos muy distintos que, sin embargo, comparten la misma exigencia de autenticidad No hay la mínima sombra de folclorismo ni de exotismo en esta muestra Son obras de altísimo nivel que hunden al visitante en un México actual o histórico, siempre real, sorprendente e inédito
Su selección es audaz: en el Pabellón Popular, el México del final del siglo XIX y las primeras décadas del XX, magistralmente fotografiado por Agustín Víctor Casasola, convive con el peculiar universo de la lucha libre, que la cámara de Lourdes Grobet plasma en forma excepcional
También se codean los huicholes de Peregrinos de la vida, retratados con mucha poesía por Miguel Guerrero, el humor contagioso de Pablo Ortiz Monasterio y de su serie La montaña blanca, y la impactante Oscuridad habitada, el impecable trabajo a la vez documental y artístico de Marco Antonio Cruz sobre los ciegos desamparados de México
Dimensión espiritual
Laboye, quien curó personalmente la muestra, se ofrece como guía de la reportera La visita empieza en un amplio espacio dedicado a Casasola, en el que están expuestas fotos seleccionadas por Pablo Ortiz Monasterio Destacan primero las del período porfirista y varios iconos de la Revolución Mexicana: adelitas colgadas de vagones de trenes, retratos de Emiliano Zapata, movimientos de tropas federales
Luego aparecen escenas de la vida de la ciudad en los años treinta: su agitación nocturna –cabarets y sus vedettes– y su actividad diurna: problemas de tráfico automovilístico, delincuentes detenidos, manifestaciones estudiantiles Finalmente se exhiben retratos de personajes famosos o desconocidos tomadas con una maestría que deja “estupefacto” a Laboye
El contraste es fuerte entre el despliegue de las obras de Casasola y la discreción de la sala dedicada a los peregrinos huicholes de Miguel Guerrero
“Miguel vivió en Montpellier y fue aquí, en esta ciudad, que descubrió la fotografía Me llamó la atención ese mexicano talentoso y tímido Expuse sus primeros trabajos y aplaudí su proyecto de regresarse a México para trabajar la fotografía en su propio país Su sueño era sumergirse en el mundo cotidiano y espiritual de los huicholes Lo logró y aquí está su trabajo Es la primera vez que se expone”, enfatiza Laboye
Muy sutil es esa serie de fotos en blanco y negro de Guerrero El artista escogió formatos pequeños e íntimos Gran parte de las obras presentadas son paisajes áridos de la Sierra Madre Oriental, perdidos entre tierra y cielo, a menudo envueltos en bruma Poco a poco, sin embargo, el artista se va acercando a los huicholes Lo hace con delicadeza y respeto
La cámara de Guerrero sugiere rituales, el sacrificio de un cordero, momentos secretos, alude a una indigencia sin límite, rinde homenaje a una resistencia secular, logra que se perciba una dimensión espiritual Nada es explícito Todo parece murmurado
Miradas ausentes
Es preciso subir un piso para sumirse en otro mundo sobrecogedor, el de la Oscuridad habitada de Marco Antonio Cruz
De inmediato sacuden las miradas ausentes de adultos y niños, sus rostros tensos, sus cuerpos al acecho, sus gestos de desesperación o su empeño en aferrarse a la vida a pesar de todo
Con cada una de sus fotos, Cruz interpela al visitante Lo hace en forma púdica, nunca dramática, pero siempre insistente Muestra la soledad, el desasosiego, la vulnerabilidad, el contraste a veces violento entre quienes perciben la luz y quienes no
El fotógrafo no pretende inspirar compasión Sólo busca sacudir la indiferencia y obligar al espectador a ver a aquellos que no ven
Muchas fotos merecerían ser comentadas Entre ellas sobresale una, fantasmal, ligeramente movida, en la que avanza una multitud de ciegos en un extraño corredor alumbrado por luz de neón Otra es fulgurante: un hombre sin edad, con los ojos tapados por un pañuelo, yace en un catre miserable A su lado, en el mismo catre, hay una radio enorme Sobre su cuerpo están esparcidas hojas escritas en Braille Las manos del hombre, carcomidas por la artritis, leen una de esas páginas
Según contó Marco Antonio Cruz a la corresponsal, el hombre se llama Porfirio Moreno Es un indígena oaxaqueño que quedó ciego de niño Vivió postrado en su catre durante 20 años con la sola asistencia de su hermana Su único contacto con el mundo era su radio
En su desesperación pidió a su hermana que fuera a la estación de radio local para contar su historia y pedir ayuda Se escuchó su llamado Personas ciegas de Oaxaca lo contactaron y le enseñaron el sistema Braille Así se abrió el horizonte de Porfirio Moreno, cuya mente brillante descubrió el mundo de la literatura y de la escritura Hoy es un filósofo respetado
Marco Antonio Cruz lleva 20 años explorando el mundo de los ciegos Su archivo sobre el tema es único en México
El fotógrafo lo documentó todo: los ciegos de las calles del Distrito Federal, su vida, sus oficios, sus luchas, así como el inconmensurable desamparo de los ciegos indígenas Sus fotos denuncian situaciones insostenibles como la del municipio de Oxchuc, en los altos de Chiapas, donde ocho de cada 10 habitantes tzotziles y tzeltales padecen tracoma, enfermedad que lleva casi inexorablemente a la ceguera
En 1999 el fotógrafo siguió un grupo de médicos que acondicionó una sala de cirugía en un tráiler y recorrió el país operando a pacientes de cataratas Durante tres días consecutivos los médicos operaron a 150 personas y de repente se sintieron totalmente rebasados por la situación, porque más de 3 mil pacientes estaban esperando turno
Laboye quiso que los visitantes de México múltiple entendieran la verdadera dimensión de las fotos de Marco Antonio Cruz Pegó grandes paneles a la entrada de las salas dedicadas a Oscuridad habitada en los que el fotógrafo ofrece estadísticas, describe enfermedades y cuenta a sus lejanos interlocutores del sur de Francia cómo la pobreza condena a la ceguera a 800 mil mexicanos
Laboye espera con ansia el libro que Marco Antonio Cruz publicará sobre el tema en diciembre próximo y ya está buscando forma de divulgarlo en Europa
Mitología mexicana
De los cuatro expositores vivos, únicamente Lourdes Grobet pudo asistir a la inauguración de la muestra Su excepcional archivo concierne a la lucha libre en México La artista lleva tres décadas metida de lleno en ese mundo asombroso que rebasa el ámbito estrictamente deportivo para alcanzar, gracias a su talento, dimensiones mitológicas
El vasto espacio de techo altísimo donde se exponen unas 50 fotos de Lourdes Grobet –unas en blanco y negro, otras en color– es realmente espectacular Aquí están las estrellas inmortales: el Santo, Blue Demon, el Solitario y las grandes luchadoras como Irma González o La Briosa Los luchadores aparecen glamorosos, con sus atuendos plateados o dorados y sus máscaras multicolores, sus poses teatrales, sus cuerpos desafiantes También se ven solitarios, lejos de los proyectores, sorprendidos en su cotidianidad
Particularmente conmovedoras son las imágenes de los luchadores que no logran suficiente fama para vivir de sus peleas Se ven trabajando de costureros, dentistas, zapateros, mecánicos, carniceros, cantantes de boleros…
Los retratos de las luchadoras son también impactantes Lourdes Grobet tiene una admiración sin límite para la energía vital de estas mujeres que encarnan, a su juicio, un feminismo autóctono, urbano, popular, injustamente menospreciado por sociólogos e intelectuales
La fotógrafa, que nació en una familia de deportistas, descubrió la lucha libre por televisión Se quedó muy intrigada y decidió ver peleas reales No le fue fácil a esta güerita abrirse espacio en ese medio Cuenta a la reportera:
“Primero me interesaron los luchadores tal como aparecían en el ring Tomé centenares de fotos de la increíble escenografía de sus combates Luego quise conocerlos en su vida íntima Me abrieron las puertas de su casa y los retraté en su intimidad
“También me llamó la atención el público Su pasión es absolutamente excepcional, no tiene límites Los espectadores se entregan totalmente Conversé largamente con una amiga antropóloga y llegamos a la certeza de que el fervor de ese público es una de las últimas manifestaciones contemporáneas del México prehispánico” 
Lourdes Grobet está convencida de que la lucha libre, tal como se practica en México, nada tiene que ver con la lucha grecorromana Digan lo que digan las eminencias de la antropología mexicana, la fotógrafa afirma que la lucha libre tiene raíces tan antiguas como el juego de pelota Insiste en que las máscaras que llevan los luchadores son una reminiscencia de las máscaras prehispánicas
Entre las fotos expuestas en Montpellier varias evocan esa fuerza mitológica En otras la artista subraya el carácter subversivo de los luchadores que encarnan, como Super Barrio, “la rebeldía popular ante los abusos y el cinismo de los políticos”
Muchos años pasaron antes de que se reconociera el trabajo documental y artístico que realizó Lourdes Grobet sobre la lucha libre Empezó a destacar internacionalmente en 1990, con un documental que la cadena inglesa BBC dedicó al tema y a su trabajo Luego, poco a poco, se sucedieron muestras en México, Europa y Estados Unidos En 2005 la publicación de su libro Espectacular de la lucha libre fue un auténtico éxito, con 34 mil ejemplares vendidos hasta la fecha
“Buscar huellas contemporáneas de la mitología mexicana es precisamente lo que hace Pablo Ortiz Monasterio en La montaña blanca Se trata de un trabajo muy conocido en México que dio nacimiento a un libro de fotos con el mismo título publicado en español y en inglés”, comenta Laboye, quien no resiste a la tentación de contar a la reportera la legendaria historia de amor entre Mixtli-Iztaccíhuatl y Popoca-Popocatépetl
En esta serie aparecen representaciones populares, a menudo de una cursilería total, de los mitos fundadores mexicanos Éstas se manifiestan en calendarios, cerámicas, ceniceros, fachadas de casas o muros pintados, tambores, paneles publicitarios e imágenes insólitas que el artista capta con una mezcla de ironía y fascinación
De las cinco muestras reunidas en México múltiple, la de Ortiz Monasterio es, sin embargo, la más difícil de interpretar para un público francés que no conoce los códigos iconográficos mexicanos
En un texto que acompaña la muestra, el artista explica su propósito:
“Se puede ver en estos objetos una nueva formulación de los mitos y encontrar en los márgenes un retrato elocuente de lo que somos hoy (…) Los antiguos códices mexicanos son fundamentales en lo imaginario del México contemporáneo y La montaña blanca rinde homenaje a esa memoria” 

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