Libros: Asedios a los centenarios

MÉXICO, D.F., 4 de agosto (apro).- Entre las versiones sobre la historia de México que se difunden con motivo de los festejos del bicentenario de la Independencia y centenario de la Revolución, levanta un gran interés el libro Asedios a los centenarios (1910 y 1921), coordinado por Virginia Guedea y escrito por distintos investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Y es que no se trata de compilar las hazañas que a lo largo de más de cien años hicieron los caudillos o próceres de la historia nacional ni del rescate de determinados personajes políticos, el volumen de 406 páginas trata más bien de la historia intelectual de México.

Así lo indica Guedea en las páginas de presentación del libro, resultado de un proyecto colectivo de investigación que llevó por título 1810-2010: La configuración intelectual del México moderno y contemporáneo, inscrito al Programa de Investigación y Formación Sociedad y Cultura, creado en marzo de 2005 por el entonces rector Juan Ramón de la Fuente.

De acuerdo con la coordinadora, sus objetivos son: “Contribuir al estudio de las varias y complejas maneras en que a lo largo de los últimos dos siglos se ha ido construyendo y recreando la cultura mexicana y la identidad nacional”, e investigar desde distintas disciplinas los procesos “que han influido en la configuración intelectual del México independiente”.

Coeditado por el Fondo de Cultura Económica y la UNAM, el libro aborda también cómo se festejaron dos fechas emblemáticas en los albores del siglo XX: El centenario de la Independencia, con la opulencia, despliegue y proyección política internacional de Porfirio Díaz, en 1810, y el centenario de la Consumación de la Independencia, en el gobierno de Álvaro Obregón, que ante la falta de recursos echó mano del nacionalismo.

El texto reúne cinco ensayos presentados por Guedea en las páginas iniciales.

“La historia en los centenarios de la Independencia: 1910 y 1921”, escrito por Virginia Guedea, investigadora del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la UNAM, en el que habla de las celebraciones para las dos fiestas realizadas en la capital del país, y cómo se recuperó la historia desde la época prehispánica hasta la Reforma con una visión integral, ello con el propósito de legitimar a Díaz como el “estadio más elevado de su historia”.

Culmina con el análisis de la misma recuperación histórica, pero en 1921, con Obregón, cuando se retoma la Revolución como uno de los “grandes hitos de la vida del país”.

En el segundo ensayo, “Las artes plásticas en las conmemoraciones de los centenarios de la Independencia, 1910, 1921”, la socióloga Alicia Azuela de la Cueva, investigadora del IIH, desarrolla el tema del importante papel que tuvieron las artes plásticas en el primer caso, aunque indica que también se dio relevancia a la inauguración de edificios públicos, entre ellos –desde luego– la Columna de la Independencia y el Hemiciclo a Benito Juárez.

 Las fiestas de 1921 fueron organizadas “con premura y parquedad por la situación del país” y Obregón también “buscó fortalecer su liderazgo político”, al ordenar que los festejos tuvieran “un carácter netamente popular y un espíritu de mexicanismo”. Logró para ello las alianzas con el Ateneo de la Juventud y se realizaron diversas exposiciones que Azuela consigna.

“La Universidad Nacional de México en tiempos del Centenario” es el tercer capítulo, escrito por la historiadora María de Lourdes Alvarado, investigadora del Centro de Estudios sobre la Universidad, donde aborda las actividades educativas y culturales del programa del centenario de la Independencia, y el destacado programa de la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas Artes.

En septiembre de 1910 se creó la Universidad Nacional, aunque aclara que fue un proyecto “lentamente madurado” por Justo Sierra y no resultado de “la coyuntura política”. Es también una historia sobre la UNAM que está cumpliendo su propio centenario.

El cuarto ensayo se titula “La reconceptualización de la libertad. Críticas al positivismo en las postrimerías del Porfiriato”. Su autor es Guillermo Hurtado, director del Instituto de Investigaciones Filosóficas, y justamente está dedicado al campo de la filosofía: analiza las críticas al positivismo, así como las ideas de sus principales exponentes, y pone en tela de juicio el término “positivismo mexicano”.

Aborda, asimismo, las diferencias de ideas entre José Vasconcelos y Gabino Barreda, y el nacimiento del Ateneo de la Juventud.

Finalmente, el capítulo “Letrados centenarios: 1910, 1921”, del exdirector del Instituto de Investigaciones Filológicas, Fernando Curiel, aborda el uso discursivo que tanto Díaz como Obregón hicieron del pasado y del papel del futuro. Se refriere a “una política de la memoria” y da cuenta del “fuerte componente cultural” del programa general conmemorativo organizado por Díaz y de su “vigoroso programa editorial.

La literatura es también su materia de análisis. Describe que para 1921 había ya elementos consolidados “de una revolución en el terreno educativo, encarnada en Vasconcelos”. Y termina con una reflexión sobre la celebración del 2010 que, según él, “en muchos órdenes –no sólo en el de la memoración nacional de bicentenarios y centenarios–, ya da mala espina, ya da de qué hablar…”

 

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