La vida de 500 presos políticos sometidos a la tortura, en riesgo

La vida de 500 presos políticos sometidos a la tortura, en riesgo
Carlos Fazio
Dos exprisioneros de la Junta cívico-militar salvadoreña, José Antonio Morales Carbonell y Juan José Dalton, se encuentran en México, comisionados por el Comité de Presos Políticos de El Salvador (COPPES), para organizar una amplia campaña internacional de solidaridad con el medio millar de detenidos que, en la actualidad, corren peligro de muerte
Durante una entrevista con Proceso, los dos militares salvadoreños narraron pasajes de su vida guerrillera y la experiencia carcelaria, denunciando los horrores de las prisiones en aquel país, donde la tortura a los prisioneros es moneda corriente

Juan José, 25 años, moreno, delgado, muy bajo de estatura, hijo del poeta-guerrillero Roque Dalton, es un veterano del Frente “Modesto Martínez” del FMLN, que opera en Chalatenango, al norte del país Especializado en acciones de tipo comando, estuvo infiltrado en la retaguardia de las tropas gubernamentales y realizó acciones de apoyo a las unidades del ejército popular, hasta que fue herido en el combate de Arcatao, en junio de 1981 y, posteriormente, hecho prisionero
Relata así el sitio de Arcatao por las fuerzas guerrilleras: “A comienzos de junio iniciamos las operaciones de hostigamiento contra el puesto militar de Nueva Trinidad, en Arcatao Al cabo de 12 días habíamos causado gran cantidad de bajas al enemigo Recuperamos armamento Rompimos las comunicaciones del adversario e impedimos que bajaran los helicópteros con material logístico El día 16, cuando estaba infiltrado en la población de Arcatao, hubo un combate Una bala de G-3 me dio en la espalda, atravesó el pulmón izquierdo y salió adelante Quedé herido grave (se levanta la camisa y muestra un enorme costurón de unos diez centímetros de diámetro, debajo de su axila izquierda que le recorta el cuerpo) Tonio y Rufino murieron en el enfrentamiento El compañero Merlin, a cargo de la acción, nos sacó a los tres y recuperó nuestro armamento Fui llevado a un hospital de campaña”
“El 7 de octubre, cuando aún estaba en estado de recuperación, delicado y sumamente débil, fui apresado en el marco del `Operativo limpieza’, realizado por unos 7,000 soldados del ejército salvadoreño, en el que participaron tropas especiales del ejército de Guatemala, asesores estadunidenses y venezolanos, con apoyo del ejército hondureño”
“Junto conmigo detuvieron al dominicano Manuel Enrique Terrero Sánchez y al médico-guerrillero Neto Nos llevaron al puesto militar de Las Vueltas, de la Guardia Nacional, en Chalatenango Ahí nos colgaron del techo A mí me arrancaron el vendaje y me hicieron sangrar metiéndome palos en la herida Con hojas de afeitar me marcaron la sigla de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), en la frente Al dominicano lo colgaron del techo Tenía una pierna fracturada e infectada; ahí le daban Los que nos torturaban era más de 15 Nos interrogaron sobre la columna de Marcial (el comandante guerrillero Cayetano Carpio) que, sabían, estaba en la zona En el puesto había `rangers’ venezolanos Nos anunciaron que nos iban a descuartizar en presencia de la población civil Pero el Estado Mayor, enterado de que uno de los tres era extranjero, paró la ejecución”
“En un helicóptero piloteado por dos soldados estadunidenses nos llevaron a la Base Ilopango, de la Fuerza Aérea, en San Salvador El jefe de la base, el coronel Bustillos, tenía la información de que uno de nosotros era nicaragüense Al bajar del helicóptero ahí estaba, pistola en mano, y a golpes, preguntaba quién era el nicaragüense Vendados, nos llevaron después al cuartel general de la Policía de Hacienda, en la capital De nuevo interrogatorios y torturas Los métodos eran más sofisticados Nos dieron picana eléctrica A mí y a Manuel nos ponían picanas en las heridas Y en la cabeza, piernas, debajo de las uñas, en los testículos Nos aplicaron `el avioncito’ (esposados de manos a la espalda, amarrados de los pies, lo cuelgan a uno horizontalmente y, suspendido en el aire, golpean) A Manuel lo encapucharon”
“El interrogatorio tenía como objeto que comprometiéramos a Cuba y Nicaragua con la guerra interna salvadoreña: `¿Dónde aterrizan los helicópteros con armas? ¿Qué comandante sandinista dirige la guerrilla salvadoreña?’ Era absurdo No podíamos aceptar nada de eso”
Juan José y sus dos compañeros fueron trasladados luego al penal “La Esperanza”, en Mariona, en la periferia de San Salvador El 27 de octubre —primer aniversario del asesinato de los dirigentes del FDR—, la sección de Investigaciones (S-2) de la Policía de Hacienda, a cargo del mayor Carrillo y el capitán Jorge Eduardo Morán, tomaron el penal de Mariona, golpearon a los presos y secuestraron al dominicano Terrero Sánchez
“El objetivo del operativo —dice Dalton— era Manuel Como él es dominicano, querían seguir el procedimiento que practicaron con el nicaragüense Tardencillas: aprovechar que era extranjero para implicar a Cuba y Nicaragua En Hacienda había sido interrogado por un oficial estadunidense, miembro del cuerpo diplomático en San Salvador Se lo llevaron encapuchado y esposado No hemos vuelto a saber mucho de él Estaría en la Policía de Hacienda, junto con el piloto costarricense Julio Romero Talavera, que lleva ahí dos años Terrero se está quedando ciego”
Gracias a la solidaridad internacional y a la acción del Comité Nacional de Madres, en San Salvador, Juan José Dalton fue liberado el 23 de diciembre de 1981 Su hermano Roque Antonio, quien fue detenido en Chalatenango por el ejército, permanece desde su captura en calidad de “desaparecido”
José Antonio Morales Carbonell, hijo del ideólogo de la Democracia Cristiana salvadoreña José Antonio Morales Ehrlich, cobró notoriedad en marzo de 1980 cuando, al incorporarse a las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí, envió una carta publicada a su padre, entonces ministro de gobierno con José Napoleón Duarte
En la carta, José Antonio le planteaba a su padre que la incapacidad de la Junta para detener y menos para superar la crisis estructural del país y la constante violación de los derechos humanos en El Salvador, le comprometía a él, como persona, en la prolongación de los sufrimientos del pueblo y en la legalización de la represión como método para acallar a los que víctimas de la opresión luchaban por conquistar sus derechos
Un mes después, el 13 de junio, fue detenido en una casa de la Colonia Zacamil, al noroeste de San Salvador, por civiles de rostros cubiertos con pañuelos rojos, botas “comando” y fusiles G-3, y conducido al cuartel general de la Policía Nacional
Relata así su primer contacto con la realidad carcelaria: “finalizando el interrogatorio, entró al lugar un sujeto que debido a su agresividad motivó mi interés por ver quién era A través de un pequeño espacio que me permitía la venda, logré apreciar unos cabellos amarillo-rojizos, una complexión fuerte en un hombre de mediana altura, que en esos momentos me tomó del pelo y dijo: `tenés buena estatura para ser un miliciano’ No respondí Enfurecido, me tomó de un brazo y exclamó: `Así que sos de los seriecitos Conmigo no valen esa babosadas, ni declaraciones ni nada, yo me voy a encargar de ti y mañana vas a amanecer en el Playón patas arriba’ Me sacó de la oficina y me empujó escaleras abajo Luego gritó: `Traigan un lazo, que vamos ahorcar a este hijo de puta’ Y ante mi silencio, volvió a gritar: `Dénle un lazo para que él solo se ahorque: este hijo de puta no vale la pena perder el tiempo con él”
José Antonio Morales, de 23 años en la actualidad, recuerda cómo aprendió rápido “a espiar cada ruido, golpe, grito” en su celda y a “esperar lo peor en cualquier instante, dentro de la impotencia más absoluta” Los encuentros con su padre, ministro de la Junta, se sucedieron en los casi dos años que duró su cautiverio en distintas prisiones En cada uno de ellos, le transmitió los horrores de las torturas a que eran sometidos sus compañeros Al principio, su padre le decía que esas prácticas, de gente de menor nivel, se iban a ir depurando poco a poco No lograron ponerse de acuerdo sobre el punto Nunca
Sus interrogadores intentaron persuadirlo de que se convirtiera en delator Le ofrecieron a cambio la libertad y la salida del país Se negó rotundamente Quedó en calidad de caso “especial” Al cabo de 40 días fue trasladado al penal de Santa Tecla Allí, junto con otros compañeros, planificaron el surgimiento del Comité de Presos Políticos de El Salvador (COPPES) y la primera huelga de hambre en demanda de libertad de todos los detenidos políticos, el esclarecimiento de los casos de “desaparecidos” y el mejoramiento de las condiciones de reclusión en el centro penal
El 20 de enero de 1981, día de la toma de posesión de Ronald Reagan en Estados Unidos, ocurrió un hecho que, por sus características, los presos calificaron como un “regalito” del nuevo mandatario estadunidense “A las cinco y media de la tarde el interior del penal quedó cubierto de efectivos uniformados de la Policía Nacional Nuestras celdas fueron rodeadas Se escuchó una voz, por medio de un megáfono, que nos ordenaba salir al patio Nos negamos Entonces la voz me llamó directamente por mi nombre, diciéndome que saliéramos inmediatamente Le contesté que sólo saldríamos en presencia de un observador de algún organismo internacional La respuesta no se hizo esperar El comandante de la operación gritó: `Aquí va tu observador’, al tiempo que arrojaba al interior de las celdas una granada de gas
“El efecto asfixiante de la granada nos impedía respirar Caíamos al suelo, retorciéndonos Al cabo de quince minutos el comandante volvió a gritar: `Ahí les va otro observador’, y lanzó otra granada Esta, además de asfixia, producía vómitos y dolor de estómago Tuvimos que salir medio desmayados, caminando a tientas, vomitando Algunos escupían sangre En el patio habían colocado explosivos de diferente forma y tamaño, propaganda política impresa y una bandera con la efigie pintada de Farabundo Martí, como telón de fondo Dos compañeros y yo fuimos obligados a posar en esa especie de `altar’ y nos fotografiaron Ese día el centro quedó militarizado”
A José Antonio aún le esperaban unos meses de encierro en el penal “La Esperanza”, en Mariona, antes del sobreseimiento de su causa, el 15 de abril de 1982 Ahora, aquí en México, reafirma la validez de la primera carta pública a su padre Dice: “Es evidente que el papel legalizador de injusticias, asumido por la Democracia Cristiana, incapaz de ocultar el verdadero poder —los militares—, históricamente implica una responsabilidad en las violaciones de los derechos fundamentales de nuestro pueblo La responsabilidad atañe, también, de manera fundamental, a Estados Unidos, permanente interventor y pretendido salvador de pueblos en peligro Las manos estadunidenses presentes por medio de los `asesores’ en los cuerpos de seguridad y en los centros de torturas de El Salvador, no han podido ni comprar ni ahogar las voces de hombres decididos a defender sus principios e ideales”

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