“Recordatorio a Federico Gamboa”

MÉXICO D F, 14 de octubre (apro)- El libro Recordatorio a Federico Gamboa, editado en Tusquets,es una biografía en la que se traza un retrato del escritor de una de las obras fundamentales de la narrativa naturalista: Santa
Escrito por Álvaro Uribe, el libro forma parte de la Colección Centenarios de Tusquets y está dedicado al escritor José Emilio Pacheco, "en cuyas investigaciones acerca de Federico Gamboa se originan y sustentan las mías", se lee en la presentación del volumen
Dividido en cuatro apartados (El hijo naturalista de Porfirio, La víspera del Centenario, Las tentaciones de Federico y El fantasma de Chuimalistac), el libro de Uribe cuenta con prólogo, apéndices, epílogo y un apartado de fotos de Gamboa, así como un par de textos de uno de sus diarios de 1909
Uribe, quien también es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, fue agregado cultural en Nicaragua y consejero cultural en Francia, y es autor de varios títulos que han sido traducidos al francés, ingles y alemán, como Topos (1980), El cuento de nunca acabar (1981) y La audiencia de los pájaros (1986)
Recientemente obtuvo el primer galardón de Narrativa Antonin Artaud, en México, donado por El taller del tiempo (2003) El año pasado recibió el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska, en la Feria del Libro de la Ciudad de México
El siguiente texto forma parte de Parece que fue ayer, prólogo de Recordatorio a Federico Gamboa:
"No yo sino él mismo empieza a contar su historia en 1892 En ese año alcanza apenas sus 28 y es todavía, según los criterios de este comienzo de siglo y de milenio, demasiado joven como para dedicarse a recordar De acuerdo con los cánones de su época se interna ya sin embargo en la irreversible madurez Puede incluso señalar exactamente cuándo se acabó su juventud La fecha corresponde a cierto día de 1889 en que obtuvo el nombramiento de diplomático que lo llevó primero a Guatemala y ahora lo tiene radicado en Buenos Aires
         "Es cierto que en las embajadas, aun en el siglo XIX, la vida se vuelve cada vez más seria, más responsable, más cautelosa En dos palabras: más adulta También es cierto que el exilio, voluntario o no, fomenta el ejercicio metódico de la memoria Pero la anticipada conciencia  de la propia edad o la universal nostalgia del terruño no bastan para explicar una obra literaria Me limito por lo pronto a comprobar que fue en el extranjero donde emprendió precozmente la redacción paralela de dos escritos autobiográficos en los que es preciso apoyarse para hablar de él
         "El primero adopta el modelo establecido en Francia por los hermanos Jules y Edmond de Goncourt, y sus páginas iniciales fueron compuestas en mayo de 1892 José Emilio Pacheco observa que ningún escritor hispanoamericano hasta entonces había practicado sistemáticamente el memorialismo en tanto que  género literario autónomo y con derechos propios Sólo que el título de ese pionero Work in progress: Mi diario Mucho de mi vida y algo de los otros, advierte de entrada que el autor prescindirá en sus páginas de las infidencias y bruscas honestidades que vuelven morbosamente legibles los apuntes íntimos de los Goncourt
         "Su émulo mexicano en efecto no pretendía consignar las flaquezas del prójimo y a través de ellas las propias, según acostumbraban los moralistas desde La Bruyére, sino escribir ‘como escribían los antiguos: con el único fin de asegurar a sus pensamientos una existencia duradera’ La cita proviene de Schopenhauer, que habrá tenido a su vez en mente a Marco Aurelio La invocación de esa prosapia filosófica en el epígrafe del Diario sirve para disfrazar un propósito menos confesable y también, para beneficio de los lectores, más moderno: el de ofrecer a la curiosidad ajena una imagen cuidadosamente elaborada de la persona del narrador
         "Federico Gamboa será de ahí en adelante el protagonista central de la porción más perdurable de su obra Pero la presentación de este personaje público no se escenifica en el Diario, cuyo primer volumen esperará hasta 1908 para salir de la imprenta, sino en otro libro inaugural en la literatura mexicana Con maña que hoy pocos le reconocen, el escritor acomete ambos proyectos simultáneamente El 18 de julio de 1892, pocas semanas después de empezar su Diario, redacta a vuelapluma un prólogo, desechado más tarde, a Impresiones y recuerdos Este relato ya no es, como pretende ser el otro, una bitácora de las ideas del autor Es algo infinitamente más ambicioso para un novato que aún no tiene 30 años Es el comienzo de unas memorias que, aunque prematuras, despliegan con indudable sabiduría las magias parciales del acto narrativo por excelencia que es la evocación
         "Al final de Impresiones y recuerdos Gamboa anotó las fechas en que había iniciado y concluido la versión definitiva del libro: 29 de septiembre de 1829-17 de abril de 1893 Yo encuentro en esas cifras algo más que una constancia de la duración de su trabajo Sospecho que son un ardid literario apenas perceptible, con el que el narrador buscaba inducir en el lector la ilusión de que el volumen salía tibio aún de las manos que lo habían escrito No es imposible que haya querido sugerir que mientras él redactaba sus memorias, el pasado corría tras el presente como Aquiles en pos de la tortuga y que en un instante privilegiado, el de estampar la firma del autor al calce de la última página, habían estado a punto de alcanzarse Así interpreto en todo caso las cuatro sencillas palabras con las que arranca atavicamente su relato y que yo elegí por ello para encabezar el mío: ‘parece que fue ayer’"

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