VORAGINE Y VORACIDAD EN LEANDRO SOTO

VORAGINE Y VORACIDAD EN LEANDRO SOTO
Raquel Tibol
Leandro Soto (Cienfuegos, 1956) es uno del numeroso grupo de artistas cubanos que han llegado a radicar temporalmente en México, repartidos en varios puntos del país Algunos se han quedado en la capital del país, otros están en Monterrey, en Mérida, en Veracruz Soto buscó un poblado menos cosmopolita, de predominante presencia indígena y campesina; por ahora fincó en Tamulté de las Sabanas, en Tabasco, en donde produce febrilmente unas pinturas y dibujos de complicadísima elaboración
Comenzó su formación pictórica en la Escuela Provincial de Arte de Cienfuegos (1967) e hizo su carrera profesional en la Escuela Nacional de Arte de La Habana Además de pintar, diseña escenografías para teatro y ballet, actúa y canta En 1983 y 1984 fue premiado como escenógrafo en los festivales de teatro de Camagüey y de La Habana, respectivamente Por su cabello rizado y oscuro, su espesa barba y la nariz aguileña más parece un árabe que un caribeño Le gusta hablar sobre su trabajo y lo ha mostrado en muchas ciudades: La Habana, Mérida, Madrid, Praga, Santa Clara, Cienfuegos, Monclova, México, Nueva York, Buenos Aires, Tokio, Venecia, Génova, Puebla, Managua El pasado 12 de febrero, en la galería Ninart de la Zona Rosa, inauguró su exposición Resonancias de la Selva, y presenta otra paralela en Villahermosa, con el auspicio de la Universidad Autónoma de Tabasco

Si en 1918 Amedée Ozenfant y Le Corbusier proclamaron el purismo y rechazaron los trastorno en las formas pictóricas que, según ellos, debían ser claras, simples, limpias, racionales; en 1987, desde Tamulté de las Sabanas, en Tabasco, Leandro Soto pudo haber lanzado el manifiesto del impurismo, porque desde entonces, y como consecuencia de los murmullos de la selva tropical, del estrépito de los ríos caudalosos, de la convivencia con descendientes de olmecas y mayas, del estímulo que provocaba en él compartir con la polaca Irena Majchrzak nuevas prácticas pedagógicas con grupos campesinos de los alrededores de Comalcalco, Leandro Soto se convenció de que las formas plásticas no sólo pueden sino que deben cargar con todo tipo de impurezas, ser depositarias de una memoria colectiva no racionalizada, resumir y reinventar los mitos de todos los tiempos y todas las latitudes, superponer en la bidimensionalidad capas y capas de testimonios culturales y ritmos corporales
Para ello Leandro Soto —que venía del arte conceptual, del arte objetual, del arte pobre, del arte procesual— no forzó demasiado el paso, pues su generación, ésa que se educó entre los años setenta y ochenta en la Escuela Nacional de Arte o en el Instituto Superior de Arte de La Habana, tuvo la necesidad bastante generalizada de mirar hacia adentro del ser colectivo, no por la ventana de la historia sino de los mitos reconstruidos a la medida de un consumidor actual bastante individualizado
Desde hace un lustro Leandro Soto está en una vorágine de líneas coloridas que no conoce saciedad En ese tiempo, con ritmo pictórico-dibujístico, revelador de una ansiosa voracidad visual, ha hecho miles y miles de trazos para formar tramas vivas, palpitantes, que no esconden del todo ni descubren íntegramente contornos de seres y objetos que proceden de muchas tradiciones que el pintor cubano combina y mezcla para darles un nuevo valor de universalidad
La generación de artistas cubanos a que pertenece Leandro Soto se ha caracterizado por la búsqueda de repertorios muy personales y este actual residente de Tabasco no es la excepción; su lenguaje plástico de hoy tiene un sello personal troquelado, tejido, bailado y frotado entre ceibas y petates, entre serpientes y lagartos, entre tambores y guitarra El dice, y está convencido de ello, que “con hilos de colores que han salido del fuego se ha tejido el mundo” Se le puede creer
En noviembre de 1991, con Segundo Planes, José Bedia, Alejandro Aguilera, Rubén Torres Llorca, César Trasobares, Glexis Novoa, Félix González Torres, Ana Albertina Delgado, Israel León, Arturo Cuencia, Luis Cruz Azaceta, Consuelo Castañeda, Adriano Buergo y Carlos Rodríguez Cárdenas, Leandro Soto participó en la muestra 15 Artistas Cubanos, presentada por la galería Ninart con el título de El Muro Nunca Existió, porque mezclaba artistas de dentro y fuera de la isla En el artículo de introducción al catálogo, el crítico cubano Osvaldo Sánchez decía del ahora vecino de Tamulté de las Sabanas: “la obra de Leandro Soto, de una velada solidez, se enclaustra en los impulsos místicos que la motivan Su pintura de estos años (seguramente se refiere a sus años en México) es como una holografía de una vibración orgiástica La pincelada deviene codificación de energía y trazo, aura Su visión antropológica vive como rito de entrega —performance— la creación plástica”

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