El laberinto del fauno

“¿Por que diablos la película no está hablada en ingles?”, escupe una señora norteamericana sobre la cinta de Guillermo del Toro, El laberinto de un fauno (España/México; 2006); no bastan los especiales, la acción, las escenas sanguinolentas para satisfacer al publico de Hollywood: cuesta demasiado leer subtítulos, hay que hablar inglés ¡Cómo debe disfrutar del Toro, emigrado a Los Angeles –y entrevistado la semana pasada en Proceso–, hacer cine en su propia lengua!
Abriendo una puerta de la desvencijada casa en las montañas de Navarra, Ofelia (Ivana Baquero), una chica de 11 años, descubre el misterioso laberinto de piedra que protege Pan (Doug Jones) Ahí desborda un mundo mágico, como el de los cuentos de hadas que le fascinan; el fauno le revela que ella es la reencarnación de un rey fabuloso y que debe, por lo tanto, pasar por tres pruebas, tres trabajos, para recuperar su inmortalidad
La niña llegó a esa sierra del norte de España con su madre por orden de su padrastro, el capitán Vidal, quien desea ver el nacimiento de su hijo Del Toro contrasta el mundo del mito con la crudeza de una realidad histórica implacable, la persecución y el asedio a los republicanos de la Guerra Civil española que oficialmente termina en 1944 (por decreto franquista, aunque la resistencia continuó aún por casi dos décadas), año en el que transcurre el relato Con el fin de aniquilar la guerrilla, el capitán Vidal (Sergio López) establece un destacamento en esa remota y pobre región montañosa donde los pobladores ayudan con víveres a los insurgentes
Estupenda personificación la de Sergio López de este Vidal, imagen por antonomasia del fascismo de Franco, padrastro abusivo y esposo represivo La sombra de este ogro reverbera en el laberinto del fauno, universo personal de cuento de hadas por momentos tan siniestro como la represión fascista y la impotencia de los montañeses
Pero el secreto del laberinto no se agota con la explicación banal, demasiado obvia, que lee en las aventuras de Ofelia, brillante reelaboración de Alicia en el país de la maravillas, una compensación a la represión que vive, o, peor incluso, una mera alegoría del estado fascista La imaginación y el gusto de Del Toro por lo gótico (que no debe confundirse con lo surrealista) busca equilibrase con una realidad árida y asfixiante, una especie de espejo que refleja una visión insoportable De esa asfixia surge el horror En Cronos, historia de vampiros, era la guerra Cristera; el tema de la Guerra Civil española comienza con otra historia de terror y aparecidos, El espinazo del diablo
Digamos que la guerra, la injusticia y la represión producen, en el universo del director de Blade II, una especie de disociación que el relato fantástico tiende a compensar; de ahí la extraordinaria capacidad de este realizador para condensar elementos de realidad como el mismo Del Toro explica en relación al Hombre Esqueleto (una de las tres pruebas por las que tiene que pasar Ofelia) Este repugnante y cadavérico personaje tiene los ojos en las palmas de la manos; imagen invertida de las llagas o estigma de Cristo, perversión producto de la alianza de la Iglesia católica con el franquismo; delirante blasfemia que resucita al Cristo de Holbein por mandato de Burroughs
Quizás el miedo del despertar erótico de la niña, los flujos menstruales que se avecinan, el horror de la madre enferma y embarazada por el diabólico capitán Vidal, visión nada tranquilizadora de la sexualidad, resulten temas más adecuados para aproximarse al gótico del laberinto de este fauno, sin embargo, la belleza de las secuencias alucinantes de El laberinto del fauno se justifican por sí mismas; la maestría que ha adquirido Del Toro en el manejo del cuadro y el montaje, sobre todo el las escenas fantásticas, es sorprendente Su narrativa se desarrolla, plano tras plano, integrando hábilmente cada recoveco del relato ?

Comentar este artículo