¿AZAR O JUSTICIA?

¿AZAR O JUSTICIA?
Octavio Paz
Como si la suerte quisiera corresponder al amor y a la dedicación de los estudiosos de sor Juana Inés de la Cruz, en los últimos años han aparecido obras suyas desconocidas o que se creían perdidas El primer hallazgo fue el del padre Aureliano Tapia Méndez, que en 1981 dio a conocer una carta de la poetisa a su confesor, el jesuita Antonio Nuñez de Miranda (Autodefensa espiritual de sor Juana, Monterrey 1981) Este descubrimiento aclara definitivamente el controvertido asunto de las relaciones de sor Juana con la jerarquía eclesiástica, especialmente con su director espiritual Ahora el joven dramaturgo e investigador Guillermo Schmidhuber da a conocer otro notable hallazgo: el final perdido de La Segunda Celestina, la comedia que dejó sin terminar Agustín de Salazar y Torres Algunos habíamos sospechado que este final, anónimo y distinto al conocido de Juan de Vera Tassis, podía ser de sor Juana En su excelente, sucinto y documentado prólogo Guillermo Schmidhuber demuestra, de manera convincente y detallada, que se trata de una obra juvenil de sor Juana (tendría veintiséis o veintisiete años cuando la escribió) No repetiré los argumentos y los datos de Schmidhuber; en cambio, señalo que también me convence otra suposición suya: probablemente sor Juana no se limitó a escribir el final pues sus huellas aparecen en la parte que había dejado escrita Salazar y Torres algunos de los rasgos de Beatriz y algunas de las expresiones de Celestina (el desdén por los amoríos, el culto al estudio retirado) son también los de Leonor, retrato de sor Juan y heroína de Los empeños de una casa Sor Juana ansió siempre retratarse: ¿cómo iba a perder la oportunidad de hacerlo, veladamente, en una comedia que no era suya sino en parte y que no llevaba su nombre?
Hay un pequeño misterio que me gustaría contribuir a descifrar, Salazar y torres murió en Madrid, en 1675; la comedia se presentó en 1676, para celebrar el natalicio de la Reina Madre, Mariana de Austria Sor Juana no conoció a Salazar (aunque lo había leído y lo imitó algunas veces) no tenía, en esos años, muchas relaciones en Madrid ¿Quién le pidió que completase la comedia y le envió el manuscrito? La respuesta está en los nombres de los dos protectores, repectivamente, de Agustín de Salazar y Torres y de sor Juana Inés de la Cruz, ambos antiguos virreyes de Nueva España: don Francisco Fernández de la Cueva, duque de Albuquerque, y don Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera Como lo indica Schmidhuber, los dos formaban parte del grupo que rodeaba a doña Mariana de Austria En 1675, año de la muerte de Salazar y de la probable redacción final de la comedia, España estaba aún gobernada por don Juan José de Austria, el bastardo de Felipe IV Enemigo de la Reina Madre, lo había desplazado del poder y con ella a sus allegados, como Albuqurque y Mancera El primero había participado en las peripecias políticas y militares de la época (fue herido en Rocroi) y había comprometido su fortuna con vanos despilfarros Obtuvo el virreinato de México y aquí rehizo su caudales, aunque volvió a incurrir en grotescos derroches y adulaciones: envió a Felipe IV un regalo de chocolates por cincuenta mil pesos y mandó hacer un jugo de naipes de hojas de oro, otros dos de hojas de plata, treinta y dos dados de oro y treinta y dos de plata En su historia del reinado de Carlos II, el duque de Maura comenta su sobriedad: “Fue notable por la riqueza de su casa y por la pobreza de su entendimiento” El poeta Agustín de Salazar y Torres entró en su servicio cuando era virrey de México, fue capitán de su guardia y regresó con él a Europa y lo acompañó a Alemania y a Sicilia (allá Albuquerque fue también virrey, y abajo la regencia de Mariana) Salazar murió a los 33 años en 1675, a poco de volver a España Temperamentos distintos y destinos cruzados Albuquerque murió un año después Es comprensible que se encargara a Salazar, familiar de Albuquerque, poeta célebre y amigo de Calderón, la composición de una comedia para celebrar el natalicio de Mariana
Es indudable que fue al marqués de Mancera al que se le ocurrió enviar la comedia a sor Juana para que la terminase Era el Mayordomo Mayor de la Reina, su mensajero ante Carlos II y, como ella, gran aficionado al teatro Mancera era el único, entre los que rodeaba a Mariana, que conocía a sor Juana, una monja joven perdida allá en México (Estamos en 1675) Mancera siempre la quiso, la admiró y la favoreció, como lo atestigua el padre Calleja, primer biógrafo de sor Juana He dedicado algunas páginas de mi libro sobre sor Juana a la relación entre la poetisa y el marqués de Mancera y su mujer, Leonor Carreto El Marqués fue un hábil político y un camaleón pues, aunque fue protegido de Marina y miembro prominente de la “facción austríaca” (su cuñado era el embajador de Austria, el marqués de Grana), terminó por favorecer al pretendiente francés, el futuro Felipe V Mancera murió en 1715 (!a los ciento ocho años!) y todavía en 1699 recordaba a sor Juana Es natural que el astuto político, que había acogido en el palacio virreinal a Juana Inés, huérfana sin padre conocido, y que había compartido el afecto que profesó a la poetisa su mujer, pensase en ella como un talento capaz de terminar y corregir el inacabado manuscrito de Salazar Y así, por una confabulación de circunstancias y personas, la joven y desconocida poetisa escribió unos versos que serían escuchados por una reina y su corte ¿Azar o justicia poética? Destino Al comenzar estas líneas dije que la suerte había premiado los afanes de dos investigadores Agrego: nada más justo que el padre Tapia Méndez haya encontrado la carta en que sor Juana se defiende y se justifica ante su censor; nada más justo también que el joven escritor Guillermo Schmidhuber descubra la comedia perdida de sor Juana De esta manera el destino ha querido señalarlo doblemente: como lector inteligente de la poetisa y como dramaturgo
México, a 2 de mayo de 1990

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