Un genocida en la corte de Cañedo y Havelange

Un genocida en la corte de Cañedo y Havelange
Miguel Bonasso
La presencia del vicealmirante Carlos Lacoste en el Mundial México 86 fue detectada inicialmente (como era lógico) por varios periodistas argentinos
Ocurrió hace dos semanas, cuando las autoridades de la FIFA y el Comité Organizador, es decir Joao Havelange y Guillermo Cañedo, mostraban a un selecto grupo de invitados especiales las instalaciones del Centro Internacional de Prensa Alguien lo reconoció entre los ilustres visitantes y dio la voz de alarma Era él, sin duda, el titular del Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78); el hombre que intentó maquillar la imagen de la dictadura militar

Una veintena de periodistas rioplatenses abandonó el local airadamente, como expresión del repudio
Pero el escándalo estallaría unos días después, en la conferencia de prensa donde se anunció la sanción económica a la selección de Uruguay
Faltaba una pregunta para que la rueda de prensa llegase a su fin, podría decirse casi que se estaba jugando tiempo suplementario, cuando vino el gol alemán Porque fue un periodista germano el que quiso saber por qué razón un notorio criminal de guerra había sido invitado especial de la FIFA para este certamen
Ramón Márquez lo cuenta con gracia, con destreza narrativa, en Unomásuno, el 15 de junio último Los cabildeos en voz baja, la orden de Havelange a Cañedo, apenas musitada pero registrada por la prensa asistente: “Conteste”
Y la explicación de Cañedo: “El señor Lacoste está aquí porque ha sido un invitado especial mío y a mí me parece muy positivo que esté aquí, porque fue un gran dirigente que organizó el campeonato del 78 Por eso se le invitó, está aquí y nosotros nos sentimos muy satisfechos con su presencia”
Hubo en pandemónium de silbidos y gritos en distintos idiomas (“¡Lacoste fue un torturador” ¡Usted no necesita asesinos aquí!”, etcétera) y se dio fin a la rueda de prensa
La indignación del periodismo nacional y extranjero por la presencia de Lacoste es absolutamente comprensible y legítima: después de todo varios de estos colegas estuvieron en Argentina 78 y padecieron el acoso constante de los espías de la dictadura O la represión directa, como Bernard-Henri Levy, uno de los “nuevos filósofos franceses”, quien por pasar de la filosofía al periodismo fue detenido, interrogado y finalmente expulsado de Argentina
Y de estas “atenciones a la prensa extranjera” fue responsable directo el marino Lacoste, que abrió generosamente las puertas del EAM 78 a sus colegas del clandestino Grupo de Tareas 3-3-/2 de la Escuela de Mecánica de la Armada, para que pudieran cumplir su “tarea” de inteligencia
En junio de 1978 el famoso columnista deportivo español que firma con el seudónimo de Alex Botines revelaba en Penthouse que el asedio no se limitaba a los periodistas: “Constantemente, incesantemente, los futbolistas son espiados incluso en el interior de las propias concentraciones Según afirmaciones de los medios de seguridad del Ente Autárquico, cada jugador dispone de una `sombra’ policial que trata —eso sí— de pasar lo más desapercibido posible”
Aunque ni Botines ni nadie podía saber entonces hasta qué punto el EAM 78 estaba orgánicamente vinculado a la represión clandestina Se veían aspectos políticos externos La obvia propaganda a través del circo futbolero para tapar el genocidio Se decía que a pocas cuadras del Estadio Monumental de River Plate, sede principal del Mundial, estaba la siniestra Escuela de Mecánica de la Armada Pero se ignoraba que gracias a la complicidad política e institucional de ese “gran dirigente” que fue Lacoste (según palabras de Cañedo), los propios torturadores de la Escuela habían ingresado al Mundial metamorfoseados en periodistas, custodios, controles de entradas, hinchas, vendedores de Pepsi-Cola (que era “la ola” de aquel campeonato) y otros inverosímiles oficios
Nos son apreciaciones gratuitas Hay documentos Existe una foto publicada por el matutino La Nación, de Buenos Aires, donde se puede ver, en una rueda de prensa de César Luis Menotti, a un improvisado periodista: el teniente de navío Juan Carlos Rolón, alias “Niño” o “Juan”
Rolón, torturador, compañero de “obediencias debidas” del célebre teniente Alfredo Astiz, tenía a su cargo en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) unas curiosas, alucinante oficinas que la jerga interna había bautizado “La Pecera”
En esa “Pecera”, Rolón controlaba a un grupo escaso de sobrevivientes, a los que la Marina de Guerra quería “recuperar” para integrar al proyecto político personal de un buen amigo de Lacoste, el almirante Emilio Eduardo Massera
A esos prisioneros, en su mayoría exguerrilleros montoneros (únicos sobrevivientes de las 5,000 personas que pasaron por la ESMA) se les entregaron en días previos al Mundial listas de periodistas extranjeros acreditados ante el EAM, para que identificaran a aquellos que hubieran estado en contacto con la guerrilla
La prensa extranjera era una verdadera obsesión para los “dirigentes” tipo Lacoste En mayo, un mes antes del Mundial, Julio Scherer, director de Proceso y Volkart Müller, corresponsal en Madrid de la revista alemana Der Spiegel, habían logrado perforar la espesa malla de la seguridad videliana, para entrevistarse clandestinamente en Buenos Aires con dirigentes de la resistencia antidictarorial
Las continuas denuncias en la prensa internacional llevaron a la dictadura a buscar los auxilios de una agencia de relaciones públicas norteamericana, la Burson-Marsteller —especialista en asesorar gobiernos como el Haití de Duvalier o la Nicaragua de Somoza— para trata de revertir lo que llamaban “la campaña antiargentina”
La Burson Marsteller cobró un millón de dólares por sus servicios Y aunque logró sobornar a varios periodistas —hubo uno que inclusive se prestó a visitar la ESMA para certificar que allí no había ningún campo de concentración— fracasó estruendosamente
A tal punto que llegó a filtrarse en la prensa internacional un documento de la agencia con sus recomendaciones al gobierno militar Aquí, en México, lo dio a conocer Manuel Buendía
El “dirigente” Lacoste participó activamente en ese “business”
Lo cual, si se observa con frialdad, es bastante lógico, Después de todo Lacoste era una figura destacada de la dictadura y, sin lugar a dudas el máximo responsable de esa operación de diversionismo deportivo que fue el Mundial Argentina 78
Estaba vinculado al certamen desde antes de la dictadura, en tiempos de Isabel Martínez de Perón y afirmó su total hegemonía cuando se implantó la dictadura
La Marina y el Ejército se disputaban esa posición El primer presidente del EAM debía ser el general Omar Actis, quien días después de asumir el cargo tuvo un percance definitivo: lo acribillaron a balazos
El atentado se atribuyó a los “grupos subversivos”, pero hace poco salió en Argentina un libro titulado Almirante Lacoste: ¿quién mató al general Actis? Su autor es un periodista, Eugenio Méndez, que cubrió el genocidio perpetrado por los militares en la provincia de Tucumán como “corresponsal de guerra” y que dispone —sospechosamente— de altas fuentes informativas del Ejército
No hace falta ser muy perspicaz para suponer que el libro, que complica a Lacoste con la muerte de su jefe nominal Actis, parece el cobro de una vieja factura que la Marina debe al Ejército
Actis fue sucedido al frente del EAM por otro general, Antonio Merlo Pero, hombre precavido o abúlico, decidió mantenerse como figura decorativa dejando todo el manejo del asunto en manos del marino amigo de Havelange y Cañedo
Ideólogo y usufructuario del Mundial de los desaparecidos (como lo bautizaron las Madres de la Plaza de Mayo), Lacoste se ufanaba en 1979: “El Mundial sirvió para mostrar la verdadera imagen del país ahora, cuando en los foros internacionales hay que defender la imagen argentina, el objetivo es mucho más fácil”
Un año antes, el 26 de junio de 1978, en el cierre de la Copa, el propio Havelange se había atrevido a declarar: “El Mundial fue algo más que futbol, sirvió para cambiar la imagen de Argentina en el exterior y demostró que lo publicado por la prensa extranjera era pura fantasía”
En la rueda de prensa a que nos referimos antes, Guillermo Cañedo “todavía con el rostro enrojecido y con un enérgico tono de voz” —según informa Márquez— exclamó: “¡El futbol tiene dirigentes, no política!” Los manejos públicos y secretos de su invitado y las declaraciones de Havelange lo desmienten en forma categórica
Y lo que dijo el dictador Jorge Rafael Videla lo termina de enterrar: “Lo deportivo fue en esta oportunidad el camino para extraer, como nunca se había visto antes, el sentimiento de unión nacional y comunes esperanzas de paz, unión y fraternidad Estas esperanzas abren un gran futuro para la realización de toda la comunidad”
Las Madres de los 30,000 desaparecidos no estaban de acuerdo: el primero de junio de 1978, a las 3 de la tarde, en el mismo momento en que los jugadores de Alemania Federal daban el puntapié inicial del Mundial en el estadio de River Plate, las mujeres de las pañoletas blancas iniciaban su ronda en la Plaza de Mayo La policía intentaba dispersarlas, pero esta vez no resultará tan fácil: hay periodistas, camarógrafos, que no han ido a la canche porque prefirieron registrar la histórica escena
Esa ronda las proyecta a nivel internacional A partir de ese momento todo el mundo sabrá que son la conciencia de la sociedad argentina
Cañedo dice que Lacoste fue “un gran dirigente que organizó el Mundial 78” Dejando de lado el ángulo del terrorismo de Estado y ateniéndonos exclusivamente a los resultados organizativos, tampoco es cierto
El periodista español García Candau decía en El País de Madrid del 15 de junio de 1978: “el Mundial argentino desde un punto de vista turístico ha sido un fracaso Los miles de turistas que se esperaban no han aparecido Las cifras oficiales hechas públicas son francamente desalentadoras para los organizadores de este Campeonato En realidad solamente 11,000 turistas se han desparramado por el país Los otros 6,000 foráneos que han pisado tierra argentina han sido 2,000 miembros de las delegaciones deportivas, y 4,000 de los medios de comunicación social”
Para el periodista francés Jean Pierre Busquet, autor del libro Las locas de Plaza de Mayo y corresponsal de la agencia France Presse en Buenos Aires en los días del Mundial 78, esto se explica por un cálculo premeditado:
“El verdadero organizador del Mundial, el contralmirante Lacoste —dice Busquet —decide jugar a fondo la carta de la televisión Estima que existen 3,000 millones de potenciales telespectadores que no se interesarán más que en los acontecimientos puramente deportivos y en los documentales ‘que podremos preparar para introducir eventualmente en el entretiempo Es a ellos a quienes debemos privilegiar y no a quienes nos visiten, quienes entre partido y partido pueden interesarse en cualquier otra cosa”
Y agrega: “Para disuadir a un número de curiosos demasiado importante de hacer el viaje, se apela al aspecto financiero () En total, el traslado representa alrededor de 4,000 dólares para un europeo La disuasión, en este nivel, funciona”
Pero hay mucho más que eso; tras de la borrachera del triunfo argentino, el país despertará a la cruda de la cifras: el Mundial ha costado 500 millones de dólares El propio secretario de Hacienda de la dictadura, Juan Alemán, acusa a Lacoste por haber dilapidado los fondos del certamen y oficializa su denuncia ante la Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas
Esto no impedirá que Lacoste sea ministro de Bienestar Social en el gobierno del general Roberto Viola y hasta Presidente interino de la República, en el fugaz interregno que va del 11 al 22 de diciembre de 1981
O sea, desde el momento en que la Junta Militar destituye a Viola como Presidente hasta que sume el estratega genial de las Malvinas que fue el teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri
Tampoco la investigación sobre malversación y su correspondiente causa judicial impedirán que Lacoste siga siendo vecepresidente de la FIFA, hasta febrero de 1984 Ya bien entradita la democracia
Naturalmente con el apoyo pleno de Joao Havelange, quien llega a salvar a su amigo Lacoste ante la propia Fiscalía argentina, al declarar que le prestó 400,000 dólares para que se comprase un suntuoso chalet en el balneario uruguayo de Punta del Este
Esta delicada cuestión de los 500 millones tampoco ha impedido que Lacoste saliera del país, para deleitarse con las geniales arremetidas o los certeros servicios de Diego Armando Maradona
El también habrá arrugado el hocico ante las denuncias del doctor Sócrates o los planteamientos de Jorge Valdano, que se manifestó harto de que los jugadores sean objeto de las manipulaciones de los dirigentes y abogó por una agremiación mundial Con su viejo temple represivo habrá celebrado la “ley mordaza” que la Confederación Brasileña de futbol aplicó a Sócrates
Porque los Mundiales, ya se sabe, no son para hacer política o sindicalismo, sino para divertirse
Claro que la diversión aumenta cuando una gana mucho dinero

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