Desinteres por la Lectura

A pesar de los programas estatales y federales que pretenden convertir a México en un país de lectores, los avances en esta materia son poco significativos Apatía, burocratismo y desorganización son las principales causas de que esos esfuerzos no obtengan resultados Esto, en un país que, según la OCDE, ocupa el lugar 107 en cuanto al número de libros que sus habitantes leen al año
Es paradójico que el lema “Hacia un país de lectores”, para promover la lectura, lo esgriman funcionarios que no sólo no leen, sino que además se erigen como modelos de incultura e intolerancia
Como ocurre con la mayoría de los programas culturales de carácter público, mientras en el discurso se enfatiza la necesidad de apoyar y difundir en todos los ámbitos las salas de lectura, en la práctica existe desinterés y muchas veces se desestimula o se obstaculiza el trabajo de quienes pretenden crearlas y mantenerlas en funciones
Los 48 planteles de bachillerato que se ubican tanto en la zona metropolitana como en el interior del estado, sólo cuentan con 16 salas de lectura que funcionan de manera regular Por ello, es positivo el apoyo que brinda la Unidad Editorial del Sistema de Educación Media Superior al proporcionar, periódicamente, material bibliográfico para enriquecer el acervo con el que funcionan estas salas
Sin embargo, en muchas ocasiones los directivos y profesores muestran muy poco interés en promover la lectura entre los estudiantes Hay casos extremos en los que incluso obstaculizan esta clase de actividades Por ejemplo, a veces no brindan facilidades para garantizar la disponibilidad de los libros con que cuenta cada sede
País sin lectores
En el ámbito federal, las salas de lectura comenzaron a ser instaladas por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) A partir de 1995 se inició el programa Rincones de Lectura, de la Secretaría de Educación Pública (SEP) para crear espacios en los que realicen, por lo menos una vez por semana, actividades de lectura y préstamo domiciliario de libros
Cuando se establece una sala de lectura, el Conaculta entrega un acervo –de su fondo editorial– de un centenar de libros A partir de ese momento este organismo sólo pide información para rellenar formularios destinados a la elaboración de informes; es decir, las salas pasan a ser un mero dato estadístico
El Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Jalisco se encarga de que las salas de lectura sigan funcionando Hasta la fecha, se cuenta con 226 de estas salas en 59 municipios del estado
Las salas de lectura se definen como “espacios no reglamentados para ofrecer libros, lecturas y actividades para niños, jóvenes, adultos y personas de la tercera edad con la finalidad de que adquieran el gusto por la lectura y el libro, y de propiciar el encuentro gratificante y significativo entre los lectores y los libros”
El funcionamiento de dichas salas es muy desigual: mientras algunas sesionan de manera regular cada semana, otras tienen abandonado su acervo por diversas circunstancias, y la asistencia –por algunas de las razones ya apuntadas– también es muy dispar Mientras algunas cuentan con un promedio de asistencia de entre 20 y 30 lectores, en otras apenas se reúnen media docena La cantidad, sin embargo, no parece un dato relevante, ya que se privilegia la calidad de la asistencia y la motivación para acercarse a los libros
La participación se enriquece –sobre todo para los promotores voluntarios– con la organización, de manera frecuente, de cursos y talleres de actualización, encuentros e intercambios tanto a nivel local como regional y nacional
Pese a los inconvenientes y hasta los obstáculos por parte de las autoridades y las dependencias universitarias y culturales, los promotores de la lectura siguen con su labor a contracorriente y con un buen número de espacios para estar en contacto con quienes comparten sus intereses
La falta del hábito de la lectura es un problema de fondo que compromete el futuro Los datos difundidos por la OCDE son alarmantes: México se ubicó en el penúltimo lugar de una lista formada por 108 países en lo que se refiere al bajo nivel de lectura de su población

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