La sociedad de los miedos

La sociedad de los miedos
La sociedad de los miedos

MÉXICO, D.F., 9 de noviembre (Proceso).- Si algo ha logrado la creciente ola de violencia en nuestro país es confirmar una desoladora visión: cada vez más se viven situaciones ominosas y siniestras. Los asesinatos, “ajusticiamientos” y masacres, que responden a la inútil “guerra” contra el narco, han desatado el miedo de la población.  Sin embargo, así como no se deben admitir los “daños colaterales” de  ese proceso, tampoco debemos acostumbrarnos al miedo, pues deshumaniza y es peligroso.

Recientemente, el psicoanalista argentino Pacho O’Donnell exploró los distintos miedos que rondan a los seres humanos. Además de estructurar una reflexión propia desde su perspectiva psíquica, entrevistó a una serie de personalidades destacadas y con ese material hizo un libro titulado La sociedad de los miedos.  Para conocer el costo de vivir en esta sociedad de los miedos, caracterizada por la enajenación, la desconfianza en el prójimo, la violencia reactiva y el sinsentido vital,  O´Donnell abordó  11 miedos, que son: 1) miedo a ser distinto, 2) miedo a la muerte, 3) miedo a perder lo que se tiene, 4) miedo al futuro, 5) miedo a no ser amado, 6) miedo al fracaso, 7) miedo al sufrimiento, 8) miedo a la locura, 9) miedo a la inseguridad urbana, 10) miedo a la vejez, y 11) miedo a la  soledad. 

No es una casualidad que a Carlos Monsiváis lo entrevistara respecto al miedo a la inseguridad urbana, relacionado con el marcado crecimiento de la violencia delincuencial y sus consecuencias de todo tipo: psicológicas, sociales, políticas, culturales, etcétera. Con su conocida lucidez, Monsiváis inició el diálogo con O’Donnell señalando que hay otros miedos, pero ninguno tiene la misma contundencia que el miedo a la inseguridad. El DF es una ciudad de 14 millones de personas, 24 si se toma en cuenta la zona conurbada. El desempleo es un registro cotidiano que ha ido en aumento, y si bien no ligo de modo mecánico desempleo con violencia urbana, estos factores sin duda se encuentran muy relacionados. El miedo es tu guía para transitar la ciudad, es lo que te orienta.

 Para Monsiváis, el miedo hace de radar; sin el miedo, no sabrías conducirte de un modo más o menos seguro. Habla de los secuestros exprés y de los otros, de los planeados por mafias y ejecutados por los capos, expolicías y guaruras. Dice: Del miedo como sensación urbana no puedes despegarte. Con su típico sentido del humor señala: En las noches, cuando tomo un taxi lo hago con miedo. Creo que en el camino podría convertirme a cualquier religión, y cuando llego le doy las gracias al dios eventual y vuelvo a mis antiguas convicciones agnósticas. Es un miedo irracional, ya que muy difícilmente me pasará algo. Hablando del Distrito Federal, Monsiváis se lamenta: El miedo secuestró a la ciudad que conocíamos, y no lleva trazas de devolverla. Y ha creado la ciudad del televisor y el teléfono celular. Uno transita por el teléfono o por la televisión como por una gran aventura, y así pospone el miedo y restringe su andar por el mundo.

Más adelante, Monsiváis apunta: El miedo te vuelve suspicaz, y las revelaciones periodísticas consolidan esa suspicacia. ¿Cuántos de los políticos están al servicio del narcotraficante? ¿Cuántos de éstos están al servicio de los políticos?¿De qué manera las economías nacionales se sustentan parcialmente con el dinero de esa actividad ilícita? Todas esas preguntas, a las que no se les puede hallar respuesta, forman parte del clima de tu medrosidad: ¿en manos de quién estoy? Si estoy en manos de la delincuencia, entonces mi miedo no sólo tiene razón de ser, ya no es sólo una guía urbana, sino una manera de entenderme con la realidad.

Nuestro añorado escritor coincide con O’Donnell en que el origen de fondo de este miedo es la desigualdad, y en que por ello la responsabilidad también debería compartirla una sociedad que acepta una diferencia tan grande entre ricos y pobres. El miedo es un pacto territorial y psicológico de todos los días. Lo inmanejable es la desigualdad social.

Pese a lo tremendo y duro de los temas, el libro de O’Donnell es positivo, pues al poner en evidencia cuestiones de la subjetividad da oportunidad de reflexionar qué ocurre con nuestros miedos. Por ejemplo, cuando los sangrientos acontecimientos que surgen como noticia día con día sólo provocan miedo: ¿nos paralizamos o actuamos? 

 Si bien no existe una salida mágica para contener la monstruosa violencia que nos asuela, parecería que, más allá de las reacciones de protesta,  no hay proyectos colectivos que ofrezcan alternativas. No es así.  Hace mes y medio, 77 líderes de la sociedad civil y la Academia se reunieron en Cuernavaca con el objetivo de condensar una agenda en materia de seguridad pública que tuviera un enfoque de derechos humanos. De ahí salió la Propuesta ciudadana para la elaboración de una política de seguridad integral, democrática y con enfoque de derechos humanos, que en estos días se dará a conocer. Este trabajo de figuras de la sociedad civil e intelectuales confirma que una manera de enfrentar los miedos es la participación ciudadana y la búsqueda de un diálogo donde el respeto a los derechos humanos sea el punto de partida, claro y clave, desde el cual las autoridades impulsen las acciones. Sí, contra el miedo es necesaria la acción ciudadana organizada.    l

 

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