MÉXICO, D.F., 2 de julio (apro).- En un artículo publicado el 7 de mayo de 1984 en la revista Proceso y titulado “Albures y autoalbures: La vida es un camote, agarre su derecha (y asegúrese de su identidad nacional)”, el escritor y periodista recién fallecido, Carlos Monsiváis, dibujó con su atinada perspicacia y humor las aportaciones del famosísimo libro de Armando Jiménez, Picardía Mexicana. Este es el fragmento que se consigna ahí: “En 1958 publicó A. Jiménez Picardía Mexicana, cuyas interminables ediciones, enmarcadas por todas suerte de recomendaciones, ratificaron las ventajas de darle formas estables al dinámico ingenio popular. Al ataque, los generales japoneses Yanomi Loto Kes, Yokero Tuchiko y Yotago Tui Jitto. El propio don Alfonso Reyes apoyó el libro de Jiménez: "Todos los mexicanos hemos soñado, en cierto momento, escribir un libro como éste, y aun dimos los primeros pasos hacia esa meta...” Y, uno, en reuniones o en la calle, empezó a oír sin variaciones, los graciosísimos albures registrados en Picardía Mexicana y en Nueva Picardía Mexicana. Muy eficaces todavía, pero los mismos. La sospecha se infiltró: ¿habrá terminado ya la creatividad de un repertorio verbal del Alma Azteca? No es lo mismo la papaya tapatía, que tía, tápate la papaya. Muy posiblemente --no en balde el prestigio de la tradición en sociedades que le rinden el tributo de su veneración alternada-- el trabajo del arquitecto Jiménez fue tan minucioso que incluyó las combinaciones albureras más perfectas. Repetirlas fue un homenaje cultural y elaborar nuevas una audacia. ¿Para qué esforzarse si lo recién acuñado ya no cabría en ninguno de los nichos del museo de Jiménez? No lo toques ya más, es el albur. Fue tal el éxito de Picardía Mexicana que los albures no consignados allí corrieron el riesgo de parecer meras vulgaridades y la memoria fiel hizo ya institucionalmente las voces del ingenio popular. Fue tan mujeriego el Duque de Veraguas que a los treinta y cinco años ya no PARAGUAS. ¿Y si el albur es un mausoleo de la cultura oral que al delatarlo Picardía Mexicana, pasó de creación lingüística a repostería idiomática?
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