UNOMASUNO: UNA HISTORIA TURBULENTA

UNOMASUNO: UNA HISTORIA TURBULENTA
Carlos Marín
MADRID, España- A finales de 1983, con la renuncia de cuatro ejecutivos y medio centenar de colaboradores, salió a flote un extraño manejo económico en la empresa cuya propiedad, mezcla de sociedad anónima y cooperativa (en su directorio), era clara únicamente para sus dirigentes y algunos enterados: Unomásuno Nacido el 14 de noviembre de 1977, con periodistas que renunciaron a Excélsior el 8 de julio de 1976, tras del golpe que instrumentó el gobierno echeverrista, Unomásuno fue la segunda alternativa de su fundador, Manuel Becerra Acosta exsubdirector de Excélsior, quien no halló consenso para intentar, mediante el retorno, la recuperación de este periódico
Con más análisis que información como oferta, Unomásuno ganó pronto,

la confianza de sectores ilustrados y se hizo de un sitio decoroso en la vida periodística de México, particularmente a través del suplemento sábado que dirigió el escritor Fernando Bénitez durante siete años
El 2 de diciembre de 1982, sin embargo, renunciaron los
subdirectores Carlos Payán y Miguel Angel Granados Chapa, junto
con la subdirectora de información Carmen Lira, y el segundo jefe
de Redacción, Humberto Mussachio El asesor de la Dirección General, Héctor Aguilar Camín, fue cesado
Los renunciantes adujeron una triple crisis en Unomásuno: empresarial, moral y política La primera, porque las únicas vías de
solución, a su juicio, eran el ajuste de la economía interna, la
declaración de quiebra o la búsqueda de un subsidio La segunda,
porque se había “abusado de la buena fe de los trabajadores”
y “burlado el proyecto básico de la editorial” Y la tercera,
porque la Dirección General manifestaba una “voluntad conservadora”
y “una actitud antisindical”
“nos hemos retirado luego de un largo e infructuoso proceso de negociación con el dueño y director general de Unomásuno para inducirlo a que devuelva lo que, en rigor de justicia, le pertenece a la comunidad y resume los compromisos políticos básicos que dieron hasta ahora aliento y sentido a nuestro trabajo”, explicaron
Lo que se destapaba era el entuerto de una propiedad en duda: ¿cooperativa o sociedad anónima?
A causa de este mismo problema, pero sin repercusiones, habían salido ya, en años anteriores, otros fundadores, como Eduardo Deschamps, que fue jefe de la sección cultural de Excélsior y coautor de la fisonomía, el nombre y hasta el logotipo de Unomásuno, quienes advertían del riesgo de la indefinición de la propiedad de la empresa
Los renunciantes de 1983 habían confiado en que el 60% de las acciones que formalmente poseía Manuel Becerra Acosta fueran eso, acciones “formales” Le habían dado su aval y, por eso, cuando se enfrentaron al hecho de que para él sí eran absolutamente suyas, lo acusaron de haberlos sorprendido en su buena fe
En solidaridad con ellos salieron 48 articulistas, que invitaron a Becerra Acosta a retomar “el espíritu cooperativo mediante la redistribución del capital”
El 21 de diciembre de ese año renunció el más relevante apoyo intelectual de Becerra Acosta, Fernando Benítez
En febrero siguiente y con Carlos Payán como cabeza, 75 periodistas y escritores convocaron a la formación de una empresa periodística, que dio a luz el 19 de septiembre de 1984, al primer número de La Jornada
El 15 de agosto de 1987 surgió otro conflicto que puso en crisis a Unomásuno y volvieron a aflorar turbios manejos:
Los trabajadores de talleres efectuaron un paro en demanda del cumplimiento de cláusulas contractuales, como la entrega de despensas en especie, botas para uso industrial, uniformes, pago de horas extras, y denunciaron la contratación excesiva de personal de confianza (110 frente a 303 sindicalizados) y dieron a conocer que la empresa no pagaba cuotas al Infonavit desde su fundación, diez años antes, y que evadía impuestos sobre productos del trabajo
Intervino un exfundador y exsecretario general del Sindicato del periódico, Luis Gutiérrez, quien para entonces ya era gerente
Gutiérrez resolvió el problema de inmediato: les dijo que estaban despedidos y corrió también al secretario general, Mario García Sordo
El sindicato, simplemente, desapareció desde entonces
Para consumo de los lectores, Unomásuno publicó una nota en la que afirmó que un “piquete” de enemigos del diario pretendió dar “un golpe de mano” y afirmó que había “una campaña de desprestigio montada desde el exterior”
Por esos años Becerra Acosta había comprado el 40% restante de las acciones de la empresa
Finalmente, este año, el viernes 3 de marzo, los reporteros de Unomásuno externaron una angustia acumulada durante varios días Sabían que su antigua idea de ser copropietarios (en la cooperativa que resultó no ser) no fue más que una ilusión Ahora les llegaban rumores alarmantes y no sabían qué pasaba en torno de Manuel Becerra Acosta:
—Que lo habían encarcelado
—Que los Migueles, De la Madrid Hurtado y Alemán Velasco, querían comprar Unomásuno y alguno le entraría con el 49% de las acciones que tenía Becerra Acosta para “recapitalizar la empresa”
—Que Becerra Acosta perdió la dirección porque había ofendido al presidente Salinas de Gortari “con exabruptos e impertinencias”
—Que le cobraban su amistad con Porfirio Muñoz Ledo
—Que le hacían pagar una comedia teatral en la que ridiculizó a
Salinas (Sucesión de familia)
—Que por haber “inventado” la Corriente Democrática
—Que Unomásuno debía mucho dinero por papel y por impuestos (el 18 de noviembre de 1988 luis Gutiérrez informó a varios de sus compañeros que la deuda era de 4,000 millones de pesos, sin contar intereses ni multas que podrían quintuplicar la cifra)
—Que Becerra Acosta había sido expulsado de México y convencido con
un millón de dólares
Luis Gutiérrez, ahora en papel de “director interino”, informó a los
reporteros, que Unomásuno había sido comprado por el grupo Ingenieros
Civiles Asociados
“¿Con qué porcentaje?”, preguntó alguien
“El nuevo dueño es IVA No necesitan saber más”, hizo que informó
IVA, por su parte, desmintió a Gutiérrez El comprador resultó ser Angel Borja, hermano del presidente del consorcio, quien a los pocos días “vendió” su caliente adquisición
Para los reporteros, el calce de un editorial publicado en el periódico ponía los puntos sobre las íes en cuento a la propiedad real de Unomásuno: “Los primeros 100 días de Carlos Salinas de Gortari han puesto en claro que el país tiene un gobierno y un rumbo”
En los primeros 30 días de Luis Gutiérrez como director se produjeron protestas en su contra, tanto por el abierto oficialismo de la política editorial como por medidas “prepotentes”, entre las que se contaban el despido de los que no le tributaban incondicionalidad
Y en los primeros dos meses renunciaron los directores de los suplementos, ocho reporteros y el jefe de Información
A principios de marzo, Luis Gutiérrez contó que se habían presentado en el diario dos auditores de Hacienda “Le hablé a Otto Granados (director de Comunicación de la Presidencia) y le dijo ‘aguántame caray, estamos arreglando esto’ Y corrí a los auditores”
El 8 de marzo anunció que iría a hablar con el presidente Salinas de Gortari para proponerle 25 nombres de probables compradores de las acciones de Borja
A la postre, con el 76% de un millón de dólares para Luis Gutiérrez, salidos de Banobras, nueve fueron los afortunados que resultaron ser sujetos de crédito
El jueves 28, en una conferencia realizada en la Universidad de Wisconsin, Gutiérrez reconoció que el “cliente principal de los medios, en México, es el gobierno”, lo cual, “de origen, vicia y afecta la relación de la prensa con el poder” Explicó que el instinto de conservación del editor invita a cuidar al cliente” y si las verdades no le gustan al cliente “entonces se ocultan”

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