MUERTO MANUEL SUAREZ, HYATT ENTRA AL HOTEL DE MEXICO: INVIERTE 3O MILLONES DE PESOS

MUERTO MANUEL SUAREZ, HYATT ENTRA AL HOTEL DE MEXICO: INVIERTE 3O MILLONES DE PESOS
Susana Cato
Toda su vida rechazó don Manuel Suárez y Suárez las tentaciones de aquellos que querían compartir su gran Hotel de México: Air france, Canadian Pacific, el Grupo Alfa de Monterrey, el gobierno mexicano y hasta el multimillonario Howard Hugues
“No tiene precio”, solía decir, y en 1981 calculaba terminarlo con sus propias fuerzas gastando de dos a tres millones semanales Símbolo de la aventura y la obsesión empresarial de don Manuel, este edificio, junto con el Polyforum, era para él no sólo un orgullo personal sino de México, algo “único en el mundo” Murió sin verlo realizado y sin conocer el desenlace de los convenios que sus herederos están a punto de concluir con una transnacional:

Dentro de dos meses se llamará Hotel de México Hyatt
Hyatt prestará al Grupo Suárez 30 millones de dólares para concluir en una primera etapa las 400 habitaciones de los diez niveles más latos, y para estrenar después, en 1989, 1508 cuartos, con dos suites presidenciales —una ya terminada—; seis ministeriales y ocho diplomáticas, —un club—, tres canchas de tenis y un área de comercios y oficinas a los pies del hotel, que incluye al Polyforum y se llamará Centro Urbano Manuel Suárez
“Nuestro compromiso —dice su hijo Alfredo— es echarlo a andar Ese era el gran sueño de don Manuel:
Sueño que don Manuel quiso soñar solo Rechazó la oferta de Canadian Pacific porque esta empresa quería tener la mitad de la administración; denegó en 1981 mil millones de pesos que le ofrecía Fonatur, porque el 2147% de interés se le hizo muy alto; no aceptó la “cantidad exorbitante” que decía le ofreció Howard Hugues poco antes de morir en Acapulco porque “nunca quise ponerle precio”
Dice su hijo Alfredo que ocho meses antes de morir don Manuel aceptó negociar con Hyatt para que operara el hotel, “porque a tres millones semanales nos estábamos tardando demasiado”
el caso es que don Manuel esperó hasta los 91 años y finalmente, murió sin firmar
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El Hotel de México creció enraizado en los huesos de don Manuel, quien decía “el edificio soy yo” (Proceso 269) Esa era su forma de Crecer: “Yo quiero llegar a 306 metros de altura sobre la banqueta, cuatro metros más arriba que el Empire state”, declaró en 1981 a Fernando Ortega
Decía entonces que a pesar de haber nacido en Asturias se sentía parte de esta “raza vanidosa” que es la mexicana; se enorgullecía de no haber sacado “ni un centavo del país” y de lo que había entregado a México: su vida, su hotel y su Polyforum
Cuenta su hijo Alfredo que el día de su muerte don Manuel se vistió como siempre para ir a trabajar Una de sus hijas le dijo: —”Papá, no salgas, estás pálido Te traemos lo que quieras”
—Lo que yo quiero no me lo pueden traer
—¿Pues qué es?
—Mi obra, quiero ir a ver mi obra
Empresario fuera de serie, don Manuel tenía como lema la creación Su historia es la de un inmigrante español que llegó en su primera juventud a México, empezó de ceros, trabajó, construyó entre otras cosas la costera Miguel Alemán de Acapulco; como contratista contribuyó al crecimiento de este puerto y el de Veracruz; su fortuna se multiplicó con la industria del asbesto y con los ingenios azucareros Pero su proyecto cumbre fue el de la colonia Nápoles
Decía, sin embargo, que “la riqueza material es para mí una señora a la que no le hago caso para nada, respecto al apetito personal”
Mecenas e importante coleccionista, propietario de alrededor de 4 mil cuadros, don Manuel consideraba que “si no hubiéramos hecho más en la vida que ayudar al desarrollo de las artes y las ciencias, con esto tenemos bastante para tener gloria”
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Hombre sin distancia entre las palabras y los hechos, don Manuel gustaba de los dichos: “Los chismes y el dinero se hicieron para contarlos” y “las mujeres son como las escopetas: hay que tenerlas cargadas y detrás de la puerta” De sus dos esposas tuvo veinte hijos: Manuel, Sergio, José, Jorge, Miguel Angel, Carlos, Lilia, Raquel, Silvia, Marisol, Margarita, Maricarmen, Concepción, Alfredo, Marcos, Manuel, Angélica, Beatriz, Ernesto y Fernando
Al fallecer don Manuel, quedó como administradora general de sus bienes la segunda esposa, Raquel Ruiz y como director ejecutivo de sus 11 empresas, Alfredo Suárez, doctor en administración
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Al contrario de don Manuel, la señora Francisca Bautista, de 59 años de edad, ve el Hotel de México de abajo hacia arriba Desde los trece trabajó en el famoso Hotel L’Escargot, que hasta hace unos meses ocupó la manzana vecina al Hotel de México y tenía un jardín lleno de camelias y rosales
Doña Francisca recuerda a su “patrón”, don Manuel del Valle, amigo del “difunto Siqueiros” y de don Manuel Testigo de la modernidad que pisa esa zona de la colonia Nápoles, doña Francisca conoció el Parque de la Lama “lleno de patos y caballos” hasta que fue reemplazado por “este monstruo”, el Hotel de México Vivió dos años de huelga, a la muerte de su patrón, que había quedado intestado Presenció en 1984 el “remate” de L’Escargot: “el valuador decía que valía 250 mil millones, pero la hija de don Manolo lo vendió en noventa y tantos” A los trece empleados, sin importar su antigüedad, les tocaron 772 mil pesos a cada uno, según recuerda
El L’Escargot fue demolido en julio del año pasado Las rosas y camelias se cambiaron por los oscuros vidrios polarizados del nuevo edificio de L’Oreal de París Como don Manuel, don Manolo murió sin ver realizado su sueño: La Universidad Gastronómica Manolo del Valle
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Lourdes Vega, secretaria de don Manuel (y ahora de su hijo) durante la primera etapa de construcción del Hotel de México, recuerda esta anécdota:
El ingeniero residente era Arturo López Chavarría, quien trabajaba muy duro, pero el hotel no crecía al ritmo que quería don Manuel Un día don Manuel lo provocó “le apuesto a que no puede construir diez pisos por semana” El ingeniero aceptó y apostó su sueldo Don Manuel dijo: “yo le doy el carro que más le guste, y quedamos como caballeros” El último día el ingeniero entregó sus 10 pisos y don Manuel le dio un Charger Se siguieron con otras cosas y así terminaron 20 pisos de apuesta
Don Manuel tenía un deseo faraónico: que su cuerpo fuera embalsamado y depositado en el Polyforum; su voluntad no se respetó y fue sepultado en el panteón de Santa Cruz del Pedregal
Su oficina en el piso 34 del hotel está cerrada En ese mismo nivel Manuel Suárez dejó vivir sus sueños de grandeza mexicana en la suite presidencial del otro lado del enorme pasillo:
A la entrada hay unos árboles de naranja pintados sobre el muro, del que brotan unos helechos que le dan sombra y frescura Al centro de la suite está la sala, cuyo techo es una bóveda amplia de cielos azules con una nube al centro en forma de águila; hay una fuentecilla junto a los ventanales, con la ciudad a los pies Tiene tres recámaras, tres baños, un estudio, salitas de estar con vista panorámica, un estudio, una gran cocina, un bar y un órgano musical
A los lados de la chimenea se sostienen dos vitrinas con piezas arqueológicas de la colección Manuel Suárez y sobre ella una escultura de ónix; todo rodeado por las paredes que tienen un fino trabajo de madera incrustada Y por allí, una fotografía de don Manuel junto al presidente Avila Camacho
El sueño de Suárez se extendía a todos los mexicanos: “si yo fuera presidente, no faltaría comida y todos vestiríamos de casimir inglés”

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