De Película

Colaborador cercano de Emilio García Riera, el crítico de cine Eduardo de la Vega asumió la tarea de continuar la monumental historia del cine mexicano que su maestro dejó inconclusa En entrevista, el crítico habla también de sus investigaciones personales, una de las cuales trata de las vicisitudes de Julio Bracho para llevar a la pantalla la novela de Martín Luis Guzmán La sombra del caudillo
El profesor investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG) Eduardo de la Vega Alfaro anunció que terminará la historia documental del cine mexicano que dejó inconclusa Emilio García Riera
Especialista en sociología del cine, De la Vega Alfaro dice que García Riera sólo llevó a cabo la revisión del período de 1919 a 1976 y publicó el material bajo su firma, aunque siempre contó con el apoyo de un equipo Y aclara que García Riera tenía pensado continuar su monumental trabajo de 1977 en adelante y firmarlo en coautoría con sus colaboradores “De hecho, al final García Riera fungió como supervisor y yo como coordinador”, dice De la Vega Alfaro en charla con Proceso Jalisco
Explica que “al equipo se integraron también Moisés Viñas, Leonardo García Tsao y otros investigadores formados ya en el Centro de Investigación y Estudios Cinematográficos (CIEC), fundado por García Riera, como Juan Carlos Vargas y Ulises Íñiguez”
De la Vega recuerda incluso el caso de la investigadora española Marina Díaz López, quien hizo su doctorado en el CIEC y como tesis se le encomendó realizar una investigación de las coproducciones hispano-mexicanas
El equipo coordinado por De la Vega Alfaro se ciñó al modelo de trabajo de García Riera para documentar la historia del cine mexicano y se abocó al sexenio de José López Portillo (1976-1982) A principios de 2006 apareció el primero de los tres volúmenes coeditado por la Universidad de Guadalajara (UdeG), el Imcine y la Secretaría de Cultura de Jalisco
El libro abarca 1977 y 1978 Los otros dos trabajos, que la UdeG publicará en los próximos meses, corresponden a 1979-1980 y 1981-1982, dice el investigador “Con esto cubrimos el período lopezportillista, etapa en la que hubo un promedio (de producción) de 85 largometrajes por año”, refiere
De la Vega asegura que durante el sexenio de Luis Echeverría (1970-1976) el Estado intentó retomar la producción cinematográfica para compensar o equilibrar las producciones privadas; incluso creó el Banco Nacional Cinematográfico Durante la administración de López Portillo, la producción fue similar, aunque hubo un proceso de reprivatización de la industria fílmica, dice
Este período, prosigue, “resulta muy interesante porque, aun antes de que se formalizara la aplicación de las políticas neoliberales, en la industria fílmica mexicana se ensayó este modelo, al anular y cancelar la intervención del Estado como productor, mientras que la iniciativa privada recuperó este sector de la industria cultural mexicana”
Al analizar película por película, señala, constatamos este fenómeno de reprivatización, que implicó el retorno de un cine que buscaba ser familiar y carecía de compromiso social; era más proclive a la diversión porque era un cine-espectáculo, dice el coordinador del proyecto

“Cueva de comunistas”

En la introducción al volumen correspondiente a 1979-1980, De la Vega describe “con precisión y claridad cómo operó Margarita López Portillo para desplazar a los funcionarios que estaban fervientemente convencidos del papel del Estado como entidad de apoyo a la producción, exhibición y difusión del cine A todos los mandó a la cárcel, les inventó fraudes e impuso a su gente para consumar su proyecto de reprivatización”
El parteaguas fue en 1979, dice el investigador, ya que se dio “una especie de golpe de Estado al interior de la industria fílmica mexicana para implementar esta otra política Y eso se expresa inmediatamente después, porque los volúmenes de producción de películas que tenían participación del Estado disminuyeron muy notablemente”
Con la fundación del Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine), el 25 de marzo de 1983, ya en el sexenio de Miguel de la Madrid, el Estado dejó de producir y se convirtió en promotor de cierto tipo de películas, a las que comenzó a aportar sólo una parte de los costos Así fue como, por un lado, le dio mayor libertad creativa al cineasta, y por otro fomentó la burocracia que se dedicó a hacer cine con financiamiento estatal y resultados catastróficos Según De la Vega, desde entonces comenzó a disminuir el volumen de producción cinematográfica, que continúa hasta nuestros días
A pesar de todo, reconoce que la supervivencia del cine nacional en buena parte se debe al Imcine, más allá de su burocracia y de los posibles “cuatachismos” Gracias al Imcine, enfatiza, la industria cinematográfica no ha desaparecido completamente”
El coordinador de la trilogía sobre la historia del cine durante el período lopezportillista asegura en la introducción del primer volumen que, en los años del “golpe de Estado” contra el cine, un grupo de intelectuales encabezados por Octavio Paz publicó una carta en la que reclamaban al presidente su manera de actuar “Pero hubo un sector que aplaudió esta decisión a través de la prensa Quien estaba a la cabeza de ese grupo era Luis Felipe Bravo Mena, quien escribía en El Heraldo de México y aplaudió esa decisión de Margarita López Portillo (de despedir y encarcelar a varios directivos), con el argumento de que el cine mexicano se había convertido en una cueva de comunistas, de marxistas que estaban dañando mucho al pueblo mexicano con la realización de ese tipo de películas”
No es raro que una persona como Bravo Mena llegara posteriormente a ser presidente del Partido Acción Nacional (PAN), sostiene De la Vega Alfaro, y agrega que con esto “se demuestra una vez más que ir a la historia no es sino otra forma de interpretar o entender lo que está sucediendo en un momento como el de hoy”

Una película en la sombra

De la Vega realiza actualmente dos investigaciones: una sobre la vida y la filmografía de Chano Urueta, uno de los pioneros del cine con sonido integrado a la imagen, y otra sobre las vicisitudes de la película La sombra del caudillo, una adaptación de la novela de Martín Luis Guzmán dirigida por Julio Bracho De la Vega piensa titular este último trabajo Literatura, cine y censura El caso de La sombra del caudillo
Durante la entrevista, el crítico explica que siempre quiso saber cómo escribió Guzmán en el exilio la que se considera obra maestra de la narrativa sobre la Revolución Mexicana y la forma en que el cineasta Julio Bracho –”joven, brillante, proveniente del teatro de vanguardia, muy culto”– acarició la idea de llevar la novela a la pantalla con el apoyo del gobierno de Lázaro Cárdenas en la década de los treinta
“Con esa película Julio Bracho pensaba debutar –dice De la Vega– De haberse rodado en aquella época, hubiera fortalecido al gobierno del general Cárdenas, porque era una obra contra el único caudillo que todavía vivía entonces: Plurarco Elías Calles, a quien el general expulsó para impulsar su propio modelo político”
El proyecto de Bracho no se pudo realizar por problemas económicos, pero el cineasta insistió en 1960, en pleno gobierno de Adolfo López Mateos, quien al igual que Bracho fue vasconcelista
En ese período Martín Luis Guzmán se desempeñaba como presidente de la Comisión de Libros de Texto Gratuitos Desde ahí, avalado por el presidente López Mateos, el novelista puso en práctica la idea vasconcelista de repartir libros a diestra y siniestra Y fue en ese contexto que Bracho propuso su proyecto fílmico, que de inmediato fue aceptado Sin embargo, la cinta permaneció tres décadas enlatada, relata De la Vega
Lo importante de la investigación, dice, es que encontró documentos que revelan cómo se supervisó la película en su época y menciona que fue el secretario de la Defensa Nacional durante el gobierno de López Mateos –Agustín Olachea Avilés– quien “puso un primer dique para que la película no se exhibiera”
En los siguientes sexenios los funcionarios civiles empezaron a echarse la pelota entre sí, hasta que, durante la administración de Carlos Salinas de Gortari, se levantó el veto a la cinta
El actor Carlos Bracho –quien sólo era amigo de Julio Bracho– era diputado federal en la LIV Legislatura y desde ahí promovió ante las autoridades federales que se permitiera la exhibición del filme La idea del legislador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) fue recogida por el presidente Salinas, quien buscaba legitimarse ante el Poder Legislativo luego de las controvertidas elecciones de 1988 Así fue como, luego de una supervisión, la película salió a la luz, explica De la Vega
Y cuenta otras anécdotas en torno a la cinta de Julio Bracho Dice que La sombra del caudillo se proyectó en el festival internacional de Karlovy Vary, en Checoslovaquia, donde recibió un premio especial Gustó tanto a los distribuidores de los países socialistas, que compraron los derechos y la exhibieron en sus países
Además, el Instituto Politécnico Nacional pidió a Julio Bracho la cinta para proyectarla en un ciclo sobre el cine mexicano, cuando aún pesaba la prohibición Pudo verse un solo día, pero eso trajo muchos problemas a los organizadores del ciclo, cuenta el investigador
En su ensayo, De la Vega combina los datos históricos con el análisis formal de la película porque considera que es una obra muy importante “Es la obra cumbre de Julio Bracho, es excepcional dentro de la historia del cine mexicano de esa época”, dice Además, a finales de los ochenta la industria fílmica ya estaba en crisis y para entonces este tipo de películas se podía incluir en la programación de los festivales
Lo que más le llama la atención al crítico es la forma en que operó la censura en México en el caso de La sombra del caudillo En la versión original de Julio Bracho, por ejemplo, se incluía al final una entrevista con Martín Luis Guzmán, que duraba siete minutos; ahí el escritor explicaba cómo escribió su novela y cuál era su intención, pero inexplicablemente esa parte fue suprimida en las copias que circulan

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