La resurrección de Clotilde Goñi

LA RESURRECCION DE CLOTILDE GOÑI
Otto Granados
Pocas veces puede percibirse con tanta nitidez la irrealidad que circunda el universo de los pensamientos de una monja, llenos de rasgos erótico-masoquistas y su aparente fusión con la sensibilidad de un niño, como en La Resurrección de Clotilde Goñi (Ed Mortiz), del escritor argentino Luis Mario Schneider “—su primera incursión en el género narrativo—”, que obtuviera el premio Xavier Villaurrutia en 1977
Todo comienza con el planteamiento de la atmósfera de formalismo y morbosidad que cubre los actos funerales de un núcleo familiar pequeñoburgués, cuando uno de sus miembros ha fallecido Este punto, que no dura más de veinticuatro horas, sirve al autor para interrelacionar las constantes interiores de una monja que justifica su vocación a través de argumentos que llegan a ser masoquistas y “sacrificados”, y de un niño que se rebela en actitud inocente, contra lo establecido por y en su familia y su educación Alternativamente, van interviniendo el niño y la monja cuyos nexos surgen del tiempo durante el cual la segunda, estuvo al cuidado de la “muerta”, que, sin decirse expresamente, era la madre del niño; este acto, provocado por la usual ambición de las religiosas de que la entonces enferma les heredara algunos bienes, hizo que la monja permaneciera dentro de la casa y, con ello, trabara una relación con el niño que sobrepasa lo normal, para ubicarse, cuando menos en la mente de la religiosa, dentro del terreno de lo erótico, como si el niño fuera la manifestación de algo inasequible en su vida El niño, por su parte, oscila sus tensiones e insatisfacciones entre los continuos reproches que recibe de su padre y de la ama de llaves —otra desequilibrada que vive de santos e imágenes— y, por otro lado, la deformación educativa que asimila en la institución formal llamada “escuela” Al señalar esto, Schneider ha tocado, tal vez sin proponérselo, el renglón medular de la polémica originada por Iván Ilich, en el sentido de que la escuela, como entidad canalizadora de educación, ha llegado a ser inoperante en nuestro tiempo

Conforme transcurre el funeral, el niño va experimentando el hacinamiento producido por las formas, por las condolencias, por las órdenes, al grado de que, no obstante el estupor que ello le causa, cuando se inician los inevitables llantos, él, sin quererlo, también lo hace, sin duda, por el contagio de una especie de psicosis colectiva Cada uno de los actos de éste, son observados por la monja y justificados; pero la justificación no sólo llega al niño, sino que la utiliza además para hacer un repaso mental, a manera de imágenes cinematográficas, de cada uno de los momentos de su vida de religiosa En este paso, resulta interesante percibir que ella está imbuida de una profunda frustración en términos de vocación pues, por lo común, al hacer alguna reflexión, es en función de defensa, de justificación; parece entender que el oficio de monja sólo es objeto de críticas y reproches Sin embargo, al hacer estas reflexiones, acierta en un punto: los hombres, los laicos, creen que estas personas están desde siempre predestinadas a ser monjas; “porque se piensa, como esa mujer de hace un rato, que somos monjas desde la cuna, que ya tenemos ese color amarillo transparente desde que nacemos No suponen que palpitamos y corremos y deseamos y lloramos”
Schneider centra los pensamientos de la religiosa en orden o vocación erótica; cuando Clotilde Goñi, la monja, medita en su papel de esposa de Cristo, lo hace de una manera que en ocasiones expresa no una manera que en ocasiones expresa no una simbiosis espiritual, sino esquizofrénica, alejada de un contexto real y tangible, pero muy cerca al erotismo como forma de actividad religiosa El niño para ella, también significa la posibilidad de una posesión erótica desarrollada solamente en los espacios mentales, en su resurrección espiritual y en su muerte física Al terminar los funerales —y el libro—, el niño regresa a sus inconformidades e insatisfacciones y la monja ha resucitado para otros y muerto para sí
Con La Resurrección de Clotilde Goñi, novela de contrapuntos e integraciones, Luis Mario Schneider ha ensayado con una relación de universos mentales, que va más allá de lo normal y de lo real

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