ANA MERIDA (1924-1991)

ANA MERIDA (1924-1991)
Rosario Manzanos
Ana Mérida llevó adelante una multifacética carrera artística dentro de la danza Este lunes 12 de agosto murió a consecuencia de una peritonitis, tras una larga y dolorosa agonía
Nacida en 1924, Mérida fue una de las principales figuras de la danza nacional durante los años cuarenta y cincuenta Participó activamente al lado de dos coreógrafas norteamericanas íntimamente ligadas a México: con Ana Sokolow en su grupo La Paloma Azul, y posteriormente con el trabajo de Waldeen, fundando junto a Guillermina Bravo en 1946 el Ballet Waldeen

“Como bailarina, tenía una proyección escénica capaz de llenar cualquier foro”, asevera Guillermo Arriaga, coreógrafo y amigo de Ana por más de cuarenta años Para él, tenía un talento muy especial, más allá de su técnica: “Era capaz de trasmitir pasión por todos los poros de su piel”
De personalidad contradictoria, salpicada de explosiones de ego, en el sentir de Arriaga, la bailarina hija del célebre pintor guatemalteco Carlos Mérida realizó una amplia gama de coreografías Una de las más aclamadas, El Venado y la Luna (estrenada el 7 de diciembre de 1949) se remontó por la Compañía Nacional de Danza del INBA, para representarse en San Antonio, Texas, como actividad paralela a la exposición “México: Esplendores de Treinta Siglos”
Otros trabajos suyos fueron Bonampak y Bernarda Alba Sin embargo, por sobre todas las cosas, su mayor interés se encontraba en la animación cultural y para ello ejerció diferentes cargos Asumió la dirección de la Academia de la Danza Mexicana en 1948 y la jefatura del departamento de Danza del INBA Recientemente, colaboró como jurado por parte del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes en el programa de becas a profesionales de la danza establecido desde hace tres años
Muchas son las contribuciones de la coreógrafa a la danza nacional, pero para sus amigos más allegados el haber ingresado a la burocracia cultural fue un error “Para mí fue una desgracia que le dieran esos puestos”, afirma Felipe Segura, investigador del Cenidi-Danza del INBA y decano de la danza en México
A decir del que fuera director de la compañía Ballet Concierto, Mérida “era muy bella, nació de papá famoso, tenía talento, aceptación y un excelente humor Se acostumbró al poder, y ello le ocasionó frustraciones y tristezas, además de generar grandes envidias entre sus mismos compañeros” Lamenta Segura que dejara a un lado su carrera de artista por los trabajos de funcionaria
A pesar de sus graves dolencias en la columna vertebral y de la penosa operación a la que fue sometida en la cadera, las complicaciones de la coreógrafa provinieron de una úlcera tardíamente diagnosticada Al ser operada en el Hospital Los Angeles, poco antes de su ingreso al Instituto Nacional de Nutrición, pagó con una tarjeta de crédito; su amiga y colega Raquel Vásquez le sugirió no hacerlo, porque carecía de fondos “No te preocupes Raquel, puedo contra toda mi voluntad deshacerme de uno de los cuadros de mi padre Y si me muero, ya no pago nada”
Y así fue
El desencanto y la soledad de ser olvidada en los últimos años de su vida la impulsaron para que incansablemente abogara por el apoyo a las nuevas generaciones de bailarines, y a aquellos —como Waldeen— que viejos y enfermos carecen de recursos para vivir decorosamente

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