Marcelino Perelló relata y acusa:

Marcelino Perelló relata y acusa:
“Políticamente, el movimiento triunfó”
Francisco Ortiz Pinchetti
BARCELONA Lejos de la patria, distante 10 años aquel verano que trastocó de manera definitiva su vida, Marcelino Perelló rompe por fin con el silencio: habla para Proceso

Y habla largo, sin prisa pero sin límite, mientras la tarde catalana cae y muere y la noche transcurre vertiginosa hasta convertirse de nuevo en luz, en amanecer
El tema es parte sustancial de su existencia: el movimiento estudiantil mexicano de 1968, del que fue figura destacadísima como líder en el Consejo Nacional de Huelga
Lo dice de una vez:
“El movimiento murió por asfixia, por aislamiento: por su incapacidad para involucrar a otros sectores de la población”
Y más:
“Es una exageración hablar, como se hace, de un movimiento ‘estudiantil y popular’ El nuestro no lo fue nunca Precisamente la carencia del componente popular fue lo que lo condenó a muerte, como le ocurrió a otros movimientos estudiantiles en el mundo”
Sin embargo, y lo dice también con vehemencia, “políticamente, el movimiento triunfó Su gran victoria fue haber quebrado los instrumentos políticos del Estado mexicano, que tuvo que recurrir a la pólvora El movimiento de 68 se autodisolvió y eso lo salvó: impedimos que fuera institucionalizado, usado En ese sentido, el acto más revolucionario del movimiento fue su propia autodisolución”
La plática tiene como rasgo característico la espontaneidad Marcelino habla, divaga, se emociona y sólo de vez en cuando antepone una breve reflexión a sus respuestas Así, relata aspectos desconocidos del movimiento y de su participación en él; refiere sus charlas con Aguirre Palancares —que le confió que en Tlatelolco hubo más de 500 muertos—, con Guillermo Martínez Domínguez, con Barros Sierra, con Caso; desenmascara a quienes califica de provocadores, oportunistas y delatores: responde y se duele todavía de algunas de las acusaciones que le hicieron varios de sus excompañeros; agudo, analiza a la distancia de una década un episodio trascendente en la vida de México, y reconoce que los estudiantes fueron manipulados por sus líderes, como éstos lo fueron por entes desconocidos
Habla, en fin, de la crisis personal, profunda, que sufrió “cuando los valores de libertad y de democracia por los que luché y en los que creí se vieron definitivamente trastornados”
“ERA, Y SOY, MIEMBRO DEL PC”
Marcelino Perelló Valls huyó de México en los primeros días de 1969 No ha vuelto nunca de su exilio en Europa, que dura ya 10 años
La entrevista ocurre en la casa de Edelmira Perelló, su hermana, en el barrio barcelonés de Sarria Una casa de principios de siglo, hermosa por su sobriedad, esbelta y alta, al lado de los bosques que limitan por el norte a la ciudad: toda Barcelona se divisa desde la terraza en la que Marcelino inicia su relato
Lo hace poniendo énfasis en un hecho que considera fundamental: el arranque del movimiento estudiantil de 1968 se da en un clima de provocación creciente, tanto en la UNAM como en el IPN, por parte de grupos reaccionarios —del PRI, MURO, FNET— que habían perdido posiciones en la dirección de las sociedades de alumnos Provocación, subraya, que coincide con la de la policía
“Yo militaba en la Juventud Comunista Esta es la primera vez que lo digo públicamente: era y sigo siendo miembro del Partido Comunista Mexicano Como tal, participé en la campaña electoral de la sociedad de alumnos de la Facultad de Ciencias de la UNAM —donde estudiaba Física— en la que derrotamos a la reacción Fue de hecho mi primera participación seria en la política universitaria”
En ese ambiente tenso —”sentíamos que la provocación se nos venía encima”— ocurre el incidente de la preparatoria Isaac Ochoterena y la agresión de los granaderos a la Vocacional 5, en la Ciudadela Ahí empezó la historia
Se efectuaría entonces la manifestación del 26 de julio, convocada por la FNET, que fue reprimida por la policía Marcelino no asistió a esa marcha, pero al día siguiente fue a dar a la cárcel Lo cuenta:
“Como era práctica habitual, luego de reprimir la manifestación, la policía inició la cacería de comunistas Esa misma noche ocupó el local del PCM, en la calle de Mérida Yo me enteré al día siguiente por los periódicos, pero decidí acercarme al partido Me acompañó una amiga, que me esperó en su auto a unas cuadras de distancia Llegué al edificio y como no vi a ningún policía pensé que ya habrían desocupado el local Subí y toqué Me abrió un tipo extraño
“Vive aquí Fernando?, le dije, inventando cualquier nombre Sí, me contestó Pásele Y pistola en mano me hizo entrar Después me enteré de que: “los de la patrulla fueron por tortas” Por eso no había policías frente al edificio”
Agrega Perelló que fue conducido a la Jefatura de Policía, donde había muchos detenidos, casi todos jovencitos, niños casi Y también “orejas” disfrazados de comunistas
“Me hicieron un amable interrogatorio y firmé mi declaración Me sorprendió lo que ya sabían de mí Inclusive tenían grabaciones de mis discursos Como a las tres de la mañana empezaron a sacar a los chamaquitos Un policía los llamaba por sus apellidos: “fulano, mengano, zutano” Al final grito: “¡Peregón!” Era yo Y fui el primer sorprendido Pensé que me llamaban para darme en la madre; pero no: me sacaron a la calle y me corrieron
“Luego supe el motivo Al percatarse de mi desaparición, la amiga que me esperaba en el auto llamó a mi madre, que no sabía de mi militancia política Ella era directora de la Nueva Primaria de México, una escuela para niños popis Entre sus alumnos había hijos de varios políticos, como Moya Palencia y Corona del Rosal Así que mi madre llamó a la señora de Corona del Rosal para pedirle que intercediera por mí Lo hizo Su esposo, el regente, intervino para que me soltaran Y me soltaron
“Lo gracioso vino después, cuando mi madre le llamó de nuevo a la señora de Corona del Rosal para darle las gracias Muy amable, la señora le advirtió de mis andanzas ‘El expediente de su hijo es como para ponerle a uno la carne de gallina’, le dijo Y le dio un consejo: ‘hable con él, hágale ver las cosas, encáucelo”
Ríe Marcelino al recordar la anécdota Se le mira encantado con la travesura “Ya te imaginarás la que me puso mi madre”, agrega en abierta carcajada
Pero en aquel entonces Perelló era un joven dirigente estudiantil que se tomaba muy en serio Y en serio asumió su participación política Le preocupó, como a otros, el rumbo que tomaban los acontecimientos: los estudiantes del Poli secuestraban autobuses, ponían barricadas en el centro de la ciudad “Era claro que se trataba de una nueva provocación de la FNET”, establece Y recuerda su participación en la primera reunión de dirigentes estudiantiles de la UNAM y el IPN, que se efectuó en CU, para examinar la situación
EL CNH, HETEROGENEO
Aquella reunión “fue un desmadre”, recuerda Perelló Nadie entendía nada Nadie se puso de acuerdo Y terminó cuando llegó el aviso del célebre bazucazo a la preparatoria de San Ildefonso
Los acontecimientos se precipitaban y el conflicto crecía auténticamente como una bola de nieve, sin que los aturdidos dirigentes estudiantiles atinaran a explicarse “Nos rebasaban los hechos, nos arrastraban”, dice el exlíder de Ciencias
Poco a poco, sin embargo, el movimiento fue tomando coherencia Se efectuaron asambleas, se nombraron comités Y se gestó el Consejo Nacional de Huelga, CNH, integrado por tres representantes de cada escuela Perelló, que fue uno de los tres representantes de Ciencias, explica la composición del CNH:
“Era sumamente heterogéneo Había de todo, excepto representación de la derecha, que se había replegado: comunistas, trotskistas, espartaquistas, demócratas cristianos, maoístas Pero todos éstos juntos no significábamos ni la quinta parte del Consejo”
—No había entonces una línea definida?
—Ni siquiera cada uno de esos grupos tenía en lo interno una política unitaria Esto debe entenderse: en el CNH las viejas estructuras se fueron al carajo Las posiciones de sus miembros no correspondían a las líneas de sus respectivos partidos Era una nueva forma, una nueva dinámica
—Hasta qué punto tuvo el Partido Comunista la conducción del movimiento en sus manos?
—Creo que esto está contestado con lo que acabo de decir En efecto, pudo suponerse que la tenía, porque varios de los más activos líderes éramos miembros del PC Pero no hay que confundirse: mucha gente considera al PCM como una organización estilo soviético, centralizada, sin darse cuenta de que estructuralmente el PCM es igual al PRI: no es unitario Dentro del partido existían y existen corrientes e inclusive fracciones Y qué bueno que así sea Personalmente, yo era un disidente como había otros muchos ¿Puede así hablarse de una conducción?
Ha madurado este Marcelino Perelló, sin duda Maduró en lo anímico y en lo intelectual Pero su apariencia física conserva todavía mucho de la de aquel mocetón catalán de 24 años de edad, capaz de apoderarse en minutos de una asamblea Hoy tiene 34, pero su rostro no los refleja, como tampoco refleja los padecimientos físicos intensos, inacabables Rostro fresco el suyo, alargado como todo él, más juvenil ahora por el cabello recortado y la camisola azul de mangas cortas La silla de ruedas que lo caracterizó durante gran parte del movimiento está arrumbada en algún lugar, tal vez para siempre Marcelino camina por su propio pie, a pesar de que sus tobillos, quebrados, operados, injertados, vueltos a operar, parecen de pronto incapaces de sostener esa esbelta columna humana de 188 centímetros de altura
Retoma Perelló el hilo de los acontecimientos, aunque los brinca, los revuelve Recuerda el llamado al diálogo formulado por el secretario de Gobernación, Luis Echeverría, a través de la TV:
“Era una buena táctica la suya: si aceptábamos, el gobierno nos absorbía; si no aceptábamos, el gobierno podía acusarnos de intransigentes Nuestra respuesta fue brillante: diálogo, sí, pero diálogo público”
Eso gritaban los 500,000 manifestantes en la marcha del 27 de agosto, ante cuyo recuerdo Marcelino vibra “En ese momento —dice— el movimiento toma un carácter revolucionario: era un movimiento por el pueblo, contra el gobierno”
Y se emociona el exdirigente:
“El gobierno sentía que el juguetito se le salía de las manos Los dirigentes estudiantiles de izquierda tomábamos las riendas del movimiento, que iba en ascenso Nuestras brigadas trabajaban intensamente en toda la ciudad Repartían volantes, hacían pintas y recaudaban fondos: decenas de miles de pesos cada día También arrestaban policías”
Vuelve a sonreír cuando alude a la “Cárcel del Pueblo” que se instaló en CU, a la que llevaban a los policías capturados “Se les sometía a terribles torturas en broma, claro A uno los de Medicina lo metieron ¡en un refrigerador de cadáveres! Ya no sabíamos qué hacer con tantos policías”
La respuesta del gobierno a la actividad de las brigadas fue la creación de grupos de choque, “lo que luego serían los Halcones” Perelló platica que también capturaron a varios de esos policías disfrazados de estudiantes y los llevaron a la Cárcel del Pueblo “Hubo uno que de plano se quedó a vivir con nosotros en CU Ayudaba en todo: barría, limpiaba, llevaba recados Era sensacional En una conferencia de prensa denunció todo: cómo los reclutaban, quién los mandaba, todo Pero un día tuvimos que pedirle que se fuera Fue un día muy triste para mí, palabra Le cantamos el Corrido del Policía Arrepentido y él me regaló una chamarra verde, como de militar, que tenía Esa chamarra me salvó tal vez de la muerte, o cuando menos de la cárcel, poco después”
DOS ALAS EN EL GOBIERNO
Singulares inflexiones las que Marcelino imprime a su voz A ratos, uno juraría que está frente a cualquier muchacho que no ha salido jamás de la ciudad de México; pero de pronto lo mismo cecea que pone a su voz el hondo acento catalán
Y Así como habló de la heterogeneidad del CNH, sostiene que dentro del gobierno había corrientes distintas y encontradas
“Desde un principio nosotros supusimos la existencia de una división interna en el aparato gubernamental, originada por la sucesión presidencial Luego se hizo evidente que había dos posiciones diferentes frente al movimiento: la de los funcionarios que pugnaban por una solución política del problema, el ala progresista, digamos, y la de los que estaban por la represión”
Y hace autocrítica:
“Por falta de visión política fuimos incapaces de explotar ese conflicto interno del gobierno Sin nosotros quererlo, obligamos al gobierno a cerrar filas, pese a sus antagonismos profundos”
Para avalar su afirmación de la existencia de esas dos corrientes, Perelló menciona, entre otras, la actitud conciliadora de Guillermo Martínez Domínguez, entonces director de la CFE, con quien él y otros líderes se entrevistaron después del 27 de agosto
—¿Qué les dijo?
—Nos dijo que cómo era posible que jóvenes tan inteligentes y tan brillantes como nosotros nos dejáramos manipular por los enemigos de la patria; que el PRI necesitaba gente como nosotros Yo le pregunté entonces por qué el PRI no tenía una escuela de cuadros Y me respondió: no la necesita: ya tiene al Partido Comunista
“Era claro que se intentaba utilizar las viejas armas del PRI para asimilar al movimiento”, dice Marcelino Y luego comenta:
“Después nos llegó el rumor de que mientras estábamos con Martínez Domínguez le hablaron de la Secretaría de Gobernación para pedirle que nos retuviera lo más posible para facilitar nuestro arresto, y que él se negó Puede ser Lo cierto es que efectivamente recibió una llamada telefónica y después de atenderla se apresuró a despacharnos”
Pero los intentos de negociación emprendidos por Martínez Domínguez y otros funcionarios —Corona del Rosal, entre ellos— se vieron cancelados cuando en su informe del primero de septiembre el presidente Díaz Ordaz “se muestra intransigente y condena a los estudiantes Seguramente muchos de sus colaboradores deben haberle estado mentando la madre en esos momentos”, acota el exlíder
Mientras, en el seno del CNH se planteaban dos posiciones: una, “en la que estaban Heberto Castillo y la gente del PC”, en favor de levantar la huelga y buscar una negociación; la otra, “por seguir el desmadre hasta llevar al movimiento a una lucha armada Sócrates estaba en esa línea”
Sócrates Amado Campos Lemus Perelló lo define como “el gran provocador” dentro del CNH Para reafirmarlo recuerda actitudes de Sócrates en diversas etapas del movimiento, desde que en la manifestación del 13 de agosto hizo evidente “su afán de protagonismo”
“Una de las más claras provocaciones ocurrió en la manifestación del 27 de agosto, cuando se autoerigió en maestro de ceremonias del mitin con que culminó la marcha, en el Zócalo Por sus pistolas, proclamó que la gente se quedaría ahí hasta que el primero de septiembre Díaz Ordaz acudiera a la plaza misma para rendir su informe y aceptar el diálogo público Le mentamos la madre a Sócrates Eso no lo habíamos acordado, era una abierta provocación, un absurdo Pero Sócrates no se inmutó: sometió su propuesta a ‘votación’ y la muchedumbre la aprobó Se quedaron ahí unos 3,000 estudiantes Esa madrugada sobrevino la represión militar y hubo muertos”
Pero Perelló no se desborda Aclara:
“No es el momento de lanzar acusaciones gratuitas Yo acusé a Sócrates públicamente de ser agente de la CIA, cuando era necesario clarificar posiciones Evidentemente, es una cuestión que no puedo probar Es muy posible que no fuera agente de nadie, como es posible que lo fuera Ahora que, objetivamente, actuó como un provocador, un arribista y un delator”
Toma vuelo Perelló para una nueva embestida:
“Pero Así como la provocación de Sócrates fue ostentosa y pública, dentro del CNH hubo otro tipo de infiltración y de provocación más sutil y oscura, con todas las gamas y matices: del simple ‘oreja’ a sueldo, al oportunista, al arribista que veía en el movimiento un trampolín hacia posiciones institucionales ventajosas dentro del aparato estatal El caso concreto de Gerardo Estrada es quizás el más elocuente Gerardo Estrada era ‘oreja’ a la vez de la rectoría y de los negociadores presidenciales Caso y De la Vega Y ese trabajo de escucha le valió a la postre el puesto en la secretaría de Ciencias Políticas y, más tarde, en Radio Educación”
Hubo otros casos, otros ejemplos de actitudes desleales, dice Perelló, aunque se resiste a mencionar más nombres
MANIPULADOS TODOS
Interrumpida de rato en rato por la fugaz aparición de alguno de sus sobrinos, o por la amabilidad sin límites de su hermana Edelmira, la charla de Perelló, ahora en la sala de la casa, se hace cada vez más emotiva Y franca, descarnada casi
Como cuando dice que al movimiento se le acuso de dos cosas fundamentales: que los estudiantes eran manipulados y que la mayoría de participantes sólo querían “echar desmadre”
“Creo que ambas cosas son ciertas —asume—; pero no como acusaciones, sino como virtudes del movimiento” Se explica:
“Efectivamente, éramos manipulados Los estudiantes eran manipulados por el CNH y los miembros del CNH éramos manipulados ya sea por Marx, por Cristo, por la CIA o por nuestros papás La diferencia primera entre unos y otros era la base estudiantil sin ocultar los objetivos, de buena fe, digamos, la manipulación a la que estábamos sujetos los líderes era en todo caso siniestra
“La manipulación es inevitable, si se entiende por manipulación el hecho de asumir posiciones ajenas a nosotros no exclusivamente por el contenido de las proposiciones, como dice Gramsci En ese sentido se daba la manipulación Ahora, si entendemos por manipulación al imponer determinadas actitudes escondiendo los verdaderos objetivos —que es el tipo de manipulación al que pudo recurrir la CIA, al que recurrieron los provocadores y al que recurre sistemáticamente el Estado mexicano—, en ese sentido ni el movimiento del 68 ni ningún otro movimiento de masas puede ser manipulado En el peor de los casos podrá ser desestabilizado, aniquilado inclusive; pero ninguna manipulación de ese estilo conseguiría hacer que el movimiento siguiera un rumbo distinto al que su propia estructura, contexto y dinámica lo condenan
“Los estudiantes, a final de cuentas, decidían por qué ser manipulados”
En cuanto a que la mayoría de los participantes lo eran por su afán de “echar desmadre”, Perelló considera que eso también es cierto y que también fue una virtud del movimiento “Ese echar desmadre —asegura— es una manera de participar activamente en la vida social”
Abunda: “de la misma manera que el niño se niega a comer para hacer sentir a sus padres que es capaz de tomar decisiones, para manifestar su personalidad, el estudiante sale a la calle y le mienta la madre al gobierno sin tener una idea clara de por qué lo hace o por qué es bueno mentársela de esa manera y no de otra Lo que está haciendo es precisamente afirmar su necesidad y su derecho a su libre expresión como sujeto social, y no como objeto De esa manera el estudiante se libera, se convierte en sujeto de la historia”
A la historia volvemos Al 13 de septiembre A la imponente Manifestación del Silencio Perelló propuso la idea, que tomó de una manifestación efectuada en Barcelona en 1964, cuando se cumplieron 25 años de Franco en el poder: 25 años de silencio “Fue una nueva forma, y resultó un éxito; pero yo no pude asistir, porque para entonces yo ya andaba en silla de ruedas”
Silla de ruedas que dejó abandonada en un salón de CU la noche en que el ejército ocupó las instalaciones universitarias Larga noche aquélla para Perelló:
“El gobierno había propuesto una modalidad de diálogo público: dándole a las pláticas privadas publicidad en los periódicos Cuando estábamos redactando la respuesta afirmativa para someterla al Consejo, me avisaron por teléfono que el ejército se dirigía a CU”
Ocurrió la desbandada Marcelino, con varios amigos, evitaron a los soldados —que por poco los balean— y huyeron hacia los pedregales “Yo iba apoyado en los hombros de dos amigos Fue una jornada terrible, entre las piedras, las espinas, la oscuridad Por ahí encontramos a Heberto, que también escapaba, pero luego se nos perdió Salimos hacia Copilco Llegamos a una calle, a otra, a otra Ahí acabé de chingarme los pies, y para siempre De pronto vimos que se acercaba un camión militar Saltamos Sólo Bonfilio, un amigo al que le había prestado aquella chamarra que me regaló el ‘policía arrepentido’ se quedó quieto, con asombrosa sangre fría Les pidió aventón a los soldados! Claro, no se pararon: nos salvamos Pero materialmente ya no podía caminar Me llevaban en andas; hasta que salimos al Periférico De pronto vimos un auto, sin tiempo para escondernos ¡Perelló!, gritó el chofer ¡Era un cuate de ciencias! Nos subimos y nos alejó de ahí, hasta el Estadio Azteca Eran como las cuatro de la mañana”
PLATICAS APRESURADAS
Largo silencio subraya el relato de Marcelino Perelló Por fin vuelve de sus recuerdos para acotar otro dato importante: que a partir de la toma de CU y del Casco de Santo Tomás, generalizada la represión, el CNH no se podía reunir “Cada fracción empieza entonces a actuar de manera más o menos autónoma”
Y cuando sobreviene la propuesta del gobierno de iniciar las negociaciones con Andrés Caso y Jorge de la Vega Domínguez, Perelló habla con el rector Javier Barros Sierra y le dice que aceptar esas pláticas es una decisión que debe tomar el CNH, o su Comité Central al menos “Habría que examinar si tales pláticas no constituían una violación a la demanda de diálogo público”, explica
“Sin embargo, el primero de octubre me entero de que sin que el asunto hubiera sido tratado por el CNH, Guevara Niebla, González de Alba y un cuate de la ESIME, Muñoz, habían ido a casa de Caso y que además lo habían hecho en una actitud agresiva y provocadora: les mentaron la madre a los negociadores presidenciales y llegaron a imponer sus condiciones Eso era grave, porque nos amarraban toda negociación”
En esos días previos al 2 de octubre, Perelló estaba escondido, dedicado a organizar un posible boicot a los Juegos Olímpicos “Logramos infiltrar el correo oficial del Comité Olímpico Internacional Gracias a eso logramos que las delegaciones de Checoslovaquia y de Italia se solidarizaran con el movimiento Los checos condicionaron su participación en los Juegos a la salida de los tanques de CU y media delegación italiana se retiró”
Se ha agotado la provisión de cigarrillos cuando la charla llega lenta pero irremediablemente a los hechos del 2 de octubre Marcelino enciende una colilla:
“Yo consideré improcedente la celebración del mitin en Tlatelolco Existía un clima generalizado de provocación, tanto por parte de los sectores gubernamentales más represivos como en el seno del propio CNH Era evidentemente peligroso”
—¿Te imaginaste lo que iba a pasar?
—Yo sí me lo imaginé, claro; pero nunca una cosa de esa magnitud ni mucho menos
—¿Por qué decidiste no asistir al mitin?
—No decidí no ir, sino que no decidí ir No le vi sentido a ir, no había por qué ir Era un mitin más, donde los oradores estaban ya designados Además, yo tenía problemas graves de movilización; era fácilmente reconocible, porque tenía que andar en la silla de ruedas
—¿Dónde anduviste, qué hiciste ese día?
Marcelino Perelló vuelve al relato:
“Estaba escondido en el departamento de una chava del Comité Olímpico De ahí mandé a un amigo, Sergio Beltrán, a hablar con Barros Sierra para que nos explicara por qué se habían iniciado las pláticas Al regresar, mi amigo venía lívido: lo había seguido la policía hasta el edificio Había que escapar
“La policía revisaba ya departamento por departamento Nosotros sólo teníamos una vieja pistola alemana con tres balas ¿Nos la jugamos? Nos la jugamos Bajamos Sergio, El Totón —un exdirigente ferrocarrilero que siempre me acompañaba— y yo Pudimos salir del edificio gracias a una señora que distrajo a los tiras Tomamos un taxi, pero una patrulla nos siguió ¿A dónde ir Así? Sólo había un lugar relativamente seguro: la casa de Andrés Caso y De la Vega Caso me recibió con estas palabras: ‘acaban de matar a 40 soldados en Tlatelolco’ Fue la primera noticia que tuve de lo ocurrido”
Perelló y sus acompañantes se quedaron casi toda la noche allí “Estábamos aislados, sin saber qué hacer” Caso recibía llamada tras llamada “Platicamos con él, cordialmente El insistía en la posición del gobierno: que todo era un complot de la CIA Estaba convencido, nos dijo, que en lo de Tlatelolco los estudiantes habían preparado una trampa Yo le dije que el gobierno era el único responsable, por su intransigencia Le hice ver que el problema no era convencernos a nosotros los dirigentes, porque el movimiento tenía ya una dinámica propia No era pues cosa de convencernos, sino de buscar una solución política a las reivindicaciones y acceder al diálogo público Me dijo que ni Díaz Ordaz ni Echeverría podían aceptarlo, que era ponernos en un callejón sin salida”
Ya de madrugada, el trío dejó la casa de Caso para ir a la de Barros Sierra “Hasta nos llevó un chofer-chota” Platica:
“Barros Sierra estaba muy preocupado, muy jodido Fue el primero que me habló del Batallón Olimpia No negó ni afirmó la participación de estudiantes armados Con ese lenguaje suyo, nos dijo: ‘muchachos: en su movimiento hay miembros de una organización americana cuyas siglas corresponden a la abreviatura española de compañía’ ¿Está seguro?, le pregunté Sí, me respondió ¿Quiénes? No, me dijo, no puedo decir nombres”
Perelló se refiere siempre en forma muy elogiosa al rector del 68 “Siempre se portó muy bien, muy dignamente Durante todo el movimiento la rectoría nos proporcionó papel, tinta, locales; hasta la imprenta universitaria estaba a nuestra disposición Y esa noche me ofreció sus oficinas de la rectoría Y me fui a CU”
Nublada mañana aquélla del 3 de octubre Perelló la recuerda con amargura: “cuando llegué a CU tuve una impresión horrible: aquello era un desierto No había nadie En mitad del campus universitario se alzaba un enorme y solitario cohete espacial (instalado para una exposición) Lo imaginé como un gran falo, símbolo del movimiento Subí a la rectoría Desde las ventanas, el panorama era desolador: soledad y silencio Mandé a mis dos acompañantes a recorrer toda la universidad Y en toda CU encontramos sólo a cuatro personas Eramos siete por todos, tres de ellos miembros del CNH: Roberto Escudero, Mario Núñez y yo”
En el curso del día llegaron algunos más Llegaron muchas versiones sobre lo ocurrido en Tlatelolco la tarde anterior “Las versiones eran muy variadas, pero todas coincidían en culpar al Batallón Olimpia como causante de la masacre:
“Que dispararon contra la gente y los soldados; que el ejército llegó con balas de salva; que los soldados mentaban madres y que hasta un rato después de iniciado el tiroteo les repartieron parque, como me dijo que lo vio el compañero Del Bal; que el ejército había llegado a disolver el mitin y que fue recibido a balazos
“Esa fue la tesis más generalizada y esa fue la versión que dimos en la conferencia de prensa del 4 de octubre Es cierto que yo dije que, en un principio, los soldados habían disparado balas de salva En un principio Pero algunos periódicos tergiversaron mis declaraciones y me chingaron”
Insiste en que hay evidencias de que el Batallón Olimpia estaba dirigido por la policía y que “Mendiola Cerecero en persona lo dirigió desde la torre de Relaciones Exteriores” Cauto, aclara que no puede descartarse la posibilidad de que todo fuera un montaje preparado, para hacer aparecer a los estudiantes como culpables
No quiere dejar lugar a dudas:
“No dudo que existió por parte de un sector minoritario y aislado de estudiantes una actitud provocadora y que contribuyó al clima de provocación gubernamental; pero esto fue anecdótico Lo definitivo fue la agresión del Batallón Olimpia El gobierno, claro, tenía la esperanza que nosotros denunciáramos al sector más radical del CNH como causante de la masacre”
—¿Cuál es en tu opinión la responsabilidad concreta de Díaz Ordaz y de Echeverría?
Perelló quiere ser bien preciso Dicta:
“Estoy convencido de que había un sector importante del gobierno que, estando comprometido con la represión, no había calculado las dimensiones del genocidio El hermetismo tradicional en que se mantienen las decisiones en el Estado mexicano nos impide delimitar responsabilidades; pero aun en el supuesto de que Díaz Ordaz o Echeverría no hubieran dado las órdenes expresas para que la matanza se llevara a cabo de la manera que se hizo, su responsabilidad no disminuye un ápice, en la medida en que como representantes máximos del Estado mexicano y responsables en primer grado del funcionamiento de las instituciones públicas, en este caso la Policía, el Batallón Olimpia, no denunciaron ni tomaron medida alguna que permitiera mínimamente hacernos conocer a los verdaderos responsables”
Ya no hay siquiera colillas cuando Perelló, en pie, relata su entrevista con Norberto Aguirre Palancares, a la sazón jefe del Departamento Agrario, el 5 de octubre
“La entrevista se concertó a través de amigos comunes y fue a título estrictamente personal Comí con él en su casa de Cuernavaca Y ahí, delante de testigos, Aguirre Palancares me dijo que la nota oficial de la policía enviada a Díaz Ordaz señalaba que en Tlatelolco habían muerto más de 500 personas
“El viejo estuvo siempre en actitud muy paternal Me dijo que Díaz Ordaz estaba convencido de que lo que queríamos era darle en la madre a los Juegos Olímpicos ‘Sean razonables —me dijo Aguirre Palancares—: no hay gobierno en el mundo que aguante otras dos manifestaciones como las que han hecho ustedes Sean razonables’
“Le pregunté por qué el gobierno no satisfacía las demandas del movimiento (entre ellas la destitución de Cueto) Me contestó: ‘no se olviden que Cueto es general’ ¿Y eso qué?, le dije ‘Yo sólo les digo esto: no se olviden que Cueto es general’
“Luego me pidió, paternal siempre, que todo se acabara y que él trataría de apelar a la magnanimidad de Díaz Ordaz Le pedí que le comunicara al presidente que a nosotros no nos importaban los Juegos Olímpicos y que no entendía por qué el gobierno no podía acceder a las peticiones”
—¿Y qué te dijo?
—Me dijo que no nos pusiéramos pesados porque nos iban a dar en la madre
El movimiento había muerto, opina Perelló Los escasos líderes del CNH aún libres, formularon nuevas demandas: desocupación del Casco, libración de los apresados en Tlatelolco como condición para iniciar el diálogo público, cese de la represión
“La Universidad era un cementerio El llamado de Yáñez a clases pareció salvarnos: era nuestra única oportunidad: no regresar a clases hasta que salieran los presos Pero los estudiantes regresaron, votaron a favor de la huelga y se fueron a sus casas
“Algunos decidimos entonces proponer al CNH el levantamiento de la huelga Nos acusaron de oportunistas, de traidores, de tranzar con el gobierno La verdad es que ya no teníamos fuerza para oponernos La cacería seguía; las negociaciones estaban estancadas Y frente a nosotros se planteaba la inminente intentona del régimen de crear un CNH fantasma, de derecha, una nueva FNET, y negociar con él, lo que nos hubiera dado definitivamente en la madre
“Claro, los que estaban en la cárcel no lo entendían Ni entendían por qué a mí no me apresaban, ni a algunos otros Nos acusaban de traidores, cuando en realidad andábamos a salto de mata, perseguidos, acosados, sin contar siquiera con la comodidad que da la cárcel Y en esas condiciones tratamos de hacer revivir al movimiento, de organizar asambleas, mítines Todavía el 14 de diciembre hicimos uno”
Perelló es en este punto particularmente insistente:
“Nosotros propusimos el levantamiento de la huelga, pero con una mentada de madre al gobierno; disolver el CNH y evitar así toda posible tranza con el aparato estatal
“El llamado Manifiesto Dos de Octubre contenía claramente nuestra posición, resumida en estos puntos: uno: nos dieron en la madre; dos: políticamente, ganamos; tres: nuestro movimiento no es armado y no puede entonces enfrentarse a las armas Será el pueblo de México el que reproche y le pida cuentas a los responsables Eso debía decir el manifiesto, escuetamente Por desgracia, desatendimos la redacción final La dejamos en manos de Roberto Escudero y de otros que le dieron en la madre, pues hicieron un rollo confuso en el que se diluyó la intención original”
Mientras el levantamiento de la huelga se discutía, y no se acordaba, sobrevino un ultimátum del gobierno “Nos dijo Caso: si para mañana no han levantado la huelga, el gobierno ocupará la universidad’ Ofreció que el ultimátum no sería público ¡A la chingada!, dijimos Así no Rechazamos el ultimátum Aceptarlo sería un suicidio político El levantamiento de la huelga debería ser una decisión unilateral por parte nuestra
“Curiosamente, los que antes se oponían al levantamiento cambiaron de posición: ahora ellos lo pedían Gente del grupo de Guevara, como Angel Verdugo y Federico Emery Nos jugaron muy sucio Se pronunciaron por levantar la huelga y esa misma tarde nos llamaron traidores Yo cedí finalmente, ante la unanimidad del Consejo”
Fue el final
También lo es de la entrevista Aún hay mucho que oír de Perelló sobre su salida de México, sobre su no aprehensión, sobre sus vivencias y sus crisis íntimas; su análisis político, frío, del movimiento Y su exilio en Europa que cumple ya diez años, primero en Francia, luego en Rumania, ahora en Cataluña (ver próximo número de Proceso)
En la puerta, Marcelino concluye por ahora:
“En un momento dado nos encontramos con una gran fuerza en las manos y no supimos qué hacer con ella: fuimos incapaces de vencer Tres meses después, aprendimos a perder y perdimos bien”

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