RIPSTEIN DEMANDA A AYALA BLANCO Y ESTE DEFIENDE SUS CRITICAS A “MENTIRAS PIADOSAS”

RIPSTEIN DEMANDA A AYALA BLANCO Y ESTE DEFIENDE SUS CRITICAS A “MENTIRAS PIADOSAS”
Héctor Rivera
“Primer acto: están veinte productores de cine haciendo cola en la casa del gran director Arturo Ripstein para proponerle películas; segundo acto: los mismos productores leen la nota terrible de Ayala Blanco; tercer acto: los productores quedan disuadidos de proponerle una película y salen huyendo ¿Cómo se llamó la obra? La demanda de Arturo Ripstein contra Ayala Blanco”
Así, “de una manera humorística, al estilo de los telones que contábamos en la primaria”, el crítico cinematográfico Jorge Ayala Blanco resume las circunstancias de la demanda que en su contra y por la vía civil ha emprendido el cineasta Arturo Ripstein, a partir de una nota adversa sobre su película Mentiras piadosas publicada en el diario El Financiero casi dos años atrás
Demanda que de prosperar, previene Ayala en entrevista, puede significar un nefasto precedente para el ejercicio del periodismo en general y de la crítica en particular
Por sus efectos contra la libertad de expresión, esto
—argumenta— “es mucho más grave que la Ley Mordaza, porque de repente cualquiera se puede sentir con el derecho de demandar a un medio sin aportar pruebas”
Demandado ante el juzgado cuadragésimo sexto de lo civil por Ripstein, quien pide indemnizaciones por un monto de 60 millones de pesos, Ayala enfrenta desde agosto del año pasado una acusación por el daño patrimonial que le habrían causado al realizador sus comentarios críticos sobre Mentiras piadosas y sobre el libro de Emilio García Riera Arturo Ripstein habla de su cine, editado en l988 por el Centro de Investigación y Enseñanza Cinematográficas de la Universidad de Guadalajara
Eran amigos hace años Ahora, en medio de los rigores del pleito legal, “que puede ser larguísimo”, el cineasta se ha convertido para Ayala en el señor Ripstein, quien alega no haber filmado película alguna a lo largo de dos años a consecuencia de los comentarios desfavorables sobre su obra
En ese sentido, plantea el crítico: “el señor dice que por una nota escrita por mí dejó de tener películas, pero ¿si yo hubiera escrito una nota elogiosa tendría ahora veinte películas?”
Autor de cuatro libros sobre el cine mexicano, entre los doce que ha escrito a propósito de los fenómenos fílmicos, con 28 años en la crítica cinematográfica y 26 de impartir clases de análisis cinematográfico y de historia del lenguaje cinematográfico en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos de la UNAM, donde trabaja de tiempo completo con la más alta calificación universitaria, Ayala, según Ripstein, “hace una crítica en forma por demás dolosa, con verdadera bajeza de lenguaje y sin ninguna metodología intelectual”
De esta crítica, publicada el 26 de abril de l989 en la sección cultural de El Financiero, donde Ayala escribe dos veces por semana, los lunes y los miércoles, incluye Ripstein unos fragmentos en el texto de su demanda Ahí se lee:
“Hay de principio a fin una imparable verborragia de palabrotas insultantes (`Ciego pero no pendejo’) y de empobrecidos jugueteos populacheros que añoran a los filmes del Güero Castro (`Eres desagradecido como perro de carnicería’), pero la usurpación del habla se advierte en cada estrépito de esas bocanadas diarréicas (`Qué nos pasó, cuándo se jodió todo esto, perdóname, qué no ves que eres todo lo que tengo en la vida’), esos altisonantes diálogos falsísimos (`Mandilón, mantenido, pobre diablo’), que a veces parecen monologales recitaciones autoimpresionantes de alguna `niña bien o reina de Polanco’ a lo Guadalupe Loaeza y a veces semejan desahogos asustadizos de cualquier histérica de taller literario”
Para Ayala, sin embargo, este no es “un problema de simpatías ni de antipatías”, sino “un problema de principios”, y asienta enfático: “yo defiendo mi derecho a desmontar películas, a reflexionar sobre ellas y a exponerlas en el lenguaje mismo en que están expuestas; Ripstein llama lenguaje soez a lo que no es más que la transcripción directa de los diálogos de su propia película, y llama desprestigio a la simple traducción en conceptos críticos de las observaciones que hace sobre su propia personalidad y su propio ejercicio del oficio de cineasta”
Odiado por buena parte de la comunidad cinematográfica debido a sus ácidas apreciaciones críticas, Ayala se niega a insertar el pleito que ahora enfrenta en el contexto de una añeja disputa con el grupo que encabeza Emilio García Riera, y se resiste a verse solo contra el mundo “La polémica de los críticos —asegura— nunca pasó más allá de una rabieta, una agresión personal, una bofetada, que por supuesto que las hubo”
“No creo siquiera en la parte de la rencilla”, sostiene; más bien se trata de “una reacción directa sobre una nota que evidentemente era desfavorable y le molestó, y a mi no me importa si se hirió su ego o qué fue lo que pasó, pero la consecuencia directa es que el señor me está demandando”
Evidentemente, explica, la de Ripstein “es una reacción desproporcionada”, y precisa: “lo sentimos mucho, no creo que los críticos tengan que ser las personas más queridas del mundo”
“Yo no tengo absolutamente nada contra el señor”, prosigue Ayala: “yo leí un libro donde habla en 3l5 páginas de sí mismo, y ¿cómo comentar una entrevista sin referirse ad hominem? Yo no lo ataco, hablo de la imagen que da de sí mismo en el libro, y lo fundamento, y hablo de una película que estoy analizando en todos sus elementos”
En suma, considera, “lo que yo hice fue una descripción y un análisis de dos productos culturales, una película y un libro, que es en lo que consiste mi función”
A lo largo de sus 28 años de crítico cinematográfico, Ayala ha analizado prácticamente todas las películas de Ripstein “Algunas me gustan y otras no, y eso se comprueba en mis libros; en La aventura del cine mexicano, por ejemplo, hay una nota bastante positiva sobre Tiempo de morir, y en La búsqueda del cine mexicano hablo en general de sus primeras películas industriales, de la segunda etapa de su cine industrial, que no me gusta y argumento por qué desde un punto de vista ético-sociológico, y de las películas que me gustaban de esa época, que eran sus experimentos independientes; en La condición del cine mexicano hablo también de algunas de sus películas que sí me gustan y de otras que no: tengo todo el derecho de que me gusten El lugar sin límites y Cadena perpetua y de que las demás películas me parezcan fallidas, abominables incluso, como El santo oficio o Foxtrot, y así lo fundamento”
“Yo no pedí ser el abanderado de la libertad de expresión ni me considero así, pero creo que en este momento es lo que puedo alegar con derecho”, dice Ayala, cuyo caso es visto con tal interés que “los abogados Gabriel Larrea y Roberto Sánchez Jasso me propusieron llevar el juicio por ceros, o sea gratis, cosa que evidentemente no acepté, porque esto es muy grave, muy delicado, insólito por el precedente que sienta en tanto que vulnera absolutamente toda la vida crítica de este país, el pensamiento crítico mismo manifestado mediante escritos”
Es esto lo que le importa a Ayala, dice, y no la simpatía ni la antipatía, “ni las cuestiones puramente subjetivas, como el odio, el rencor, la rabieta, o lo que sea”
Y se pregunta: “¿Cómo aportas pruebas, como lo exige la ley, de que te quitaron una película a consecuencia directa o inmediata de una nota que salió? ¿Cuáles películas, cuántas y quiénes fueron los productores disuadidos por una nota publicada en uno de los 15 periódicos de la ciudad de México? El señor dice que quedó desprestigiado a consecuencia directa de mi nota, pero ¿dónde están las toneladas de prensa que atestiguan esto?”
Ripstein nada prueba, reclama Ayala, “y si vamos mas lejos todavía, ¿por qué procedió esto a llegar a un juzgado?” La del realizador, define entonces, “es una manera muy desesperada y muy absurda de resolver un problema, que en términos de Derecho se llama temeraria e improcedente, porque no se aportan pruebas”
“Esto es mucho más que amedrentar, porque puede crear un precedente que siente jurisprudencia”, considera el crítico: “de pronto todo el que ejerce el periodismo va a tener que ponerse a elogiar a todo el mundo; vamos a estar en un coro de alabanzas y vamos a tener que decir que todo es maravilloso, extraordinario, estupendo, porque podemos dañar a los supuestos compradores, consumidores de arte o productores que contratan artistas para producir obras”
“Lo que yo exijo —prosigue— es el ejercicio de la libertad de expresión, y que no lo coarte alguien que supuestamente se vale de la misma libertad de expresión para hacer sus películas con el dinero de los contribuyentes, porque se trata de un director del cine estatal”
Desde esta perspectiva, juzga, “si a alguien tiene que demandar Ripstein es al Estado, que es el que le producía sus películas y ya no se las produce porque su política cambió y el Instituto Mexicano de Cinematografía ya sólo coproduce”
Incluso, advierte, entre las pruebas que aportó ya a su causa se encuentra una entrevista con el director cinematográfico, publicada el pasado 4 de marzo, “donde dice que lleva varios años escondido y que ni siquiera se ha presentado a las autoridades del cine, porque está esperando que lo llamen”
Y concluye: “Con esta actitud está difícil que consiga películas”
Como parte de la evolución del juicio civil, cuenta Ayala, se reunió con Ripstein el 12 de marzo en el curso de una junta de avenencia, en la que “no hubo ningún acuerdo ni ninguna voluntad de avenencia, y eso se vio clarísimo”
“¿Ya platicaron?”, les preguntaron después de un rato
“No, hace 25 años que no platicamos”, respondió Ayala

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