El plan del Zapote: rescate de una historia regional

MÉXICO, DF, 17 de enero (apro).- La historiografía de la Revolución Mexicana, a decir del historiador Pablo Serrano Álvarez, se transformó en la década de los setenta del siglo pasado, cuando comenzaron a integrarse a la historia “nacional” las aportaciones de las historias regionales.
    El exdirector del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), explica en el texto “Historiografía local y regional sobre la Revolución Mexicana. Estado actual y perspectivas”, incluido en el libro El siglo de la Revolución Mexicana (Tomo II), editado por dicha institución:
    “La década de los ochenta y el primer lustro de los noventa fueron extremadamente productivos en la historiografía de tema revolucionario, concretamente en torno a las localidades y regiones prácticamente en todos los estados del país. Las líneas de producción historiográfica se centraron en la historia social, la historia económica, la historia política y la historia cultural, como ramas del saber histórico que permitieron el conocimiento de un gran mosaico de temas, objetos de estudio, periodos, fenómenos  y procesos relativos a la Revolución Mexicana. Las localidades y regiones resurgieron como espacios predominantes de la gran riqueza histórica de la Revolución.”
    Coincide en ello el historiador Carlos Martínez Assad al señalar en el mismo volumen que “si en la cercanía del movimiento que cambió la faz social y política del país lo que abundó fueron visiones generales –algunas en un afán ideológico de justificación del Estado posrevolucionario–, muchas con un sentido crítico y aun de denuncia –a medida que nos alejábamos históricamente del proceso de la Revolución– fueron regionalizándose.
    Es en esa corriente en la cual podría inscribirse la obra del escritor guerrerense Mauricio Leyva Castrejón, quien en su novela El Plan del Zapote. La primera rebelión del siglo XX, recupera el levantamiento que se desarrolló en Mochitlán, Guerrero, luego que el 21 de abril de 1901, a instancias de Anselmo Bello, se proclama del Plan del Zapote.
    El escritor, autor también de los poemarios Hojas secas y A tabaco y café y de la obra para teatro Sentimientos de la Nación, explica en información del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (coeditor con el gobierno de Guerrero del libro) que el levantamiento de 1901 en Guerrero es un antecedente importante del movimiento armado de 1910 y el primero en desconocer al gobierno de Porfirio Díaz.
    Y destaca el hecho de que quien proclamó el manifiesto, Anselmo Bello, no fue una víctima de las desigualdades, sino un acaudalado que tomó conciencia de la situación de inequidad que vivían los mexicanos.
Reunió entonces a la sombra de un árbol de zapote a los trabajadores de su propio territorio, de más de 400 hectáreas, aparte de un grupo de jóvenes abogados y escritores que disentían con el gobierno dictatorial de Díaz.
    El movimiento fue denunciado por las autoridades municipales y Díaz envío al entonces teniente coronel Victoriano Huera a reprimirlo. A manera de escarmiento fusila a más de 50 inocentes.
En el plan participó también Eusebio Santamaría Almonte, bisnieto de José María Morelos y Pavón, quien a diferencia de los otros dirigentes decidió no huir, y fue aprehendido y fusilado. Luego de los hechos, Huerta alcanzó el grado de general.
    Añade el autor que el Plan fue apoyado desde el centro del país por los hermanos Flores Magón, así como por el periódico El Hijo del Ahuizote, de Daniel Cabrera. El plan demandaba el reparto agrario y la no reelección.
    Leyva Castrejón dijo también que aunque decidió utilizar la novela como forma de narración, los hechos que se cuentan están apegados a la realidad.
    El investigador de la Universidad Autónoma de Guerrero, Arturo Miranda Ramírez, consignó –en abril de 2007 en La Jornada Guerrero– que los guerrerenses fueron los primeros en desconocer al gobierno de Díaz con el Plan del Zapote, pero él lo atribuye a Rafael Castillo Calderón.
Refiere también que los hermanos Francisco y Rómulo Figueroa fueron los primeros en adherirse al Plan de San Luis, convocado por Francisco I. Madero, dos hechos de la participación de Guerrero en la Revolución Mexicana que tuvieron su continuo tanto en la historia nacional como en la regional.
    El libro de Leyva Castrejón, presentado en octubre del año pasado en la Ciudad de México, ha agotado ya su primera edición y se está a la espera de una reedición.

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