Chile: Populismo al estilo Piñera

VALPARAÍSO, 28 de mayo (apro).- El presidente Sebastián Piñera promueve cambios que la hoy opositora Concertación de Partidos por la Democracia nunca pudo o quiso hacer durante sus 20 años de gobierno (1990-2010).

El tradicional acto del “21 de mayo”, ante el pleno del Congreso Nacional, en que los presidentes de Chile rinden cuenta pública a la nación y presentan sus planes de gobierno, fue el momento escogido por Piñera para hacer importantes anuncios.

Mientras en el salón de honor del Congreso Nacional, ubicado en tradicional avenida Pedro Montt de Valparaíso, 970 invitados escuchaban el discurso de Piñera, en las inmediaciones varios miles de manifestantes, entre estudiantes, trabajadores de la salud y la educación, además de pobladores, protestaban contra el gobierno.

Para contrarrestar estas acciones, el Ministerio del Interior dispuso un enorme despliegue de Fuerzas Especiales de Carabineros (policía militarizada), que incluyó el uso de bombas lacrimógenas, carros lanza-agua, vehículos blindados y helicópteros.

Piñera subrayó en su alocución los “importantes avances” que, según él, tuvo el país durante los 20 años que gobernó la Concertación. No obstante, el gobernante afirmó que faltaron iniciativas para lograr el desarrollo y erradicar la pobreza. “Estamos recién a mitad de camino en nuestra marcha al desarrollo. Necesitamos apurar el tranco, porque aún nos falta un largo trecho para llegar a la cima”, expresó.

Destacó, entre sus promesas, el anuncio que pondrá fin al impuesto de 7% que el Estado cobra a los jubilados por sus gastos de salud. Esta medida, que era un anhelo muy sentido a nivel social, fue un compromiso no cumplido por los gobiernos de la Concertación. Marcando la diferencia, el nuevo presidente, de derecha, anuncia esta medida a 71 días de haber asumido y a menos de tres meses que un ‘terremaremoto’ cambiara completamente las urgencias del país.

Más aún, en una muestra clara de su intento por abordar temas que han sido y son emblemáticos para la sociedad chilena, Piñera anunció la creación del Ingreso Ético Familiar, por el cual el mínimo dinero que recibirá cada familia –a través de salarios o subsidios– alcanza los 250 mil pesos mensuales (equivalente a 450 dólares).

Sobre este punto es pertinente recordar que el presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Alejandro Goic, provocó revuelo cuando, el 2 de agosto de 2007, declaró en una entrevista concedida a Canal 13, en la que propuso que el ingreso mínimo por trabajador (144 mil pesos, en aquel entonces) debía ser reemplazado por un “sueldo ético”. Este, según la Iglesia católica, debía ser de al menos de 250 mil pesos, igual cifra a la planteada ahora por Piñera.

Así mismo, el mandatario informó que su gobierno impulsará la extensión del post-natal, a seis meses, beneficio que obliga al Estado a hacerse cargo del sueldo de las mujeres en este periodo. Hasta ahora el post-natal es de tres meses. El Colegio de Matronas de Chile saludó esta iniciativa que era largamente esperada por amplios grupos sociales.

El senador Guido Girardi, uno de los líderes del Partido por la Democracia (PPD) y de la actualmente opositora Concertación por la Democracia, sostuvo que esta es una de las medidas “más importantes” anticipadas por Piñera.

Girardi, que es médico, aseveró que esta determinación “debió anunciarse antes”. Esto era una velada crítica a los presidentes de Chile que representaban a su coalición política: Patricio Aylwin (1990-1994), Eduardo Frei Ruiz Tagle (1994-2000), Ricardo Lagos (2000-2006) y Michelle Bachelet, que nunca se atrevieron a implementar esta política.

Pocos días antes, el 14 de mayo, el presidente Piñera había despachado al Congreso dos proyectos de ley “para el fortalecimiento de la democracia”.

Estos apuntan a permitir el voto de los chilenos en el extranjero, y a incentivar la participación de los jóvenes en las elecciones mediante la implementación de la inscripción automática en los registros electorales y el sistema de voto voluntario.

Aunque entre las reformas anunciadas no estuvo la demanda de democratización más sentida en Chile que tiene que ver con la eliminación del sistema electoral binominal –que excluye a las minorías del Parlamento–, el sólo hecho de impulsar estas leyes le está dando un cierto aire democratizador a su gobierno.

No obstante, la derechista Coalición por el Cambio, alianza que llevó al poder al actual mandatario, fue el principal obstáculo para que estas medidas no se convirtieran en ley en los años anteriores.

En este sentido, la democracia chilena es cada vez menos apreciada por la ciudadanía. Muestra de ello es que, según cifras del Servicio Electoral, sólo 6% de los jóvenes de entre 18 y 24 años se han inscrito para votar.

Al momento de estampar su firma al proyecto de reformas políticas antes señalado –en medio de una ceremonia realizada en el Palacio de la Moneda–, Piñera manifestó: “Estas enmiendas son necesarias porque las democracias son como las personas: hay que cuidarlas, quererlas, alimentarlas y desarrollarlas; porque de lo contrario pierden fuerza, pierden vigor y empiezan a envejecer”.

Esta propuesta dejó confundidos, casi sin saber que decir, a los presidentes de partidos de la Concertación. Consultado por la prensa, a la salida de la ceremonia mencionada, el presidente de la Democracia Cristiana, Juan Carlos Latorre, dijo: “Nos parece bastante grato el que el presidente recoja propuestas que, en su momento, ha hecho la Concertación”.

Ya se está haciendo normal que los líderes de la Concertación señalen que el nuevo gobierno está tomando ideas que les pertenecen.

Reimpulso neoliberal

A pesar de las apariencias, las propuestas de Piñera son progresistas sólo en la superficie. En los temas que más importan para la sociedad y la economía chilena, su apuesta tiene a favorecer a los grandes grupos económicos.

En su discurso ante el Congreso Nacional, que fue transmitido por cadena nacional de radio y televisión, el mandatario dijo que su prioridad será recuperar el crecimiento de 6% que tuvo Chile en la década de los noventa. Afirmó que en los próximos ocho años el ingreso per cápita de Chile pasará de los 14 mil dólares actuales a los 22 mil. También se comprometió –tal como hizo en su campaña– a generar un millón de puestos de trabajos durante su mandato.

Fue más allá: sostuvo que “antes del 2020, Chile será un país desarrollado y superará la pobreza”.

Esta promesa resulta difícil de creer cuando, según un estudio realizado por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano y que se basa en cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadísticas –dado a conocer el 16 de mayo pasado por el Diario Uno–, la cesantía real en Chile es de 18%.

Además, el terremoto y posterior maremoto del 27 de febrero pasado mostraron al país y al mundo lo lejos que está Chile de ser un país desarrollado.

En materia de salud, Piñera anunció que ante las graves carencias que evidencia el sistema público de salud, donde hay casi 700 mil personas que están en listas de espera para recibir atención, su gobierno comprará estos servicios a clínicas privadas. Descartaba con esto invertir en el sistema público.

En los días previos, el ministro de Salud, Jaime Mañalich, había anunciado que 25 hospitales que fueron dañados por el terremoto serán reconstruidos bajo el sistema de concesiones a privados.

Estas políticas están provocando el rechazo de los gremios de la salud pública que preparan jornadas de difusión y movilización para enfrentar lo que ellos denuncian es “la privatización de la salud”.

En materia de educación, Piñera prometió una “revolución” (palabra de sello izquierdista que mencionó en dos oportunidades en su discurso). Anunció que doblará el aporte que el Estado realiza por cada niño que asiste a la escuela. Y anunció que impulsará el ingreso de corporaciones privadas a la gestión de escuelas públicas.

En los días previos, el ministro de Energía, Claudio Rainieri, anunció la privatización parcial de la principal industria energética estatal: la Empresa Nacional del Petróleo.

El gobierno también intentará privatizar las tres principales empresas sanitarias en las que aún cuenta con una importante participación en su propiedad: Essbio (Concepción), Aguas Andinas (Santiago) y Esval (Valparaíso).

Al hacer un análisis general del discurso presidencial, el senador y expresidente del Partido Socialista, Camilo Escalona, expresó que este fue “un discurso populista, en el que el nuevo jefe de Estado se elogia de una manera que nunca había visto”.

El término populista ha sido utilizado tradicionalmente en Chile por la derecha con el fin de denostar las políticas de distribución de la riqueza impulsadas por la izquierda.

Escalona, a pesar de su militancia de izquierda, es uno de los políticos preferidos por los hombres de negocios. Ha sido impulsor de medidas marcadamente pro-empresariales como el proyecto de ley que modificó la Ley de Pesca y Acuicultura, con el fin de entregar en propiedad gran parte del borde costero de las regiones más australes de Chile a las empresas salmoneras y la banca. Dicha normativa fue aprobada en el último día de gobierno de la presidenta socialista Michelle Bachelet, el 10 de marzo pasado.

El senador Alejandro Navarro, del Movimiento Amplio Social, quien hace un año provocó un cisma en la Concertación al marginarse de ésta y del Partido Socialista, expresó –a través de su cuenta en Twitter– que el discurso de Piñera fue “el mejor discurso de la Concertación”.

Navarro, quien vio el mensaje presidencial junto a pobladores que perdieron sus hogares en el campamento El Morro de Talcahuano –650 kilómetros al suroeste de Santiago–, señaló también que, “luego de este mensaje, reafirmé mi convicción de que el responsable de la derrota de la Concertación fue el exministro de Hacienda, Andrés Velasco (en la administración Bachelet), quien no permitió abrir la billetera para hacer los anuncios que la gente esperaba, y eso que tuvo cuatro años sin terremoto ni maremoto”.

Según el exsenador del Partido Radical (Concertación) y agudo analista de la política chilena, Nelson Ávila, “el rito democrático del 21 de mayo siempre trae un sinnúmero de cañonazos retóricos que suelen disiparse como el humo de la pólvora”.

En opinión del secretario de la Confederación Nacional de Pescadores Artesanales de Chile, Cosme Caracciolo, el discurso de Piñera “fue más de lo mismo”.

Fundamentó: “El presidente no dijo nada acerca de la delicada situación que afecta al medio ambiente, fruto de la aplicación de un modelo que privilegia la explotación de los recursos naturales por sobre la protección de las comunidades y el medio ambiente. No hizo mención tampoco a la situación delicada de represión y pobreza que afecta a los pueblos originarios. Ni tampoco a qué hará para recuperar, al menos en parte, de los casi 20 mil millones de dólares que las transnacionales mineras se llevan cada año de Chile casi sin pagar rentas ni impuestos”, según sostuvo en entrevista con Apro.

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