Sólo la muerte de Cámpora dio la libertad a su hijo

Sólo la muerte de Cámpora dio la libertad a su hijo
El expresidente de Argentina, Héctor J Cámpora, murió el viernes 19 en la ciudad de Cuernavaca Pocas horas después, el ministerio argentino de Relaciones Exteriores, en un escueto comunicado, informó que otorgó el salvoconducto al hijo del expresidente, Héctor Pedro Cámpora, para abandonar la embajada de México en Buenos Aires, donde permaneció recluido cerca de cinco años
El exmandatario acababa de cumplir un año de su llegada a nuestro país, después de un prolongado asilo en la embajada mexicana en Buenos Aires, desde abril de 1976 a noviembre de 1979
El cáncer que le apareció en la garganta a mediados de 1979 fue el que, tras de arduas gestiones del entonces embajador de México en Argentina, José Antonio Lara, propició la salida del hombre que renunció a la presidencia para permitir el retorno al poder del general Juan Domingo Perón
Fue precisamente la enfermedad, y no el respeto a las normas internacionales de asilo, la que obligó a los generales golpistas argentinos a entregar el salvoconducto a Cámpora padre, negado a tres embajadores distintos durante más de 40 meses
Y fue necesaria la muerte del expresidente, para que la junta concediera el salvoconducto a su hijo, quien el mismo viernes partió hacia México
Pero hay un asilado más, también a punto de cumplir cinco años en la embajada, en un caso sin precedentes que mancha la imagen exterior de México como refugio de perseguidos y que representa de cuerpo entero la crueldad del régimen de Jorge Rafael Videla, que hace tres semanas logró impedir una condena dentro de la OEA, paradójicamente apoyado por México
Juan Manuel Abal Medina, dirigente peronista, no padece por ahora ningún mal incurable y no ha fallecido ninguno de sus parientes cercanos y, por lo tanto, depende de la “buena voluntad” del régimen castrense argentino o de la exigencia de respeto al asilo por parte de México para salir libre De prologarse la situación, podría repetirse el caso del expresidente Cámpora —como Proceso encabezó su información de octubre primero de 1979— y se le dé un “salvoconducto para la muerte”

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