“Catalina Creel para presidente”

“Catalina Creel para presidente”
La canallez como una de las bellas artes
Carlos Monsiváis
El fenómeno de la temporada En 1987 lo de moda en el espectáculo mexicano es la telenovela Cuna de lobos 170 capítulos, original de Carlos Olmos, dirección de Carlos Téllez, actuaciones de María Rubio, Gonzalo Vega, Alejandro Camacho, Diana Bracho, Rebeca Jones, Carmen Montejo, Humberto Elizondo Al segundo mes de transmitirse, la telenovela era, según encuestas corroborables a simple oído, el programa más visto, y en las semanas finales alcanzó 64 puntos de rating (81, según Teleguía), lo que de creérseles a los hacedores de la estadística del gusto, equivale al pleno monopolio visual; durante casi medio año, de los aparatos prendidos de lunes a viernes entre 9 y 9 y media de la noche, el 85 por ciento captó Cuna de lobos
El viernes 5 de julio la popularidad de la serie no dio lugar a dudas La transmisión del capítulo final, con todo y sus desenlaces dramáticos y fársicos, originó disminución del tráfico y lugares vacíos en el metro Pero ya antes era notoria la fascinación ante la malvada, la despiadada Catalina Creel (María Rubio), con su parche que mudaba su color según el vestido, y su desprecio por la vida ajena Se han vendido piñatas de niños con su figura, en Semana Santa hubo judas que la emblematizaban, hay ya un comic (Cuna de locos), los cómicos han incorporado al personaje a sus rutinas, (Palillo ya montó Cuna de Robos) en Ciudad Neza hay dos bardas pintadas: “Catalina Creel para presidente”, y el día del juego Guadalajara-Cruz Azul, los partidarios del primer equipo portaban una manta gigantesca: “Ni con Catalina Creel nos ganan”
Sin pretender analizar en unas cuartillas un fenómeno tan complejo y seguramente tan sencillo, anoto a continuación algunas hipótesis sobre las telenovelas y su público
1 Parte fundamental del atractivo de las telenovelas ha sido y es la trama laberíntica, la herencia de la novela de folletín Un resumen justo es casi imposible, y dejará de lado las mil pistas falsas, las salidas heroicas que conducen a ninguna parte, los personajes que crecen o se disminuyen ¿Cómo resumir, por ejemplo, Cuna de lobos? Ofrezco una síntesis muy esquemática: Carlos Larios, casado en segundas nupcias con Catalina Creel, vive convencido que su hijo José Carlos, del primer matrimonio, es responsable de la pérdida del ojo de Catalina Esto es tan falso como la filantropía en el Pedregal Catalina fingió ser alcanzada por un “accidente-de-trompo”, para culpar y culpabilizar a José Carlos, y conseguir que Alejandro, el hijo de su matrimonio con Larios, heredase el imperio conocido como Lar-Creel
Larios descubre la triquiñuela de su mujer, e intenta resarcir moralmente al hijo mayor, pero Catalina enviuda por su cuenta mezclando veneno en el jugo de naranja En su testamento, Larios como fastidio póstumo, condiciona la entrega de la fortuna: Alejandro deberá plantar un hijo, y José Carlos adquirir una esposa (es soltero por el remordimiento ante la visualidad a medias de su madrastra) Alejandro, enterado de que su esposa Vilma es yerma, emite otro complot diabólico Seduce a Leonora, ingenua como la clase media, y la desposa en un simulacro de boda Mientras, Vilma finge un embarazo durante los meses aconsejables
Al nacer Edgar, Alejandro se lo arrebata a su madre y se lo cede a Vilma A partir de ese momento, la historia se moviliza en dos planos: en uno la protagonista triunfal es Catalina, virtuosa del despoblamiento que asesina a los enterados de su villanía En el otro, los personajes son Leonora, Vilma y Alejandro, que se niega a saber de los crímenes de su madre, para no caer en deslealtad filial
Leonora no logra recuperar a su hijo y con tal de tener éxito y vengarse, se casa con José Carlos Este, al fin, descubre la verdad y en un gesto del capitalismo tardío se propone hacerse del poder en su imperio industrial Al revelarle a Catalina que lo sabe todo, le regala precautoriamente un veneno Esta, desesperada, liquida al inspector Suárez, que también lo sabe todo, excepto cómo cuidarse de los asesinos Luego, Catalina aprovechándose de la ingenuidad en tiempos de crisis, vierte azúcar en el motor del jet familiar, pensando que allí viajarían Leonora y José Carlos No sucede así, y en lugar de ellos se instalan en el símbolo del súper estatus Alejandro y Vilma, que estallan en el aire Víctima de sus méritos homicidas, Catalina bien acaba lo que tan mal hizo, y aprovecha el veneno Años más tarde, en la residencia armoniosa, el pequeño Edgar, ya con el satánico nombre cambiado, se coloca uno de los parches de su abuela Y la palabra Fin, aparece custodiada por interrogaciones ¿Este niño continuará el legado de infamia?
Me he extendido en la sinopsis, porque desde hace tiempo, el mayor mérito de una telenovela es su densidad laberíntica El espectador que se extravía en la trama, se dejó arrebatar por los destinos tan opuestos al suyo, lineal, un tanto predecible y casi siempre sin jet en donde morir de mala manera
Al perderse el antiguo sentido catártico del melodrama, y al no depositarse el interés del espectador en la honra y en el adulterio, crece la importancia del argumento folletinesco, hasta casi ser el equivalente de la actuación Y esto exige desde luego, que todo ocurra en el ámbito de los súper-ricos, los únicos capaces de patrocinar con largueza el supremo ocio del enredo existencial Así, a la fascinación por el “chisme barroco” (esencia de la telenovela), se alía el voyeurismo social Ya Dallas, Falcon Crest y Dinasty han probado internacionalmente el atractivo de las fantasías del lujo imperial
2 Cuna de lobos es y tiene que ser una parodia, porque hoy el melodrama únicamente sobrevive envuelto en formas paródicas, en el canje de la visión estremecida por el tratamiento regocijado Lo sepa o no el público, y lo quieran o admitan o no los autores, el mérito de las telenovelas es su capacidad de divertir, y el único atractivo actual de El derecho de nacer, sería que Albertico Limonta fuese narcotraficante o hijo literal del Demonio, Rosemary’s Baby o Scarface en las plantaciones Desde cierta perspectiva —lo textual— la parodia no se advierte, porque no se modifican el lenguaje siempre climático, la música que hace las veces de comentario doloroso y atemorizado, las frases que aisladas son altamente risibles Pero ha variado el énfasis La nueva telenovela carece de propósitos moralistas y deseos edificantes No hay que exaltar a la sociedad ideal sino idealizar a la sociedad real, con sus intrigas, tedios que apenas alivia la comisión de un crimen, derroches ostentosos, la canallez como una de las bellas artes Y con sus familias oligárquicas desmoronándose el día entero Culmina un salto de la telenovela: De Ave sin nido a las atmósferas de un thriller a lo Mel Brooks, o de capítulos débiles de Saturday Night Live presentados como Ave sin nido
Exceso y grand-guignol ¿Pero de qué otro modo mantener la atención de 40 millones de espectadores, tan distintos en concepciones éticas, creencias sociológicas, lealtades o deslealtades familiares? En las sociedades desarticuladas del México de la crisis, la parodia de un sólido lenguaje común Ya que no se puede llorar en compañía, divirtámonos juntos con un sufrimiento que no lo es, con actuaciones que fingen serlo (un buen intérprete de telenovela es aquel que hace las veces de un actor de fines del siglo XIX, todo gestos y miradas que sólo la cámara rescatará del vacío), con diálogos que parecen dichos al borde del abismo, con supermillonarios que también especulan con sus sentimientos, con una malvada que termina siendo la heroína absoluta, porque los crímenes se vuelven chistes visuales, la perversidad es utopía del comportamiento, y el parche del signo de Caín en Perisur
Para que la parodia esplenda, conviene la trama policiaca En el auge actual del género policiaco, se mezclan el amor clásico por el derramamiento de la sangre ajena, y el chiste compartido que es la impartición de la justicia Pero esto no convierte a Cuna de lobos en una comedia de humor negro Lo chistoso no radica obligatoriamente en la asociación con lo fúnebre, sino en un hecho televisivo: el único modo de ver melodramas sin remordimientos modernizantes es despojarlos de toda moraleja y asumirlos como espectáculo satírico (con o sin ese término) Si como indican Frederic Jameson y Richard Dyer sin el componente utópico no se explica la relación del espectador con los medios de masas, el componente utópico de la telenovela de hoy no es la redención por el sufrimiento, sino el descubrimiento de lo divertido que resulta contemplar el melodrama desde el cachondeo de sentimientos La mayoría de los espectadores de Cuna de lobos jamás aceptará lo anterior, pero, de seguro, ya ahora ni María Isabel ni Simplemente María ascenderían demasiado en el rating
3 “Nadie miente en sus placeres” escribió Camus, famoso autor de epígrafes Y el éxito de Cuna de lobos, prueba una certeza del gusto, el placer de contemplar vidas destruidas a la mitad de la opulencia, saber que eso no es cierto, y gozar al mismo tiempo de la verdad y de la falsedad Desde su título, ya Los ricos también lloran era una parodia Pero se necesitaba el esfuerzo melodramático y el júbilo casi de cine mudo de Cuna de lobos para que se viera con claridad la “evacuación de sentido” de la telenovela, que ya se sabe telenovela, soap opera, género que empezó siendo lo propio de las amas de casa y convirtió a sus espectadores (todos) en amas de casa, la atención fragmentada entre el refrigerador y la pantalla chica Y a esta conciencia-de-sí la ha ayudado enormemente el fastidio generalizado ante las telenovelas que no se exceden, que creen en “sentimientos reales” y no incursionan en el desafuero que engendra su propia parodia Muy posiblemente el súper éxito de Cuna de lobos obligue a telenovelas tan desmesuradas que acaben en el naturalismo (“Desgraciadamente todos los personajes parecían extraídos de la vida real”), pero ya de seguro nace muerto lo que no aspira al desbordamiento (Un ejemplo patético: la serie Sendas de gloria, cuyo afán de aleccionamiento histórico cauteloso la vuelve una parodia sin energía, que es como decir un informe del Gabinete Económico)
El rating —término ya ubicuo que acabará también sustituyendo a la votación electoral— de la telenovela El Maleficio muy posiblemente se origine en la mirada sarcástica que todos le dedicamos a nuestras supersticiones entrañables, y en la predilección por Cuna de lobos interviene el placer que provoca el triunfo del mal, demostrable empíricamente Pero en el fondo de la adicción a las telenovelas hace mucho que ya no actúa el inasible enfrentamiento del bien y del mal, reflexión ética o teológica que se reserva para la consideración de la política y la economía, sino el entusiasmo ante el despliegue de la infamia En este sentido, Catalina Creel es un símbolo efímero pero admisible, que representa, desde las resonancias de su nombre tan porfiriano y tan de folletín de Michel Zévaco, lo que se quiera: la burguesía sacadólares, la Revolución Mexicana en su etapa actual, la idea que los malos hijos tienen su abnegada madre, el comportamiento que las sufridas madres desearían tener hacia sus devotos hijos, o la madrastra de Blanca Nieves Las interpretaciones son infinitas, pero su impulso se lo debe en lo fundamental a que, en la era del espectáculo totalizador, los símbolos del bien no son graciosos
4 La fiebre por las telenovelas es mundial, y uno puede leer en The New York Times cómo la tribu de los lapones pospusieron varios días su jornada migratoria anual para saber quién le había disparado a J R Ewing en Dallas Por eso, no tiene caso dictaminar apocalípticamente contra la sociedad que descuelga el teléfono para ver sin interrupciones Cuna de lobos y no se inquieta por el desastre nacional, sino examinar la falta de equilibrio, cómo una pasión por el destino de personajes folletinescos no se corresponde con pasiones de otra especie, y de intensidad no ligada a sarcasmos momentáneos y emociones vicarias La despolitización que se le ha impuesto al país no ayudó al placer masivo por Cuna de lobos, pero la resonancia casi aislada de una telenovela en un país sumergido en la más severa de sus crisis sí tiene que ver con el aburrimiento que provoca la mecánica de la sucesión presidencial, con el canje del interés político por el morbo ocasional, con las farsas declarativas del autoritarismo No es la telenovela la que se agiganta, es el sistema político que hace mucho no dispone de líderes carismáticos como Catalina Creel

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