El mercado negro del dólar, en auge, ante deslizamientos y descontrol oficial

Sin freno, y hasta con desparpajo, compradores y vendedores de dólares dieron rienda suelta, en las últimas semanas, a sus afanes especulativos Aunque el fenómeno comenzó a darse con notoriedad en diciembre último —a raíz de que el gobierno decidió aumentar de 13 a 17 centavos el deslizamiento diario del peso frente al dólar—, se incrementó a partir de marzo —y no cesa aún— al coincidir un nuevo deslizamiento, de 21 centavos cada día, con la cercanía del periodo vacacional de Semana Santa
A la compraventa legal de dólares, que se realiza en las ventanillas de los bancos, se sumó la especulación ilegal, cuyo volumen superó el de aquella en proporciones extraordinarias; un dato ilustra: mientras que en el mercado negro del aeropuerto capitalino el intercambio diario superaba los 10 millones de dólares, en los módulos bancarios del propio aeropuerto no llegaba siquiera al millón y medio de dólares Esta especulación se realiza en condiciones clandestinas y semiclandestinas Y no sólo en los lugares previsibles, sino en los más insospechados
En efecto, en la copiosa especulación con dólares de los últimos días, muchas veces a los ojos de las autoridades, participaron no sólo las casas de cambio, las de Bolsa, los hoteleros, turistas, banqueros, comerciantes, importadores, exportadores, sino también vendedores y compradores callejeros y tiangueros, aparte de los especuladores tradicionales, como los de los aeropuertos y centros turísticos de gran afluencia
Que la especulación con la moneda norteamericana es un negocio redondo lo prueban cotizaciones que le imponen los traficantes y que van del 10 hasta el 20% superior a las oficiales Aparte de los mercados legales, con cotizaciones que determina el Banco de México, hay en el país toda una gama de posibilidades de comprar y vender dólares o hacer transacciones comerciales y de todo tipo con la divisa
El más común y prolífico es el mercado negro, que sienta sus reales en los aeropuertos —en especial el de la ciudad de México, donde los volúmenes operados superan hasta en 15 veces los que se realizan en los bancos del propio lugar, en la misma jornada—; en el mismo sistema bancario, sobre la base de operaciones fraudulentas dentro y fuera de ventanillas, y en los hoteles y restaurantes de lujo, donde sin empacho y hasta con gusto, aceptan dólares en pago de servicios
En los tianguis de ropa y artículos de contrabando (Tepito y Peri-13, por citar unos) el flujo de dólares también es abundante; también se da, aunque en menor proporción en calles céntricas (Eje Central, cerca de la Torre Latinoamericana) y en grandes centros de consumo como Perisur y Plaza Satélite En uno y otro lado se encuentra uno con personas que, casi al oído, ofrecen o solicitan dólares
A ese mercado negro se suman las operaciones, fuera de normas, de las casas de Bolsa, que compran y/o venden, aunque sea sólo a sus clientes habituales de mayor confianza Se agregan también las de las casas de cambio que hay en la capital, en los centros turísticos más importantes y, sobre todo, en la frontera norte
En ésta, el tráfico de divisas se da espectacular y desenfrenadamente El director de Comercio del gobierno municipal de Ciudad Juárez, Chihuahua, y director de la Escuela de Economía de la Universidad Autónoma de la misma ciudad, Eduardo Estrada Fernández, dijo al reportero Carlos Vigueras: “El municipio no cuenta con bases jurídicas para controlar la operación de las casas de cambio Sabemos que la mayoría carece de registro y autorización para la compraventa de divisas Todo mundo sabe aquí que cuando los bancos cierran sus oficinas se desata la especulación en casa de cambio y lugares habilitados ilegalmente como tales; que las operaciones que en ellos se realizan son multimillonarias, imposibles de cuantificar; que la evasión fiscal por las operaciones regulares y las de trastienda es de varios miles de millones al año
“Sin embargo —apunta el también expresidente del Colegio de Economistas de Ciudad Juárez—, no se puede hacer nada El Banco de México y la Secretaría de Hacienda facilitan la actuación impune de las casas de cambio al desentenderse de un control mínimo de las mismas: las dejan actuar con toda libertad, imponer cotizaciones a su arbitrio; no se les sanciona por los fraudes continuos; no se les exige que informen debidamente de sus operaciones diarias”
Según el funcionario, la evasión fiscal en este paso fronterizo es ya alarmante: sólo cuatro de las 62 casas que cuentan con registro —las ilegales son más— pagan impuestos superiores al millón de pesos anuales; el resto, no obstante que muchas veces sus operaciones diarias superan el millón de pesos, apenas pagan medio millón al año
El recaudador de rentas en Ciudad Juárez, Abelardo Arzaga, también habló con Vigueras: no hay, dijo, suficiente personal para verificar la información tributaria que proporcionan las casas de cambio “Hasta ahora, el pago de impuestos que hemos recibido de ellas ha sido poco significativo”
Reporta Vigueras que el presidente del Centro Bancario de Ciudad Juárez, Antonio Parra Segoviano, también subdirector regional de Bancomer, reconoció que “la capacitación de divisas por la banca se ha reducido a su mínima expresión, ya que nadie quiere vender sus dólares a un precio inferior al que pagan las casas de cambio, que es, a veces, hasta 25 pesos más por unidad”
En la ciudad de México, la compra-venta de dólares en casas de cambio y establecimientos similares es también abundante, pero se realiza en forma más discreta Las casas de cambio, que operan estrictamente con ese carácter, tienen limitaciones en sus montos diarios de operación y en sus cotizaciones Están sujetas a normas y supervisión de las autoridades hacendarias Sin embargo, siempre encuentran la forma de negociar a trasmano, principalmente con sus clientes habituales, esos montos y cotizaciones, de tal forma que los controles oficiales que sobre ellas se ejercen no logran detener el enorme intercambio de billetes estadunidenses De hecho, al cliente que se les acerca por vez primera es común que le digan que “por el momento” no tienen dólares; inclusive, ni los aceptan
En cambio, donde el flujo es más indiscriminado es en los establecimientos que aparentemente se dedican sólo a la compraventa de monedas y billetes antiguos, nacionales y extranjeros Al menos eso ocurre en los que están ubicados en el primer cuadro de la ciudad, sobre todo en las calles de Isabel la Católica, Uruguay, Venustiano Carranza y Madero Basta que uno se acerque y solicite u ofrezca dólares El que está detrás del mostrador escudriña al cliente, y si le inspira confianza, si no le ve “facha de inspector”, se anima a la negociación
Hay quienes sólo arriesgan la venta (o compra si es el caso) de 100 dólares, pero hay otros que no establecen límites, siempre y cuando lleguen a un “buen acuerdo” con el cliente
En Isabel la Católica No 38, el reportero tuvo este diálogo:
—¿Tiene dólares?
—A ver, espéreme—, respondió el encargado y en voz baja llamó a otra persona Esta, impecablemente vestida, preguntó a su vez:
—¿Cuántos quiere? —también con voz baja y cuidando siempre que no hubiera más personas que su interlocutor
—Unos cinco
—¿Cómo cinco?
—Cinco mil
—Orale, a dos y medio (250 pesos Ese día la cotización oficial era de 22850)
—Cómo, si aquí adelante me los dan a 245
—No, no me sale
—Cómo no, si usted los consigue baratos en los bancos
—Allí ni me meto
—Entonces, a cómo los compra
—Orita no compro ni uno Estoy inundado
—Entonces qué ¿a 245?
—No me sale, deberás
—Y si me llevo los diez
—248, lo menos y eso para que se los lleve ya
—No tampoco me sale
* * * * *
Entre los otros mercados que están fuera del control oficial destacan las transacciones entre particulares, sobre todo comerciantes, exportadores, importadores y especuladores habituales, que prefieren entenderse entre ellos mismos que —dicen— rendir cuentas a la burocracia o enfrentarse con los controles oficiales
Por lo mismo que operan en la clandestinidad, los montos de los flujos de dólares fuera de control son difíciles de cuantificar Sin embargo, cálculos recientes, hechos por investigadores académicos, señalan que en los últimos dos años y medio se intercambiaron cerca de 25,000 millones de dólares
Los mercados sin control oficial, pues, viven su auge y hallan entre sus mejores alicientes el desinterés de las propias autoridades y los continuos deslizamientos del peso, que lo colocan en una creciente incertidumbre e incitan a la gente a refugiarse en el dólar Y ello, no obstante que los rendimientos que ofrece a los inversionistas la banca nacional superan desde el 10 hasta el 54% a los que ofrecen —por ejemplo, en depósitos de tres y seis meses— los bancos estadunidenses
La preferencia de la gente por el dólar demuestra, sin duda, la desconfianza que se tiene en la conducción oficial de la economía nacional, dice Clemente Ruiz Durán, investigador de la División de Estudios de Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM “A lo que está apostando la gente es a que haya un ajuste cambiario más fuerte Esto provoca que saquen su dinero de los bancos, o del país, y jueguen con el dólar, pero no por cuestiones de rendimiento, sino por desconfianza en la política económica”
Y ésta, según el analista, se está conduciendo con tan poca claridad que “uno nunca sabe qué es lo que va a pasar en este país, salvo que se agudicen los problemas”
En una breve entrevista con Proceso, el director del Banco Obrero, Gustavo Romero Kolbeck, director del Banco de México en el sexenio pasado, reconoció que la creciente tendencia de la gente a refugiarse en el dólar se debe a la alta tasa de inflación, y que sólo reduciendo ésta se podría frenar la copiosa especulación
Aceptó también que la especulación y la fuga de capitales descapitalizan al país y, de seguir, reducirá su tasa de desarrollo Declinó, sin embargo, enjuiciar la política monetaria y crediticia actual, sus objetivos, obstáculos que ha enfrentado y logros obtenidos, pero acertó a decir que “hasta hace dos meses sobraba el crédito; ahora está escaso y más caro debido a las últimas disposiciones”
Para Ruiz Durán, fueron varios los factores que se conjugaron para que la gente empiece a sentir que “al gobierno se le van los hilos de las manos”: la inflación abrumadora, que superó el 16%, en enero a marzo y que sorprendió hasta al propio gobierno; la baja en los precios del petróleo, la reducción del gasto público, el mayor deslizamiento, el desplome de las eurodivisas y el auge del dólar y las fricciones recientes entre los gobiernos de México y Estados Unidos
Por todo ello, dice, la gente trata cubrirse Y no encuentra más seguridad que en el dólar “Y aquí es donde se reciclan los problemas, porque el gobierno, en lugar de restringir la venta de dólares y consolidar un verdadero control de cambios, toma medidas (deslizamientos, aumento de tasas de interés) que alientan la especulación”
“Lejos de establecer una política explícita en materia de cambios —apunta—, el gobierno instrumenta una política de ventanilla; es decir, es en las ventanillas de los bancos donde uno se entera de las disposiciones oficiales, de restricción o no de la venta de dólares, por ejemplo Con esa política de ventanilla no sabe uno qué es lo que va a ocurrir al día siguiente Es, pues, desestabilizadora, generadora de incertidumbre y desconfianza”

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