Políticas culturales No. 1588

Lucina Jiménez acaba de presentar su libro Políticas culturales en transición Retos y escenarios de la gestión cultural en México, donde hace una reflexión sobre las condiciones actuales de la política cultural en nuestro país y la necesidad del debate y su revitalización, de acuerdo con los nuevos esquemas de producción, mercado y consumo donde la globalización ha impuesto un “libre mercado” falso
Para Jiménez, la política cultural es el arte de lo posible, con un valor ético que la orienta y subraya su sentido social Hoy por hoy, apunta, se requiere de la reconstrucción del tejido social, pues frente a la descapitalización del sector cultural por la falta de inversión pública y de incentivos para el sector privado, se pone en riesgo la viabilidad del desarrollo de la diversidad en la cultura Desde la perspectiva de la autora, el problema no sólo es económico, sino que tiene que ver con las reglas del mercado, la legislación, la organización, la gestión y el consumo
El libro, editado por la Dirección de Vinculación Cultural y el Fondo Regional de la Zona Sur del Conaculta, y prologado por Gerardo Estrada, es una antología de ensayos realizados a lo largo de dos décadas, revisados en el presente por la autora y organizados en cuatro campos temáticos: políticas culturales, educación artística, públicos y gestión Respecto del teatro, se incluyen interesantes textos donde sostiene una postura crítica en la que defiende al creador como agente subversivo, pues aunque se hable de economía, no significa verlo reducido a mero productor de mercancías:
“Los artistas –dice– no han de crear pensando en el mercado porque entonces pesa sobre ellos la condena de gustar, el riesgo de conceder para vender Por el contrario, a los públicos no hay que darles lo que pidan, sino que hay que retarlos, sorprenderlos y hacerlos crecer”
Para ella, el alejamiento de lo público de los espacios escénicos especializados tiene que ver con la desestructuración del campo artístico, a la falta de formación, a la tradición artística familiar, a la desorientación, a la falta de visibilidad de los proyectos artísticos y a la ausencia de vínculos firmes con las trayectorias artísticas, compañías y espacios Lo que se ve claro es cómo las instituciones públicas son las que tradicionalmente han impulsado proyectos de riesgo, ya que la inversión privada sólo se ha interesado en la producción de espectáculos masivos ligados a la televisión y no al teatro de calidad
Asevera la autora que, dado el agotamiento de las estrategias públicas y privadas, hace falta buscar nuevos esquemas de intervención en las artes escénicas Se requiere actualizar la legislación, modificar normatividades para que los espacios escénicos puedan recuperar sus ingresos y reinvertirlos en nómina, mantenimiento y producción; dar un trato preferencial a la difusión artística en los medios, entre otros tantos aspectos
Resulta fundamental –opina– hacer estudios del sector para conocer el número de empleos que genera la cultura y saber, como se sabe en Argentina, que 80% de los creadores están desempleados, y considerar en las estadísticas no sólo a los artistas, sino también a los técnicos, constructores, educadores, administradores, promotores y funcionarios que tienen empleo en el área cultural; saber el número de compañías, los ingresos en taquilla, los egresos de producción, etcétera, y conocer exhaustivamente el campo de interés
En la mesa de presentación de Políticas culturales en transición Retos y escenarios de la gestión cultural en México, de Lucina Jiménez, que fue moderada por Álvaro Hegewisch el jueves 29 de marzo, Gerardo Estrada resaltó del libro sus contribuciones de corto y largo plazos; Luis de Tavira invitó a la conversación responsable sobre la acción cultural en México; Roberto Vázquez propuso un congreso para debatir el tema, y Esther Hernández, representada por Rafael Santín, se refirió a los procesos de modernización
El libro (número 12 de la colección Intersecciones, coordinada por José Antonio MacGregor y Adrián Marcelli) es valioso por su contribución a las políticas culturales de México que, más allá de un sexenio o de funcionarios en específico, reactiven las artes escénicas que se encuentran tan poco valoradas dentro de la política mexicana y con tan pocas herramientas para su análisis l

Comentar este artículo