EL NIETO DE FLORES MUÑOZ, CULPABLE PREFABRICADO, SOSTIENE LA DEFENSA

EL NIETO DE FLORES MUÑOZ, CULPABLE PREFABRICADO, SOSTIENE LA DEFENSA
Federico Campbell
Para los abogados que tienen a su cargo la defensa de Gilberto Flores Alavez (de 23 años, acusado de haber asesinado a sus abuelos Asunción Izquierdo de Flores y Gilberto Flores Muñoz el 6 de octubre de 1978), el nieto del secretario de Agricultura en el gobierno del presidente Ruiz Cortines es inocente y padece al mismo tiempo de un trastorno mental que los psiquiatras y criminólogos contratados por la defensa denominan “psiconeurosis obsesiva compulsiva”
A fin de fundamentar su alegato de que “Flores Alavez no es autor de los ilícitos que se le imputan” y solicitar al Juez Décimo Quinto Penal que dicte su libertad, la defensa desconoce la validez de una supuesta confesión del inculpado, establece mediante opiniones psiquiátricas que su personalidad es incompatible con el crimen, arguye la ausencia de móvil para cometerlo, supone la existencia de dos armas (un machete y otra “punzo-cortante”) empleadas por “sicarios” enviados por desconocidos que amenazaban a la familia, y sobre todo cuestiona con no disimulada indignación las actuaciones de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal practicadas durante el proceso

Los argumentos de la defensa intentan demostrar que Gilberto Flores Alavez “nunca confesó ser el autor de la muerte de sus abuelos” y en ellos los defensores aceptan que tanto el abogado Aguilar y Quevedo como el doctor Gilberto Flores Izquierdo, hijo de las víctimas y padre del supuesto parricida, permitieron (“en busca de la verdad”) que se trasladara a la Procuraduría a las hermanas y el hermano de Gilberto Flores Alavez “para simular que se les martirizaba, a fin de obtener que declarara su participación en el suceso” y accedieron —según la transcripción literal del doctor Flores Izquierdo en su comparecencia judicial— a “que no hicieran todos los estudios necesarios para llegar a tal fin, esto incluyó métodos de los más avanzados hasta el narcoanálisis con la inyección endovenosa de pentotal sódico”
En relación con el simulacro de tortura, el doctor Flores Izquierdo sostuvo en su comparecencia que “el procurador le pidió que trajera a sus hijos al mismo recinto oficial, con el objeto de simular un atentado contra sus hijas que fuera del conocimiento de su hijo, para ver si de esa manera se podría obtener una confesión accedió, llegaron los niños, dos de ellos se negaron y rompieron en llanto y su pobre hija Alicia, accedió ante la orden paterna; antes de ese simulacro el Procurador en persona amenazó al hijo de la necesidad de la exhumación de los cadáveres para infundirle miedo grave el muchacho oyó sin estar en antecedentes y reconoció la voz de su hermana, que aparentemente era martirizada, acepto firmar cualquier cosa o hacer cualquier cosa, pero que dieran fin al martirio de su hermana”
El relato de 231 páginas tamaño oficio, casi todas a renglón seguido, en el que la defensa amplía las conclusiones de inculpabilidad, parte del instante en que antes de entregarse a las autoridades, Gilberto Flores Alavez comunicó al abogado Adolfo Aguilar y Quevedo que adquirió dos machetes para derribar la cabaña de madera ubicada en el traspatio de su casa (no en la de las Lomas, en Avenida de las Palmas, escenario del crimen, sino en la del Pedregal de San Angel, donde vivía con sus padres) donde se construiría —si convencía a su padre— un departamento para sus abuelos maternos, quienes estaban delicados de salud y vivían solos
ANACARSIS PERALTA
El nieto de los señores Flores añadió que “adquirió un frasco de Valium para su abuelo don Gilberto, quien se lo pidió en virtud de prescripción médica; que al percatarse de que uno de los machetes estaba colocado sobre el cuerpo de su abuela victimada y que había residuos de Valium en una taza que se encontró en la proximidad del cadáver de su abuelo, lo sobrecogió un intenso pánico y para no ser incriminado le pidió a su amigo Anacarsis Peralta que desapareciera el machete restante y otros objetos que, en su pavor, temía que pudieran incriminarlo también” Precisó que “jamás tuvo intención alguna de matar a sus abuelos, que la noche de los hechos durmió con su hermanito Alfonso en la misma cama despertando en circunstancias enteramente normales y sin vestigios de sangre en su cuerpo ni ropas, sin recordar en absoluto acto alguno que pudiera relacionarlo con el crimen; que sin embargo, consideraba que las pruebas referidas eran `contundentes’ en su contra, por lo cual estimaba que era posible la autoría por su parte, pero en estado de incompleta inconsciencia, y que optaba por entregarse a las autoridades y sufrir las consecuencias del encarcelamiento”
Cuando Gilberto Flores Alavez preguntó a su abogado qué podía hacer ante el problema, el licenciado Aguilar y Quevedo le respondió que tenía dos opciones: huir del país, lo que sería muy difícil e implicaría el encubrimiento de sus padres, o entregarse a las autoridades y afrontar una posible sentencia de 40 años de cárcel Flores Alavez decidió entonces que asumiría ese riesgo, explayándose muy largamente (como media hora) en contraste con el brevísimo lapso que dedicó al trato de su gravísimo problema legal (como de 10 minutos) en consideraciones místicas: “Si nuestro señor Jesucristo siendo Dios se allanó al suplicio de los azotes, de viacrucis, del escarnio, del calvario y la crucifixión, yo que soy un simple mortal debo también afrontar los sufrimientos que me origine mi destino ofreciéndolos para la salvación de las almas de mis abuelos y la mía”
YA IBA A AMANECER
Al hacer la misma narración en la Procuraduría, “en condiciones de extrema coacción, mantenida durante muchas horas y ejercida también sobre todo por su propio padre y el licenciado Aguilar y Quevedo”, Gilberto Flores Alavez guardó silencio: “Al terminar la redacción del dicho que se le atribuye a Gilberto —que no contiene un solo dato ni circunstancia respecto a la comisión de los hechos—, el Procurador abordó al padre y al referido abogado de Gilberto diciéndoles que, para ayudarlo, se había agregado al final y sin que lo hubiera declarado, que pedía la atención de un psiquiatra por no sentirse bien; su padre y su abogado se opusieron porque la petición no era cierta, pero el licenciado Alanís le dijo que ya estaba escrito y no se podía reponer la hoja, pues era muy tarde, ya iba a amanecer; después, resulta que no sólo se agregó esa expresión sino que también se añadió que `confesaba’ ser el autor de la muerte de sus abuelos”
En el estudio de la personalidad de Gilberto Flores Alavez, el perito médico criminológico, doctor Roberto Peimbert, incluyó una exposición grabada magnetofónicamente:
” al llegar a la Procuraduría me pasaron, estaba Nazar, Sahagún Vaca, Miyazawa, Gándara Chacón y su grupo y desde que llegué fueron insultos, gritos, criminal, todas las cosas más horribles que se pueden imaginar, enseñarme las fotos de mis abuelos degollados, recordar eso, yo tenía días sin dormir, llegué yo como tonto, como idiotizado, aterrado, con miedo, no tenía ímpetu de poder defenderme, de poder entender las cosas, estaba yo desordenado totalmente, me decían ellos: tú eres culpable, tú eres culpable, veía a papá dudar, veía a todos mundo dudar; dije, bueno pues todo mundo me está diciendo que soy culpable, a lo mejor soy culpable, pues yo digo la verdad, ahora cómo fue, no me acuerdo Quince horas de interrogatorio, me vieron psiquiatras, los psiquiatras dijeron que yo estaba loco y usaron la palabra de que estaba yo paranoico y esquizofrénico, me dijeron ellos que sí, que yo estaba loco, entonces pues ni modo, yo tenía que creer algo, ¿no? Entonces yo les dije: mire señor Procurador, si usted dice que yo fui y como si fuera su hijo, pues yo digo que fui, o que no me acuerdo, yo no lo puedo creer, pues estaré loco para poder hacer una cosa de éstas, entonces me golpearon, personalmente todos los que me insultaron, más que nadie, Miyazawa y Gándara Chacón, me golpearon ellos, me vendaron los ojos, me desvistieron, me abrieron el pantalón, me oprimieron los testículos, me aventaron, me golpearon, pues me torturaron, me apretaron las rodillas, me las torcían, me las querían desquebrajar, o sea, una serie de golpes que ya no me acuerdo bien, no me importaba a mí, pero en ese momento cuando metieron a mi hermana al baño, pues yo dije, bueno, pues yo firmo lo que sea Entonces, me hicieron primero la declaración y me la empezaron a hacer diciendo que yo había sido, que el machete, que había entrado por la parte izquierda, entonces me negué mi declaración yo no la hice, estuve callado todo el tiempo, la dictó personalmente Gándara Chacón fue el que más dictó, Miyazawa y la terminó el Procurador Alanís Fuentes y como me negaba a aceptar las responsabilidades, interrumpió el Procurador y dijo: ¡ya basta, es muy tarde y estamos muy cansados y añadan que necesita tratamientos psiquiátrico, y si no se acuerda está enfermo el Procurador dijo, bueno, así textualmente el Procurador puso: confieso que soy culpable, quien sabe qué yo dije: probablemente yo puedo ser culpable si ustedes lo dicen y hay los indicios, pero yo no lo acepto ni me acuerdo más, así son mis palabras textuales y lo repetí muchas veces”
Los abogados defensores admitieron en un principio la posibilidad de que el acusado hubiera tenido participación en el crimen, “porque él mismo lo admitía y existían algunos aspectos confusos”, pero había datos incontrovertibles que hacían imposible tal participación sin la de otros sujetos Más adelante, sin embargo, apoyándose en el “significado de los datos traumatológicos”, los pormenores en torno del “Valium y los machetes”, las “huellas y los vestigios”, la versión psiquiátrica sobre la personalidad de Gilberto Flores Alavez (“incompatible con el crimen”) y su comportamiento antes, después y durante el crimen, aparte de la ausencia del móvil y la presencia de amenazas contra Flores Muñoz, insisten en que ni siquiera en complicidad con otros el inculpado fue autor del delito
Creen que, “en contraste con la actitud de la defensa”, la Procuraduría “ha mantenido una postura contraria a la buena fe, que jurídicamente debe observar como Institución Es del dominio público que inicialmente, desde la averiguación previa, el Procurador pronunció ante los medios de información, una condena anticipada contra Gilberto Flores Alavez, consagrándolo como autor de la muerte de sus abuelos” A fin de sostener esa condena emitida de antemano, el Agente del Ministerio Público “especial” para el caso, “no sólo se abuso de procurar el hallazgo de la verdad, sino que se esforzó en impedirlo, obstaculizando el desahogo de las pruebas, oponiéndose y empeñándose en ocultar la verdad con falsedades Este comportamiento de la ley y la moral culmina con las conclusiones acusatorias que formula que se basan en la supuesta “confesión” de Flores Alavez Pero “no existe ningún dato jurídicamente válido que demuestre” la relación del inculpado con el delito La “confesión”, señala la defensa, no tiene apoyo en la ley procesal ni en la doctrina: debe hacerse “sin coacción” y ser un “relato, una descripción detallada, pormenorizada, con todas las circunstancias de modo, tiempo y lugar, de los actos de comportamiento propio, que integran la comisión de un delito”
COLAS DE RATA
Así, la defensa de Gilberto Flores Alavez entra en detalles:
La autopsia de Gilberto Flores Muñoz, las opiniones del Director del Servicio Médico Forense que la practicó (doctor Ramón Fernández Pérez) y de todos los peritos consultados, acreditan que “cuando menos dos sujetos participaron en el crimen, el cual se consumó con un instrumento punzocortante y no con un machete que es corto-contundente”
De los informes criminológicos, las fotografías en color tomadas a las víctimas y los análisis químico toxicológicos, se infiere —apunta la defensa— que a Gilberto Flores Muñoz se le causaron, por expertas manos, cinco heridas pequeñas superficiales que sangraron y presentaban coagulación, “lo cual demuestra que la víctima estaba con vida durante todo el tiempo transcurrido para inferírselas, pues la sangre sólo se coagula cuando la persona está viva”
“Cola de rata”, dice la defensa que tenían esas herida: así se identifica en los medios policiacos a la huella que ofrece la lesión en un extremo, como cuando uno se rasura Esta circunstancia —piensas los litigantes encabezados por Aguilar y Quevedo— y todas las otras características de estas lesiones demuestran irrebatiblemente que se produjeron con un instrumento punzo-cortante y “excluyen el uso del machete, que es el extremo ancho y fomo (el machete de autos tiene el extremo despuntado y el borde mellado)”
Otro criterio de la defensa es que las heridas fatales también se ocasionaron con instrumento punzo-cortante: “Fueron las últimas en ingerirse, seccionaron yugular y carótida e interesaron esófago y tráquea” Sin embargo, observa, no hubo broncoaspiración como lo revela la ausencia de sangre, “a pesar de la apertura en tráquea y esófago”, en vías altas, árbol bronquial, resto del pulmón y estómago, “lo cual comprueba que se le impidió la respiración obstruyendo fosas nasales y cavidad oral simultáneamente, hasta su muerte”
“Estas dos heridas mortales son de 3 y 35 centímetros de ancho: es incuestionable que no pudieron inferirse con el machete, que mide 6 centímetros de ancho”, remata la defensa
Los defensores Sergio Vela Treviño, Juan Rivero y Adolfo Aguilar y Quevedo arguyen que el cuerpo de Flores Muñoz tenía escoriaciones y equimosis —sólo posibles cuando el organismo vive— en los hombros y en las zonas anatómicas vecinas Resultaron desgarradas las piyamas que vestía, también a la altura del hombro “Estos datos confirman, fuera de duda, que se le sujetó violentamente para obstruirle la nariz y la boca (con la almohada que apareció sobre su rostro) impidiendo que gritara e inmovilizándolo para evitar que se defendiera, mientras se le inferían las cinco primeras lesiones leves y las dos últimas mortales”
Por los demás, abunda el alegato, el vigor físico de Gilberto Flores Muñoz (estatura de un metro 82 centímetros; perímetro torácico de 1 metro 5 centímetros; y perímetro abdominal de un metro) y la ausencia de somníferos en su cuerpo, corroboraron la participación obligada de más de un sujeto activo, una gran fuerza muscular y destreza homicida en los atacantes, atributos de los que evidentemente carece Flores Alavez
RUTAS DE SANGRE
La autopsia de Asunción Izquierdo de Flores, por otra parte, demuestra —la afirmación es de la defensa— que fue lesionada con instrumento cortocontundente que sí corresponde a machete, que la mujer se defendió resultando lesionada en palma, dorso y dedos de las manos, en un brazo (con fractura de hueso), en la boca con fractura de ambas arcadas dentarias y “fue golpeada en el torso con tal fuerza que se le produjo contusión profunda de tórax y se le ultimó con un tajo en el cuello que alcanzó vértebra cervical, dejándola prácticamente decapitada
“La naturaleza y la ubicación de las lesiones inferidas tanto a don Gilberto como a la señora evidencian también que sus victimarios son sujetos avezados en la agresión, en el uso de arma blanca y muestran profesionalismo en las acciones homicidas”, concluye la defensa sobre este particular
Y reitera: “Las manchas de sangre en el lugar de los hechos acreditan que participaron en el crimen, cuando menos, dos personas, que penetraron en la casa violando la chapa de la puerta del jardín al comedor”
Las rutas de sangre, repara la defensa, aparecen en la recámara de Flores Muñoz y marcan el desplazamiento de dos individuos: A y B Sus huellas de sangre, o de agua con sangre, siguen dos trayectorias:
A se dirige al baño, enciende la luz, se lava las manos en el lavabo (en el cual se descubre sangre) Usa el escusado y deja huellas de sangre junto Limpio de las manos, abre la puerta de la recámara, aunque la chapa no presenta huellas
B espera en la puerta (como lo demuestra la sangre en ese sitio) a que salga A y la abra con las manos limpias
En la cabecera de madera de la cama de Flores Muñoz surge a través de una lente de aumento una huella digital con sangre: no corresponde a Gilberto Flores Alvarez ni a su abuelo
A se dirige al pasillo, sube al baño de las trabajadoras domésticas, utiliza el lavabo para lavar algo ensangrentado (se encuentra allí gran cantidad de sangre) Se baña (se localiza allí, en el espacio de la regadera, abundante sangre, restos de alfombra de la recámara de Flores Muñoz y del pasillo y pelos que no son de su nieto) En la azotehuela del piso de la servidumbre aparece sangre en los ladrillos de ornato sobresalientes, hacia la pared que da a la azotea, “lo cual evidencia que fue escalada, para observar el exterior”
Según las huellas descubiertas allí —sigue la hipótesis de la defensa—, A baja, queda en el vestíbulo de las recámaras de los jóvenes, se pega a sus puertas, deja huella de aguasangre a la misma altura, en ambas y espera en la inmediatez del montacargas, donde se detecta más aguasangre
A o A y B juntos descienden dejando en la pared del montacargas un rozón de aguasangre: “En la cocina existen huellas de sangre en el refrigerador (precisamente en el sitio donde Flores Alavez dejó el machete) y en el piso inmediato al mismo, lo que evidencia que de ahí fue recogido”
A o A y B juntos se dirigen a forzar la puerta del baño de Asunción Izquierdo de Flores, con las manos lavadas (no hay huellas de sangre en la chapa) Se asesina a la señora Flores —B solo, o con la participación de A—, y uno o ambos se lavan en el lavabo Uno de ellos, A o B, vuelve al vestíbulo, se detienen, se encamina hacia la terraza de la fachada principal, roza dos escalones, deja allí aguasangre, desplaza la cortina de la puerta vidriera que da acceso a la terraza (hay allí abundantísimas huellas de aguasangre, una con forma de mano) y abre la puerta (en la que deja huellas de sangre)
Sale A, o A y B juntos, escalando la puerta de peatones y dejan en ella huellas sanguíneas
DEL PEDREGAL A LAS LOMAS
Otro rubro en que busca un punto de apoyo la defensa es el que subtitula “Valium y machetes” Para ello, se demora en minucias y se expresan en presente histórico:
Gilberto Flores Alavez adquiere los machetes para desbrozar el jardín de su casa de Avenida del Pedregal 165, a sugestión y por medio de su amigo Anacarsis Peralta en la ferretería “La Glorieta”, donde conocen muy bien a Peralta Gilberto Flores Alavez entra en la casa de sus abuelos en Avenida de las Palmas, en las Lomas de Chapultepec, sin ocultar el machete; lo coloca en un lugar visible, recargándolo sobre un lado del refrigerador
A la defensa le parece extraño que el vigilante de la residencia, un policía del tipo bancario, eluda toda mención del machete y, “contradictoriamente, en su primera declaración no menciona que Gilberto haya introducido alguna cosa en la casa, cuando en su segunda comparecencia precisa que penetró con seis o siete libros y unos cuadernos, y en su tercer dicho afirma que portaba un bulto sin que pudiera percatarse de sus características, porque se interpuso Anacarsis pidiéndole lumbre para prender un cigarro, siendo que esto sucedió cuando ya Gilberto estaba dentro de la casa y Anacarsis saliendo del predio para abordar el automóvil”
Otra reflexión de la defensa parte del hecho, comprobado fotográficamente, de que el machete aparece después del crimen colocado en la parte roma sobre el cuello del cadáver de Asunción Izquierdo de Flores
“¿Cuál es la razón por la que el asesino no se lleva el arma, sino que la deja, colocándola precisamente sobre el cadáver y en el cuello donde infirió la lesión mortal?”, se pregunta la defensa
Y subraya: “¿Por qué el asesino deja en esas condiciones el machete y, en cambio, no hace lo mismo con el arma punzo-cortante usada en los hechos, que no aparece?
Para dar verosimilitud a su relato, la defensa abunda en pormenores que describen a su defendido, Gilberto Flores Alavez, tratando de conseguir con receta adulterada por él mismo un frasco de Valium 10 para su abuelo: “Adquiere el Valium y comunica este hecho dos veces a sus familiares —a la hora de la comida y en la noche—, en circunstancias que motivan el conocimiento de este hecho por todo el personal de servicio de la casa y, posiblemente, por los enemigos de don Gilberto, que lo mantenían amenazado de muerte y quienes podían tener su teléfono interferido”
Cuando se descubre el cadáver de don Gilberto los investigadores reparan en una taza que está sobre el buró, sin ninguna huella digital, y que contiene en elevada concentración residuos de té mezclado con Valium (tranquilizante a base de la sal diazepam fabricado por la trasnacional suiza Laboratorios Roche y que se ofrece al público como tranquilizante o relajante y, según la prescripción médica, puede usarse a veces como antidepresivo)
Pero, interviene la defensa, el Valium mezclado con té tiene un sabor insoportablemente desagradable: “Este medicamento se toma tragado, pasándolo íntegro con un sorbo de líquido; ni un suicida lo ingiere mezclado” Por si esta aseveración no bastara, los litigantes precisan: “Don Gilberto jamás tomaba té, y menos aún, por las noches Nunca usó taza algunas, sino siempre y solamente un vaso, para tomar agua simple hervida El cuerpo de don Gilberto fue examinado exhaustivamente por los más calificados técnicos (por el doctor Ramón Fernández Pérez, director del Servicio Médico Forense, nada menos), utilizando los instrumentos y los métodos más eficaces para el hallazgo de Valium en órganos y sangre No encontraron huella o residuo alguno de esta sustancia y establecen, con toda autoridad científica, que el victimado no ingirió Valium en esa ocasión”
LA PSIQUIATRIA COMO APOYO
“¿Quién y para qué fin colocó allí esa taza, que don Gilberto nunca usó, con residuos de té, que don Gilberto nunca tomaba, mezclados con Valium, que don Gilberto esa noche no ingirió, pero que se sabía que su nieto lo había llevado?” se plantea la defensa que, por lo demás y para fundamentar sus asertos, concede una enorme, incuestionable autoridad científica a la psiquiatría organicista:
“Los más capacitados psiquiatras y psicólogos han efectuado el examen de la personalidad de Gilberto Flores Alavez Estos profesionales de la más alta calidad moral y profesional fueron requeridos para que exploraran cabalmente al encausado, a fin de establecer la verdad sobre su personalidad y la posible relación de la misma con la autoría del crimen”
Los “profesionales” contratados por Aguilar y Quevedo y el doctor Gilberto Flores Izquierdo (algunos de los cuales llegaron a cobrar 250,000 pesos por la consulta, mientras otros se negaron a cobrar a un colega de su profesión) opinaron que:
“No existe elemento o dato alguno en la personalidad de Gilberto Flores Alavez —cabalmente investigada mediante pruebas neurológicas, psiquiátricas y psicológicas de resultados ciertos e independientes de la voluntad del sujeto—, que permita relacionarlo con la autoría del doble crimen que se le imputa”
Y: “Los ingredientes de la personalidad de Gilberto Flores Alavez, que determinan que sea un enfermo urgido de tratamiento médico —especialmente los instintos e impulsos reprimidos y sublimados a valores místicos, paralógica carencia del mínimo de agresividad normal en las relaciones interpersonales, anormal intolerancia de la violencia y de la simple vista de sangre—, motivan que su personalidad sea incompatible con los hechos que se le imputan”
Testimonios, pruebas, peritajes, dice la defensa, han sido desoídos por la Procuraduría que en especial no tomó en cuenta los resultados de las autopsias ni las opiniones de quienes las efectuaron, como la del doctor Ramón Fernández Pérez, director del Servicio Médico Forense
“Las actuaciones de la Procuraduría y, en especial, sus dictámenes, son extremadamente parciales, tendenciosos y contradicen abiertamente la realidad Sin embargo, sus propios psiquiatras y psicólogos —que exhiben una absoluta falta de respeto por la verdad y la ética—, diagnostican un trastorno patológico en Gilberto Flores Alavez (para el cual prescriben tratamiento), que identifican de acuerdo con el rubro de la Clasificación de Enfermedades Mentales de la Organización Mundial de la Salud, omitiendo mencionar que tal perturbación implica las conclusiones transcritas; o sea que en este aspecto sustancial coinciden todos los peritos de las partes, que han tratado del caso También, el perito Tercero designado por el Tribunal, que es un ameritado psiquiatra, confirma definitivamente la grave enfermedad mental que padece el encausado y la urgencia de su tratamiento”
Desde 1980 el doctor Gilberto Flores Izquierdo se ha quejado de que la Procuraduría desató una campaña de desinformación a la prensa, “de tal modo que difícilmente parece inverosímil tanta infamia” En julio de ese año, el abogado Aguilar y Quevedo en una conferencia de prensa acusó al licenciado Agustín Alanís Fuentes de “recurrir a todos los medios legales e ilegales para encubrir a los verdaderos culpables” Flores Izquierdo también responsabiliza al juez encargado del caso de mostrar una decidida parcialidad hacia las indicaciones de la Procuraduría, de cerrar el proceso intempestivamente estando pendientes de desahogo numerosas pruebas sin haber ordenado la reconstrucción de los hechos en la casa del crimen, y de impedir que se realizaran los careos ordenados por la Constitución
Flores Izquierdo menciona a los licenciados Alanís Fuentes, Salvador Martínez Rojas (presidente del Tribunal de Justicia del Distrito Federal, que supuestamente ordenó al juez cerrar el proceso) y Alvarez Amaya (director general de Procesos de la Procuraduría) como responsables de “obstaculizar la administración oportuna de la justicia; recurrir a falsedades y obstruccionar las diligencias encaminadas al hallazgo de la realidad en el proceso de Gilberto Flores Alavez; propiciar el cierre del mismo en forma arbitraria, cuando así conviene a sus intereses; influenciar al juez, modificar pruebas, dificultar la declaración de testigos claves en el esclarecimiento de los hechos; ignorar las conclusiones de las autopsias; aceptar como concluyente una investigación precipitada y parcial; apoyarse en declaraciones ligeras, como las del doctor Rafael Moreno; agregar a una declaración inocua un texto falso que se califica de confesión, sin relato confesorio alguno; y obtener mediante la fuerza la firma de una declaración”
Si la defensa insiste en la teoría de la conspiración y a lo largo del alegado coloca estratégicamente las premisas que presuponen un posible encubrimiento por parte de la Procuraduría es porque, según los abogados presididos por Aguilar y Quevedo, proclama que “no se practicaron las diligencias de desahogo de pruebas que, ofrecidas o no, deben efectuarse” Además, “en este proceso, de excepcional gravedad y trascendencia, no se practicó un solo careo” No se desahogaron las pruebas consistentes en la reconstrucción de los hechos ni en la testimonial de la trabajadora doméstica que trabaja en la casa escenario del crimen Se declaró cerrada la instrucción sin hacerse los careos constitucionales del procesado con Anacarsis Peralta, Javier Pérez Mancera, Benigno Vázquez Sánchez, y otros
De esta manera, la estructura narrativa de la defensa avalada por el litigante Adolfo Aguilar y Quevedo deja implícita la hipótesis de una conspiración, de la inocencia y la enfermedad mental de Gilberto Flores Alavez, y del encubrimiento tácito por parte de la Procuraduría de Justicia del Distrito Federal que —según apuntan todos los argumentos defensivos— se empeñó en la prefabricación de un culpable

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