El principio de igualdad

La igualdad como idea es muy antigua En la tradición judeocristiana, al existir un solo Dios todopoderoso y habiendo sido los seres humanos —masculinos y femeninos— creados a imagen y semejanza de Él, son, necesariamente, iguales (Génesis) Estamos hablando aquí de 5 mil años aC Es, también, una idea muy persistente La reafirmación de la igualdad humana ha sido y es un fenómeno profundo y recurrente en todas las civilizaciones del Este y del Occidente, definiéndose como uno de los valores éticos fundamentales de la humanidad
Pero especialmente desde la Ilustración y la Revolución Francesa, se transformó en una fuerza poderosa de cambio institucional y social Su teórico principal fue Rousseau, quien en su Contrato Social sostenía que “precisamente porque la fuerza de las cosas siempre tiende a destruir la igualdad, es necesario que la fuerza de la legislación tienda a mantenerla” Y el lema más perdurable de la Revolución fue Libertad, Igualdad, Fraternidad John Stuart Mill sostenía que toda la historia europea, desde la Edad Media, tendía a la igualdad, y que así como había caído la desigualdad entre nobles y plebeyos, caerían también los privilegios de las aristocracias de poder, raza y sexo Y eso no le preocupaba mayormente
Pero la idea de la igualdad es también compleja y elusiva, y ha sido usada en sentidos muy diversos De acuerdo a la época, las personas han luchado por diferentes “igualdades” La Revolución Francesa planteó muchas, pero logró implementar pocas, convirtiendo sus propuestas y leyes en banderas para luchas posteriores Quedó abolida la diferencia entre nobles y plebeyos, así como la herencia de funciones públicas y de nivel social legal Se legisló para asegurar la igualdad ante la ley, igualdad en el castigo ante la misma ofensa, igualdad en impuestos para personas con el mismo ingreso, igualdad en el acceso a puestos públicos basada en “la virtud y los méritos”, igualdad de derechos civiles para los profesantes de todas las religiones, igualdad entre hombres y mujeres e igualdad racial, aboliéndose la esclavitud en las colonias francesas en 1794 A medida que se desarrolló el capitalismo, la lucha por la igualdad abarcó cada vez más los aspectos sociales y económicos Aun cuando nadie —con la excepción de los libertarios— exige la igualdad plena de ingresos y consumos, muchas son las corrientes de pensamiento y de acción que piden la lucha sistemática y estructural contra las desigualdades económicas y la pobreza como dos caras de la misma moneda
La idea de la igualdad ha tenido y tiene también sus enemigos declarados A finales del siglo XVIII, Edmund Burke elevó a nivel de filosofía la importancia de los valores aristocráticos, los derechos corporativos y el estatus hereditario, convirtiéndolos en condiciones imprescindibles para la civilización e incluso para la sociedad libre Y hoy día hay quien separa la lucha contra la pobreza del principio de la igualdad, lo que prolongaría el proceso durante siglos, o bien afirma que, en materia económica, toda igualdad lograda en un espacio implica inevitablemente el surgimiento de una desigualdad en otro
El principal desafío social y político del siglo XXI es y será la pobreza En el momento en que el crecimiento de la actividad económica mundial es el más elevado de la historia, la pobreza crece constantemente no sólo en los países del Tercer Mundo, sino también en los países desarrollados Hoy, alrededor de 3 mil millones de personas —más de la mitad de la humanidad— viven en la pobreza, con un ingreso menor de dos dólares al día, y cerca de la cuarta parte sobrevive en la extrema pobreza, con ingresos de un dólar al día En estos sectores imperan la desnutrición, el hambre, la alta mortalidad infantil y una expectativa de vida muy baja En los países industrializados, 100 millones de personas subsisten con menos de la mitad del ingreso medio per cápita En Estados Unidos, una de cada cuatro personas está por debajo del umbral de la pobreza Los pobres de esos países son en buena parte emigrantes o minorías Si bien estamos hablando de pobrezas muy diferentes, todos los afectados están más expuestos a la falta de educación, vivienda, trabajo y sanidad, y todos ellos tienden a ser las primeras víctimas del sida, de los trabajos insalubres y del abuso sexual
Pero no sólo está la pobreza: El capitalismo globalizador —como apunta Manuel Castells— fabrica incansablemente la exclusión Exclusión de gente y territorios que, desde el punto de vista del desarrollo del sistema, son estructuralmente irrelevantes Estas son regiones de la sociedad en las cuales no hay escape de la pena y destrucción infligidas a la condición humana Tales hoyos negros del mundo actual concentran todas las energías destructivas liberadas por el sistema
La pobreza está indisolublemente ligada a la desigualdad en los ingresos, los patrimonios y las posibilidades de trabajo Los directores de las 500 empresas mayores de Estados Unidos ganaban a principios de los años 80 unas 35 veces el salario de un obrero Ahora reciben 146 veces más El ingreso del 20% más rico de Estados Unidos representaba unas 30 veces el correspondiente al 20% más pobre, pero en 1997 era 78 veces mayor El valor de los activos de los 400 hombres más ricos del mundo excede ampliamente la deuda de los países del Tercer Mundo
El lugar de México en este escenario dantesco es muy destacado El salario mínimo urbano en términos reales ha venido cayendo constantemente de 100% en 1980, a 71% en 1985, a 45% en 1990, a 41% en 1993 y a 39% en 1999 Cinco magnates poseen activos por 10 mil millones de dólares, superior a los que tienen los 20 millones de mexicanos más pobres Los índices de pobreza que abarcan a la mitad de la población reproducen los que marcan al mundo Los espacios de marginación absoluta están regados por todo el país y son confirmados públicamente por la emigración, que ha producido una inmensa diáspora
La pobreza está ligada al funcionamiento mismo del sistema dominante, que la reproduce incansablemente Su magnitud es tal que exige mecanismos de redistribución de ingresos, patrimonio y posibilidades de trabajo No es posible, en un tiempo perentorio, revertir la tendencia al empobrecimiento de las mayorías sin una redistribución a favor de los pobres, entre países ricos y países pobres y entre los ricos y los pobres de cada nación Esto exige acuerdos internacionales y exige también, a nivel nacional, la acción firme, sostenida y eficaz de cada gobierno, con programas eficientes No se trata de migajas para contener a los pobres, como las aplicadas en México hasta ahora, sino de transferencias que permitan recuperar las esperanzas en un México mejor
Y para finalizar, regresamos a Rousseau: Si la fuerza del mercado siempre tiende a destruir la igualdad, es necesario que la fuerza de la política tienda siempre a mantenerla La igualdad no significa igualar los ingresos, sino el combate estructural de las desigualdades Todo indica que si las cosas se dejan como están, llegarán a ser políticamente intolerables en cualquier momento imprevisible El problema de la lucha contra la desigualdad no ha aparecido aún en las campañas electorales Toca a la izquierda plantearlo responsablemente Sin demagogia, sin prometer mejoras a la vuelta de la esquina, pero sí políticas que permitan avanzar firmemente en este sentido en el próximo sexenio l

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