George Steiner en The New Yorker

MÉXICO, D F, 29 de octubre (apro)- Las editoriales española Siruela y mexicana Fondo de Cultura Económica hacen conjuntamente un lanzamiento sensacional para el hablante en nuestra lengua (al mismo tiempo que la edición inglesa): una compilación de los artículos que George Steiner escribió entre 1967 y 1997 para la revista The  New Yorker, realizada por Robert Boyers en traducción de  María Cóndor
         Boyers ha agrupado los artículos en cuatro apartados: Historia y política; Escritores y escritura; Pensadores, y Estudios Biográficos El primero, por supuesto, es el artículo del cual Boyers dice que para algunos es el mejor que Steiner (1929) hizo para la revista neoyorquina: "El erudito traidor", sobre Antonhy Blunt
Boyers recoge las páginas célebres por las que desfilan Graham Greene, George Orwell, Bertolt Brecht, Thomas Bernhard, Jorge Luis Borges, Samuel Beckett, Walter Benjamin, Claude Lévy-Strauss, Bertrand Russell y Noam Chomsky, entre otros Al final, enlista todos los textos de Steiner en el semanario, y escribe la introducción, de la cual se presenta el fragmento inicial:
"Entre 1967 y 1997, George Steiner escribió para The New Yorker más de 150 artículos La mayoría de ellos era reseñas o artículos-reseñas, muchos de gran extensión para lo habitual en una revista semanal Muchas veces, durante la relación de Steiner con The New Yorker, se dijo que era el sucesor ideal de Edmund Wilson, quien, como Steiner, había estado varias décadas escribiendo sobre gran diversidad de temas y había hecho que libros nuevos y antiguos, ideas difíciles y asuntos poco familiares, resultaran cautivadores no sólo a los intelectuales literarios, sino a lo que antaño denominaba ‘el lector general’
         "En los años en que escribió con regularidad para The New Yorker, Steiner colaboró también con otras publicaciones; reunió sólo una pequeña parte de sus reseñas en volúmenes misceláneos como Lenguaje y silencio, Sobre la dificultad y Extraterritorial Notablemente, Steiner escribió también varios importantes libros académicos durante este periodo, entre ellos obras como Después de Babel y Antífona, aunque en ocasiones fue atacado por dispersarse demasiado abordando temas alejados de su propio ‘campo’ La literatura comparada, con más frecuencia en sus libros, fueron elogiados por escritores como Antonhy Burgess y John Banville, así como por destacados estudiosos de diferentes disciplinas, desde Bernadr Knox y Terrence Des Pres hasta Donald Davie, desde Stephen Greenblan hasta Edward Said y John Bayley Said lo consideraba como un guía ‘ejemplar’
–y adecuadamente apasionado– para buena parte de lo mejor que hay en las letras contemporáneas, y Susan Sontag alabó su generosidad y su disposición a provocar, incluso cuando "sabía que sería atacado" por sus opiniones
        ‘El piensa –observaba Sontag en 1980– que hay grandes obras de arte que son claramente superiores a cualquier otra cosa en sus diversas formas, que sí existe una seriedad profunda Y las obras creadas a partir de una seriedad profunda nos exigen, a su juicio, una atención y una lealtad muy superiores cualitativa y cuantitativamente a las que nos exige cualquier otra forma de arte o entretenimiento’ Aunque había quienes, especialmente en el mundo académico americano, eran muy dados a echar mano del ‘desdeñoso adjetivo ‘elitista’ para describir una actitud como ésta’, Sontag estaba más que dispuesta a asociarse al compromiso de Steiner con la ‘seriedad’, y hubo decenas de miles de lectores de The New Yorker que mostraron asimismo su gratitud por el modelo de lucidez, conocimiento e independencia de intelectuales del que Steiner era ejemplo
         "Como es bien sabido, resulta difícil hallar argumentos que convenzan de la permanente vitalidad de la crítica escrita para una revista semanal o mensual Si revisamos las recopilaciones misceláneas de artículos de Edmund Wilson, de Lionel Trilling o de Jonh Updike, durante mucho tiempo compañero de Steiner en The New Yorker, encontraremos desde luego, entre otras cosas, diversas percepciones o juicios particulares que nos pueden parecer –y a menudo lo son– efímeros ¿Acaso puede importarnos ahora que la novela G, de John Berger, pueda leerse como ‘una imaginativa glosa sobre la manera en que Kierkegaard interpretó el Don Juan de Mozart en O lo uno o lo otro‘, como recomendó Steiner en 1973? ¿Es relevante observar, como hace Trilling, que ciertos escritores –Hemingway es un excelente ejemplo– se vuelven ‘fatuos o sensibleros’ sólo cuando están escribiendo en primera persona?"
         Todo para concluir con Boyers que "por supuesto no es trivial que Steiner sea un lector fabulosamente erudito, que domine varias lenguas y que esté tan cómodo hablando de Platón, Heidegger y Simone Weil como de Fernando Pessoa y Alexandr Solzhenitsin"
         Y también para concluir con Susan Sontag, citada por Boyers, quien escribió sobre Elías Canetti lo que el prologuista aplica a Steiner: "Su obra defiende con elocuencia la tensión, el esfuerzo y la seriedad moral y amoral"

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