Rafael Giménez Siles

Rafael Giménez Siles
(1900-1991) 1900
Carlos Valdés in memoriam
Murió sin haber vuelto nunca al Madrid que había dejado en 1939 ni a su Málaga natal Fue uno de los grandes editores del siglo veinte en las dos orillas del idioma Su carrera no pudo haberse iniciado mejor: en una revista juvenil, El Estudiante, publicó por entregas la madre de todas las novelas de dictadores, el Tirano Banderas de Valle Inclán En “Oriente”, su primera editorial, dio a conocer a Miguel Asturias con Leyendas de Guatemala

Comenzó “Cenit” en 1928 con El problema religioso en México de Ramón J Sender, presentado por Valle Inclán “Cenit” fue la editorial por excelencia de la República Española En ella aparecieron Marx y Trotsky al lado de un peruano entonces casi desconocido, César Vallejo Durante sesenta años las generaciones han leído a Herman Hesse en las traducciones que encargó Giménez Siles De “Cenit” nos llegaron también Manhattan Transfer de John dos Passos, estímulo para la novela urbana que comenzó en nuestros países hacia 1940; Juan Cristóbal de Romain Rolland; dos obras contra la guerra que, se creyó afianzarían el “nunca más” ahora convertido en “otra vez”: Sin novedad en el frente de Erich María Remarque y El fuego de Henri Barbusse Entre tantos otros autores fundamentales “Cenit” dio a conocer en español a Víctor Serge, Blais Cendrars, Lian O’Flaherty y C F Ramuz que en Cumbres de espanto dio a Juan Rulfo una iluminación sobre cómo tratar las narraciones que llevaba dentro
Giménez Siles organizó las primeras ferias del libro que hubo en Madrid y mediante “camiones-stand” llevó los libros a los sitios hasta donde no habían llegado Durante la guerra dirigió la empresa estatal que distribuyó en los frentes republicanos cientos de miles de ejemplares Louis Aragón y Nancy Cunard lo rescataron del campo francés de concentración En el barco en que cruzó el Atlantico hizo amistad con Alejo Carpentier Sería el editor de sus novelas, desde El reino de este mundo hasta El siglo de las luces
Llegó a Mexico en 1940, casado con doña Francisca Novarro, hija de Tomás Novarro Tomás, y comenzó con Martín Luis Guzmán una asociación que duraría 36 años Empezaron con la revista Romance, antecedente de México en la Cultura, la editorial y distribuidora “Ediapsa” y la Librería de Cristal en las ya demolidas pérgolas de la Alameda, primera que permitió al lector el contacto directo con los libros
No es posible siquiera enumerar todas las series y colecciones que animó Giménez Siles “Ideas, Letras y Vida” reeditó el catálago de “Cenit”, imprimió los antiguos y nuevos libros de Guzmán (en opinión de Dámaso Alonso, la mejor prosa española del siglo veinte), las novelas de Carlo Coccioli y B Traven, y estuvo abierta a los nuevos escritores como Sergio Fernández y Josefina Vicens
La “Colección Malaga” publicó en las magistrales traducciones de Aurelio Garzón del Camino La Comedia Humana de Balzac y Los Rougon-Macquart de Zolá Después en “Empresas Editoriales” hizo antologías como El pensamiento de la reacción mexicana de Gastón García Cantú, del cuento por Emmanuel Carballo y la poesía por Carlos Monsiváis, así como los irremplazables testimonios de Novo, La vida en México, que Sergio González Rodríguez se dispone a reeditar y continuar, y las autobiografías de quienes empezaban a escribir a mediados de los sesenta
A Giménez Siles y a Arnaldo Orfila Reynal se debe en gran parte que México se haya incorporado a la que entonces se designó como la revolución del libro de bolsillo, revolución que también parece haber llegado a su fin Casi al mismo tiempo que aparecieron los “Populibros” de La Prensa, Giménez Siles lanzó en Novaro textos de calidad, incluso una excelente serie de poesía coordinada por Florentino M Torner, a menos de cinco pesos por ejemplar
Con Daniel Cosío Villegas fundó el Instituto Mexicano del Libro y estableció lo que es hoy el Premio Nacional de Letras Por todos los medios intentó crear una poderosa industria mexicana con todas las facilidades de que disponen las editoriales españolas para abastecer el mercado del idioma La indiferencía oficial llevó al fracaso los proyectos de Giménez Siles Pero gracias a él y a muchos otros mexicanos, españoles, argentinos,la industria editorial existe y los libros han llegado a quienes nunca antes habían tenido acceso a ellos
No es posible dejar que la indiferencía cubra la deuda que tenemos con Rafael Giménez Siles Es necesario despedirlo con un homenaje de autores, editores y libreros, y sobre todo del público para quien en última instancia trabajó siempre este admirable generador de libros

Comentarios