La fotografía es el arte de mirar para los otros. De percibir un gesto, el ademán de una persona, el fragor de un acontecimiento, y congelarlo para hacer de ese instante el perdurable clic de la memoria.
Cuando la faena del fotógrafo es tarea periodística, el hallazgo de esos gestos y ademanes de lo que va ocurriendo se convierte en registro cabal de la existencia pública.
El fotorreportero de hoy, los fotorreporteros de Proceso que han iluminado durante treinta años y pico la vida del semanario, permiten al lector-mirador de nuestras portadas y nuestros reportajes asumir a cabalidad, como testimonio, el dramático acontecer de este país machacado y dolorido.
Sus fotos son precisamente eso: testimonio y memoria; acusación frontal y documento gráfico para apoyar de raíz el rumbo a la esperanza.
Aquí está, en esta apretada exposición, instante por instante, una muestra de lo que es y ha sido el México de las últimas décadas.
A punta de fotos: la realidad tal cual, sin adjetivos.
Vicente Leñero
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