EN LA CUNA DE LA REVOLUCION, LA ESPOSA DEL GOBERNADOR REVIVE EL ARISTOCRATICO BAILE “BLANCO Y NEGRO”

EN LA CUNA DE LA REVOLUCION, LA ESPOSA DEL GOBERNADOR REVIVE EL ARISTOCRATICO BAILE “BLANCO Y NEGRO”
Manuel Robles
HERMOSILLO, SON – A la vista de todos, en plena crisis económica, la aristocracia sonorense tendrá nuevamente la oportunidad de lucir sus joyas, abrigos de mink y lujosos automóviles, cuando el próximo sábado 22 se lleve a cabo el baile “Blanco y Negro”
Y se espera que el Casino de Hermosillo esté a reventar, pues los ricos sonorenses tuvieron que esperar doce años para poder celebrar el gran baile, al más puro estilo porfirista, precisamente en la entidad considerada como la cuna de la Revolución

En 1975 el gobernador sustituto, Alejandro Carrillo Marcor, suspendió el baile unos días después de la matanza de campesinos en San Ignacio Río Muerto, hecho que le costó la gubernatura a Carlos Armando Biebrich En el gobierno de Samuel Ocaña no se efectuó el evento y ahora, con apenas poco más de un año en el gobierno, Rodolfo Félix Valdés lo resucita, “con fines benéficos”
Los organizadores esperan obtener entre 25 y 30 millones de pesos que dejarán unos 1,300 invitados, que pagarán 20,000 pesos por cada boleto
Y a semejanza del “Blanco y Negro” del Country Club de la Ciudad de México, el baile reunirá de nuevo a los aristócratas de Sonora, Baja California y Sinaloa, de entre otros estados circunvecinos
De nuevo, los apellidos darán lustre al evento: los Obregón, Valenzuela, Robinson Bours, Parada, Gutiérrez, Mazón
La pura cepa
“Es un baile para ricos, para quiénes no viven la crisis”, explica muy serio el presidente del comité organizador del baile, Federico Valenzuela, próspero empresario y ganadero sonorense, dueño de la cadena de tiendas de autoservicio más importante del estado y hermano de Arcadio, una vez líder de los banqueros privados de todo el país”
“Es un baile necesario para sacarle algo a los ricos”, cree el cronista de esta ciudad, Gilberto Escobosa, quien alguna vez rió y bailó en la que recuerda fue la mejor época de los bailes “Blanco y Negro”, en el sexenio del gobernador Luis Encinas Johnson
Pero hay otras razones de peso: evitar la cancelación de los proyectos del Programa para el Desarrollo Integral de la Familia en Sonora (DIF), que encabeza la esposa del gobernador, Gloria Flores de Félix Valdés, presidenta honoraria del comité organizador
Porque, a decir de Valenzuela, la 36 edición del baile servirá para paliar en algo la difícil situación de la niñez desvalida de un estado en el que hay una “gran efervescencia” por la creación de instituciones de beneficencia destinadas a atender, por ejemplo, los casos de niños enfermos de leucemia o el tratamiento del cáncer
Esta es su lógica:
“Si las gentes que no han sido afectadas por la crisis se divierten en algún restaurante y gastan su dinero ahí ¿qué tiene de malo que lo hagan en un baile que tendrá fines benéficos? Nuestra idea es quitarles un poco de dinero En México hay una mala distribución de la riqueza y la gente no hace ningún sacrificio”
Fue la señora Flores de Félix Valdés la que, a mediados de 1985, en plena campaña política de su esposo, aprovechó una reunión con los principales empresarios del estado, en la Casa Campestre del Mezquital del Oro, para anunciar inesperadamente
“Les tengo una gran noticia: se reanudará el baile Blanco y Negro”
La noticia tomó desprevenido al hoy gobernador del estado, a quien su esposa le recordó antes de que otra cosa pasara:
“Tú me lo prometiste”
Once años habían pasado desde que Carrillo Marcor suspendió el baile, a fines de octubre de 1975, a raíz del escándalo político ocasionado por el asesinato de 14 campesinos en el ejido de San Ignacio Río Muerto, que le costó la gubernatura a Carlos Armando Biebrich
La suspensión cayó como balde de agua helada sobre los organizadores del baile, que habían realizado los preparativos para ese año
Al recordar ahora los doce años de veto al baile, que secundó Ocaña García, Federico Valenzuela no quiere abrir nuevamente la herida
Dice:
“Simplemente, Carrillo Marcor no simpatizó con la idea del baile No sé por qué Pero no lo promovió”
La suspensión rompía con una tradición iniciada aquí en 1939, cuando gobernaba al estado Anselmo Macías Valenzuela, pero que se arraigó años después en los gobiernos del hijo del general Alvaro Obregón, del mismo nombre y Luis Encinas Johnson
Esa tradición, de algún modo fue una copia del “Blanco y Negro” de la Ciudad de México, que desde 1927 se efectuó en los salones del “Country Club”, año con año decorado con diferentes motivos, desde el arreglo plata, negro y blanco de la fiesta de 1939, hasta el “hawaiano”, de 1937
Era, como lo describía la Revista Social de aquella época, el “acontecimiento social de mayor relieve” en la capital del país, al reunir en septiembre de cada año a las familias del más puro abolengo: Los Braniff, Conde, Milmo, Zambrano, Azcárraga, Rivero Schnaider, Brookman, Pérez Verdía, Obregón
Y recordaban sin duda los grandes bailes de la época porfirista, reseñados por Salvador Diego Fernández en una crónica de las fiestas del dictador oaxaqueño
La Revista Oficial del Blanco y Negro (“especializada en la publicación de eventos relacionados con el suceso social de mayor tradición en Sonora: el baile ‘Blanco y Negro”), reseñó los momentos más trascendentes de los bailes, desde 1939, en que fue electa la primera reina, Margarita Gándara Loaiza, hasta la última, en 1974, Lucía Woodell
La revista, que dejó de editarse hace doce años, fue siempre dirigida por la señora María Cristina León de Aldrete, colaboradora de El Imparcial, en cuyas páginas se ha hecho una gran publicidad del evento de este año
En ella, la señora Aldrete incluye la lista de cada una de las reinas del “Blanco y Negro”, algunas de ellas figuras actuales de la vida social sonorense: María Luisa Obregón, María del Carmen Aldrete Gándara, Emma Esther Holt Kamp, Teresita Quiroga Mazón, Emma Duarte, María Gándara, Diana Laird, Alice Smith, Albita Hoeffer Obregón, Lucina Rosette, Zulema Rashid, Patricia Schroeder Verdugo
Están, también, los intérpretes que algún día le dieron un mayor prestigio al evento social del año, de la talla de Pedro Vargas, Hugo Avendaño, Irma Dorantes, Jorge Vargas y Angélica María, que en esta ocasión —informan los organizadores—, no han sido invitados debido a la crisis económica del país
Aunque tratándose del reinicio del baile, el comité organizador no ha querido que la fecha pase inadvertida: contrató los servicios de un grupo originario de Torreón, Coahuila, los Aristocráticos Pandavas —”que hacen bailar a las piedras”, según la publicidad oficial—, y a Manuelito García, cuya orquesta tocó ni más ni menos en el primer “Blanco y Negro” de esta ciudad, en 1939
No obstante que el Palacio de Gobierno fue por años sede habitual del “Blanco y Negro”, para esta ocasión los organizadores prefirieron su lugar favorito: el Casino de Hermosillo, un enorme edificio, de amplios ventanales, que ocupa una manzana entera en el boulevard Kino
El mismo cronista de la ciudad, Gilberto Escobosa, empleado en el Archivo Histórico del gobierno estatal, se emociona al pensar en volver a vestir su traje azul marino que llevó a los bailes, en compañía de su esposa, Julieta Serrano de Escobosa
Y echa a andar su memoria:
“Recuerdo que: al `Blanco y Negro’, venía gente de todo el estado, de todo el país y aun de Estados Unidos Se elegían reinas de California, Arizona, Sonora y Baja California y de diferentes partes de la República Era un evento de mucha alcurnia, de la época posrevolucionaria Se le ha señalado como una fiesta primordialmente aristocrática, que no va con las ideas de la Revolución, pero yo no lo veo así Yo veo bien el baile, porque está destinado a fines benéficos Su producto es bueno Antes, lo obtenido en el baile se destinaba a los desayunos públicos; ahora será para el DIF ¿Qué hay de malo en ello?”
Niega, de paso, que sea un escaparate, un pretexto para la ostentación Dice:
“No lo creo Si hay maestros orfebres, que hacen plata y joyas, es porque son un medio de trabajo Creo que hay que sacarle algo a la gente rica Y tampoco pienso que sea un escaparate La idea del baile es buena Claro que hay otras formas de obtener dinero de la gente rica, ¿pero digame cuál? Me parece buena idea que se haya reiniciado No soy partidario de la vanidad y de la ostentación, pero el producto, la finalidad, es el adecuado”
Coincide con él el médico ortopedista Federico Sotelo, a quien todos aquí apodan “El Loco”, exrector de la Universidad de Sonora, asiduo asistente a los bailes “Blanco y Negro”, desde 1950, quien con su atuendo rojo, guinda o azul, le daba un todo discordante a la reunión
Asiduo asistente, además, a los “Blanco y Negro” del Club Campestre de la Ciudad de México, el “Loco” Sotelo se niega a aceptar que el evento sea un “escaparate” para la burguesía local Muy serio afirma:
“¿Escaparate? No lo creo Yo no soy rico y voy con mi familia a los bailes Es más escaparate un banquete servido a un primer ministro en la Secretaría de Relaciones Exteriores, en la Ciudad de México, y nadie dice nada Aunque no hay que olvidar que el derroche se da precisamente en los períodos de crisis Es algo típico de la depresión Pero aquí, en Sonora, el baile es un incentivo para allegar fondos para la gente pobre Es una forma indirecta de ayudar a la gente”
Para intelectuales y periodistas sonorenses, el regreso del baile “Blanco y Negro” tiene, sin embargo, un mayor significado: un retroceso al conservadurismo, a un proceso de derechización no sólo en Sonora, sino en todo el país
Y en Sonora, con el gobierno de Félix Valdés, el evento da a la Burguesía la oportunidad de codearse con el poder, luego de los gobiernos de Carrillo Marcor y Ocaña García, cuando se fundaron en el estado 18 centros de investigación científica y hubo notables avances en agricultura, pesca y minería
Para ellos, el “Blanco y Negro” es “un insulto social, en una época caracterizada por la falta de créditos, suspensión de obras públicas y un aumento rapidísimo de la marginalidad social”
Un dato: del 3% de marginalidad que había en Sonora a principios del siglo, la cifra ha aumentado al 60%, lo que significa que unas 300,000 personas viven en colonias marginadas, con graves problemas de hacinamiento, criminalidad y desnutrición
El periodista Carlos Moncada, quien ha criticado el evento en El Diario del Yaqui y en la revista Así, de esta ciudad ironiza cuando afirma que el “Blanco y Negro” ayudará a los sonorenses “para establecer quién es quién en Sonora”

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