“EL BAUTISTA”, DE JAVIER SICILIA

“EL BAUTISTA”, DE JAVIER SICILIA
Francisco Prieto
El Bautista, primera novela del poeta Javier Sicilia, marca, a juicio mío, un hito en la narrativa Y es que si bien nuestra novela mexicana había parasitado las sendas del relato social, intimista e histórico, no había incursionado en la experiencia religiosa de una manera directa No quiero decir con esto que la problemática religiosa haya estado ausente de nuestra narrativa, pues para ello baste con recordar a Agustín Yáñez, Rafael Bernal, Juan Rulfo, Vicente Leñero, Ignacio Solares y quien esto escribe; quiero significar otra cosa: nunca antes, desde la experiencia poética de Dios, se había escrito una novela cuyo protagonista fuera un poseso de El En efecto:
El protagonista de la novela de Javier Sicilia es Juan, el Bautista, el hombre que dio testimonio de la luz “Hubo un hombre enviado de Dios cuyo nombre era Juan No era él la luz, sino aquel que vino a dar testimonio de la Luz” Y la novela de Sicilia nos narra los avatares de ese hombre que, sintiéndose en lo profundo de sí criatura de Dios, no halla otra prueba, en su contingencia humana, sino la paz sin asideros que ilumina su ser cuando se reconoce como instrumento Suyo Incapaz, empero, de obrar prodigios, se vuelve verdugo de sí mismo envuelto en el escepticismo a que nos condena la razón, y hasta el castigo de sí, procura apartar ese cáliz que, sabe le volverá un proscripto

Pero sabe también Juan que esa paz se traduce en una alegría honda y sin límites; que, asumirla, significa la felicidad beatífica esa que proviene del profundo acuerdo con uno mismo que se traduce en el ejercicio de la bondad hacia nuestros próximos y, con ello, conduce a la religión con el Todo Y al proceder así, Juan cobra conciencia de que asumir esa paz es entrar, paradójicamente, en guerra con el mundo; una guerra que, sin embargo, no perturba la vida verdadera —eterna— que ha alcanzado desde entonces en el presente efímero Y he aquí el prodigio que obra en nosotros el texto de Javier Sicilia: hacer venir a nosotros, lectores, el Reino
El Bautista, esta entrañable novela de Javier Sicilia, es, además y por sobre todas las cosas, una novela No es, ni mucho menos, relato piadoso; con lo que quiero decir que, a la manera de grandes novelistas, no está escrito con buenos sentimientos Está escrito con angustia, con fervor, con desarrollo de acciones que comporta la rapidez y el movimiento propios de las grandes novelas, tengan un ciento de páginas o mucho más, es decir, a la densidad del relato se aúna el fluir de la vida y la verosimilitud, de modo que queriéndonos detener en su pasajes, seguimos adelante atrapados en la acción vertiginosa, en los sucesos que en El Bautista acaecen
Y más de uno, al llegar a este punto de la crónica, habrá de preguntarse: “¿cómo es posible que a mí, no creyente, pueda tocarme un libro así?”, o bien, “¿qué puede aportar un relato sobre San Juan Bautista aquí y ahora?” Pues bien, tengo para mi que hay en el hombre una sed de absoluto que marca su búsqueda, consciente o preconsciente, del Bien, de la Verdad y de la Belleza; tengo también para mi, que ahora que se han desdibujado las ideologías en el mundo, ese sentimiento oceánico de los Trascendentales del Ser, del Bien, de la Verdad y de la Belleza, impelen al hombre bien nacido a rebelarse con mayor vigor aún contra este mundo del “nuevo orden internacional” (así, con minúsculas) bañado, como nunca antes en las aguas frías del cálculo egoísta Y, no se olvide, la lucha de Juan, el Bautista, era también contra un orden de una rara perfección que el Imperio Romano había extendido por todo el mundo conocido
Sí, El Bautista no es una de esas novelas que pasan, pues en el arte narrativo de su composición, Javier Sicilia ha impregnado una prosa poética que, de tan perfecta, no la sentimos sino cuando, terminado el libro, reabrimos al azar sus páginas y redescubrimos el deleite que nos había acompañado, sin darnos cuenta, a lo largo de la lectura
El Bautista, de Javier Sicilia, marca un hito en la narrativa mexicana pues significa también la libertad que debe acompañar al autor de novelas y que le conduce a hacer caso a su corazón más allá de cuanto marcan las conveniencias políticas sociales y comerciales En otras palabras, Javier Sicilia nos ha recordado que un novelista tiene que escribir lo que le exige su corazón, pues como bien dijo Pascal “tiene el corazón razones que la razón ignora”
Novela para hombres concientes de vivir en un mundo sin horizontes, El Bautista es el escándalo del que estaba necesitada nuestra narrativa
Javier Sicilia: El Bautista Universidad Veracruzana; Xalapa, 1991

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