Alfonso Martínez Domínguez:

Alfonso Martínez Domínguez:
“La matanza fue preparada por Luis Echeverría”
Heberto Castillo
Alfonso Martínez Domínguez quiere hablar contigo, ¿se puede? —me dijeron unos amigos

—¿Conmigo? ¿Para qué? Tengo muy mala opinión de él —advertí
—Lo sabe, lo sabe —me contestaron— Pero nosotros creemos que debes oírlo Será al menos interesante
—¿Hablará sobre el 10 de junio? —pregunté
—Tal vez —me contestaron
Acepté Unos días después me informaron que AMD me invitaba a desayunar en su casa de Inglaterra 14, en Coyoacán, cerca de la terminal Tasqueña del Metro, a las 9 de la mañana
Habían pasado ya algunos años de aquellos dolorosos hechos, aquella matanza de jóvenes el Jueves de Corpus
Cuatro semanas antes, Tere me visitaba en Lecumberri, era el jueves 13 de mayo Estaba yo preso en el viejo penal de Lecumberri Ese día, la crujía M estaba alborotada porque había trascendido que saldrían libres José Revueltas y otros compañeros encarcelados por el Movimiento Estudiantil Popular de 1968 Yo había rechazado salir libre para dejar el país como me lo propuso un enviado de la Secretaría de Gobernación; primero deberían salir todos los presos del 68, le dije Después, hablaríamos de mi caso
Me despedía ya de Tere, que me ordenaba un poco los trastos de la cocineta, cuando fui llamado a la reja Regresé un minuto después para anunciarle que me ponían en libertad Salimos juntos hasta el redondel, que era donde estaban las autoridades del penal Me pidieron que firmara una forma pidiendo la libertad bajo protesta como los demás procesados del 68 lo habían hecho Me negué —Si no firma no sale —me dijo el mayor Palacios
No firmé y salí Me metieron a la fuerza a la cárcel y a la fuerza me sacaron
Cuando salí de Lecumberri oscurecía, pero a mí me pareció el cielo luminoso Afuera esperaban entusiastas parientes de otros liberados Tere condujo el automóvil hasta casa
El movimiento estudiantil universitario había tomado fuerza con la liberación de los primeros presos del 68 Todavía los principales dirigentes estaban desterrados en Chile desde hacía unas semanas; otros liberados actuaban ya en el medio estudiantil Al día siguiente de mi liberación participé en un entusiasta mitin en la Universidad Iberoamericana
Había entonces problemas universitarios aparte, en Nuevo León El gobernador Eduardo Elizondo se empecinaba en imponer una absurda ley orgánica para la universidad Encabezados por el rector, ingeniero Héctor Ulises Leal, los universitarios neoleoneses luchaban en contra de esa imposición En México los estudiantes preparaban ya una marcha en apoyo a sus compañeros de Nuevo León Hacía mucho tiempo que no desfilaban por las calles Desde 1968, para ser preciso
La lucha en Nuevo León dio frutos Elizondo renunció, y Luis M Farías fue nombrado gobernador interino Hubo desconcierto La marcha que se preparaba quedaba un poco en el aire si iba a ser un acto de solidaridad con los universitarios neoleoneses
Echeverría se empeñaba en hablar de “apertura democrática” en tiempos en que las manifestaciones de disidencia se hallaban prácticamente congeladas Los universitarios estaban atrincherados dentro de las escuelas y los únicos movimientos discrepantes eran la guerrilla, urbana y rural Echeverría hacía vislumbrar a algunos mejores tiempos La liberación parcial de los presos del 68 parecía anunciar una apertura más amplia Los rumores de una ruptura entre Echeverría y Díaz Ordaz hacían concebir esperanzas Pero había obvios representantes de GDO dentro del gabinete Alfonso Martínez Domínguez era uno de ellos, Julio Sánchez Vargas, el procurador, otro
El caído Elizondo tenía fama de reaccionario Había encabezado años antes la lucha contra el libro de texto gratuito; su renuncia podría interpretarse entonces como una posición progresista de Echeverría Y en esos días, Mario Moya Palencia, secretario de Gobernación, declaró que los exdirigentes del 68 que habían sido expulsados a Chile podían regresar cuando quisieran
Llegamos a casa de Alfonso Martínez Domínguez a las 9 horas Un ayudante nos abrió la puerta Estaba ahí AMD, sonriente Nos saludó y nos hizo pasar por un jardín bien cuidado, junto a una pequeña alberca Entramos a una espaciosa sala a la que se cambiaba el recubrimiento de madera Olía a caoba y a huevos con chorizo Entramos al desayunador Nos sentamos ¡Estaba frente a mí uno de los personajes centrales que participaron, voluntariamente o no, en la matanza de estudiantes el 10 de junio de 1971! ¿Qué querría?
Trascendió que Elizondo renunció porque “el centro” no lo apoyaba y lo hostilizaba; que rechazó las sugerencias que Echeverría le hizo a través de Luis M Farías Los estudiantes decían que eran arreglos interburgueses Como fuera, los universitarios de Nuevo León se habían sacudido a un enemigo y podrían avanzar si procedían con inteligencia
En México, los muchachos estaban alborotados por la presencia de sus líderes tanto tiempo encarcelados, y querían ganar la calle a como diera lugar, así que siguieron adelante con los preparativos de la marcha
El recibimiento que se dio el 4 de junio en el auditorio Che Guevara de la Ciudad Universitaria a los exdirigentes del 68 que regresaban de Chile, fue apoteósico Estuvieron ahí Raúl Alvarez Garín, Eduardo Valle, Gilberto Guevara Niebla, Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca y otros Recibieron ovación tras ovación Contestaron a la prensa y a la TV Me invitaron a subir al presidium y dije unas palabras: que nos organizaríamos y construiríamos un instrumento de lucha para hacer tomar el poder a los trabajadores ¡Venceremos, venceremos!, salió gritando la muchachada
Participamos en las discusiones en torno a la marcha propuesta para el 10 de junio Los principales organizadores eran los miembros de los “cocos” (comités coordinadores), donde actuaban algunos exdirigentes del 68 Advertimos reiteradamente que era peligroso hacer una marcha en esas condiciones: una apertura a medias, pugna aparente entre LEA y GDO; se había resuelto en parte el programa en Nuevo León; era probable que se usara la marcha para desatar la violencia Por esas razones, quienes en prisión habíamos trabajado por organizarnos políticamente, acordamos no participar
Advertimos que a escasos 20 días de liberados, recibíamos ataques de diestra y siniestra Los sindicalistas universitarios, Evaristo Pérez Arreola y Nicolás Olivo Cuéllar, firmaban volantes acusándonos de ser los instigadores de la violencia En la prensa se escribían artículos señalando a los recién liberados como nefastos para la tranquilidad del país Las diferentes policías vigilaban nuestras casas y seguían nuestros pasos
Escribí un artículo intitulado “Un Alto en el Camino”, en el que invitaba a los estudiantes a reflexionar, a medir correctamente las circunstancias en que nos hallábamos, a tomar en cuenta las pugnas entre los poderosos, advirtiendo que la manifestación podía convertirse en una trampa Ese artículo se publicó el 10 de junio en El Universal
Nada más pudimos hacer La marcha se llevó a cabo y los “halcones” adiestrados en el Departamento del Distrito Federal, con la complacencia de la policía, golpearon periodistas, rompieron cámaras fotográficas, hirieron, mataron y remataron muchachos hasta en las camas del hospital Rubén Leñero, en la Cruz Verde
Algunos, después, me preguntaban en mesas redondas, en conferencias, en mítines, que cómo había sabido yo lo que iba a pasar ¿Quiénes me habían informado? Expliqué que la lógica sirve para algo A veces para preveer acontecimientos De ese artículo y de nuestra posición, surgió una sucia campaña en contra nuestra Toda la izquierda nos atacó Los “aperturos” comenzaron a llamarnos los “heberturos” también, en el colmo del desprecio
Eso recordaba acaso cuando Alfonso me ofreció un vaso de jugo de naranja
APESTADO EN EL GOBIERNO
Dijo: “Le pedí a mi buen amigo Raúl y a los ingenieros aquí presentes que han trabajado con usted construyendo sus inventos, que lo invitaran porque tengo algo que contarle Quizá le extrañe, ingeniero, que yo le busque, pero he seguido sus pasos y le tengo un gran respeto Admiro su tozudez en la lucha, su valor y capacidad técnica Algunos de sus análisis políticos nos han impresionado, a mí y a algunos amigos Usted, fuera del gobierno, deduce muchas de las cosas que pasan dentro”
Insistió: “Tengo confianza en usted por su alta calidad moral, la que ha demostrado muchas veces Lo que voy a contarle es peligroso para mí y sé que quizá usted lo relate en alguno de sus artículos Si se publica ahora me puede costar la vida, Echeverría no se tienta el corazón, es un enfermo A pesar de ello, quiero contarle mi verdad, si usted quiere —dijo agitando el dedo índice— mi versión de lo que ocurrió el 10 de junio Sé —repitió— que usted puede hacer uso público de esta confidencia Creo que vale la pena correr el riesgo Yo necesito decir estas cosas a una persona como usted, Heberto —me dijo quitándome el trato de ingeniero—, lo que voy a contarle, se lo juro por mis hijos, es la verdad No lo he escrito porque peligra mi vida Tal vez después (Quizá) nunca Yo no le pido que guarde silencio Sólo le pido que me oiga Por ahora estoy apestado en la política No —corrigió—, apestado en el gobierno Pero la política es una rueda de la fortuna A veces está uno arriba, a veces abajo Creo que algún día volveré a la función pública No me siento descartado”
Nos sirvieron el desayuno Huevos, chorizo, tortillas, café Yo estaba intrigado, pero nada dije Sólo puse atención
Los periódicos del 11 de junio de 1971 aterraban La información sobre la salvaje agresión a los manifestantes en San Cosme ponía los pelos de punta
La matanza del dos de octubre había sido bárbara, criminal, pero tal ferocidad se explicaba porque Díaz Ordaz estaba enfermo de autoritarismo y los estudiantes lo habían puesto verde, y se había terminado con el mito del respeto casi religioso al Presidente de la República Pero ahora, ¿en plena apertura democrática? Los estudiantes habían sido golpeados inmisericordemente con varas largas, cachiporras, baleados desde las azoteas del Metro San Cosme, del cine Cosmos Algunos periodistas nacionales y extranjeros habían sido golpeados y sus cámaras fotográficas destruidas ¿Por qué?
Leía el periódico, aterrado, a la entrada a la ciudad de México por la carretera a Toluca, pues había salido de la ciudad el 10 por la mañana Hablé por teléfono a Emilio Krieger, mi amigo, y durante el tiempo que estuvimos en la cárcel, nuestro abogado Mi familia se había ido de casa previendo cualquier represión Emilio me aconsejó llegar No creía que hubiera peligro Busqué a Tere y a mis hijos y llegamos a casa el 11 por la noche Habían llegado unos hombres “de la compañía de luz”, nos dijo quien cuidaba la casa Entraron y revisaron todo
Tere y mis hijos, Heberto, Javier, Héctor y Laura, el mayor de 14 años, habían sufrido a partir de 1968 muchas persecuciones Dormimos mal esa noche El sábado 12, los muchachos se fueron a jugar beisbol a la Liga Olmeca Con Tere y Laura fui a ver a mi padre y mis hermanas por rumbos de la Normal Salimos de la casa extremando precauciones Noté que nos seguían, pero nada dije Al mediodía regresamos, siguiéndonos siempre dos automóviles de alquiler con dos hombres a bordo cada uno Al llegar a la avenida Cerro del Agua me extrañó ver estacionados decenas de automóviles de alquiler a espaldas de mi casa Tere trató de explicarlo: “Me han dicho que aquí vive Martínez Domínguez”, y señaló una casa sobre Cerro del Agua, la avenida que llega a la Ciudad Universitaria desde Miguel Angel de Quevedo “Los taxistas deben venir a darle apoyo”, dijo Pero al pasar por ahí, dos automóviles se sumaron a los que ya nos seguían Bruscamente di vuelta en redondo y regresé a Quevedo rumbo al centro de Coyoacán Detrás venían los carros de alquiler En una de las callejuelas que salen de Coyoacán paré el automóvil y le dije a Tere: “vete con Emilio” Salí corriendo y me interné en las calles empedradas No pudieron seguirme Mi propio automóvil les obstruyó el paso Me escondí unos minutos y luego hablé a Krieger Ya estaban ahí Tere y Laura A ellas no las habían seguido Emilio fue a buscarme en su automóvil y me llevó a su casa, donde su esposa Yolanda, Tere y Laura, mi hija, comentaban la situación En esa casa pasé muchos días en 1968 cuando la policía y el ejército me buscaban afanosamente hasta que en mayo de 1969 me capturaron
LOS MOTIVOS DE ECHEVERRIA
Esos tiempos duros se han ido Ahora Alfonso Martínez Domínguez comienza a contarme su versión del 10 de junio de 1971
“La matanza del Jueves de Corpus fue preparada por Luis Echeverría —afirma AMD— para matar dos pájaros de un tiro: escarmentó a quienes, decía él, querían provocar a su gobierno al inicio de su mandato, y se deshizo de mí Yo tenía pasado y fuerza política Le hacía sombra
“Al conocerse la decisión de los estudiantes de que marcharían el 10 de junio para apoyar a los universitarios de Nuevo León, Echeverría me dijo: `quieren calar a mi gobierno, pero los vamos a escarmentar’
—No, señor presidente, dijo AMD, creo que si realizan su marcha no habrá mayores problemas Soy de opinión que no se tomen sino medidas precautorias Vigilar que no haya provocaciones No habrá problemas
—No, Alfonso —relata AMD que LEA le dijo—, la izquierda me está toreando, quieren que muestre debilidad y entonces se me subirán a las barbas Los meteremos al orden
Mientras yo me desayuno, AMD no come Habla, gesticula, se excita Refiere charlas, detalles Precisa que Echeverría le quitó el control de la fuerza pública unos días antes Y que Rogelio Flores Curiel, coronel del Ejército, lo puso bajo las órdenes de un capitán “Sí —me cuenta—, el presidente Echeverría me dijo que no me preocupara por la vigilancia de esa manifestación Nombró al subsecretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios, capitán solamente, para que controlara la situación Y eso, Heberto —me dijo AMD—, era ofensivo para el ejército que ya tenía motivos para estar molesto con Echeverría” Y entonces Martínez Domínguez hace una pausa en su relato del 10 de junio para remontarse a los tiempos de la campaña presidencial de Echeverría, cuando él, AMD, era presidente del PRI
“El ejército estuvo a punto de abandonar la campaña de Echeverría Fue a raíz del minuto de silencio que LEA guardó en Morelia y de algunas declaraciones que hizo en torno al 2 de octubre de 1968 El Estado Mayor Presidencial me comunicó, oficialmente, que no acompañarían más al candidato De inmediato hablé con el presidente Gustavo Díaz Ordaz para recibir instrucciones “Yo me encargo del asunto, Alfonso”, me dijo Díaz Ordaz Volvió el Estado Mayor sólo cuando Echeverría leyó un discurso que nosotros le hicimos Ahí no improvisó; sin embargo, pronto volvió a las andadas Yo creo, Heberto, que hubo unos días en que GDO pensó en poner otro candidato El 30 de diciembre de 1969 (relata AMD) Gustavo Díaz Ordaz me llamó por teléfono al PRI para decirme: `Alfonso, acuartélese ahí, pueden pasar cosas muy importantes No salga hasta nuevo aviso’ Y no salí, Heberto Ahí estuve El 6 de enero me volvió a llamar: `No hay cambio Todo igual’ Algo acordaron”
Yo recordé entonces que el primero de enero de 1970 las autoridades del penal nos echaron encima a los presos comunes drogados De milagro nos salvamos de morir asesinados todos los presos del 68 ¿Coincidencia?
El 12 de junio de 1971 mis hijos hicieron una fiesta en casa Bailaron como bailan los chamacos de 14 a 16 años La fiesta terminó a las 12 de la noche Por primera en tres años tenían a papá en casa, y estuvieron muy contentos Nos disponíamos a dormir, acostados ya, cuando ante la puerta de la casa se detuvieron ruidosamente varios carros Oí voces y me asomé por el visillo de una celosía Vi que bajaban de varios automóviles hombres armados de pistolas y metralletas Con rapidez me vestí y tomé el rumbo de la azotea Antes dije a Tere: “Llama por teléfono a todo mundo Yo escapo Vienen por mí”
A los pocos segundos estaba yo en la azotea de otra casa Pero abajo, en la calle, algunos me habían visto y señalaban con sus largas varas donde estaba Los “halcones”, pensé Eran todos hombre jóvenes a excepción de los que echaban los faros buscadores de sus carros hacia la azotea No tenía yo salida Pero sabía que para capturarme tendrían que entrar a una de las casas de la manzana Quedé semioculto en un tinaco atento a ver si violaban la puerta de mi casa Si lo hacían, me entregaría Pero tenía la esperanza de que entretanto llegara alguien Tere, aunque a oscuras, de seguro habría llamado Algunos amigos vivían cerca
A poco rato llegó Emilio Krieger Temí por su vida Pero oí su voz, firme, preguntando:
—¿Qué se les ofrece, señores?
Uno de los agentes levantó el brazo y señaló por donde yo estaba Se oyeron sirenas Llegó la Cruz Roja, la Cruz Verde, la policía y los bomberos Tere lo había logrado, había llamado a TODO el mundo
Los “halcones” desaparecieron Y los agentes también Bajé a la casa a recibir a Emilio Luego llegaron Carlos Fernández del Real y Carmen Merino que también habían sido mis abogados No sé quién llamó a Julio Scherer Pero supe que él habló por teléfono con Luis Echeverría y éste le ofreció dar garantías “al ingeniero Castillo” Más tarde llegaron dos modernos automóviles negros con cuatro agentes que enviaba el Presidente Esa noche fue romería en casa
En amena charla estábamos cuando mis adolescentes hijos, agitados por los acontecimientos, después de que habían hecho guardia —según me contó Tere— armados con sus bates de beisbol, llegaron a informar que en la puerta había agentes de la Policía Judicial que querían hablarme Javier me dijo entonces: Papá, el que viene es el mismo que quería entrar con los “halcones”
Era el comandante (¿Eduardo?) Estrada que venía a ofrecer garantías Le dijimos que ya estaban ahí dos patrullas de la Presidencia Se despidió muy atentamente
A partir del 13 de junio estuvieron apostados a las puertas de mi casa dos automóviles negros con cuatro agentes de la Secretaría de Gobernación A pesar de ellos, los merodeos de otras policías y de los “halcones” no cesaron
Cuando fui a ver a Julio Scherer para darle las gracias por su intervención sólo me dijo, abrazándome: “hermano, no se hable más del asunto, no se hable más del asunto Heberto querido, esta es tu casa”
BAJO LA DIRECCION DE ECHEVERRIA
Alfonso Martínez Domínguez tomaba vuelo en su relato Me contaba que los preparativos para controlar a los manifestantes del 10 de junio fueron controlados directamente por el presidente Echeverría Jura AMD que ni él ni Flores Curiel tuvieron nada que ver en el asunto, que las reuniones del subsecretario Gutiérrez Barrios con las fuerzas policiacas del Departamento del Distrito Federal y con miembros del ejército se dieron en la Secretaría de Gobernación
Todavía tuve oportunidad, refiere AMD, de decir a Echeverría que la marcha no causaría problemas sino de tránsito, pues la bandera de los jóvenes se había caído al renunciar Elizondo Pero el Presidente estaba empeñado en detener la marcha
“La víspera del 10 de junio —relata AMD— Echeverría me citó a una reunión en Los Pinos para tratar el problema de la introducción de más agua potable al Distrito Federal proveniente del río Lerma Estarían también en esa reunión el gobernador del estado de México, profesor Carlos Hank González, el secretario de Recursos hidráulicos, Leandro Rovirosa Wad, y el director de Obras Públicas del Departamento del Distrito Federal, ingeniero Raúl E Ochoa Comeríamos juntos para tratar el problema”
“QUEMEN A LOS MUERTOS, QUE NADA QUEDE”
“En la mesa hablamos del asunto Era un proyecto para incorporar un caudal de agua al Distrito Federal Estando ya en la sobremesa, con planos y maquetas al fondo, comentando una y otra alternativa, sonó el teléfono y un ayudante del Presidente le indicó algo Echeverría se levantó y a unos pasos apenas de nosotros habló
—Sí, dígame ¿Heridos? Llévenlos al Campo Militar No permitan fotografías
Echeverría regresó a la mesa Todos, cuenta AMD, esperábamos alguna información Sabíamos que se estaba dando la marcha Hank, Rovirosa, Ochoa y yo lo mirábamos atentos, inquisitivos Echeverría se sentó y dijo:
—Señor ingeniero Ochoa, no hay problema en que la línea pase por aquí, ¿verdad?
Ochoa asintió
—Señor gobernador, ¿considera usted conveniente este paso?
—Sí —dijo Hank
—¿Y usted qué opina, Alfonso?
El teléfono volvió a sonar El ayudante volvió a aparecer Echeverría volvió al teléfono
—¿Herido uno de los nuestros? ¿Muerto? Al Campo Militar ¿Hay más enfrentamientos, muchos heridos? Todos para el Campo militar ¿A la Cruz Verde? No, no No permitan fotos ¡Quémenlos!
La angustia se reflejaba en los rostros Yo, decía AMD, estaba terriblemente desconcertado Pensé que se suspendería la reunión y que se me darían instrucciones precisas No fue así El presidente Echeverría regresó a la mesa inmutable
Bien señores —dijo—, debemos precisar los términos de esta reunión La ciudad necesita agua Pero el estado de México también ¿Cómo hacemos? ¿Qué sugiere, señor Martínez Domínguez, qué propone señor gobernador?
Nadie las tenía todas consigo Se proponían cuestiones pero los ojos estaban puestos ya en la puerta por donde aparecía el ayudante a cada momento con nuevos llamados Fueron, relata Alfonso Martínez Domínguez, trece o catorce llamadas Y trece o catorce veces Echeverría habló en voz alta con quienes le informaban Y les dio instrucciones siempre La sangre se nos helaba cada vez que decía:
—Quemen a los muertos Que nada quede No permitan fotografías
Eran casi las siete de la tarde cuando Echeverría, después de resumir los acuerdos sobre la introducción de agua, nos despidió No dijo una sola palabra sobre los telefonemas Despidió de mano a todos y al dirigirse a mí me retuvo Ochoa casi se desbarranca por una ventana para salir de Los Pinos Carlos Hank y Rovirosa salieron aparentando calma Quedé solo Echeverría salió un momento Y regresó
LA INFORMACION A LA PRENSA
—Alfonso —me dijo—, han ocurrido hechos sangrientos Los estudiantes agredieron a la policía y hubo muertos y heridos La situación es grave Necesita ir usted a sus oficinas y dar una conferencia de prensa
“Me explicó lo que tenía que decir Lo repitió varias veces `Calmado —me dijo— Tómelo con calma’ En síntesis debería decir que había ocurrido un enfrentamiento entre grupos estudiantiles, que había heridos leves pero que la situación estaba controlada
“Me pidió que repitiera lo que yo iba a decir a la prensa Me escuchó con calma mirándome fijamente a los ojos —Muy bien Alfonso, muy bien Ahora vaya y haga estas declaraciones
“Salí de Los Pinos rumbo al Departamento del Distrito Federal”
El lunes 14 mi casa estaba vigilada por los agentes de los carros negros Pero a Tere le habían aventado un automóvil cuando ella daba vuelta hacia casa en Cerro del Agua Llegué a casa en un taxi Entré y la encontré preocupada por el incidente Subí entonces a la azotea por unos papeles que guardaba en el cuarto de servicio Cuando bajaba vi subir corriendo por las escaleras principales a dos hombres armados Tere gritó Eran dos de los agentes que vigilaban la casa Topé con ellos de frente, ¿me aprehenderían? No había manera de huir Uno de ellos preguntó:
—¿La escalera para la azotea, ingeniero? ¡Suba con nosotros! —Y subí
Corrieron los agentes a mirar la calle
—¡Contra la pared, al suelo! —me dijeron
Me tiré al suelo
—Mire allá —dijo el agente señalando un automóvil donde un hombre apuntaba hacia nosotros con un arma larga Al ver a los agentes armados el automóvil se movió
¿Quiere venir con nosotros? Vamos a alcanzarlos Me dieron una escuadra Brownie y salí con ellos Recorrimos varias calles pero no los alcanzamos
Regresamos a casa
—Avísenos cuando quiera salir Hay peligro, ingeniero
No salí ya Estuve el 14 en casa Y todo el 15 Ahí me iban a visitar los amigos, los estudiantes Por la tarde del 14 uno de los automóviles que vigilaba la casa fue embestido por otro Quedó hecho acordeón “Un accidente nada más”, me dijeron los agentes, sin ninguna convicción
Alfonso Martínez Domínguez cuenta que cumplió celosamente las instrucciones presidenciales Llegó a sus oficinas donde estaban los reporteros de los diarios nacionales, los corresponsales extranjeros, la radio y la TV
—Repetí —me cuenta—, lo más apegado posible a lo que me había dicho Echeverría, el mensaje a los medios de comunicación Al minuto de haber despachado a la prensa sonó el teléfono de la red Era el presidente Echeverría Me dijo:
—Muy bien Alfonso, muy bien Estuvo perfecto Lo felicito Necesito hablar con usted Venga para acá
“Cuando iba rumbo a Los Pinos, tenía mayor información de los hechos —dijo AMD— Los `halcones’ habían masacrado a los manifestantes, habían entrado incluso en la Cruz Verde, que está muy cerca de la Normal, de San Cosme, y habían rescatado prisioneros arrebatándolos de los brazos de los médicos y de las enfermeras La policía, ingeniero Heberto —me decía exaltado Martínez Domínguez— no había intervenido Flores Curiel estaba relevado del mando Todo había sido orquestado por Echeverría a través de Gobernación”
MANIFESTACIONES DE APOYO
“Llegué a Los Pinos muy preocupado ¿Y ahora qué? Estaba yo en la sartén
“Me recibió de inmediato `Muy bien Alfonso, estuvo perfecto ¡Qué buena memoria! Necesitamos hacer una concentración popular para el sábado 12 Llenar el zócalo’ Imposible, le respondí En tan poco tiempo no se puede lograr una concentración de ese tipo
—¡Hágalo el 15 entonces, es necesario! ¡Así aplacamos las cosas! Hay periodistas heridos, molestos, indignados Hubo estudiantes heridos, muertos El gobierno necesita el apoyo popular Disponga de lo necesario y haga una magna concentración Usted puede hacerlo
“No pude lograr mayor plazo Salí de Los pinos con la comisión de hacer una gran concentración popular
“Moví cielo, mar y tierra, Heberto, y logre hacerlo Yo había dirigido al PRI y a la CNOP, tenía experiencia en esas cosas, tengo, todavía tengo, Heberto, muchos amigos, muchas maneras de mover a la gente Fue algo extraordinario, créamelo No basta tener elementos, dinero, no basta disponer de todo, hay que saber organizar Y yo pude hacerlo Fue una gran concentración, ¿se acuerda? Todo un éxito Ahí habló Echeverría, ofreció aclarar las cosas en 15 días más Se comprometió a hacerlo Un gran acto, Heberto, ¿se acuerda?”
Ese día 15 estuve recluido en casa Merodeaban agentes del Departamento, se me decía Los “halcones” que me habían “visitado” la noche del 12 estaban todavía en acción por algún lugar Y aunque la prensa anunciaba que el Departamento del DF había levantado sus campamentos a marchas forzadas, se sabía que los había organizado Corona del Rosal y que ahora estaban al servicio de Martínez Domínguez Cobraban al menos en el Departamento del Distrito Federal
El acto del martes 15 fue multitudinario El sistema priísta funcionó bien Miles y miles de acarreados fueron al Zócalo a “brindar apoyo a Echeverría” Alfonso Martínez Domínguez estuvo nervioso, al lado del Presidente Echeverría ofreció castigar a los responsables Su política de apertura democrática no iba a quedar empañada por un acto así Era —se decía— una provocación Alguien se le había salido del huacal a Echeverría, se rumoreaba
Vinieron a casa muchos jóvenes En la Iberoamericana estaban algunos hijos de Echeverría Ellos comentaban —según se decía— que Alfonso era el culpable Comentábamos los hechos Se organizaban actos en la Ciudad Universitaria, en Zacatenco, en el Casco, en la Normal, en la Ibero Esa tarde del martes 15 de junio habíamos charlado con muchos jóvenes
A las 19 horas con treinta minutos, sonó el teléfono Descolgué la bocina
—Habla Moya Palencia, ingeniero Castillo —yo no había cruzado antes palabra con él— Por instrucciones del señor Presidente de la República le comunico que dentro de unos minutos, a las 8 horas, va a presentar su renuncia Alfonso Martínez Domínguez
Se despidió amablemente y colgó Comuniqué a los jóvenes que me acompañaban Y prendimos la radio
Escuchamos el breve comunicado
Para dar paso a las investigaciones, renunciaban Alfonso Martínez Domínguez y Rogelio Flores Curiel a sus cargos de Regente de la Ciudad y Jefe de la Policía
“Después del acto en el Zócalo —me dijo Alfonso Martínez Domínguez—, el presidente Echeverría me felicitó Muy buen trabajo, Alfonso Magnifica concentración Y nos despedimos”
LA RENUNCIA, “SERVICIO AL PRESIDENTE”
“Al poco rato, por la red, me llamó a Los Pinos Acudí Me recibió y nos sentamos cerca uno del otro Se me acercó tanto que sentí su aliento en mi cara Me clavó su mirada de serpiente en los ojos y tomándome de la quijada me dijo:
(Para esto, Alfonso Martínez Domínguez me había tomado también a mí de la quijada y sus ojos estaban húmedos, a punto de llorar Sin soltarme, oprimiendo mi quijada, Alfonso Martínez Domínguez prosiguió su relato)
—Alfonso, vaya usted a su hogar, reúna a su esposa y a sus hijos y dígales que va usted a servir al Presidente de la República Dígales que ha renunciado usted al cargo de jefe del Departamento del Distrito Federal Sirve usted así al Presidente y al amigo Ya habrá tiempo para implementar su regreso a la función pública
“En tanto me decía esto, Heberto, me tuvo tomado firmemente, como lo hago yo con usted, de la quijada No pestañeó una sola vez, Heberto Me soltó y repitió:
—Junte a su familia y dígales que está usted sirviendo al Presidente de la República
“No pude decir nada Me hervía la sangre Me había tratado como un trapo sucio, me había hecho recitar lo que él quería ante la prensa Y ahora me arrojaba a la basura
“Salí para no volver”
La pasión con que AMD me relató su experiencia, la emoción que puso, las lágrimas a punto de brotar de sus ojos, me impidieron hacer ningún comentario Tomé un sorbo de café Alfonso Martínez Domínguez se limpió el sudor que perlaba su frente Hacía calor Era una mañana de mayo
En casa oímos la noticia de la renuncia de AMD La celebramos Parecía que las cosas cambiaban en México Sonó el teléfono de nuevo Descolgué:
—Moya Palencia otra vez, ingeniero ¿Qué le pareció la renuncia?
—Bien —contesté— si las investigaciones conducen a prontos resultados como ha ofrecido el Presidente
—De eso quiero hablarle —me dijo— Tengo instrucciones del señor Presidente de mostrarle algunos documentos ¿Puede usted venir? A la puerta de su casa están dos personas que pueden traerlo acá
“NUNCA SE SABRA”: MOYA
Llegué a la Secretaría de Gobernación en el lujoso carro que custodiaba mi casa desde el domingo 13 de junio Al entrar, el secretario Moya Palencia fue al grano Sobre una larga mesa tenía esparcidas decenas de fotografías Espeluznantes fotografías
—Mire —me dijo extendiendo sus brazos sobre ellas
Empecé a mirarlas Se veían jóvenes armados de largas varas golpeando a indefensos muchachos Unos estaban de rodillas, otros tirados, cubriéndose como podían de los golpes En muchas fotografías se veía a la policía uniformada en actitud de espectadora de los hechos Había imágenes de jóvenes, hombres y mujeres, inertes, desangrándose Había fotos terribles de hospitalizados en la Cruz Verde, en el Rubén Leñero, que eran agredidos por los “halcones” en sus mismos lechos Una de ellas mostraba a un “halcón” descargando un golpe sobre un aterrorizado muchacho encamado En otra un agente con pistola en mano, se veía en actitud de disparar sobre un paciente mientras éste se protegía con las manos Recorrí con la mirada decenas de fotografías En todas ellas había evidencia de la complacencia policiaca con la agresión de los “halcones” Había fotografías muy claras de estos individuos disparando sobre la multitud, parapetados en patrullas policiacas, desde camiones de granaderos, desde las azoteas de los edificios Miré a Moya Pregunté:
—¿Cómo tomaron estas fotografías, quiénes?
No respondió
—Lástima, me dijo Yo estimo mucho a Alfonso Pero actuó mal Algo pasó Lástima —volvió a decir— Como usted ve maestro, me dijo, no hay duda de la participación de las exautoridades del Departamento del Distrito Federal Es terrible lo que usted puede ver en estas fotografías El Presidente me ha ordenado se las mostrara y charlara con usted Siéntese, por favor
Charlamos un poco Me explicó que algunos querían sabotear la apertura democrática que Echeverría deseaba implementar El Presidente buscaba abrir cauces legales a la lucha de clases No temía a las organizaciones políticas Pero funcionarios del pasado régimen se oponían
—Alfonso equivocó el camino Quizá perdió el control La situación del país es grave Hay un mar de fondo en todo esto
Se me acercó y me dijo un poco al oído:
“Ingeniero Castillo, tengo instrucciones del Presidente de decirle que no habrá más información sobre esto No más Es todo Hay muy fuertes intereses metidos No podemos profundizar más Hasta aquí quedarán las cosas Ustedes pedirán mayores investigaciones Se dirá que se hacen, usted sabe Pero no se hará más Es todo lo que vamos a informar ¿Está claro?”
Lo miré inquisitivamente
—Fuerzas del exterior, no podemos adentrar más Es todo lo que se sabrá
Se levantó Me tendió la mano y me dijo:
—Ingeniero Castillo, si usted relata esta entrevista la negaré siempre Es sólo para usted
Regresé a casa en el mismo carro que me condujo a la Secretaría de Gobernación
Cuando Alfonso Martínez Domínguez terminó de hablar, visiblemente emocionado, yo guarde silencio Recordé lo que había vivido aquel mes de junio de 1971 Cuando se calmó un poco le conté lo que Mario Moya Palencia me había mostrado y dicho No hizo otro comentario que proferir una injuria Tomamos café Mis acompañantes estaban mudos Alfonso Martínez Domínguez me tomó del brazo
“Quisiera mantener contacto con usted, Heberto Le reitero mi respeto He confiado en usted Sé que hará buen uso de mi confidencia Necesitaba decírselo a alguien como usted Tal vez algún día lo cuente por escrito Quizá no Ahora corro peligro Yo soy un hombre político en receso Pero los tiempos cambian Rogelio Flores Curiel fue a Nayarit como gobernador El guardó silencio El es inocente Como yo”
—Las agresiones contra el pueblo en este país permanecen siempre en el misterio —le dije— Los agresores del pueblo se saben impunes Nuestra historia está llena de estos hechos Cananea, Río Blanco, el 2 de octubre, el 10 de junio Ustedes deben hablar Guardaré su confidencia por ahora Usted no me pide que calle pero me advierte del peligro que corre ahora Pero esto, Alfonso, habrá de saberse algún día
Nos despedimos
Ahora, Alfonso Martínez Domínguez es candidato del PRI a la gubernatura de Nuevo León Ha expresado repetidas veces que no quiere hablar del 10 de junio de 1971 porque ya habló en su tiempo Es cierto Pero lo hizo en privado Conmigo y quizá con varios de sus amigos
Ahora publico su relato para que se ahonde en el problema Carlos Hank González es jefe del Departamento del Distrito Federal Está empeñado en acabar a tiempo los ejes viales Este es otro eje vial inconcluso ¿Se terminará a tiempo, como los otros? Leandro Rovirosa ya no es secretario de Recursos Hidráulicos pero gobierna Tabasco De Ochoa no sé su destino Ellos son testigos, según Alfonso Martínez Domínguez, de aquella reunión del Jueves de Corpus de 1971 en Los Pinos
En México existe negra tradición de que los asesinatos, individuales o múltiples, de luchadores sociales, queden en la sombra y los asesinos impunes Suele también acudirse a señalar culpables —a toro pasado— a los presidentes de la República Ahora es como atribuir a Echeverría toda la responsabilidad de 1971 Y a Díaz Ordaz la culpabilidad de los hechos del 68 Es cierto, sin duda Quienes quieran que hayan sido los responsables materiales e intelectuales de esos crímenes, corresponde a esos expresidentes la responsabilidad histórica Fue en su tiempo y, en el mejor de los casos, se puede decir que nada hicieron, que se sepa, por esclarecer esos hechos
No se me puede acusar de que pongo en peligro la vida de Alfonso Martínez Domínguez Sus circunstancias han cambiado Tenía razón cuando me dijo que algún día volvería a la función pública “La rueda de la fortuna ha girado”
Pero si la vida de Alfonso Martínez Domínguez no corre peligro, la tuya sí, me dijeron algunos compañeros de Proceso cuando hablamos de la necesidad de este relato Otros dijeron que no, que se respira ya otro ambiente en México Hubo empate, pues
Yo decido: pienso que es hora ya de ventilar públicamente los hechos del Jueves de Corpus de 1971 y los del 2 de octubre de 1968
Ya es hora

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