Fons y “El atentado” a don Porfirio

La intentona de asesinar a Porfirio Díaz en 1897 durante el desfile militar por la Independencia de México, da tema a la reciente película El atentado, de Jorge Fons, quien vuelve a la pantalla tras 15 años de ausencia. El director cataloga el hecho como “un grito desesperado ante la mala situación social de la nación”. Los paralelismos de la manu militari del porfiriato con la guerra antinarco declarada por el presidente Calderón son obvios en la cinta, aunque a decir del cineasta de Rojo amanecer y Los albañiles el gobierno del panista resulta, en comparación, “un menor gobierno”.

MÉXICO, D.F., 26 de agosto (Proceso).- Arnulfo Arroyo, un joven pasante de leyes, intenta asesinar el 16 de septiembre de 1897 al dictador Porfirio Díaz, quien llevaba 23 años instalado en la silla presidencial, en pleno desfile conmemorativo de la lucha independentista de México.

Dicho atentado quedó en mera agresión y el dictador salvó el pellejo para gobernar hasta 1910. Finalmente murió en su exilio parisino en 1915. Su agresor, ahogado de borracho, fue linchado horas después de su fallido intento (Proceso 1728).

Arroyo es interpretado en El atentado, la nueva película del prestigiado cineasta Jorge Fons, por José María Yazpik.

Este proyecto cinematográfico de estreno el 27 de agosto, escrito por Fernando León, Vicente Leñero y el propio Fons, ha adaptado la novela histórica El expediente del atentado, de Álvaro Uribe, formando parte de las cintas del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución Mexicana.

Uribe halló la anécdota en los diarios editados por el novelista de Santa, Federico Gamboa (1864-1939), secretario de Relaciones Exteriores 1908-1910 y al frente del Comité Organizador de los festejos del Centenario de la Independencia 1910.

El notable militar oaxaqueño Díaz contaba en 1987 con 57 años de edad y basaba su largo mandato en la teoría positivista francesa del “orden, paz y progreso”; no obstante, las injusticias de aquella “paz sepulcral” se multiplicaron con matanzas a indígenas mayas y yaquis, existiendo una profunda desigualdad social y creciente repudio a su gobierno.

Fons lamenta que “nuestro país está muy enfermo ahora”, cabizbajo:

“Hay una juventud demasiado desesperanzada, se quedan muchos jóvenes sin una preparación avanzada, sin educación superior, hay demasiada gente sin escuela, sin oportunidades. ¿Qué será de esos muchachos?

“Creo que nuestros males, incluso nuestra violencia, tienen solución; pero no es llenando las calles de policías o el Ejército, sino realizando una efervescente campaña de trabajo y educación para todos. Es demasiado fácil decirlo y muy difícil efectuarlo, pero entonces no ingresa una persona a la política si no lo realiza, quien se mete a eso de verdad es para entrarle al toro por los grandes proyectos, en la educación y el empleo.

“Lo que verdaderamente puede dar alivio es la educación y el trabajo, y puede dar salida no sólo para el presente, sino para el futuro del país.”

 

Lágrimas y risas de Díaz

 

El novelista Álvaro Uribe platica a este semanario que el México de hoy día vive una situación similar a la expuesta por su libro y el largometraje:

“No escribí la novela ni Fons rodó la película para moralizar ni para denunciar; son sólo propuestas, una literaria y la otra fílmica. El tema resulta de una muy triste y muy lamentable actualidad. Tanto en la novela como en la cinta vemos un gobierno que no sabe responder a la realidad social más que con mano dura.

“Hay jueces que en vez de actuar de acuerdo con la ley, lo hacen de acuerdo con el propio gobierno y el Ejecutivo; vemos a periodistas que en vez de perseguir la noticia con objetividad, la tergiversan o la ocultan según sus propios intereses políticos; se ven policías que en lugar de cumplir la ley, la rompen para quedar bien con los de arriba, en fin, que todo suena muy parecido a ahora… El Ejército estaba más coludido con el poder político porque Díaz era militar.”

Fons reunió a varios actores en El atentado, además de Yazpik, a Irene Azuela, Julio Bracho, Arturo Beristáin, José María de Tavira, Daniel Giménez Cacho, Dolores Heredia y María Rojo, entre otros. El cineasta ofrece un ejemplo de cómo su filme retrata a los intelectuales y periodistas:

“Daniel Giménez Cacho hace el papel de un hombre que cuida su presente para vivir bien, tener un buen nombre en las letras y vender libros. Digamos que es el intelectual conforme.”

Por su parte, a la joven actriz Irene Azuela no le sorprende que un director como Jorge Fons haya contado una historia de tal calibre:

“A pesar de que es un director que siempre ha tenido como un discurso muy fuerte, con la cinta este discurso está; pero no va por encima de la historia o del guión. Al mismo tiempo, ves cuál es la percepción del director de lo que estaba pasando hace 100 años, y es inevitable hacer comparaciones y ver las similitudes con el de hoy. Los extremos sociales son clarísimos y las verdades las conocemos a medias.”

Uribe manifiesta su alegría de que Fons, después de 15 años de no rodar un largometraje (tras filmar las exitosas cintas Los albañiles, Rojo amanecer y El callejón de los milagros), lo haga nuevamente con su novela, logrando “un hito por la manera de realizar cintas de época”. A su vez, el cineasta de El atentado refiere:

“La novela me entusiasmó, al grado de que dije: ‘¡Vamos a filmar la película! Me gustó tanto que no percibí que todas sus virtudes son literarias de una manera tal que se dificulta demasiado trasladarla a un guión, y allí es donde sufrimos mucho Leñero, León y yo. De repente desperté y dije: ‘¿Y eso cómo se hace para el cine?’. Fue muy difícil. Allí está, y ahora la gente debe decir qué tal.”

–La frase de Calderón “haiga sido como haiga sido”, al explicar que ganó las elecciones, ¿la incorporó usted a propósito en su película?

–La carpa, que es rescatada en esta historia, se refiere al suceso. Este relato del atentado tuvo muchas posibilidades…

–¿Cómo que Videocine de Televisa apoya la cinta en su distribución, si se les acusa de frivolizar el Bicentenario?

–Ha habido un apoyo por parte de ellos muy profundo. Estoy muy contento…

–¿No le incomoda que a Televisa se le cuestione bastante?

–La idea sería realizar más proyectos de los buenos, pero estos proyectos también aspiran a ser populares y de gran público.

“Uno esperaría que realmente convocaran a las grandes audiencias. Son poquísimas películas mexicanas que convocan a la gran audiencia, porque hay pocas salas para el cine mexicano.”

–Pero, a usted, ¿le incomoda la intervención de Televisa en la película?

–No. Que saliera en Canal 2 a nivel nacional sábado y domingo, sería bueno. Me interesa que la vean todos los mexicanos, aunque sea gratis. Bueno, la producción (Alebrije) me dirá que se debe pagar el boleto en taquilla para que se recupere la inversión, y es cierto, pero uno crea las películas para que las vean todos los demás.

También son productores el Instituto Mexicano de Cinematografía, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, los Estudios Churubusco, el Gobierno del Distrito Federal a través de la Comisión del Bicentenario (Bi100), el gobierno del estado de Zacatecas, la Lotería Nacional, Santander a través de Eficine, Cinépolis y el Grupo Cuervo.

 

Megacidio fracasado

 

Fons niega que el Díaz de su filme equivaldría a la figura del presidente Felipe Calderón, aunque destile cierta analogía con don Porfirio:

“Hay una especie de singularidades, quizá se buscan obligadamente o accidentalmente. El atentado de Arroyo es un elemento muy primario de la sintomatología de la decadencia de Díaz, quien en 1897 todavía se encuentra con mucha fuerza y poder. Aún imponía el orden de manera férrea, con mano muy dura.

“Si eligiéramos el comparativo ahora, en estos momentos hay un menor gobierno.”

–Arroyo no es sólo el espejo del pueblo, ¿puede ser también Andrés Manuel López Obrador, claro, sin la parte del alcoholismo?

–No. Ahora los gritos desesperados son más organizados, multivarios, que se desplazan por doquier en diferentes sectores: la clase obrera, el campesinado, los indígenas, a quienes no les han dado solución, en fin. El desempleo pulula, tenemos récord de baja y mala educación respecto de otros países latinoamericanos.

“Realmente es un mosaico muy extenso de problemas y brotes de descontento causados por lo mismo.”

–El atentado muestra a un Porfirio Díaz duro…

–En el fondo lo trato bien, porque le meto humor para agradar al personaje. Además, está basado en relatos históricos. Por ejemplo, se dice que le gustaba escupir.

“Eso su esposa Carmen nunca se lo pudo pulir. Díaz lloraba, una vez lloró en el Congreso, y que le gustaba hacer chistes, chascarrillos y reírse de la gente. También le gustaba contar cuentos. No se le ve con desprecio, al contrario.”

–Pero, ¿por qué opta por ponerle humor al personaje?

–Don Porfirio parece que impresionaba a chicos y a grandes, tanto del pueblo como de la burguesía, la aristocracia, porque vivía en posición de firmes. Las costumbres militares las llevó a su vida de 24 horas. No había quién le ganara en gallardía. Había que retratarlo así, porque al fin y al cabo es representativo de un momento, y por otro lado le sale la crueldad, como cuando dice: “Con esos indios lo único que me interesa es que me los pongan en orden”.

Imaginar a don Porfirio hace un siglo, da pie a Fons para definirlo:

“Es muy valioso como figura militar. Como presidente mete al orden al país y acaba de consagrar al país como nación, porque en el XIX todavía no acabábamos de consolidarnos como una nación, apenas había pasado el sufrimiento terrible de Benito Juárez, y no hacía mucho tiempo que Antonio López de Santa Anna andaba en todas las jugadas. Díaz consolida y establece el progreso en el país, pero… se desgasta y le empieza a faltar aire, oxígeno y libertad. Empieza a engrietar las relaciones sociales.”

–La parte militar juega un papel importante en El atentado. ¿Cuál es su pensamiento del papel del Ejército Mexicano en la guerra de Calderón?

–Es utilizado para un papel que no le corresponde, enviarlo a las calles a meter orden. Un ejército está inspirado para defender a la patria, a una nación en contra de una invasión extranjera; ni siquiera debe concebirse para ir a agredir a otros lados, simplemente es para defensa y la soberanía de una nación. Para lo demás están los policías.

“Encontramos demasiadas contradicciones, demasiados aprietos en los que está metido el Ejército en este momento, porque enfrenta una pelea que no le corresponde.”

–Ante todo lo que padece México, ¿qué ofrece el largometraje?

–Nada.

–¿Entonces? Su aspiración personal con la cinta…

–Bueno, conmemora un hecho que es el de ese pequeño síntoma que se expresa con el absurdo acto de Arroyo, pero que cobra sentido con su sacrificio, con su muerte; pero al fin y al cabo es un acto tonto, desesperado, irreflexivo, y acaba siendo ridículo.

Jorge Fons sugiere, sin embargo, una doble conclusión:

“Se ve como síntoma de lo que sería un pequeño amanecer que culminaría con el estallido de la Revolución. Eso es todo, porque no puede celebrarse si sólo es la narración de un acto torpe. Torpe y doloroso.” l

 

 

Comentarios