TEATRO ESPAÑOL CONTEMPORANEO

TEATRO ESPAÑOL CONTEMPORANEO
Bruce Swansey
Con Alfonso Sastre, Buero Vallejo es fundador del teatro español de la posguerra Historia de una escalera, de 1949, es el punto de partida de una obra apasionada por el problema de la verdad, que seguirá con Las palabras en la arena (También del año 49), En la ardiente oscuridad (1950), La tejedora de sueños (1952), La señal que se espera (1952), Casi un cuento de hadas y Madrugada (ambas del año 53), Irene o el tesoro (1954), Hoy es fiesta (1956) Las cartas boca abajo (1957), Un soñador para un pueblo (1958), Las Meninas (1960), El concierto de San Ovidio (1962), Aventura en lo gris (1963), El tragaluz (1967), El sueño de la razón (de 1970, es decir, estrenada en México 15 años después), Llegada de los dioses (1971) y La fundación (1974)
Para varios críticos, Buero Vallejo representa el arranque del nuevo drama español, fundado en un compromiso con la realidad inmediata, en la búsqueda de la verdad (lo cual era para Ibsen una función esencial del drama), en la voluntad de cuestionar la conciencia española después de la guerra y en la renuncia del folklorismo, el tremendismo ideológico y a la evasión lírica

El conjunto de su obra se caracteriza por la voluntad del autor de establecer con su público una relación en la cual cada espectador, como testigo y coro silencioso, debe participar en el drama justamente a través de la elección, es decir, la resolución del conflicto Las obras de Buero Vallejo tienden a abrirse en interrogantes ante las cuales el espectador debe responder Como Edipo ante la Esfinge, el espectador pone a punto su moral, de cara a un conflicto que, en el caso de las obras que componen el ciclo histórico, definen —en este caso— la nacionalidad hispana
No es casual que Buero Vallejo se muestre tan comprometido con la necesidad de clarificar el proceso que históricamente se gesta en el XVII y que cerca de dos siglos después estallará con la abdicación de Alfonso XIII, ya que el conflicto no termina de encender los ánimos sino con la obligada, mortuoria paz franquista Si nuestra historia es paradójica, la de España es una lucha de oposiciones irreconciliables, lucha en la que se manifiesta la tristeza y el terror, elementos de una tragedia nacional que el autor sufre en carne propia
“La sociedad y los hombres que la componen —escribe el autor— propenden a defenderse de toda inquietud, problema o transformación —y la tragedia propone todo eso— tildando de pesimistas y destructores a los hombres o a las obras que se atreven a plantear tales cosas La identificación del terror, la lástima y el dolor trágicos con el pesimismo es propia de personas o colectividades que huyen de sus propios problemas o deciden negar su existencia por no poder o no querer afirmarlos; propia, en una palabra, de personas o colectividades pesimistas”
Para Buero Vallejo es esencial voltear el teatro griego clásico, sobre todo de cara al marasmo que impera, al silencio y al desconocimiento o, pero aún, a la ignorancia dirigida que padece España Esta conspiración del silencio —la alegría y el optimismo oficiales— es una constante que se presenta tanto en El sueño de la razón como en Un soñador para el pueblo, Las Meninas y El concierto de San Oviedo
La tragedia está presente no sólo como vía de conocimiento para iluminar la realidad, cueste lo que cueste, sino también como modelo moral que impone matices entre los que destacan la libertad del individuo y la certeza del autor, de quien escribe porque espera, pese a toda duda Buero Vallejo, como antes Ibsen, afirma la necesidad de la verdad, sin que el dolor de esta búsqueda signifique la creencia en nociones tales como el destino La lección de la guerra —los vencidos y los vencedores— es muy dura como para no subrayar el hecho de que son los individuos quienes mediante malas elecciones, hechas contra sus más sinceras voliciones, labran su perdición Todo el ciclo que se ocupa del análisis naturalista de ciertas capas sociales se basa en esta obsesión implacable de las elecciones individuales, las cuales definen —tanto como las circunstancias objetivas— el “destino” humano
Esta afirmación —la libertad como problema moral— sirve igualmente como pilar del teatro histórico de Buero Vallejo: la acción catártica de su obra va del espectador al drama; una vez respondida la pregunta que cada texto formula, comienza el drama de cada espectador
El autor se propone establecer, como indica el programa de mano, una relación activa entre los productores y los consumidores del hecho teatral, para lo cual utiliza diversos elementos, tales como aprovechar, en El sueño de la razón, la sordera de Goya (que también padece el público), en Irene o el tesoro, la aparición del duendecillo Juanito, invisible para todos menos para Irene y para el espectador
El sueño de la razón no se propone una reconstrucción histórica, sino la construcción de un espejo que refleje el presente; Fernando VII (o Franco) teje, inmóvil y silencioso, una red en cuyo poder terrible aprese al país Desde allí, prácticamente invisible y por ello aterrador, el absolutismo impone un mundo sin rostro y sin voz, un mundo que sólo se manifiesta en la conciencia del protagonista Por ello la obra se desdobla en dos tiempos: el tiempo histórico de los personajes y el tiempo real de los espectadores El siglo XVIII se une al XX a través de la oscura tristeza y de la ironía macabra de la obra goyesca, que continúa reflejando los problemas españoles, prácticamente invariables
El autor obliga al espectador a compartir la sordera de Goya, lo cual ha sido bautizado por Ricardo Doménech como “efectos de inmersión”, lo cual intenta suprimir la distancia entre escenario y sala Sin embargo, esta particularidad —entender la realidad o mejor dicho su sentido desde la sordera del protagonista— depende del cuidado que los actores pongan para llevar a cabo sus tareas, ya que en ciertas escenas las que el espectador no debe oír nada, los ruidos de los actores en la escena son perfectamente audibles, lo cual es suficiente para nulificar el efecto que el autor se ha propuesto lograr Quedan los demás signos escénicos, pero el mecanismo termina por desgastarse
El sueño de la razón produce monstruos, emanaciones de un poder maléfico que se cierra, inmóvil y silencioso, alrededor del caído (cruces en las puertas de un buen médico o de un buen pintor), sobre quien se ejercen torturadoras venganzas El silencio como condena, el arrinconamiento y la humillación, son las consecuencias de este choque entre realistas y liberales, que se repetirá durante la guerra civil entre republicanos y fascistas
Antonio Buero Vallejo es un autor sumamente escrupuloso en cuanto a sus acotaciones, en buena medida por la utilización de “signos escénicos” (la sordera que comparte el espectador o la proyección de ciertas telas goyescas), por lo cual las diversas puestas en escena de esta obra sólo pueden variar en cuanto al desempeño actoral En este sentido, Tony Carbajal destaca a través de un trabajo sobrio y contenido, sobre todo al lado de un quizás demasiado enérgico Lorenzo de Rodas
El sueño de la razón, de Antonio Buero Vallejo Dirección: Manuel Montoro Escenografía: Guillermo Barclay Con: Lorenzo de Rodas, María Idalia y Tony Carbajal, entre otros Teatro Julio Prieto (Antes Xola)

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