“El gallito inglés” que derribó tabúes en México

MÉXICO, D.F., 2 de julio (apro).- El autor Armando Jiménez Farías, quien hoy falleció en Tuxtla Gutiérrez, a los 92 años de edad, escribió 17 libros, de los cuales, el que lo hizo famoso fue Picardía Mexicana, antología de refranes, albures, chistes y dichos nacionales publicada en 1950, de la que hasta el momento se han realizado 130 ediciones, con casi 4 millones de ejemplares vendidos.
Según la periodista Aurelia Fierros, oriunda de Hermosillo, Sonora, con la aparición de la obra magna de Jiménez “se derribaron tabúes y prohibiciones de la primera mitad del siglo XX, desapareció la Liga Mexicana de la Decencia y creció el respeto a los modos de expresión de la clase trabajadora y la barriada”.
Radicada desde el año 2000 en Los Ángeles, California, Fierros dedicó tres artículos a Picardía Mexicana en Hispanic LA (ver sitio internet https:// www.hispanicla.com./picardia-mexicana-1578), donde asienta:
“La prolífica obra de Jiménez ayuda a definir la psicología, la lingüística y la sociología del mexicano. Sus libros fueron prologados por cinco Premios Nobel de Literatura iberoamericanos: Miguel Ángel Asturias (Guatemala), Camilo José Cela (España), Octavio Paz (México), Gabriel García Márquez (Colombia) y Pablo Neruda (Chile).”
Surgida de la esencia del vivir nocturno de salones de baile, cabarets, cantinas, pulquerías, prostíbulos, hoteles de paso y hasta mingitorios de estaciones de trenes y autobuses del México de mediados del siglo XX, “la picardía mexicana es una tradición viva que se ha perpetuado en el gusto de millones, dentro y fuera de las fronteras de ese país”, apuntó Fierros.
“Gran parte de la picardía mexicana fue recopilada por el maestro Armando Jiménez en sus recorridos por esos lugares, en una misión cultural que comenzó cuando apenas tenía 18 años. Armado con una cámara, una libreta de apuntes y lápices, Jiménez comenzó su obra tomando fotografías del exterior e interior de cuanto establecimiento podía.
“Conversaba con los dueños, los encargados, consumidores, parroquianos y vecinos, reuniendo innumerables expedientes que han quedado plasmados en sus múltiples ediciones de Picardía Mexicana hoy son parte muy importante de la literatura popular nacional.
“Jiménez ha dado testimonio que fue en la década del 60 cuando apareció por primera vez la representación gráfica de un pene, de autor anónimo, en un baño de cantina en la colonia Tacubaya en la Ciudad de México; emblema al que célebremente se conoce como el gallito inglés, y que él adoptó como rúbrica:
“Este es el gallito inglés, míralo con disimulo, quítale el pico y los píes y métetelo en el c…
“La picardía mexicana, contribución y propiedad del pueblo como manifestación de su vitalidad colectiva, además de su referencia humorística-sexual sirve para observar fenómenos económicos y sociales, utilizando alegorías que van de la parodia a la sátira y del elogio al juicio, recurriendo a la jerga vulgar, incluyendo el albur.”
En 2003, Jiménez declaró:
“El albur es una manifestación mexicana que en la globalización nos distingue del mundo, no es un duelo verbal; es un juego donde el perdedor queda agradecido y con ganas de salir a la calle para aplicar este nuevo conocimiento en la primera persona que se encuentre.”
También sobre el albur mexicano, el cantautor urbano Chava Flores definiría al periodista deportivo Francisco Ponce, en el semanario Proceso (número 329):
“El albur es absolutamente mexicano: es la forma más ingeniosa de destrozar la lengua de Cervantes. Sirve para divertir, para sacar la opresión… Tantos siglos de apretujado; el mexicano de siempre, pobre, rotito, jodido… y toda esa opresión tiene que salir por alguna parte, porque si no, estaríamos llenos de gente loca. En el fondo, el mexicano se burla de sí mismo y de todos”.
Resaltó Fierros en su estudio:
“Sin duda, el más acérrimo promotor de este carnaval de epítetos y florido vocabulario ascendido a fenómeno social y llamado picardía mexicana, ha sido el maestro Armando Ramírez, quien a través de su obra literaria ha asentado que la popularidad de la picardía radica precisamente en su osadía, su atrevimiento, su índole desafiante hacia un México tradicionalmente autoritario.
“Y si hacemos un recuento minucioso, encontraremos que tanto en el México de hace 100 años como en el México de hoy, esta picardía ha servido como un instrumento de ‘catarsis social’, difícilmente reemplazable en tal sentido.”

ap/jpa

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