Análisis al Programa Nacional de Cultura 2007-2012

MÉXICO, D F, 12 de agosto (apro)- Coordinado por Leticia Leal, Raúl Padilla y Mara, acaba de aparecer el libro Análisis del Programa Nacional de Cultura 2007-2012, en el cual un grupo de estudiosos ofrecen su visión y propuestas para tratar de establecer un debate que permita la construcción de un proyecto de nación a futuro, basado en la cultura
         Los planteamientos parten del análisis del Plan Nacional de Desarrollo y del Programa Nacional de Cultura, presentado tardíamente en diciembre de 2007 por el Ejecutivo y el entonces titular del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), Sergio Vela, aunque se refieren también a las acciones en materia cultural de otros sectores, particularmente el Legislativo
         El pequeño (por su formato) volumen de 122 páginas intenta dar respuesta a varias interrogantes que se han venido exponiendo de tiempo atrás, incluso antes de la elaboración de los planes arriba mencionados que de cualquier modo no dan respuesta a ellas:
         "¿Cuánto vale la cultura? ¿Por qué es poco prioritario para el gobierno dar atención a la cultura? ¿Por qué es tan magro el presupuesto del sector de cultura? ¿Cuáles son los alcances de las políticas culturales actuales? ¿Cómo se relacionan las políticas culturales con la economía, la migración, la justicia y el desarrollo social? ¿Cómo entiende la política a las industrias culturales? ¿Cómo enfrentar las amenazas de monopolización en la cultura?"
         En la introducción, se esboza el contenido de los distintos ensayos escritos por los investigadores Néstor García Canclini y Eduardo Nivón Bolán, el economista Ernesto Piedras Feria, Ricardo Bautista García, asesor de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados en pasadas legislaturas, la antropóloga Lourdes Arizpe y el historiador Enrique Florescano Así mismo, se van deslindando ciertos conceptos: Si bien se reconoce a México como un país con un gran bagaje cultural, con muchas actividades y patrimonios culturales, no se reitera el discurso que simplemente se enorgullece de ello pero no va más allá con propuestas Aquí se puede vislumbrar que hay una diferencia conceptual entre tener muchas actividades culturales y planificar acciones en el marco de lo que sería una política cultural Y se esboza una categoría:
"Una política cultural busca preservar, conservar, crear y desarrollar la cultura a través de acciones realizadas por dependencias u organismos gubernamentales Busca que todo esto se encuentre en una Ley, en un Programa, se encuentre pues, dentro de un marco legal"
Coeditado por la Universidad de Guadalajara y la Cámara de Diputados, el libro establece también que la cultura no se circunscribe sólo al ámbito espiritual, simbólico y del desarrollo humano, y va abrevando en la relación de la cultura con la economía, la justicia, la migración, la política, el campo jurídico y el desarrollo social
Políticas subdesarrolladas
Piedras plantea, por ejemplo, le necesidad de establecer a la cultura como una prioridad nacional para lo cual se requiere reconocerla como "eje transversal del desarrollo y de las políticas sociales" Pero queda claro que no basta con un reconocimiento discursivo que adorne a funcionarios y políticos; hay que crearle los marcos legales, darle los apoyos económicos
Ya existe, dice, un reconocimiento en la ley de Pequeñas y Medias Empresas (Pymes) a las de carácter cultural, pero "aún se debe contemplar el desarrollo de un marco legal y una normatividad amplia y coherente que proteja y estimule la producción cultural" Y subraya:
"En general, la construcción de un Programa Nacional de Cultura debe apoyar sin dirigir, por medio de mecanismos de financiamiento adecuados con criterios de equidad para la creación en los diversos campos culturales"
Pero en sus páginas, su texto "Notas sobre la negociación política de la cultura en la Cámara de Diputados El caso del proceso presupuestal 2008", Bautista García da cuenta de cómo el gobierno federal no sólo no se ha preocupado por ir avanzando en el propósito de alcanzar el presupuesto al sector cultural recomendado por la UNESCO, que es del 1% del Producto Interno Bruto
En los últimos años ha planteado hasta decrementos De su propuesta de 2004, de otorgar 4 mil 757 millones de pesos, pasó a 4 mil 9 millones de pesos en 2005 Los diputados aprobaron entonces 5 mil 992 y al siguiente ejercicio el Ejecutivo propuso de otra una disminución a 5 mil 5 millones, se aprobaron 6 mil 94 millones, que intentó reducir el gobierno federal a 5 mil 266 al siguiente año Y de 7 mil 406 millones otorgados por el Congreso en 2007, la propuesta federal para el 2008 fue de 5 mil 301 que quedó en 9 mil 375 en lo aprobado por los diputados
Al vislumbrar la imposibilidad de elevar el presupuesto de golpe, concluye Bautista que hay "falta de comprensión –por parte de las autoridades federales y en general de la clase política– de la relevancia adquirida por este sector en nuestra sociedad"
Piedras es muy claro y tajante al señalar que con las actuales políticas y recursos destinados a la cultura "no se podría llegar a ningún lado" Y tras aclarar que la cultura mexicana es de primer mundo, pero sus leyes y políticas culturales de un país en desarrollo redondea:
"Es responsabilidad del Estado llevar a cabo una política cultural para crear las condiciones que propicien la más amplia participación y compromiso social, más allá de nuestra diversidad social, étnica, política, religiosa o de género, a la altura de los retos de la globalización y del intenso intercambio cultural con el mundo Un Programa Nacional de Cultura adecuado a las necesidades del sector, con metas claras y específicas, constituye el primer paso para cerrar la brecha entre la cultura nacional y las leyes y políticas existentes"
Entendiendo al Estado como un todo y no sólo como el gobierno, se puede afirmar que la parte correspondiente al sector de la sociedad está en marcha y el libro es un prueba: Hay propuestas de académicos, investigadores, creadores y ciudadanos, falta que las autoridades culturales sean receptivas a continuar el debate, a escuchar las críticas y propuestas, a ir más allá de reuniones burocráticas y emprender un verdadero diálogo con los investigadores, los creadores, los medios y los ciudadanos

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