Por tercer año consecutivo falla la previsión del gobierno ante la inflación

La meta oficial de detener la inflación este año en 35%, quedó, prácticamente, hecha polvo La propia información del Banco de México no deja lugar a dudas; en enero fue de 74 (el mismo mes del año pasado fue de 64%); en febrero, de 42%, y en marzo, de 39% Es decir, el primer trimestre arroja una inflación del 162%, de tal forma que, en adelante, las expectativas se sitúan arriba del 50% Simplemente, al analizar el índice de marzo, se obtiene una inflación que rebasa el 66%
En noviembre del año pasado se estableció, oficialmente, el 35% anual y se le manejó como una “meta realista” Sin embargo, nadie, salvo el gobierno, lo creyó así Empresarios, instituciones académicas, centrales obreras y firmas de análisis económico-financiero pasaron del escepticismo, en noviembre, a la convicción, plena al concluir el primer trimestre del año, de que en el combate a la inflación el gobierno perderá otra vez
Los primeros en saltar fueron los empresarios Apenas transcurrió un mes de fijada la meta oficial, reprocharon el optimismo infundado de los funcionarios y advirtieron —por medio del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, CEESP— que en este año se podría revertir la tendencia descendente que mostró el proceso inflacionario en los dos años anteriores, y que, “en el mejor de los casos, la tasa diciembre-diciembre se situará entre 40 y 50%”
Sin hacerlo explícito, el Congreso del Trabajo siempre desconfió de las expectativas inflacionarias oficiales En su último análisis económico, fechado en marzo, hizo estos señalamientos: las presiones inflacionarias se han agudizado por distorsiones en el proceso económico; los salarios han crecido menos que los precios de los artículos de consumo generalizado, ocasionando una disminución en la capacidad adquisitiva y reducción del mercado interno; la participación de los salarios en el producto nacional, se ha reducido de 481% en 1975 a 30% en 1984; el gasto familiar se ha destinado en un mayor porcentaje a la adquisición de alimentos, limitando renglones tan fundamentales como vivienda, salud, vestido y recreación; el alza en los alimentos básicos ha repercutido en los niveles de nutrición de la familia trabajadora, llegando en algunos casos a afectar los consumos de subsistencia
En su “Reporte de Coyuntura” de enero-febrero, el Centro de Estudios de la Economía Nacional, que dirige Eduardo González, hace énfasis en la “orientación antipopular de la política económica” que —apunta— “se ha justificado paradójicamente por lo que el gobierno denomina éxitos en el control del proceso inflacionario”
Sin asimilar el fracaso en sus pronósticos, dice el CEEN, el gobierno siguió con su “optimismo inexplicable”, y para 1984 ofreció abatir la inflación hasta el 40%, meta que no cumplió, pues la inflación resultó finalmente, de 592% más de 19 puntos arriba de lo prometido
Sin caer en lo que llama “simples reproches oposicionistas”, el CEEN analiza: “Una contundente prueba de la ineficacia antipopularidad de la política antiinflacionaria que maneja el gobierno es que a lo largo de 1984 son precisamente los más pobres los más afectados por la inflación registrada en 1984” Y con cifras del propio Banco de México, desprende lo siguiente: las familias de bajos ingresos (que perciben hasta un salario mínimo) enfrentaron —hasta noviembre— una inflación de 552%; las de ingresos medios (con percepciones entre una y tres veces el salario mínimo) estuvieron frente a un 534% de inflación, y las de ingresos altos (con más de tres salarios mínimos) padecieron solamente una inflación de 52%, mientras que el índice general hasta ese mes de noviembre fue de 526%
“Las cifras —añade el CEEN—, hablan por sí solas de una distribución inequitativa e injusta de la austeridad que impulsa deliberadamente el gobierno de Miguel de la Madrid”

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