25 kilómetros del Pacífico, la playa privada de Toledo Corro

25 kilómetros del Pacífico, la playa privada de Toledo Corro
Todos los lujos se dan en las 7,000 Has del gobernador de Sinaloa
Francisco Ortiz Pinchetti
TEACAPAN, SINALOA- A lo largo de 25 kilómetros, en línea recta, las aguas del Pacífico bañan de azul la playa particular de Antonio Toledo Corro
Veinticinco kilómetros, sí, que vistos desde el helicóptero semejan un interminable listón oro, plata y azul: arena, espuma y mar Una inmensidad desierta sólo interrumpida, justamente a la mitad, por una construcción blanca y circular como plaza de toros: la mansión playera del gobernador de Sinaloa
La franja marina delimita al poniente una alargadísima lengua de tierra que transcurre entre el océano y un estero El predio, de más de 7,000 hectáreas, está en su mayor parte sembrado de cocoteros y tiene hacia el sur verdes praderas en las que blanquea el ganado de alto registro del exsecretario de la Reforma Agraria
Las Cabras se llama el rancho, paraíso privado del señor gobernador, situado a unos 28 kilómetros de esta pequeña población sureña de Sinaloa Ahí, Toledo Corro lo tiene todo: dos residencias —la de la playa y el casco de la hacienda— pista de aterrizaje, lagos artificiales, caballerizas, lienzo, albercas y toda la playa que ojos humanos sean capaces de abarcar
De no creerse
De no creerse y sí, porque quien conoce al patrón sabe que es hombre que disfruta de la vida “Mi trabajo me ha costado”, suele decir Y ahora goza su poder y su dinero
A Las Cabras viaja Toledo Corro desde Culiacán cada fin de semana A las dos de la tarde del viernes, pase lo que pase, el gobernador da por terminadas sus agobiantes labores y sale de su despacho en el Palacio de Gobierno para trasladarse al aeropuerto Regresa el lunes, puntualmente, a las nueve de la mañana
En sus viajes al rancho suele hacer escala en Mazatlán, donde tiene otra casa Ahí cena con algunos amigos y a veces pernocta También ocasionalmente llega a Teacapán, los sábados por la mañana, para almorzar Luego se pierde en Las Cabras
Ahí, en el rancho, es feliz Ahí descansa y departe con los buenos amigos, a quiénes aloja en búngalos frente al mar y colma de atenciones Tiene fama de magnífico anfitrión Le gusta nadar un rato y montar finos caballos árabes También, recorrer sin prisas sus plantíos de coco y supervisar personalmente la crianza del ganado Y acostumbra tratar ahí sus negocios particulares, mientras bebe y convida de los mejores vinos del mundo, que para eso tiene una cava espléndida
Todo un señor
Y es que Antonio Toledo Corro, que tanto sufrió y tanto trabajó para llegar a donde está, es un hombre poco común No le gusta lo bueno; le gusta lo mejor Los aviones, por ejemplo, le fascinan: pero no se conforma con una avioneta: tiene un “aerocomander”, turbohélice de dos motores, y un “Jet Star” de cuatro turbinas para 11 pasajeros y tres tripulantes Este avión lo tiene ahora en Tucson, al parecer con la idea de venderlo
Para operar sus aviones, Toledo Corro tiene a su servicio ocho pilotos, a los que paga con recursos del erario En la cuenta pública del año pasado, sus sueldos aparecieron entre los “gastos directos del despacho del Ejecutivo”
Pero hay algo que en verdad lo distingue: tiene su propio vagón de ferrocarril Es un carro todo plateado, brillante, acondicionado a todo lujo Está permanentemente en la estación de Mazatlán y lo usa de vez en cuando para ir, por ejemplo, de compras a Nogales
Esa es clase, sí señor
EL PARAISO RECOBRADO
El rancho Las Cabras está situado en el sur del estado de Sinaloa, en el municipio de Escuinapa, donde nació Toledo Corro Se encuentra a la orilla del mar, ligeramente abajo del paralelo 23 y marca los límites del Mar de Cortés Mide 25 kilómetros de largo y su anchura va de los cuatro kilómetros en su parte más amplia al kilómetro y medio en su extremo sur En esa parte lo riegan las aguas del río Baluarte
Para Toledo Corro ese predio tiene un significado muy especial: fue propiedad de su padre, José Natividad Toledo, que en su tiempo fue uno de los más ricos ganaderos del sur de Sinaloa Al morir él, los medios hermanos del hoy gobernador del estado —que sufrió humillaciones y desprecios— descuidaron el rancho y acabaron por perderlo Fue temporalmente propiedad de Héctor Escutia y después lo adquirió Ernesto Coppel, miembro de otra acaudalada familia sureña
En 1976, cuando durante el gobierno de Luis Echeverría Alvarez ocurrieron en Sinaloa los grandes movimientos campesinos en demanda de tierra, Las Cabras ocupa el sexto lugar entre los más grandes latifundios de todo el estado, a pesar de que oficialmente constaba de “sólo” 4,505 hectáreas Unicamente lo superaban la hacienda Del Refugio, propiedad de la familia Montero Alvarado (9,609 hectáreas); la hacienda de Santa Cruz, de Roberto Henderson y familia (9,743 hectáreas); el rancho Tetameche, de los Echeverría (5,041 hectáreas); el rancho San Rafael, de Manuel Clouthier y familia (5,340 hectáreas) y el predio La Bandera, de la familia Ritz (4,919 hectáreas)
Durante los acontecimientos de ese año, Las Cabras fue dos veces invadido por campesinos que demandaban su afectación Cuando el conflicto agrario de Sinaloa se resolvió mediante la donación —que no afectación— de 13,000 hectáreas por los agricultores, el predio de los Coppel quedó a salvo de toda merma, aunque la solicitud de afectación persiste desde entonces
Convertido por su amigo el presidente José López Portillo en diputado federal y líder de la diputación campesina (Proceso 365), recuperado ya de su bancarrota económica y política, Antonio Toledo Corro pudo, en 1977, ver materializado un viejo sueño: recobrar Las Cabras, que en realidad nunca fue suyo Y se lo compró a los Coppel
Desde su gestión al frente de la Secretaría de la Reforma Agraria (1978-1980) Toledo Corro transformó el rancho, asentado en su mayor parte sobre terrenos arenosos Fue entonces cuando ideó el Plan Cocotero y llenó de palmas de coco su propio rancho
Actualmente, los vecinos de Teacapán calculan que en Las Cabras hay más de 40,000 palmeras sembradas La mayoría de ellas todavía no está en producción: el coco tarda de ocho a diez años en desarrollarse y dar fruto Eso sí, cuando empieza, ya no para sino 80 años después Además, Toledo Corro introdujo una variedad africana, cuya producción se prolonga casi 200 años y es particularmente pródiga
El rancho está dotado de todos los servicios Tiene agua, electricidad, comunicaciones Una carretera pavimentada de 28 kilómetros comunica el casco de la hacienda con el poblado de Teacapán, de donde puede seguirse a Escuinapa o a Mazatlán
Toledo Corro hizo construir una pista de aterrizaje de 800 metros, para aviones pequeños Está a un lado de la casona principal del casco, que fue totalmente remodelada Tiene la residencia 10 confortables habitaciones, un gran comedor, cantina con cava, salones y todos los servicios
Al sur de la residencia se encuentran 12 casas para los caporales del rancho, en el que permanentemente trabajan unas 60 personas Hay una docena de guardianes armados con rifles y metralletas Algunos realizan la vigilancia a caballo Dos están permanentemente apostados en la entrada principal del rancho
Las caballerizas están al sur del casco Hay ahí caballos pura sangre, árabes en su mayoría También hay “ponys”, que al señor le encantan El granero, un establo y un pequeño redondel de vigas completan el conjunto del casco de la hacienda
Unas 4,000 hectáreas están cubiertas por los cocoteros, que forman sombreadas calzadas e interminables hileras; una palmera cada 10 metros
Hacia el sur están las praderas artificiales donde pasta el ganado Todo fino: indobrasil, brama y cebú Parte de ese ganado proviene de la simiente del rancho El Gargaleote, el latifundio que fue de Gonzalo N Santos y que el gobierno lopezportillista afectó en San Luis Potosí, precisamente durante la gestión de Toledo Corro al frente de la SRA
Los obreros cuentan con agua de abundancia y tienen las instalaciones necesarias para cortar, marcar y embarcar ganado, así como pequeñas viviendas para los vaqueros
Hay al fondo una pequeña sección sembrada de sorgo, ya en los límites con tierras ejidales Y también terrenos en preparación en los que trabajan 24 tractores
Todo, pues
Un camino revestido de tres kilómetros de largo comunica el casco de la hacienda con la casa de playa, en la orilla del mar Es una mansión extraña, caprichosa Ocupa unos 1,600 metros cuadrados, sin contar sus anexos, y está toda pintada de blanco Fue construida siendo ya Toledo Corro gobernador de Sinaloa
En su parte principal, circular, hay ocho habitaciones, salón de juegos, dos salas, comedor, biblioteca Todo ello da a un patio central circundado por columnas Mero enmedio, una fuente chapoteadero de forma hexagonal Tiene 20 metros de diámetro
Como amalgamados a la construcción principal, del lado que da al mar, están seis búngalows para visitas: cada uno, con su habitación y su baño privado Y sobre la playa ya, una gran piscina cuya forma describe dos rectángulos sobrepuestos y que mide 30 por 15 metros
También ahí, junto a la residencia, hay una pequeña caballeriza Y la vivienda de la servidumbre
La casa de playa de Toledo Corro fue construida por otro amigo suyo, el arquitecto Quirino Ordaz Luna Es, por cierto, el candidato del PRI a la alcaldía de Mazatlán, cuya suerte habrán decidido los electores este domingo 6 de noviembre
Ordaz Luna es socio del gobernador en varios negocios, cuya propiedad él asume Entre ellos están el hotel Océano Palace y una torre de condominios frente al club Boalboa
EL VAGON DE PLATA
Además de la propiedad de Las Cabras y la participación en esos negocios, Toledo Corro incursionó también como banquero, antes de la nacionalización DE hecho, compró el Banco Occidental de México, cuyo consejo de administración estuvo presidido por un hijo suyo, Abraham Toledo Ortiz Ese banco se fusionó con el Banco del Noroeste poco antes del histórico 1¼ de septiembre de 1982
Al ocurrir la nacionalización, el gobernador Toledo Corro se apresuró a elogiar públicamente la medida adoptada por su amigo el Presidente y a censurar a los banqueros como traidores a la patria Y reunió 25 millones de pesos como aportación de los sinaloenses al Fondo de Solidaridad, cuyo destino, por cierto, sigue en el misterio
Otra obra curiosa del gobierno del “Tigre del Sur”, como llaman al gobernador, fue al aeropuerto de Teacapán Lo construyó, como contratista del gobierno estatal, Jaime Toledo Akuri, sobrino de Toledo Corro Costó, hace más de un año, 65 millones de pesos Tiene una pista de dos kilómetros, con dimensiones y características adecuadas para el aterrizaje hasta de un DC-9, como los que opera comercialmente Aeroméxico El pretexto para la obra fue el desarrollo turístico de este pobre poblado de pescadores camaroneros
“No sirve para nada”, dice el síndico municipal Efrén Castro “Dijeron que era para el turismo, pero en Teacapán no hay un solo hotel y ningún servicio Ni agua tenemos”
Platica Castro que, de hecho, los únicos que utilizan la pista de aterrizaje son el propio Toledo Corro y los amigos que vienen en aviones grandes a visitarlo en Las Cabras “Es raro que baje aquí un avión”, dice
Eso sí, el día de la inauguración del aeropuerto, bajaron más de 40 aviones Vino “gente muy importante” De Mazatlán, de Durango, de Chihuahua, de Zacatecas, de San Luis Potosí y “hasta de México” Hubo comilona y discursos Una fiesta como no habían visto nunca los 5,000 teacapanenses
Lo del vagón de ferrocarril completa la descripción de la personalidad nada común de Antonio Toledo Corro Lo compró hace siete años, en cuanto logró su candidatura para diputado federal Un viejo ferrocarrilero jubilado, experto en esas cuestiones, lo acompañó a Estados Unidos para escogerlo y comprarlo Era en realidad un carro viejo, pero fue renovado y acondicionado a todo lujo
El vagón se llama “Mazatlán”, como la ciudad donde Toledo Corro creció y de la cual fue alcalde Tiene el registro TL-21 y parece de plata Brillante, siempre limpio De su mantenimiento se ocupan dos ferrocarrileros jubilados, empleados de planta de Toledo Corro Cuando el gobernador va a usar su vagón —para lo cual tiene que pagar el arrastre respectivo al Ferrocarril del Pacífico— manda llamar a su cocinero y a su porter
Por dentro, el carro tiene dormitorio, sala, comedor, cocina y dos baños De su amplitud y confort da idea el hecho de que los vagones tienen normalmente capacidad para ocho camarines y seis alcobas, en los que pueden alojarse hasta 34 pasajeros Por supuesto, está todo alfombrado y luce en sus ventanillas cortinas de terciopelo
El vagón de Toledo Corro permanece inmóvil durante meses, estacionado en una “vía muerta” de la terminal ferroviaria de Mazatlán La última vez que lo usó fue hace dos meses, para ir a Nogales
En las puertas de ambos extremos del carro, un letrero pone “privado”: nadie puede entrar durante el viaje, para tranquilidad del señor
Lo merece, como no Por luchón Por abnegado Por velar permanentemente por el destino de sus conciudadanos, en una entidad que padece problemas agobiantes Por ejemplo, hay 650,000 sinaloenses con necesidades apremiantes de vivienda

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