El gran coleccionista Josué Sáenz habla sobre el robo

El gran coleccionista Josué Sáenz habla sobre el robo
La ley de protección arqueológica, insuficiente e impracticable
Francisco Ponce
Dieciséis hipótesis —”igualmente válidas o igualmente absurdas”—, estima el doctor Josué Sáenz, deben formularse sobre el robo de joyas arqueológicas al Museo de Antropología

Sus proposiciones van: desde conspiraciones políticas de izquierda y derecha para debilitar al gobierno, hasta la participación del narcotráfico en este que podría ser considerado como uno de los hurtos más dañinos para el patrimonio nacional, incluidos el robo del Coyote Emplumado (1950) y la figura olmeca El señor de las Limas (1970)
El doctor Sáenz recibe a Proceso en una de las salas de su casa-museo, construida hace diez años expresamente en estilo colonial para darle hogar y nichos a algunas de las 2,500 joyas prehispánicas que ha reunido a lo largo de sus treinta años como coleccionista Casi tantas como las que expone el Museo Nacional de Antropología
“Como mexicano, como amante del arte, deploro este atropello lamentable —dice— Es un robo que no se entiende porque las piezas robadas son tan conocidas, han sido tan publicadas, tan vistas por millones de visitantes al Museo de Antropología, que a mi juicio no tienen mercado ni dentro ni fuera del país Ningún museo nacional o extranjero; ningún coleccionista nacional o extranjero va a tocar una de estas piezas Por lo tanto, tengo esperanzas de que los ladrones, sea quiénes fueran, se darán cuenta de que han cometido un gravísimo error y que en alguna forma las piezas volverán a su lugar de origen”
Recuerda Josué Sáenz, quien adquirió su doctorado en la Escuela de Economía de Londres en 1940, que los dos robos más espectaculares de piezas arqueológicas en museo son los del Coyote Emplumado y El Señor de las Limas Fueron hurtadas del antiguo Museo de Antropología y del de Jalapa En ambos casos los ladrones dijeron dónde se hallaban las joyas y fueron recuperadas
Como entonces, espera que las piezas, ahora, regresen El doctor Sáenz se halla rodeado de 3 perros Gran Danés a los que llama “parte de mi cuerpo de vigilancia” Bebe un poco de café, pone ante sí un cuaderno de apuntes, y comienza a analizar las dieciséis hipótesis que se plantea, luego de descartar la primera, la del coleccionista loco, que haya mandado robar las piezas
“Hago énfasis en la palabra loco”, comenta Sáenz —pelo ensortijado, cano, reflejo de sus 70 años de edad— “porque ningún coleccionista en sus cinco sentidos se va a exponer a tener piezas de esta calidad y tan conocidas, en su poder Pero en esta hipótesis, un coleccionista loco, obviamente rico, contrata a una banda de ladrones profesionales para que roben las piezas y se las lleven para que él en la soledad de una bóveda pueda contemplarlas y tener verdaderos orgasmos arqueológicos”
Muy poco probable, esta primera hipótesis, repite
Y expone las siguientes, que también “deben ser examinadas” (y que van de lo lógico a lo fantasioso, trasminadas de humor):
2a No se trata de un robo, sino de un secuestro para lograr algún fin político Por ejemplo, podría pensarse que la mafia internacional del narcotráfico ha secuestrado las piezas y pedirá, como rescate, digamos, la excarcelación de Caro Quintero o de algún otro capo importante
3a Muy distinta ésta: fue un robo organizado por el comunismo internacional, por agentes de la KGB, campaña perfectamente orquestada para culpar a Estados Unidos y al sistema capitalista de un atentado más contra el Tercer Mundo
4a Otra hipótesis es que se trata de un complot comunista nacional para empañar la imagen del gobierno, demostrar su ineficiencia, desestabilizarlo y hacer más fácil el ascenso del Partido Comunista Mexicano al poder
5a Se trata de un complot de la CIA, auxiliada por la derecha mexicana, con la intención de debilitar la imagen y la posición de regateo del gobierno de México en vísperas de la junta con el presidente Reagan
6a El robo, obra de Opus Dei, auxiliado por el PAN, con la idea de eliminar falsos ídolos no cristianos y lograr que el pueblo mexicano vuelva a la fe guadalupana
7a Autorrobo por el INAH para convencer a la Secretaría de Programación y Presupuesto y a la Secretaría de Hacienda, que deben otorgarle más recursos presupuestarios para proteger el patrimonio cultural del país dentro y fuera de los museos
8a Robo a cargo de un falsificador excelso y megalómano, convencido de que puede engañar con sus falsificaciones a todos los expertos del INAH En esta hipótesis, el falsificador se lleva las piezas originales, hace unas réplicas perfectas, procura que las autoridades las encuentren en un sitio y se deleita viendo cómo en gran ceremonia, las piezas recuperadas, son reinstaladas en sus vitrinas, ahora sí con alarmas y guardias armados Y sonríe satisfecho
Al respecto, el doctor Sáenz explica que en México hay como 4 ó 5 falsificadores de primera, tan buenos, “que yo creo que muchos de los museos del mundo, no sólo coleccionistas y museos nacionales, tienen piezas hechas por ellos He conocido a algunos: recuerde que México es país de artesanos y orfebres”
Dice que se conocen algunos de estos falsificadores, pero no a todos
“Hay muchos artistas frustrados”, agrega el coleccionista, pero corrige: “coleccionista no, coleccionado; porque una vez que se mete en esto, es como la heroína, cada vez requiere uno de dosis mayores para mantener el entusiasmo Se vuelve un esclavo de las piezas Vive uno para ellas, para estudiarlas, para limpiarlas, para disfrutarlas en compañía de los amigos”
Esos artistas frustrados se ganan la vida haciendo falsificaciones —pintores, escultores— por razones económicas y han entrado a este mercado Otros se han vuelto restauradores y son tan hábiles que cuando una persona manda restaurar una pieza, debe tener cuidado para evitar que se la cambien y le entreguen una falsificación
Explica también que es difícil en muchos casos saber si las piezas son originales o falsificaciones Hay métodos —Carbono 14 para madera y hueso; en barro, la prueba de termoluminiscencia; en obsidiana, la de absorción de agua; también la activada por neutrones y la de magnetismo terrestre—, pero en México tiene entendido que se practica la primera No existe un laboratorio adecuado: costaría unos dos o tres millones de dólares
Continúa la especulación:
9a El robo, por un policía judicial, ansioso de hacer méritos, para buscar un gran ascenso
10a El robo, por un arqueólogo demagogo que odia a los coleccionistas, que se ha convencido a sí mismo que los coleccionistas son la causa de la destrucción del contexto en el cual están las piezas arqueológicas ya que para demostrarlo entierra las piezas en el jardín de algún coleccionista conocido para posteriormente denunciarlo
11a Que fueron los chinos: en China hay un cambio importante con el neomaoísmo Ahora están buscando sus raíces culturales: algún arqueólogo chino pudo haber convencido al primer ministro Deng de que las culturas prehispánicas asentadas en México son de origen chino, con base en la teoría de que los primeros pobladores de América vinieron de Asia por el estrecho de Bering De que los olmecas, 1,200 años antes de Cristo, tenían facciones mongólicas Que dioses prehispánicos son como los chinos, de aspecto feroz; que todas las culturas aquí tenían gran amor por el jade
12a Robo por algún arqueólogo grillo que quiere crear problemas a sus jefes, para que los cesen, y él ocupar sus puestos
13a El robo lo efectuó el Banco de México Preocupado el Banco de México por la disminución de nuestras reservas, de oro y divisas, y preocupado por no poder emitir billetes suficientes para satisfacer las necesidades del gobierno, se le ocurre este plan: llevarse las piezas a las bóvedas del Banco de México, en cajas selladas con una etiqueta que diga “valores autorizados: 200 millones de pesos” Y con la garantía de estas reservas, se pueden emitir más billetes con los cuales podrá comprar los Cetes que el gobierno ya no puede vender Hacienda tiene fondos, el balance del BM está en equilibrio puesto que en el activo tiene reservas y en el pasivo tiene igual de billetes en circulación Y todos los economistas y todos los contadores están contentos
(Esto se llevó a la práctica, dice el doctor Sáenz, en la Banca Central de Colombia y Costa Rica, para proteger las joyas culturales)
14a El robo fue organizado por un tecnócrata de alto nivel Que al ver que el país no sale de las once crisis sobrepuestas y simultáneas que le achacan, comienza a aplicar sin éxito medidas que le aconsejan sus computadoras, tales como control de cambios, deslizamiento del peso, austeridad, venta de paraestatales, etc, también sin resultado Y entonces llega a la conclusión de que hay la necesidad de apaciguar la ira de los dioses prehispánicos, cuyos entierros han sido desacralizados y vuelve a enterrar las piezas con la esperanza de que la crisis desaparezca antes de que llegue la fecha del próximo dedazo
15a El robo, realizado por las compañías de seguros, por los vendedores de alarmas, para convencer al INAH que es ya tiempo de asegurar y proteger la piezas, claro, ganando dichas empresas
“Y si ninguna de esas hipótesis satisface”, sigue el doctor Sáenz, “queda la última: que el robo haya sido perpetrado por un frustrado director de cine, con la esperanza de que con base en alguno de estos guiones pueda hacer una película muy taquillera y saque a la industria cinematográfica nacional del lamentable estado en que se encuentra”
“Claro”, advierte el doctor: “las hipótesis son igualmente viables o igualmente absurdas” La verdad, dice, es que se trata de un robo inexplicable Reitera su esperanza de que las piezas serán devueltas Si los ladrones son mexicanos, probablemente los mueva el patriotismo; si son extranjeros, los movería la falta de un mercado No hay mercado para ellas en el mundo
Además, piensa que no se han dado a conocer las fotos completas de todas las piezas robadas, sobre todo las chicas Un denominador común es que los ladrones se llevaron piezas manejables y de consistencia dura, no frágil
Rodeado, pues, de las joyas arqueológicas adquiridas desde 1940 con su esposa, la antropóloga Jacqueline Larralde de Sáenz, el doctor responde a la pregunta de si conoció en el proceso de su colección a traficantes de piezas:
“Nosotros compramos siempre en la Ciudad de México la mayoría de nuestras piezas No en las zonas arqueológicas Compramos siempre en galerías establecidas y en mercados como el de La Lagunilla, que tenía antes muchísimas piezas Pero desde que surgió la ley sobre disposiciones legales del Patrimonio Cultural en 1970, se cerraron las posibilidades de seguir comprando y poseyendo las joyas Por eso dejamos de coleccionar Todas mis piezas están registradas ante el INAH”
Una vez que recuerda que su esposa escribió el libro Crónicas en barro y piedra, UNAM, tres tomos, sobre lo que denomina Colección Sáenz, se refiere a que no ha sido suficiente la ley para proteger este patrimonio cultural
“Creo que hay en México unos treinta millones de entierros”, comenta, “y cada uno tiene alguna ofrenda; pero estos entierros no están en los grandes centros ceremoniales, como Palenque o Montealbán La mayoría son simples entierros de personas común y corrientes quiénes fueron enterradas donde vivían Sólo una pequeña proporción de estos han sido encontrados Otras se han perdido por la expansión de la ciudad, las aguas de las presas y otros por la erosión, pero se sigue encontrando piezas: unas importantes, otras del montón”
Esas piezas salen a la superficie, son encontradas; antes autoridades y coleccionistas podían rescatarlas, una vez enterados de su existencia Hoy, las piezas chicas son sacadas un día y entran en la economía subterránea al día siguiente
Esto ocasiona que muchas de ellas salgan del país, o se queden en poder de quiénes se las encuentran porque las consideran de su propiedad o entran en colecciones particulares no registradas
“Una de las paradojas de la legislación actual”, continúa el doctor, “es que quien se encuentra una pieza no tiene ningún aliciente para registrarla, porque si la registra, la pieza pasa a ser propiedad de la nación y el individuo que se la encuentra, la pierde; si no la registra corre el riesgo de que la puede perder si alguien se entera de que la tiene; y si no se entera, la conserva o la vende clandestinamente Para esto hay fuertes sanciones”
Agrega:
“La realidad, a mi juicio, es que la conservación del patrimonio cultural del país, como México, es extraordinariamente difícil y hay que atacarlo desde muchos ángulos”
Plantea el aspecto policiaco: cuidar todo lo ya descubierto, ponerlo en las salas adecuadas, proteger adecuadamente los museos Si se estima hay 30 mil zonas arqueológicas, con cuatro guardias cada una, por tres turnos, ¿cuánto personal se necesitaría? Casi medio millón de vigilantes Habría que pensar en otros métodos
El segundo, el aspecto de exploración acelerada para que los arqueólogos descubran las cosas antes de que lleguen los saqueadores profesionales o los contratistas que hacen carreteras, oleoductos, perforapozos, etc
Y el tercero es el reconocer que la mayor parte de los hallazgos son accidentales, hechos por campesinos muy pobres, para los cuales encontrar una pieza arqueológica representa una solución a sus problemas económicos
Para resolver este último aspecto, y para conservar las piezas dentro del país, estima el doctor Sáenz que “es indispensable desde el punto de vista económico, crear una demanda interna que contrarreste la demanda externa” Esta demanda interna puede ser tanto pública como particular, y “estructurarla en forma tal, que el gobierno tenga prioridad en la adquisición: lo que no interese al gobierno lo puedan comprar y conservar ciudadanos mexicanos”
Porque, piensa, el camino que se ha seguido actualmente, “no ha dado todos los resultados que se esperaban de él”
Argumenta:
“Declarar propiedad nacional todo lo arqueológico, como principio, es inobjetable; como política práctica, ante la realidad de la abundancia de entierros por un lado, y nuestra pobreza campesina por otro, no ha funcionado satisfactoriamente”
El doctor encamina al fotógrafo Juan Miranda y al reportero hacia la sala principal —en toda la planta baja de la casa de mil metros cuadrados de construcción hay joyas— y muestra diversas piezas
Piezas que a partir de mediados de año dejarán de ser sus acompañantes silenciosos del pasado y de su presente: las donará a un museo poblano Para el excatedrático universitario de Teoría Monetaria, Teoría del Desarrollo Económico y Tipos de Cambios, el hombre nace solo, se hace de relaciones, pero al final de cuentas muere solo
No será su Guanajuato natal —su madre alumbró en el interior de una iglesia— el nuevo recinto de su espléndida colección que abarca prácticamente todas las culturas prehispánicas en México —”es una colección didáctica”—, de un periodo que abarca 1,500 años antes de Cristo hasta 1,500 dC
“La fundación Amparo Espinoza Iglesias acondiciona dos viejas casonas en el centro de la ciudad de Puebla, modernamente reconstruidas para que la gente, los estudiantes y el turismo, pueda apreciar este tesoro No le costará un centavo al gobierno de Puebla ni el acondicionamiento ni el mantenimiento El gobernador ha dado todo su apoyo, así como el INAH”
¿Y no le da tristeza deshacerse de tan extraordinarios acompañantes?
—Sí y no Los seres humanos no somos eternos; las piezas sí
—Pero usted dijo que no es coleccionista sino coleccionado: un coleccionado no se puede salir de su nicho
—Bueno, en el caso de los humanos, como le digo, sobreviene la muerte Pero quedan los trabajos de artesanos, de hombres de otras generaciones que no morirán jamás
El doctor Josué Sáenz ironiza con una frase final:
“Que la maldición de Palenque caiga sobre los ladrones del museo de Antropología”

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