RIUS EN NICARAGUA

RIUS EN NICARAGUA
Raúl H Mora
MANAGUA- “Rius para todos”: tal parece el resultado más cercano —espontáneo— del Primer Festival del Libro con que el ministro de Cultura de Nicaragua, Ernesto Cardenal, convocó a casi 300 casas editoriales de más de 40 países Celebración del VII aniversario de la revolución, del 20 al 26 de julio, en la Plaza de la Piñata
Rius (Eduardo del Río), recientemente reincorporado al equipo de caricaturistas de Proceso, no sólo llegó puntual a la inauguración del festival Desde el 20 de abril hasta el 15 de mayo —”en la casa de ustedes (Cuernavaca, México)”, como reza el colofón— preparó su presencia perdurable en Nicaragua con su último libro, Carlos para todos

La publicación, de la Editorial Vanguardia, tuvo un tiraje de 100,000 ejemplares: récord en Nicaragua El bestseller del festival
Y en su venta —si es que no se le quiere llamar regalo: el precio no llega ni a medio dólar “negro”—, la presencia de Rius fue constante, con la sonrisa tranquila de los días buenos, llena de humor que anima sus historietas
Carlos para todos es una biografía de Carlos Fonseca Amador, el fundador del FSLN y “Comandante en jefe de la Revolución” Al estilo de sus publicaciones previas, como Marx, Mao, Jesús alias El Cristo, Rius invita a la lectura con un círculo de dos centímetros, desde el cual una minúscula foto de Sandino lanza, con enorme globo, el discurso que el general tuvo en 1931:
“Me dirijo a ustedes, traidores, impostores, rufianes, sobornadores, panfleteros; poneos de rodillas todos vosotros porque voy a invocar el sagrado nombre de mis inconquistables hermanos que han muerto defendiendo la libertad de Nicaragua: Rufo Marín y Carlos Fonseca”
112 páginas frescas Historia desde 1936 —”es un año clave para Nicaragua”: golpe de estado de Somoza viejo al presidente Sacasa, y nacimiento, el 23 de junio, de Carlos Alberto Fonseca—, hasta el 8 de diciembre de 1976: “Fonseca queda en la montaña”, en reproducción de la primera página de la prensa del día siguiente
Tres caricaturas sobresalen: la primera en la narración de los estudios de Fonseca —primer alumno siempre, hasta que abandonó en el 59 la carrera de Derecho para “encontrar ‘su’ camino” y organizar con Silvio Mayorga la Juventud Democrática Nicaragüense—, un homenaje a Ernesto Cardenal: lentes, boina, cotona blanca, caites y, sobre todo, un dedo como el que el ministro de Cultura se encontraría años más tarde en el aeropuerto: un dedo que no conmina —”ponte en orden”—, sino presagia: “la poesía es un arma cargada de esperanzas” Carlos poeta, en el círculo “Nuevos Horizontes”
La segunda, el más fiel retrato de Carlos en plena madurez de la guerrilla, 1976: blancura de un rostro, pálido, barba cerrada en técnica impresionista y el distintivo de los lentes negros (vísperas de la caída de “Agatón”, el 8 de noviembre de ese mismo año)
La tercera, uno de sus mejores autorretratos, o autocaricaturas, en la página del colofón: mechón entrecano, nariz afilada, plumín en la mano, por supuesto sentado y dibujando en el escritorio, con “La polaina” —su perrita— al lado, y la inconfundible firma de cinco arcos; ene o eme o erre —erre— prolongada en enorme ola hasta la fecha 87 Firma con que miles de visitantes del festival del libro se dicen “Rius para todos”
Diez estrellas dan cuenta de la bibliografía básica Sin presunción de científico Como homenaje también al Instituto de Estudios Sandinistas, al diario Barricada y a cuantos a lo largo de los años de opresión, búsqueda, organización, duda, fracaso, división, supieron dejar testimonio del pasado inmediato
De esos archivos salen fotocopias y documentos de primera: acta del “gobierno eclesiástico, diócesis de Matagalpa”, con la rúbrica del Pbro Guillermo Frenzel, para testimoniar el bautizo de Carlos, hecho por el P Gonzalo A Mendoza; recopilación de panfletos, proclamas, páginas de los periódicos estudiantiles o de los diarios urbanos, ante los fraudes electorales y tras todo aquello que García Márquez recogió en su guión cinematográfico, el asalto, en la casa de “Chema” Castillo, diciembre 74, álbum fotográfico: Tomás Borge, Daniel Ortega, Humberto y Víctor Tirado En aquellos años, cuando soñar era el crimen
Carlos para todos resulta no sólo una biografía, es un manual de historia contemporánea: los timbres postales van marcando el paso del tiempo y el estancamiento de la dictadura Los periódicos de la hemeroteca desenterrada dan nueva vida a lo que hoy Alfonso Reyes llamaría “las vísperas de Nicaragua”, “la visión de Centroamérica” o simplemente “calendario”, con todo y su Ifigenia Cruel: la que grita un basta a la venganza, y convoca a los comandantes y poetas
La portada —”idea del título: Erick Blandón”— un Carlos para todos al centro, en azul como sus ojos cegatones, flanqueado por 8 fotos, con lentes y sin ellos, con que adolescente y maduro dice que puede ser de todos A condición de morir y quedar vivo con los ojos abiertos, como lo publicó en fotografía la prensa del 9 de noviembre del 76: “Nicaragüense/ paisano inevitable/ quien quiera/ que seas/ busca esos lentes/ métete en los ojos/ de Carlos Fonseca/ Todavía hay tiempo/ Recordará que el hombre/ nunca se permitió/ cerrar los ojos/ Ni siquiera ya muerto” (Julio Valle Castillo)

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